lunes, 22 de diciembre de 2014


Capítulo 34. Por fin.

-¿Hola?- escuché detrás de la línea de teléfono.
-Amor, ¿qué tal?
-Cansada bicho.- suspiró. -Y tú, ¿qué haces?
-Pues tomando algo con las chicas.- mis dos amigas allí sentadas estaban ajenas a mi conversación. -¿Y tú?
-Pues en la calle que salí a comprar algo. ¿Tú quieres algo?- me preguntó.
-Mi amor de aquí a que yo vaya se caducará.- contesté riendo.
-¿Segura?- preguntó. Y en ese mismo momento sentí unas manos frías que tapan mis ojos. Palpé como acto reflejo, pero su olor era inconfundible. La sensación que me producía el roce de su piel era imposible de describir. Su manera de tapar mis ojos era única. Sutil, delicada y tierna. Transmitiéndome todo ese amor, esa pureza que me hacía sentir con solo el roce de su piel.
-Pero…- no me dejó terminar. Se sentó en mis piernas, colando esas frías manos por mi pelo. Llenándome de todo el amor que hacía días que necesitaba. Necesitaba volver a sentir la calidez de sus labios. Como su nariz fría chocaba con la mía.
-Hola princesa.- dijo mientras colocaba un mechón de mi pelo en su sitio.
-Vaya sorpresa.- soltó una de mis amigas. Las miré una por una sin poder articular palabra.
-Malú, devuélvele la lengua que esta niña no habla.- volvió a decir. Las tres rieron al ver mi cara.
-Déjenme procesar a mí tiempo coño.- articulé yo por fin. Agarré su espalda y me abracé a mi chica impregnándome de su olor. –Cariño, ¿qué haces aquí?- pude preguntar.
-Verte.- contestó sin más.
-Te quiero.- agarré sus mofletes y la acerqué a mí buscando su boca. Nadie se hacía una idea de lo mucho que la echaba de menos. O bueno sí, mi almohada cada vez que tenía que tragar mis lágrimas. Era pura necesidad. Mi estabilidad y mi seguridad se la debía a ella. No me gusta dejar ver lo sensible y vulnerable que puedo llegar a ser, pero claro, llega ella y rompe todos mis esquemas. Y es así, llegué a un punto en el que no sé vivir sin ver esa sonrisa que cada segundo me enamora más. No se avanzar si no es ella con la que discuto porque no me gusta la manera que tiene el mundo de avanzar.

-Mamá.- grité desde la puerta de entrada. –Tienes que poner un plato más en la mesa, tenemos una intrusa.- tras lo dicho la patada fue inmediata. Yo aparecí en el salón y detrás de mi apareció una cabecita. Mis padres abrieron los ojos con un ápice de ilusión en la mirada.
-Pero Malú, ¿qué haces aquí? ¿Tú no llegabas hoy a Madrid de México?- mi madre como siempre debía saberlo todo.
-Hola mi niña. Qué alegría me da verte.- dijo mi padre al tiempo.
-¿Cómo estamos?- preguntó Malú a modo de saludo. –Pues sí, suegra. –dijo riendo. –Llegué esta tarde a Madrid, y seguidamente me planté aquí.
-Cansada, ¿no?- preguntó mi padre. –Bueno, vayamos a comer que debes reponer fuerzas.
-Ven cariño.- la notaba avergonzada, como si fuese la primera vez que venía a casa.

-Te noto rara eh.- dije acostándome a su lado.
-Estaba nerviosa cuando llegué, pero ya no.- agarró mi cintura para acercarme más a ella.
-Ya veo.- ahora fui yo la que la agarró para acostarme encima. Su mirada y la mía se lo decían todo. Esos ojos que tanto había echado de menos.
-Te he echado tanto de menos.- dijo mi musa mientras colaba sus manos por mi camisa. –Esto sobra, ¿no crees?- y sin avisar arranco la camisa como pudo.
-¿Y esto?- dije yo arrancando la suya.
-Esto también.- con este juego fuimos buscando lo que tanto ansiábamos. Nuestra piel. Estar cuerpo con cuerpo. Ser una.
-Cariño, como dice una conocida “advertí, voy a matar, de tanto tiempo que esperé”.- y sin más atacó mi boca. Acariciaba mis piernas con maldad, sabiendo que me volvía loca. Su boca tenía una cuenta pendiente con mi cuello. Y la mía con sus pechos. Iba dejando las huellas de mis besos por su tripa. Bajando, arriesgándome. Sabiendo que eso era jugar con fuego. Pero era un fuego que me gustaba.
-Eres mala.- escuché entre suspiros.
-No como me gustaría.- y a cada palabra fui intercalando un beso cerca de su entre pierna.
-Hazlo ya por favor.- me rogó.
-¿Puedo?- pregunté rozando su clítoris.
-Debes.
No me lo pensé más. Bajé mi boca a aquel lugar que tanto me gustaba.
-Me pones tanto, dios santo.- dijo agarrando mi pelo junto con un suspiro que le salió del alma. –Ven aquí.- nuestros labios se unían y separaban cual puzle. De una forma perfecta.
-Hacía tiempo que no te veía así.- solté en el momento que me agarró con fuerza para ponerme ahora abajo. Ella se río y se dedicó a jugar de nuevo con mi cuello. –Ay por favor.- suspiré cuando su lengua rozó mis pechos.
-No hables.- soltó de repente.
-¿Por qué?- dije asustada.
-Porque me pones más.- y mientras hablaba seguía atacando mis pezones de forma placentera.
-¿Y si no me calló?- dije desafiante. Acto seguido sus manos alcanzaron mi sexo. Dejándome callada y sin respiración. Mi cuerpo temblaba. Sus embestidas iban al ritmo de mi respiración.
-Creo que te he demostrado que puedo contigo, ¿no?
-Eres de lo peor.- dije rendida.
-Aprende a quien juega con fuego, se quema.- ella seguía sin sacar sus manos de mi. Así que aproveché y ahora metí yo la mía en ella. Su boca se fue abriendo poco a poco. Y yo poco a poco fui aumentando mi ritmo. Ella no se quedó atrás y siguió de nuevo conmigo. En la postura que teníamos nos agarrábamos mutuamente para no caernos en mi cama de 90cm. Su boca y la mía se buscaba, pero no podían unirse. Nos faltaba el aire, necesitábamos respirar. Hasta que caímos. Caímos ahogada la una en la otra. Siendo una, una vez más.
Pude notar cómo mientras acariciaba mi barriga, no me quitaba ojo. Pero ambas necesitábamos admirarnos. Hacía mucho tiempo que nos necesitábamos. Mis párpados fueron cayendo. Dejando paso a los sueños. ¿Y qué mejor manera de dormir que tenerla sobre mí? 

domingo, 23 de noviembre de 2014


Capítulo 33. De amor también se puede vivir.


