domingo, 23 de noviembre de 2014


Capítulo 33. De amor también se puede vivir.


“El huracán Malú arrasa en México”, “La jefa lo ha dado todo en México”, “México se arrodilla ante la sobrina de Paco de Lucía, Malú”. Me pasé toda la madrugada leyendo todo tipo de titulares en twitter, ya que no estaba con ella físicamente por lo menos apoyarla mediante las redes. Era increíble el poder que tenía internet sobre nosotros. Veía como muchas niñas estaban despiertas tuiteando, y viviendo el concierto como si ellas estuviesen allí. Pero lo más increíble es el poder que ella tenía sobre sus fans, las conocidas maluleras. Cada gesto, cada coma, cada foto, todo lo que ella hiciese era “Trending Topic” en milésimas de segundos. Todavía recuerdo cuando ponía sus fotos en el fondo del whatsapp. O cuando me pasaba horas en twitter mirando vídeos que la gente hacía de sus caras o de sus bailes. Y ahora, la tengo en la foto de perfil y guardo su aroma entre mis cosas. Entre fotos y vídeos de la actuación mis ojos fueron dándole paso al sueño, aunque me duró más bien poco.

-¿No?- dije al descolgar el teléfono sabiendo que era ella, acompañado de una carcajada.
-¿Cómo qué no? A ver si te cuelgo, antipática.- me dijo mi chica aparentando seriedad.
-Es broma, bicho. ¿Cómo ha ido?- pregunté. Aunque sabía gracias a todas sus seguidoras que muy bien.
-No te lo podría explicar gorda. Ha sido, sublime.- exclamó eufórica. –La gente lo ha dado todo, y yo estaba en un punto que si me tomaban la tensión en aquel momento me cargaba la máquina.- reímos las dos ante el comentario.
-¿Y ahora? ¿Para el hotel a descansar?- comenté con un ápice de sueño.
-Obvio que no.- contestó sin más. Lo que a mí me sorprendió. –Estoy en el taxi rumbo al aeropuerto.
-Pero, ¿cuándo piensas dormir Malú?- eso era una auténtica locura. Después de estar tantos días de viaje, sin poder descansar en condiciones y con un cambio horario tan brusco. –Vas a morir entre terrible sufrimiento como sigas así.- escuché su risa detrás del móvil.
-Amor, son casi trece horas de vuelo. Me da tiempo de soñar contigo más de una vez.- contestó riendo. –La pregunta aquí es, ¿qué haces tú despierta tan tarde?- dijo ella ahora ejerciendo de madre.
-Jugando un campeonato de parchís.- contesté con cierto aire irónico. -¿Cómo me preguntas eso si has sido tú la que me has llamado?- pregunté riendo.
-Coño, lo siento cielo.- susurró ahora como si hubiese alguien durmiendo.
-No hace falta que susurres que ya estoy despierta.- dije entre risas.
-Ay, vete a pastar anda.- me hacía demasiada gracia lo pava que podía llegar a ser en ocasiones. –Bueno gorda, cuando llegue a Madrid te llamo. Descansa anda, y perdón por cortarte tus sueños.- y pude escuchar una risilla de niña traviesa.
-Vale toleta, descansa que te lo mereces, ¿sí?
-Te quiero.- murmuró María Lucía.
-Te quiero guapa.- y tras un “muack” se escuchó un largo pitido. Señal de que ya había colgado. Miré el móvil de nuevo, las 4:03 A.M. Creo que era hora de seguir durmiendo.