“El huracán Malú arrasa en México”, “La jefa lo ha dado todo en México”, “México se arrodilla ante la sobrina de Paco de Lucía, Malú”. Me pasé toda la madrugada leyendo todo tipo de titulares en twitter, ya que no estaba con ella físicamente por lo menos apoyarla mediante las redes. Era increíble el poder que tenía internet sobre nosotros. Veía como muchas niñas estaban despiertas tuiteando, y viviendo el concierto como si ellas estuviesen allí. Pero lo más increíble es el poder que ella tenía sobre sus fans, las conocidas maluleras. Cada gesto, cada coma, cada foto, todo lo que ella hiciese era “Trending Topic” en milésimas de segundos. Todavía recuerdo cuando ponía sus fotos en el fondo del whatsapp. O cuando me pasaba horas en twitter mirando vídeos que la gente hacía de sus caras o de sus bailes. Y ahora, la tengo en la foto de perfil y guardo su aroma entre mis cosas. Entre fotos y vídeos de la actuación mis ojos fueron dándole paso al sueño, aunque me duró más bien poco.

-¿No?- dije al descolgar el teléfono sabiendo que era ella, acompañado de una carcajada.
-¿Cómo qué no? A ver si te cuelgo, antipática.- me dijo mi chica aparentando seriedad.
-Es broma, bicho. ¿Cómo ha ido?- pregunté. Aunque sabía gracias a todas sus seguidoras que muy bien.
-No te lo podría explicar gorda. Ha sido, sublime.- exclamó eufórica. –La gente lo ha dado todo, y yo estaba en un punto que si me tomaban la tensión en aquel momento me cargaba la máquina.- reímos las dos ante el comentario.
-¿Y ahora? ¿Para el hotel a descansar?- comenté con un ápice de sueño.
-Obvio que no.- contestó sin más. Lo que a mí me sorprendió. –Estoy en el taxi rumbo al aeropuerto.
-Pero, ¿cuándo piensas dormir Malú?- eso era una auténtica locura. Después de estar tantos días de viaje, sin poder descansar en condiciones y con un cambio horario tan brusco. –Vas a morir entre terrible sufrimiento como sigas así.- escuché su risa detrás del móvil.
-Amor, son casi trece horas de vuelo. Me da tiempo de soñar contigo más de una vez.- contestó riendo. –La pregunta aquí es, ¿qué haces tú despierta tan tarde?- dijo ella ahora ejerciendo de madre.
-Jugando un campeonato de parchís.- contesté con cierto aire irónico. -¿Cómo me preguntas eso si has sido tú la que me has llamado?- pregunté riendo.
-Coño, lo siento cielo.- susurró ahora como si hubiese alguien durmiendo.
-No hace falta que susurres que ya estoy despierta.- dije entre risas.
-Ay, vete a pastar anda.- me hacía demasiada gracia lo pava que podía llegar a ser en ocasiones. –Bueno gorda, cuando llegue a Madrid te llamo. Descansa anda, y perdón por cortarte tus sueños.- y pude escuchar una risilla de niña traviesa.
-Vale toleta, descansa que te lo mereces, ¿sí?
-Te quiero.- murmuró María Lucía.
-Te quiero guapa.- y tras un “muack” se escuchó un largo pitido. Señal de que ya había colgado. Miré el móvil de nuevo, las 4:03 A.M. Creo que era hora de seguir durmiendo.

Entraba tan triunfante por la puerta de nuestra casa, como si de una diva se tratara. Su pañuelo voló hacia el perchero y ella voló hacia mí. Corrió como si llevara años sin verme. Una vez de pues de soltarme me miró, dejando su nariz a centímetros de la mía, su boca respiraba de mi aire. Su mirada se iba penetrando en mí desde lo más profundo.  Su boca rozó la mía, rozó mis labios dejando cuando se separó un vacío. Agarré su nuca y la pegué a mí. El sabor de sus besos era adictivo, tanto para mí, como para mi cuerpo.
-Te he echado tanto de menos.- decía en la respiración de cada beso. Cada beso que sentía de forma distinta, cada uno de ellos me daba algo. Me erizaba la piel solo con la yema de sus dedos. Fue empujándome poco a poco hasta caer en el sillón. Nuestro sillón. Sus manos buscaban mi cuerpo, y mis besos su cuello. Iba mordiendo su debilidad de forma cariñosa, mientras ella iba emitiendo gemidos y desasiéndose de mi ropa. De nuevo su boca y la mía se buscaban, entrelazándose como solo ellas sabían hacer. Fui desprendiéndome de su ropa delicadamente. Levantando su camiseta muy lentamente, mientras que sus manos acariciaba la geografía de mi espalda. En aquel momento éramos una, mis besos de pasión por todo su cuerpo iban dejando claro que todo aquello era mío, y ella buscaba mi boca como si no hubiese un mañana. Cada centímetro de mi cuerpo la deseaba y yo notaba sus uñas en mis mulos apretándome hacia ella, diciéndome que ella también me deseaba.

-Cariño, despierta.- dijo mi madre sacándome del sueño que estaba teniendo.
-Coño mamá, que oportuna tú.- exclamé yo.
-¿Qué soñabas?- preguntó riendo.
-Nada.- murmuré yo. -¿Qué pasó?-
-Levántate que habías quedado con tu padre en acompañarlo a buscar trabajo.- es verdad. Entre tanto jaleo no me acordaba que mi padre y yo habíamos emprendido la búsqueda del trabajo perdido. Él lo tenía un poco más complicado que yo, ya que era un hombre a punto de cumplir los 60, y no creo que una empresa lo quiera cuando dentro de cinco años ya se jubila. Pero debía acompañarlo para que no se sintiera ridículo, para que viese que la familia estaba con él. Y así yo de paso me distraía en lo que Malú llegaba a Madrid porque si no me iba a volver loca.

-Esto es una gran mierda.- exclamó mi padre cuando entramos en el coche después de la décima entrevista.
-Va papá, no te pongas así que vamos a encontrar algo.- mis consejos para calmarlo eran en vano. Mi padre es un alma inquieta y no puede estar sin hacer nada. Llevaba casi 25 años en la empresa donde trabajaba, pero claro llegó un jefe nuevo y quitó a todo lo antiguo para tener una empresa joven y renovada. Pero lo que su jefe no sabe es que vale más malo conocido, que bueno por conocer, ya que los rumores anunciaban que estaba entrando en quiebra.

Eran casi las 4, las 5 en la península. Y todavía no había noticias de María Lucía. Tendría que averiguar por otro lado, sino terminaría comiéndome las uñas.
Gemma: Hoooola, muy buenas J . Como estamos?
Pepi: Hola hija. Mu bien, gracias. Y tú chiquilla, como te va?
Gemma: Bien Pepi. Quería preguntarte si se sabe algo de tu hija.
Pepi: Pues lo único que sabemos es que llegaba sobre las 5, así que tiene que estar al llegar, no desesperes jajaja
Gemma: Gracias suegra, es usted un sol jaja :D

-¿Sí?- dije tímida al descolgar el teléfono.
-Vaya, ¿te has vuelto vergonzosa?- preguntó Malú riéndose.
-Idiota.- exclamé. –Estaba hablando justo ahora con tu madre por whastapp.
-¿Estabas desesperada?- el sueño en el avión le había sentado bien, porque estaba ella muy graciosa. –Acabo de aterrizar y ahora estoy esperando que abran las puertas de avión.
-Bien. Ahora a casa a descansar amor que te lo mereces.
-Chiii.- contestó ella con voz de niña pequeña. –Te llamo esta noche, ¿Vale gorda?
-Vale bicho, te quiero.- la verdad es que sí, que estaba desesperada porque llegara ya. Más que nada para que descanse y se relaje que tiene que estar muerta.


Pasé toda la tarde en la avenida del pueblo. Como estábamos en verano el tiempo estaba de lujo y era muy apetecible estar en una terraza tomándote unas cañas entre amigas. A cada rato miraba el móvil por si tuviese algo de Malú, pero era raro ya que no se conectaba desde hacía como dos horas. Pero bueno estará restándole todas las horas que le debe a la cama, pensé yo.

lunes, 28 de abril de 2014


Capítulo 32. Esperar un mensaje y echarte de menos.

-Pero mi niña, ¿qué haces aquí?- preguntó mi padre al verme aparecer por la puerta.
-Oye pá, no me eches de esa manera.- dije risueña al tiempo que lo abrazaba. -¿Dónde está mamá?
-Tu madre fue a comprar al supermercado, imagino que tiene que estar al caer.
-Voy a mi cuarto a dejar esto.- cogí mis maletas para dejarlas en mi cuarto.
Como se echa de menos cosas tan simples. El olor de las sábanas de tu casa, recolocar la inmensa cantidad de peluches que se tiene desde niña. Todavía recuerdo cada una de las historias que tienen, porque están ahí, quien me los regaló. En ocasiones creo que la vida se mide en detalles, en pequeños detalles. Y esto son los que perdurarán para toda la vida. La vida avanza y evidentemente nosotros debemos hacerlo con ella. Ahora en vez de colocar peluches, intentas tener unas bonitas cortinas, que el aroma de unas velas te inunde. Pero siempre quedará el cuarto de que cuando eras niña. Ese cuarto que solo con entrar y que te invada su olor vienen todos los momentos vividos. Un cuarto lleno de cartas antiguas, tanto de amor, como de las que nos pasábamos en el instituto con nuestros amigos. De cosas que ya no sirven pero llevan a tu mente a un universo paralelo. O de casualidad te encuentras la más vieja foto con tu mejor amiga, y crees que todo sigue como antes. Cuando nuestra única preocupación era que el Ratoncito Pérez fuera generoso con nosotros.
-Está todo tal y como lo dejaste.- la figura de mi madre apareció por la puerta de mi dormitorio.
-Hola mami.- dije abrazándola.
-Hola mi vida, ¿qué haces aquí?- era obvio que lo sabía.
-Ayudar.
-Tienes que estudiar, se acercan las oposiciones.- quería que dejaran por un momento de preocuparse por mi Tenía que ayudarles y ese era mi principal objetivo.
-Soy una mujer, podré hacerlo a la vez.- dije entre risas. Me encantaba verla tan feliz de tenerme allí y verla sonreír.
-¿Y Malú?- preguntó mirándome a los ojos.
-Sigue en México.- contestaba intentado salir de aquella, pero mi madre era mucho más lista que yo.
-Enfadadas, ¿no?- mi respuesta fue una lágrima bajar por mi mejilla, el dolor que me causa no escuchar ni su voz era demasiado. –Bueno no te preocupes, vayamos fuera.

Por muchas veces que me fuera, las vueltas a mi isla siempre eran increíbles. La gente de mi pueblo me abrazaba nada más verme y me trataban con el cariño que solo un canario podría entender. Mi madre me llevaba cual mascota por todas las tiendas del pueblo para que supieran que estaba por allí. Más de uno me preguntaba por mi novia y rápidamente mi respuesta era que eran motivos de trabajo. Entre tanto paseo fui perdiendo mi orgullo por camino, así que tomé la decisión de que esta noche hablaría con ella. Aunque sea para explicarme el por qué de mi vuelta.

Y entre tanto paseo la noche cayó. Miraba su whatsapp una y otra vez. Y la veía “en línea”, así que era o ahora o nunca.
Gemma: Hola J
Malú: ¡Hola! Cómo estás?
Gemma: Bien, no me quejo. Estás ocupada?
Malú: Para ti nunca.
Gemma: Creo que deberíamos hablar, no?
Malú: Yo también lo creo.
-¿Si?- dijo tímida al otro lado del teléfono.
-Por aquí muchos más fácil, ¿no?- dije para relajar el ambiente.
-Sí, la verdad. Me suelen doler los deditos de escribir.- y escuché una leve risita. – Quiero pedirte perdón Gemma, de verdad que siento mucho mi actitud.
-Y si la sientes, ¿por qué siempre tengo que dar yo el paso Malú?- dije más seca de lo que quería.
-Ya sabes cómo soy.
-Y por ser así ya me perdiste una vez. Y no quiero que vuelva a pasar, por eso estoy aquí.
-Soy una celosa, y te has ido.- dijo con una voz quebrada.
-De eso es de lo que te quiero hablar. No me fui por ti, ni por nuestra pelea.
-¿Ha pasado algo?- dijo ahora asustada.
-Cuando discutíamos mi madre me llamó por teléfono. Han despedido a mi padre y ahora están todos en paro.- intentaba mantenerme calmada porque la situación lo requería, pero el tema de mis padres me tocaba demasiado la fibra.
-¿No jodas?- exclamó ella.
-Intenté decírtelo, pero no quisiste escucharme.- ahora si me había puesto yo seria.
-Joder cielo, perdóname. Estaba tan cabreada en el momento que no te eché cuentas.
-Me dejaste ir como si nada. El detalle de Jose lo valoro, pero habrías podido llamar, habrías podido preguntar por qué me fui. Y en cambio siempre esperas a que sea yo quien vaya a ti Malú. Y aquí estamos, como siempre.
-Te amo, y lo sabes como yo.- respondió seria. –Y el día que decidiste amarme lo hacías con todas mis virtudes y todos mis defectos. Y este es uno de ellos.
-Y creo que he sabido convivir con ellos. Pero yo también sufro y me canso. ¿Por qué me dejaste ir?
-Porque no podía retenerte en un lugar, en cual estás por mí.- dijo absorbiendo sus mocos, lo que deduje que estaba llorando. -¿Qué harás tú con lo de tu familia?- me preguntó.
-Ayudarlos cuanto pueda.
-Y, ¿conmigo?- preguntó ahora.
-Amarte como lo he hecho siempre simplona.- contesté con dulzura.
-¿Me perdonas?
-¿Acaso no lo he hecho ya?- dije entre risas.
-Te quiero amor, y desde que termine el concierto del sábado voy para allá.
-Sábado es mañana Malú.
-Hostia, ¿mañana es el concierto? Joder, joder. Y yo aquí tan tranquila.
-Te dejo para que descanses pues. Mañana hablamos, y mucha mierda.
-¿Me dices algo más romántico? Anda, porfis.- me imaginaba su cara en ese momento y era para morir de amor.
-Que te quiero tonta. Y si te amo, que sea hasta morir. Y si muero, que sea de tanto amarte.- adoraba estos momentos tontos con ella. –Lo harás de maravilla Lú.

-Creo que me acabo de morir.- dijo entre risitas. –Eres la mejor y por ello te amo. Hasta mañana princesa.

viernes, 25 de abril de 2014


Capítulo 31. Solo el amor nos salvará.