Entraba tan triunfante por la puerta de nuestra casa, como si de una diva se tratara. Su pañuelo voló hacia el perchero y ella voló hacia mí. Corrió como si llevara años sin verme. Una vez de pues de soltarme me miró, dejando su nariz a centímetros de la mía, su boca respiraba de mi aire. Su mirada se iba penetrando en mí desde lo más profundo.  Su boca rozó la mía, rozó mis labios dejando cuando se separó un vacío. Agarré su nuca y la pegué a mí. El sabor de sus besos era adictivo, tanto para mí, como para mi cuerpo.
-Te he echado tanto de menos.- decía en la respiración de cada beso. Cada beso que sentía de forma distinta, cada uno de ellos me daba algo. Me erizaba la piel solo con la yema de sus dedos. Fue empujándome poco a poco hasta caer en el sillón. Nuestro sillón. Sus manos buscaban mi cuerpo, y mis besos su cuello. Iba mordiendo su debilidad de forma cariñosa, mientras ella iba emitiendo gemidos y desasiéndose de mi ropa. De nuevo su boca y la mía se buscaban, entrelazándose como solo ellas sabían hacer. Fui desprendiéndome de su ropa delicadamente. Levantando su camiseta muy lentamente, mientras que sus manos acariciaba la geografía de mi espalda. En aquel momento éramos una, mis besos de pasión por todo su cuerpo iban dejando claro que todo aquello era mío, y ella buscaba mi boca como si no hubiese un mañana. Cada centímetro de mi cuerpo la deseaba y yo notaba sus uñas en mis mulos apretándome hacia ella, diciéndome que ella también me deseaba.

-Cariño, despierta.- dijo mi madre sacándome del sueño que estaba teniendo.
-Coño mamá, que oportuna tú.- exclamé yo.
-¿Qué soñabas?- preguntó riendo.
-Nada.- murmuré yo. -¿Qué pasó?-
-Levántate que habías quedado con tu padre en acompañarlo a buscar trabajo.- es verdad. Entre tanto jaleo no me acordaba que mi padre y yo habíamos emprendido la búsqueda del trabajo perdido. Él lo tenía un poco más complicado que yo, ya que era un hombre a punto de cumplir los 60, y no creo que una empresa lo quiera cuando dentro de cinco años ya se jubila. Pero debía acompañarlo para que no se sintiera ridículo, para que viese que la familia estaba con él. Y así yo de paso me distraía en lo que Malú llegaba a Madrid porque si no me iba a volver loca.

-Esto es una gran mierda.- exclamó mi padre cuando entramos en el coche después de la décima entrevista.
-Va papá, no te pongas así que vamos a encontrar algo.- mis consejos para calmarlo eran en vano. Mi padre es un alma inquieta y no puede estar sin hacer nada. Llevaba casi 25 años en la empresa donde trabajaba, pero claro llegó un jefe nuevo y quitó a todo lo antiguo para tener una empresa joven y renovada. Pero lo que su jefe no sabe es que vale más malo conocido, que bueno por conocer, ya que los rumores anunciaban que estaba entrando en quiebra.

Eran casi las 4, las 5 en la península. Y todavía no había noticias de María Lucía. Tendría que averiguar por otro lado, sino terminaría comiéndome las uñas.
Gemma: Hoooola, muy buenas J . Como estamos?
Pepi: Hola hija. Mu bien, gracias. Y tú chiquilla, como te va?
Gemma: Bien Pepi. Quería preguntarte si se sabe algo de tu hija.
Pepi: Pues lo único que sabemos es que llegaba sobre las 5, así que tiene que estar al llegar, no desesperes jajaja
Gemma: Gracias suegra, es usted un sol jaja :D

-¿Sí?- dije tímida al descolgar el teléfono.
-Vaya, ¿te has vuelto vergonzosa?- preguntó Malú riéndose.
-Idiota.- exclamé. –Estaba hablando justo ahora con tu madre por whastapp.
-¿Estabas desesperada?- el sueño en el avión le había sentado bien, porque estaba ella muy graciosa. –Acabo de aterrizar y ahora estoy esperando que abran las puertas de avión.
-Bien. Ahora a casa a descansar amor que te lo mereces.
-Chiii.- contestó ella con voz de niña pequeña. –Te llamo esta noche, ¿Vale gorda?
-Vale bicho, te quiero.- la verdad es que sí, que estaba desesperada porque llegara ya. Más que nada para que descanse y se relaje que tiene que estar muerta.


Pasé toda la tarde en la avenida del pueblo. Como estábamos en verano el tiempo estaba de lujo y era muy apetecible estar en una terraza tomándote unas cañas entre amigas. A cada rato miraba el móvil por si tuviese algo de Malú, pero era raro ya que no se conectaba desde hacía como dos horas. Pero bueno estará restándole todas las horas que le debe a la cama, pensé yo.