La verdad que no entendía para nada la aptitud que había tomado. Le digo la verdad sin ocultar nada y se enfada, en cambio si me lo callo más se enfada. Supongo que habrá algo que estoy haciendo mal y no lo sé. Me da mucha rabia que no confíe en mí después de todo lo que yo he hecho por ella. He dejado todo por estar a su lado, podría estar estudiando en la biblioteca de mi pueblo con mis amigas o simplemente estar con los míos y no, he decidido que mi vida está junto a ella. Me he ido a Madrid para ser feliz con la mujer de mi vida, estoy en el otro lado del mundo apoyándola, diciéndole cada mañana que es la mejor del universo. ¿Para qué? Para seguir aguantando sus desconfianzas, para que no valore nada de lo que hago por ella. Es verdad que ha tenido la valentía de hacer esto público, cosa que jamás había hecho con nadie. Ha gritado a los cuatro vientos que le gusta una mujer y que esa mujer soy yo. Una chica humilde, sincera y sencilla que lo único que pide es que la valoren. No se ha ni siquiera molestado en pararme para preguntar por qué me voy. No lo veo para nada justo, pero si es lo que ella desea adelante. Entiendo que se ponga celosa por Daniela, y entiendo que me pida explicaciones. Pero y una vez dada, y más que demostrado que no tiene de que tener miedo, ¿por qué sigue así?

Llegué al hotel para recoger todas mis cosas, y no había ni una señal de Malú. Cuando quería podía ser lo más orgulloso del planeta, pero lo que ella no sabía es que no me iba por ella, sino por mis padres. No podía permitir algo así. Desde que era muy niña habían dado su vida por mí, cuando me faltaba algo al segundo lo tenía en mi mano. Ahora la historia era a la inversa, con 23 años no podía estar de brazos cruzados mientras ellos no sabían cómo salir de esta. Eso sí, no tenía ni idea de cómo lo iba a hacer. Me iba para allá sin tener ningún trabajo mirado, y tal y como están las cosas creo iba para largo, pero eso no tenía importancia ahora.
-Señorita, ¿abandonan ya el hotel?- me preguntó el recepcionista al verme salir.
-Malú se queda.- contesté con una sonrisa.
-¿Y usted?- volvió de nuevo a preguntar.
-Yo tengo que estar en España cuanto antes.
-¿Quiere dejarle algún recado a la señorita Malú?- no lo había pensado. A lo mejor debía dejar escrito algo para que entendiera mi vuelta.
-No se preocupe, ya me llamará. Muchas gracias por todo, ha sido un placer.- y con la misma cogí el taxi que me esperaba en la puerta.

-Muchísimas gracias.- dije despidiéndome del chofer al llegar al aeropuerto, la verdad que me hizo el viaje bastante ameno.
-Un saludo señorita española, tenga cuidado.- respondió él muy amablemente.

Tenía unas ganas de partir ya inmensas. Necesitaba ver a mi familia. Y no sé cómo, pero las dos horas se me pasaron volando. Aunque las trece de vuelo me quitaban las ganas hasta de vivir, pero bueno desde hace un tiempo los aviones son como somníferos y caería rendida de nada.
Desde que salí de aquellos estudios, hace ya más de tres horas, no he tenido ni una noticia de ella. Yo nunca había sido así, pero empezaba a enfadarme y a poner en modo orgullosa. También debería haber avisado a Daniela, seguro que le sorprenderá ver a Malú sola. Pero bueno debía dejar a un lado los pensamientos y subirme en ese avión lo más positiva que pudiese.
-Señorita, ¿este bolso es suyo?- me preguntó la azafata cogiendo mi bolso del asiento de al lado.
-Ay sí, disculpe.
-No se disculpe.- dijo risueña. –Es que le está sonando el celular.- hostia y yo a lo mío sin darme cuenta. Miré la pantalla y era ella.
-¿Sí?- dije aparentando normalidad.
-¿Dónde estás?- me preguntó seria.
-Joven, debe apagar su Smartphone.- dijo un señor acercándose a mi asiento. Los sudamericanos siempre tan finos a la hora de hablar, me encantaban.
-En el avión.- contesté sin más. La verdad que en la conversación se notaba la tensión. –Malú, el avión sale ya. Cuídate.- logré decir después de un largo silencio.
-Quédate.- fue lo último que le escuché decir antes de apretar la pantalla para colgar.
Esa palabra se repetía en mi cabeza una y otra vez, “quédate”. No he podido ni explicarle porque me voy, ya habrá tiempo cuando llegue a Madrid. No le había dicho nada ni a mis padres, cuando me vean aparecer por la puerta les da algo. Aunque creo que sea lo mejor porque si lo digo con antelación probablemente mi madre intente que no lo haga. Ahora solo tocaba esperar, quedaba un largo vuelo por medio.

Lo peor de viajar sola es cuando llegas al aeropuerto de destino, salir por esas enormes puertas y que nadie de los que están ahí te estén esperando a ti. Me desvié por uno de los pasillos del aeropuerto para ya comprarme el billete a Canarias. Solo tenía cuatro horas para ir a casa de Malú coger algo de ropa y volver al aeropuerto.
-¿Si?- mi móvil siempre sonando en el peor momento.
-Cuñada, soy Jose.- escuché la voz alegre del hermano de Malú.
-Hey, ¿qué tal?- pregunté.
-Bien. Oye que me llamó Malú antes y me dijo que venías. Estoy a fuera esperándote.- me dejó noqueada, no me lo esperaba la verdad.
Salí a fuera y efectivamente allí estaba.
-¿Llevas mucho tiempo aquí?- pregunté cuando me subí a su coche.
-Me llamó Lula, y calculé más o menos. Llevaré media hora como mucho.- dijo sonriente.
-¿Te dijo algo más?- pregunté curiosa.
-No, pero la noté rara.
-¿Me llevas a su casa entonces?- le pregunté intentando esquivar el asunto.
-A vuestra casa querrás decir, ¿no?- dijo serio.
-Sí, eso.
Al fin llegamos a nuestra casa, podía ir con un poco más de calma porque en coche tenía más tiempo. Así que me tome mi tiempo para coger mis cosas.
-Gemma, ¿estás?- escuché del salón.
-Voy.
-Oye, ¿te puedo hacer una pregunta?- me dijo mientras bajaba las escaleras.
-Sí, claro.
-¿Lo habéis dejado?- Jose estaba preocupado y eso se notaba. Pero claro su hermana lo llama de que yo voy para allá, me ve haciendo la maleta. No se esperaba algo así.
-Por mi parte no Jose. Ya tu hermana no sé lo que piensa. La verdad es que estoy muy cabreada con ella.- dije sincera.
-¿Qué ha pasado?- preguntó antes de subirse al coche.
-Se ha puesto celosa por una bobería.- argumenté con un suspiro. –En el momento en el que estábamos hablando me llamó mi madre.
-¿Y qué ha pasado?- preguntó.
-Déjame terminar.- dije entre risas. –Bueno han despedido a mi padre, y la comida de casa estaba gracias a su trabajo. Mis padres me necesitan, por eso he vuelto. Tengo que ponerme a trabajar.
-¿Y qué ha pasado con mi hermana?
-Tú hermana no ha querido escucharme Jose. Así que he cogido mis cosas y me he ido. Me llamó cuando estaba en el avión, y hasta la fecha. Ni un mensaje.
-Malú es tan orgullosa cuando quiere.- exclamó enfadado.

-Y te crees que no lo sé, pero se acabo ir detrás de ella. Cuando quiera saber algo de mí que me llame.- solté ahora orgullosa. –Vamos anda que voy a llegar tarde.

miércoles, 23 de abril de 2014


Capítulo 30. Allí donde no llegue la razón.

-Amor, hoy me toca entrevista en una cadena muy conocida de aquí. ¿Te apetece venir?- preguntó Malú metida aún en el baño.
-No sé, tengo mucho que estudiar.- contesté. Nuestra estancia en México era muy parecida a la de España. Ella salía cada mañana a trabajar y yo mientras dedicaba mi tiempo a estudiar, las oposiciones estaban a la vuelta de la esquina y quería aprobarlas.
-Va, que te pasas el día estudiando.
-Está bien, voy contigo.- dije al fin. La verdad que no me iba a sentar nada mal despejarme un poco.
-Al fin cedes, cabezona.- dijo ella entre risas.
-Todavía me quedo para joder.- exclamé seria. Se acercó a mí para darme un dulce beso, sabía perfectamente como calmarme.

Llegamos a los estudios donde grababan el programa de televisión, y nada más llegar se llevaron a Malú a maquillaje. Yo con mi tarjetita en mano me tomé la libertad de andar a mis anchas por allí. Hace mucho tiempo, cuando estaba en el instituto, tenía pensamiento de dedicarme al periodismo. Pero un día tomé la decisión de que no, y aquí estoy. Mi pasión es enseñar, dar a unos pequeños jóvenes todo lo que yo he aprendido con los años. Quiero que me vean como yo he visto a mis profesores toda la vida. Que me quieran y me respeten. Tengo miedo de no ser la profesora que me gustaría, y acabar amargada y agobiada por estar metida en esto. Sé lo que es porque desde niña he visto como mi tía se ha ido sumergiendo en una depresión sin salida. Los alumnos nunca le han dado lo que ella buscaba, y probablemente siguió en ese trabajo porque era funcionaria y cobraba un pastizal mensualmente. Las cosas ahora han cambiado demasiado, la crisis ha llevado a la miseria más absoluta a todos los recursos básicos, tanto a la educación como a la sanidad. Ya pasamos por arriba hasta lo de que todos tenemos derecho a una vivienda digna. Yo esperaba con ansias aprobar las oposiciones o al menos conseguir buena nota para estar en una buena posición. Pero lo que peor llevaba era el no saber donde conseguiría la plaza, eso era todo una incognita.
-Señorita usted no puede estar por aquí.- escuché una voz de fondo que me sacó de mis pensamientos. Al girarme mi cara fue un autentico poema.
-¿Qué haces aquí Dani?- dije todavía con la boca abierta.
-Trabajar amiga.- contestó riendo, lo normal porque mi cara sería para enmarcarla.
-¿En México?- pregunté.
-Gemma, no es porque quiera. Pero tengo que ir informando de los avances de tu querida Malú.- dijo más seria de lo normal.
-Bueno supongo que es lo normal, pero podrías haberme avisado.
-Me gustan las sorpresas.- dijo con su habitual sonrisa de nuevo. –Vamos, te invito a un café.
-¿Y si digo que no?- pregunté intentando ser seria.
-Te quedarás con las ganas.- contestó sin más.
-Venga, vamos anda.

El reencuentro con Daniela me alegró un poco más el día. La verdad que en ocasiones me siento desubicada, cosa que veo de lo más normal porque este no es mi mundo. Pero es un mundo al cual quiero adaptarme porque es el de Malú, y no quiero que piense que a su lado estoy mal o incómoda. Y si lo estoy, jamás se lo diré, es la mujer de mi vida y cualquier sacrificio es poco.
 Después de tomarme el café con ella, y estar de risas y fiestas volví en busca de Malú. Debería estar preguntándose donde estoy, pero no sabía si era bueno contarle desde ya que Daniela estaba aquí.
-¿Amor dónde estabas?- preguntó ella nada más verme aparecer.
-Me tomé vía libre y me fui a curiosear.- dije risueña.
-Novelera.- exclamó.
-No perdona, curiosa.- las dos reímos ante mis ocurrencias. –Oye, recuérdame que cuando lleguemos a casa tengo que contarte algo.
-¿Y por qué no me la dices hora? Todavía falta un rato para que me llamen.
-Daniela está aquí.- dije sin más preámbulos.
-¿Qué Daniela? ¿Esa chica rubia que se pasa el día molestando?- murmuró pero no muy bajo para que la pudiese oír bien. -¿Y qué quiere ahora?- dijo en un tono más alto.
-Solo está trabajando.- añadí yo.
-Son cosas mías, ¿o la estás defendiendo?- preguntó sentándose de nuevo en aquel enorme sofá de la sala en la que descansaba.
-No la defiendo, solo digo que es normal. Tú eres famosa y ella es una mandada más.
-La verdad que podía vivir sin saberlo.- dijo después de un largo silencio.
-Pues ya lo sé para la próxima.
-¿Ya la has visto?- preguntó curiosa.
-Claro, si no ¿cómo lo sé?- contesté yo.
-Estabas tardando, ¿no? ¿Hace falta que te lo explique? Una llamadita de toda la vida.- se estaba poniendo demasiado borde, y no me gustaba nada.
-Mira Malú, solo te lo dije para que lo supieras. No pensé que sacarías las cosas de quicio.- dije sin más y con la misma salí de allí. Mi móvil sonó y así me ayudó a calmarme.
-Hola mami.- hacia días que no la llamaba y seguro que iba a matarme.
-Hola cariño.- dijo ella con su encanto natural, pero su voz sonaba triste.
-¿Qué pasó?- pregunté.
-Nada hija. ¿Qué tal México?- logró decir.
-México bien, pero no me cambies d tema. ¿Qué tienes?
-Acaban de despedir a tu padre cariño.- dijo apenas sin voz. Mi familia no estaba pasando por un buen momento y mi padre era la única salvación.
-¿Qué me dices?
-Ya no sé qué vamos hacer.- y ahí noté como mi madre se rompió en mil pedazos.
-Mamá, estate tranquila. Para algo estoy yo.- tenía que ayudar a mi familia en un momento así. No podía dejar que se murieran de hambre, porque lo de encontrar trabajo con la edad que tienen lo veía complicado. Ellos ayudaban a mis hermanos que también estaban en paro, pero ahora éramos nosotros los que debíamos ayudar.
-Mi amor, tú estás en México y estás estudiando para conseguir tu trabajo.
-Bueno mamá, eso no es problema. Cuenten conmigo para lo que haga falta, ahora tengo que dejarte mami.
-Vale cielo.- y aunque estén pasando penurias, ella siempre tan cariñosa.
-Un besito mami, te quiero.- y con ese “te quiero” colgué. Estaba destrozada no podía ver a mi familia así, y todo por esta dichosa crisis que parece q no terminará nunca. La decisión estaba tomada, debía partir para España para ayudar a mis padres. No podía estar allí sin hacer nada, y ellos pasando hambre.
-Malú, ¿podemos hablar?- dije en un tono más tranquilo que la última vez que hablamos.
-Ahora no puedo, ya hablaremos.- dijo sin mirarme.

-Bueno, pues solo decirte que cuando llegues al hotel y no me veas, no te preocupes. Me vuelvo a España.- levantó su vista y me miró asustada, pero no dijo nada. Yo salí de aquella sala con rumbo al hotel a recoger mis cosas, mi deber como hija me llamaba a gritos.

lunes, 14 de abril de 2014


Capítulo 29. Suena México en mi corazón.

No dije nada solo me dediqué a mirar los mensajes que tenía en el móvil. Y efectivamente ella tenía algo que ver. El juego de las fotos de perfil no cesaba, pero yo sin duda alguna seguía teniendo la mejor, esas babas cayendo por la mejilla. La foto era realmente bonita, me cogió justo de pie delante de la cama preparando mi ropa. Ella notó mi atención exclusiva al móvil y se acercó a ver que tanto llamaba mi atención. Me metí el móvil en el bolsillo de atrás y cogí a Malú cual saco de papas y empecé a correr por todo aquel parque.
-Loca que me vas a tirar.- me decía ella. Pero las carcajadas que le producía estar boca abajo en mi hombro no la dejaban ni hablar. Cuando ya me cansé de correr la tumbe en el césped sabía que si le hacía cosquillas no aguantaría mucho rato. Y así fue, eso sí le hice todo tipo de cosquillas habidas y por haber.
-Vas a matarme un día de estos.- dijo cogiendo aire aún tumbada.
-No sabía que tuviese un cuerpo tan espectacular cielo.- exclamé yo con una mirada fulminante.
-Ya sabía yo que tendría que ser algo de eso.- y empezó a reírse de nuevo, vaya mujer. –Pero, ¿sabes una cosa? Me encanta y he pensado en ponerla en casa.
-¿Cómo vas a poner eso en casa amor?- pregunté incrédula.
-Es tremendamente bonita, así que yo la quiero.- estaba muy seria diciendo aquello. ¿Cómo iba a poner un cuadro en el que estoy desnuda en casa? Cada día tenía más claro de que me había enamorado de una loca.
-Bueno, si pones el mío yo cogeré una del álbum de SÍ.- dije en tono amenazador.
-Tengo una idea.- se lo había tomado en serio y se le notaba totalmente en la cara. Me daba un miedo esas ideas repentinas. -¿Por qué no nos sacamos algunas fotos en un estudio? Así haremos que sea nuestro hogar de verdad.- dijo sonriente mientras se giraba en aquella hierba para verme bien.
-Ya está confirmado, me he enamorado de una loca.- dije seria, lo más que pude hasta que me dio un codazo.
-Y yo de una imbécil.- exclamó ella. Se levantó y colocó su cuerpo sobre el mío para así verme mejor, o eso supuse yo pero no tardó en fundirse conmigo. Era tan impredecible que a veces me sorprendía.
-Mi idea era en serio.- dijo a centímetros de mi boca y con su frente pegada a la mía.
-Ya lo veremos cuando volvamos a casa vida, creo que nos quedan unas semanas fuera.
-Tienes razón.- y con eso volvió a besarme en aquel parque tan famoso bajo una tarde increíble.
-¿Te parece que culminemos este día en la piscina del hotel?- pregunté con una sonrisa de oreja a oreja.
-Me parece.- añadió ella levantándome de aquel parque.

Creo que no tardamos ni diez minutos en llegar. Al doblar la esquina de las escaleras del hotel agarré su cintura y la apoyé con fuerza en la pared. Nuestros labios eran uno y entre nuestros cuerpos no había ni una ranura de aire. Enganchó sus piernas en mi cintura, y enredó sus manos en mi pelo para agarrar mi cabeza con más fuerza.
-Tranquila amor que todavía no hemos llegado.- dije entre risas.
-Pues ya estás tardando en abrir la dichosa puerta.- soltó ella comiéndose literalmente mi cuello.
-Lo de la piscina lo dejamos, ¿no?- no podía parar de reírme al verla tan sofocada.
-¿Quieres abrir la dichosa puerta ya? Piscina no, piscino. Anda, anda… anda.- dijo riéndose, mientras me empujaba contra la puerta. Al entrar la cama fue como nuestra diana, no teníamos otra dirección.
Creo que nunca la había visto así, llega a ser tan pasional que me sorprende. Sus manos recorrían mi cuerpo como si no se conocieran, palpando cada poro de mi piel.
-En ocasiones te necesito tanto.- dijo subiendo por mi abdomen.
-¿Sólo en ocasiones?- pregunté yo. En ese momento la puse bajo mi cuerpo. El olor que desprendía su cuello me tenía hipnotizada. La apreté fuerte contra a mí, y pude notar sus manos en mi espalda. Mi boca viajaba por el inmenso universo de su cuerpo, callando gemidos ahogados que le provocaba cuando me quedaba demasiado tiempo en su cuello. Nos sentíamos una, no había nada que calmara el amor que en aquella habitación en el centro de Nueva York, desprendía.
-Cada día soy más feliz a tu lado.- dijo buscando aún su respiración, la había dejado en algún rincón de mi cuerpo.
-Eso lo dices ahora, después de…- solté, las dos reímos ante mi comentario.
-Imbécil.
-Guapa.- exclamé en su boca.
-Te amo.
-¿Cuánto?- pregunté.
-Demasiado. ¿Y tú?
-Yo no te he dicho que te ame.- el comentario le llegó a lo más profundo. Cogió la sabana de la cama y con la misma se levantó.
-No te lo he dicho porque te lo demuestro los segundos que estoy a tu lado, Lú.- dije mientras la sentaba de nuevo en la cama.
-Vete por ahí, ¿sí?- se había enfadado de verdad.
-Escúchame, ven aquí.- agarré su cara para que pudiese mirarme bien. - ¿Ves estos ojos que brillan cuando te ven aparecer? ¿Y esta sonrisa que me sale cuando me hablas?- dije señalándola. –Las mariposas que me recorren la tripa no te las puedo enseñar, pero todo esto lo siento cuando te tengo cerca. Todo esto lo siento porque estoy enamorada de ti, María Lucía.- una lágrima comenzó a recorrer su mejilla. –Es verdad, no te he dicho nunca un te amo. Pero mi vida las palabras se las lleva el viento. La vida se componen de momentos, y en mi vida ahora solo estás tú. Los momentos a tu lado hacen que todo brille de otro color.
-¿Y qué digo yo ante esto?- preguntó ella secándose las lágrimas.
-Con que me digas que nunca dejarás de quererme me conformo.
-No lo dudes enana.- sus labios volvieron a formarse con los míos, como si juntos hubiesen nacido.
Entre beso y beso, se levantó para ir al baño a ducharse. Yo aproveché y pedí algo rico para cenar, y con el inglés que en el aquel momento me salió le pedí una rosa blanca y otra roja al que me atendió por teléfono. La roja evidentemente como símbolo de amor, de pasión y lujuria. Y la blanca, que tanto le gusta, como símbolo de pureza, de verdad, para demostrarle que lo nuestro es un amor verdadero.
Cuando el camarero llegó coloqué todo de forma ordenada. Ella seguía en el baño, como de costumbre un largo rato. Bajo las rosas una nota que decía: “Te amo, Ti amo, I love you, Ich liebe dich, Je t’aime, Quérote, T’estimo… No hay ni idiomas, ni tinta de bolígrafos para escribirte lo mucho que te amo. No existen palaras para describir lo que mi cuerpo siente cuando tu piel roza mi piel, cuando tus labios besan los míos. Ni existirá tiempo para demostrarte que eres la mujer de mi vida. Pero todo eso es un futuro, y yo ahora quiero darte mi presente. Nunca dudes que te amo, aunque te lo diga o no, porque no habrá mujer en la faz de la tierra más enamorada que yo. Te quiero Lú.”
Al salir y ver semejante ajetreo se quedó muda. Se acercó despacio y todavía tapada por la toalla, a la bandeja y cogió la nota. En sus ojos se formaron unos surcos de lágrimas, e irremediablemente me contagió a mí.
-No sé ni cuando, ni como. Pero algún día serás mi mujer oficialmente.- dijo secándose las lágrimas. Pero, ¿yo había entendido bien? Quería hacer esto más oficial aún.
-Bueno, deja la nota por ahí y vamos a comer.- mi subconsciente cambió rápidamente de tema, sin saber por qué.

Los días pasaban volando y con ellos nuestro amor incrementaba. Paseamos por la Quinta Avenida donde tuvimos que comprar otra maleta porque de todo lo que compró en la nuestra no cabía ni aposta. La subida al Empire State fue increíble y el café que nos tomamos en medio del Time Square, tanto o más. Disfrutamos de Nueva York de lo lindo, y Nueva York contemplo un amor de verdad. Las calles neoyorquinas se no hacían demasiado cortas, nuestras manos parecían que las habíamos pegado con pegamento porque en ningún momento las separábamos. Nuestra relación se había afianzado mucho en aquella ciudad. Tenía la sensación de que llevábamos juntas todo una vida, y apenas llevábamos cuatro meses. Pero tocaba dejar esa increíble ciudad para volar hacia México.

Desde el avión se veía gigante, tardamos cuatro horas en llegar, y solo dos eran volando por encima del país. La llegada a México fue muy distinta a la de Nueva York, en la puerta la esperaban muchísimos fans y coreaban su nombre al unísono. Sus “jefes” ya estaban aquí, por lo que fue mucho más fácil porque nos vinieron a recoger para llevarnos al hotel sin ningún problema. Era un país totalmente distinto del que veníamos, y ya no solo por la elegancia que nos puede mostrar el estado estadounidense, sino su gente. La gente era mucho más cercana, aunque también era verdad que hablábamos el mismo idioma. Algunas calles parecían sacadas de un cuento de los años 80, de tierra donde los niños se dedicaban a jugar. México me había embrujado desde que me bajé del avión y respiré su aire. Era un país acogedor, en el cual no me sentía como una extraña. El recibimiento en el hotel fue impresionante con mariachis a la puerta y bailarines danzando de un lado a otro.
-Por lo visto el director es fan tuyo y ha querido darte las mejor de las bienvenidas.- añadió su representante ante nuestras caras de asombro. No sabía ni a dónde mirar por todos lados habían camareros sirviendo copas a los que allí estábamos, por otro lado los bailarines que se acercaban a nosotras para que los viésemos en todo su esplendor y la increíbles voces que tenían los mariachis. La verdad que no salimos del asombro.
-Muchísimas gracias por todo.- dijo por fin ella cuando salió del asombro.
-Increíble.- pude añadir yo.
-Su habitación señorita.- dijo el recepcionista con la llave en una bandeja.

-¿Nos quedamos a vivir en México?- dije apoyada en el balcón de la terraza.
-Me encantaría.- añadió Malú.
-Vaya recibimiento que te han dado allá bajo.
-Estoy en shock todavía.- su sonrisa rasgada salió a relucir.

-Es pura magia.- dije. Fui a donde estaba apoyada para ponerla junto a mí. –Una magia que me encanta vivir a tu lado mor.- giró su cabeza y me besó suavemente la mejilla. Volvió a poner la vista al horizonte para asumir todo lo que ahora le tocaba vivir.

martes, 8 de abril de 2014


Capítulo 28. Un momento de locura.

Al fin llegó el día. Ella estaba como si nada y yo que me moría de los nervios que tenía. Su representante y su “guardaespaldas” nos acompañaron al aeropuerto para darle instrucciones de lo que debíamos hacer cuando llegáramos a México, ellos irían cuanto estuviésemos allí, porque primero tocaban unos días de relax. Me iba a pasar 12 horas metidas en un avión y no tenía ni idea de cómo lo iba a hacer. Dormir, dormiría unas escasas horas, ¿y las demás? No me apetecía ponerme a estudiar en el avión, pero bueno no quedaría de otra, aunque también tenía a mi niña pegada a mí y todo sería mucho más ameno. Aunque bueno, Malú escucha el sonido de un avión y cierra los ojos hasta que el cuerpo aguante.
 Antes de que subiera todo el mundo al avión yo estaba despidiéndome de mis amigos y familia, cuando me llega un whatsapp que me hizo chillar de la risa.
-¿Se puede saber de qué te ríes gorda?- me preguntó Malú riéndose conmigo.
-Te voy a matar María Lucía, te voy a matar.
-Ahora la culpa es mía.- dijo ella con los ojos fuera del casco.
-Mira esto.- le cedí mi móvil y comenzó a reírse causando un escándalo horroroso. En qué momento avisó a su madre que yo no me di ni cuenta. Qué vergüenza, mi querida suegra me había mandado un whatsapp con varías fotos mías vestida de flamenca y al final un: “PD: Una nuera preciosa”. Yo en ese mismo momento quería morirme, creo que estaba roja cual tomate cherry. La mataba, yo a esta mujer la mataba.
-Pero no me mires así, si sales preciosa. Y encima, mi madre te adora más si cabe.- dijo estallada de la risa.
-Serás…- ella me miraba y no podía parar de reírse. Cuando me dispuse a apagar mi móvil después de contestar a mi suegra veo que Malú había cambiado la foto de su perfil.
-Te mato, ahora sí que te mato.- le dije haciéndole cosquillas. La señora que se sentó al lado ya empezaba a mirarnos mal, y eso que se acababa de sentar.
-¿Ya la viste no?- dijo sin aguantarse la risa.
-Te la cobraré, y lo sabes.- dije al fin sentándome en mi sitio. Vaya viaje nos esperaba, y solo acabábamos de subir al avión. La iba a matar, ¿cómo me va poner en su perfil vestida de faralaes? Pero vamos lo tenía claro, esta se la llevaba.

Y pasaron las 12 horas entre mini sueños, risas, besos robados, enfados y sobre todo amor. En ese avión se respiraba nuestro amor. Estábamos súper ilusionadas las dos con el viaje. Todo era nuevo porque jamás habíamos estado en una ciudad así, por lo que estábamos más perdidas que un pulpo en un garaje.
 Cuando por fin llegamos al hotel chapurreé mi inglés y conseguimos nuestra querida habitación, estábamos agotadas. La verdad que el hotel era realmente bonito. Estábamos delante del Central Park, es decir, justo en uno de los barrios más conocidos de la ciudad neoyorquina, Manhattan. Las vistas eran increíbles, tantos las de fuera de la habitación como las de dentro. Malú se había desnudado y andaba por ahí buscando las toallas, su ropa y lo típico para darse una ducha.
-¿Tú no te puedes desvestir cuando hayas cogido todas las cosas como todo el mundo?- le pregunté mientras corría de un lado al otro.
-Te encanta, así que no te hagas la santa.- me dijo con esa sonrisita de pilla.
-Pues la verdad que no.- contesté sería.
-Sí, sí. Lo que tú digas.- se empezó a acercar a mí con un contoneo singular. Yo me tumbé en la cama mirando al techo intentando ignorar sus intenciones. Cuando se colocó encima de mí sus pechos quedaban justo debajo de los míos haciéndome delirar. No me quedó de otra, saqué mi móvil ignorándola porque si la miraba iba a perderme en sus curvas.
-Hola mami.- dije en voz alta con el móvil en manos libres. Ella me miró petrificada, pero al segundo siguió con su conquista por mi cuerpo. Le importó bien poco que mi madre estuviera al otro lado de la línea.
-Hola mi niña. ¿Ya llegaron?- preguntó mi progenitora.
-Sí, mamá. Aquí estoy echada en la cama descansando la cabeza.- escuché su risita y me reí yo. Aquella mujer empezó a desnudarme mientras yo hablaba con mi estupenda madre. Bajé de nuevo mi blusa ignorando su mirada, sabía que la estaba matando con mi actitud de pasota.
-¿Y Malú por dónde anda?
-¿Malú?- pregunté yo. –Haciendo de las suyas para variar mami.- la miré seria y ella soltó una risa pegada a mi cuello. –Mami, ¿sabes qué?
-¿Qué cariño?- dijo con su tierna voz.
-Su madre encontró mis fotos cuando hice de modelo.- escuché unas carcajadas, y vi a Malú que se tuve que apartar para que no se oyera su escandalosa risa. -¿Te ríes mamá? Me quiero morir de la vergüenza.- exclamé yo poniendo la mejor voz de niña buena que me salió.
-Sales estupenda así que no seas boba.- ¿qué me iba a decir ella siendo mi madre?
-Bueno mamá, te dejo ya que voy a ver si como algo.
-Cuídense niñas. Y llámame.- dijo mi madre conociendo que no soy mucho de llamadas.
Colgué y miré hacia Lú que seguía sentada sobre mí. Volvió a besarme por todo el cuerpo, yo intentado olvidar lo que hacía abrí mis brazos y me quedé en la cama cual estrella de mar, dejando que ella hiciera lo que quisiese. Sabía a la perfección que eso le iba a joder profundamente.
-¿Se puede saber por qué me ignoras?- me preguntó frustrada.
-Porque te dije antes que te las iba a cobrar. Solo estoy empezando.- dije muy tranquila y serena, pero me estaba costando tenerla así y no tocarla, lo que no está escrito. Su cara era un poema y me encantaba verla así.
-Báñate que quiero bajar a cenar.- dije levantándome yo de la cama. Ostras, si aquí era ya casi las nueve de la noche, en Canarias serían las dos de la mañana. Mi madre la pobre estaría durmiendo y yo la desperté, pero bueno ya lo hecho, hecho está.

Salimos a cenar fuera del hotel para observar semejante ciudad de noche, y la verdad que era increíble. Me encantaba estar allí, y con ella. No caminamos mucho porque al estar en el centro encontrábamos de todo a la vuelta de la esquina. Y además estábamos realmente cansadas, cosas del jet lag. Malú llevaba toda la noche la mar de amorosa conmigo y mi actitud pasota la estaba matando. Pero en el fondo ella seguía intentándolo.
Volvimos al hotel y mientras yo iba al baño a cambiarme, ella cayó en la cama redonda. Al salir la vi tumbada boca bajo, con la boca abierta como si de un buzón se tratara, con la baba comenzando a bajar. Ese era mi momento, me iba a cobrar con creces la fotito de su whatsapp. Agarré el móvil y le saqué la foto, una foto muy graciosa. Cuando la viese se iba a morir, porque tenía el número de muchos de sus conocidos y la verían. Y probablemente ellos la distribuirían entre el circulo amistoso. Sobre todo su hermano Jose que era de los míos.

Una claridad extrema se metió por la habitación de aquel hotel haciéndome que me despertara sobre saltada. Miré el reloj y efectivamente era más que tarde. ¿Cuánto habíamos dormido? Unas trece horas, madre mía vaya marmotas. Ella seguía ahí tumbada. Así que aproveché de su indefenso cuerpo y me la fui comiendo poco a poco. Con besos intercalando mordiscos por su pequeño cuerpo.
-¿Ya no estás rencorosa?- dijo devolviéndome los besos.
-Ya he cobrado mi deuda con creces.- cuando viera la foto me iba a matar, y lentamente para que me doliera más.
Y no duró mucho, como me imaginaba su hermano Jose haría de las suyas. Yo estaba en el baño y al salir no la vi. Puse la ropa sobre la cama y empecé a vestirme para irnos a almorzar y conocer Nueva York. Ella seguía sin aparecer, pero cuando me disponía a ponerme el pantalón la vi salir detrás de las cortinas corriendo hacia mí, dejándome acostada en la cama. Me agarró de las manos y empezó a hacerme cosquillas dejándome indefensa.
-Te vas a enterar.- dijo pegada a mi oído. Dejó de hacerme cosquillas cuando ya vio que me ahogaba, y pasó a babearme toda la cara de forma muy asquerosa.
-No seas guarra.- le chillé.
-Salí preciosa en la foto, toda babeada. Pero tú vas a estar mucho más guapa que yo mi vida.- dijo encima de mi cara. Y sí, hizo justamente lo que me imaginaba, sacó su móvil del bolsillo y me sacó una foto.
-Todo lo empezaste tú, así que no voy a ser yo quien lo pare dije decidida.
-No sabes con quien hablas.- la verdad que jugar con ella conllevaba esto. Pero mi foto seguiría ahí.

Salimos a conocer la ciudad, pero con calma teníamos días y no era cuestión de cansarnos desde bien temprano. Así que optamos por conocer lo que teníamos al lado, el Central Park. Era grandísimo, por lo visto era dos veces más grande que la nación de Mónaco y ocho veces que la Ciudad del Vaticano. Era un parque muy transitado y por él encontrábamos de todo. Tanto museos, como arboles famosos, cafeterías, lagos impresionantes. Era increíble, para recorrerlo todo tuvimos que coger una especie de tren que nos llevaba por las partes más bonitas, y al finalizar nos dejaba justo en la puerta que daba casi a la conocida Quinta Avenida.
El sonido de mi móvil me sacó del embobamiento que tenía ante las vistas que tenía. Era un mensaje de Gara que me dejó bastante trastocada, “No sabía que ahora te dedicabas al nudismo. Vaya cuerpo amiga”. Malú tenía algo que ver seguro.