viernes, 28 de febrero de 2014


Capítulo 8. Así no sé vivir.

Abrí un ojo sin saber donde estaba. Cuando noté un cierto olor a café que venía desde la cocina me acordé de que había decido acostarme en el salón de la casa de Malú porque esa noche no tenía fuerzas para más. Ver aquel cuadro donde aparecía ella con su ex me había roto por dentro. Pero no por el simple hecho de ver la foto, sino al pensar que estando junto a mi ella no tenía esa mirada de felicidad, ni esa cara de alegría. Decidí acercarme a la cocina. Llegué y allí estaba ella. Recién duchada y el pelo empadado. Miré el reloj de la cocina y solo eran las ocho de la mañana. Pero claro, ella tenía que ir hoy a la oficina y debía ir temprano. Estaba tan guapa desde buena mañana, tan sencilla que enamoraba a cualquiera. Notó mi presencia y se dio media vuelta para verme.
-Buenos días.- me dijo en un noto frío y sin ganas. -¿Por qué has dormido en el sofá?- se le notaba algo molesta, lo más normal.
-Buenos días.-contesté yo de la misma forma. La verdad que no tenía ni fuerzas para acercarme a ella. Había un sentimiento que me recorría y me hacía sentirme mal. Pero un sentimiento que no sabía porque estaba ahí. –No lo sé.-le contesté sirviéndome un poco de café en una taza.
-Me asusté, ¿sabes? Levantarme y no verte por ninguna parte y cuando bajo estabas ahí.- a lo mejor debería a verla avisado o simplemente dormir a su lado. –Mejor báñate que no llegamos. Ya si eso hablaremos luego.- me dolía verla así conmigo tan fría y distante. Pero me lo merecía, fui yo la que tomó la decisión de dormir aquí y no allá arriba con ella.
Subí a su dormitorio y me tenía dos toallas preparadas encima de la cama. Las cogí y las olí por un momento. Y como era de esperar, olían a ella. No tendría palabras para señalar cada uno de los sentimientos que me recorren por el cuerpo al sentir su olor. Me metí en la bañera y mientras el agua caliente baja por mi cuerpo, yo curioseaba todos los potingues que tenía Malú en la bañera. No me apetecía nada salir de allí, estaba super agusto. Pero tampoco era ese el plan, Malú me esperaba. Terminé de ducharme y me vestí rápidamente para que no tuviese que esperar por mí. Cuando baje hablaba por teléfono con alguien, pero no pregunté con quien le hice una señal de que podíamos irnos y así lo hice. Debía de llamar a mi madre que no tenía ni idea de donde estaba, y como madre tenía todo el derecho. Saqué el móvil tenía whatsapps de 6 contactos distintos. Pasé de ellos y me dispuse a llamar a mi familia.
-¿Sí?- no me fijé en el horario y probablemente habría despertado a mi pobre madre.
-¡Hola mami!- exclamé divertida. Quería a mi madre por encima de mi vida. Y me alegraba tanto hablar con ella.
-Hola mi niña linda.-contestó ella con una risa. La había despertado, pero se alegraba tanto de oírme que le daba igual.
-Mami, tengo que decirte una cosita.- lo dije con voz de niña buena. Aunque era mayor edad y podía hacer lo que quisiera, una madre es una madre.
-¿Qué hiciste?- siempre que le decía que tenía que contarle algo ya sabía que tramaba algo. Era la única persona que me conocía de verdad. Cada cara que yo pusiese ella sabía que era lo que me ocurría. La echaba tanto de menos.
-Me vine unos días a Madrid.- solté con una vocecilla divertida. –Pero ya esta noche vuelvo a casa. Mañana tengo que ir a clase.
-Vives como quieres mija.- sabía que no me diría nada. Pero yo debía decírselo. -¿y con quién fuiste?- nunca se dejaba ningún detalle atrás. Mire a Malú y ella estaba divertida escuchando la conversación con mi madre. Puse el altavoz para que lo pudiese oír.
-Con una amiga mamá. Te la tengo que presentar, te caerá genial.- volví a mirar a Malú y esta vez me puso cara de “olvídate”. Pero mi gesto fue de “me lo debes”. Y ella  como sabía a qué me refería se rio.
-Sí, a ver cuando te dignas a volver a casa un fin de semana.- tenía toda la razón del mundo. Hacía más de tres meses que no veía a mi familia. –Ya sabes que tengo una lista de comida para hacerte cuando vuelvas, tú sabrás. Y el niño ya habla muy fluido.- siempre le funcionaba ese truco. Moría por la comida de mi madre. Y por ver a mi niño.
-Pronto mami, pronto estaremos por ahí.- en el momento me di cuenta que había hablado en plural. Y todavía no sabía que sería de esta relación.
-Mi amor, te dejo que ya que me levanté voy a desayunar.- mi madre era igual de gandula que yo. –Cuídate mucho y come bien, ¿vale?
-Sí mamá, te llamo mañana cuando salga de clases. Un besito.- y seguidamente escuché un muack al otro lado del teléfono y colgó.
Volví a mirar a Malú y seguía con esa sonrisa en la cara. La verdad que el supuesto enfado que tenía ya se le había pasado. Llegamos al estudio con 5 minutos de sobra, así que subimos relajadamente por el ascensor. Miré mi reloj y no había pasado sino un minuto. Quedaban cuatro para llegar. Malú miraba su móvil y sin que se diese cuenta pasé mi mano por detrás y pulse el botón de STOP. Y ascensor frenó en seco y Malú dejó de mirar su móvil para poner sus ojos en mi. Me encantaba cogerla desprevenida. Le quité el móvil que agarraba con la mano y se lo puse en su bolso. Ella se dejaba hacer, pero seguía sin entender nada. Agarré su nuca y le planté un beso. Un beso sonoro, con ganas. Lo necesitaba, e intuyo que ella también porque no opuso resistencia.
-¿Se puede saber qué te pasa?- seguía extrañada ante mi reacción, y es lo más normal. Hace unas horas me acostaba a dormir en el sofá porque estaba llena de dudas, luego estamos las dos más frías que una noche de invierno en Finlandia, y ahora me apodero de ella con unas locas. Pero era lo que me hacía sentir. Soy una chica de impulsos. Impulsos a veces fuera de control.
-Te necesito.-creo que con esas palabras yo ya dije todo lo que tenía que decir. Me miró perpleja de nuevo. Pero sabía que se lo decía de verdad y fue ella quien me besó de nuevo. Tardamos algo más en separarnos. Pero lo hicimos y le volvía a dar al botón para continuar.
Llegamos a la planta y cuando caminábamos un largo pasillo se cruza un hombre delante de nosotras. Y se planta en frente de ella, y sin más la agarró y la besó. Yo me quedé flipando. Creo que mi cara lo decía todo. Cuando despegó su cara de la de ella pude ver que era el chico tan atractivo que estaba en aquella estúpida foto.

-Te necesito.- le exclamó cuando se separó de ella. La mismas palabras que yo le había dicho en aquel ascensor. La rabia que sentía no se comparaba a nada. Quería salir de allí cuanto antes. Y así lo hice. Di media vuelta y me volví a meter en el ascensor. Malú se había quedado muerta con aquel beso y ni cuenta se dio que yo me había ido. Estaba siendo un viaje de mierda. No sé en qué momento yo le dije que sí a esta locura. Se había quedado allí pasmada sin decir nada, y para colmo me voy y no se da cuenta. Estaba todo muy claro. Sobraba, y si no me lo decía ella, ya me lo digo yo. Bajé de nuevo a la primera planta de aquel edificio y salí en busca de algún taxi. No sabía a dónde iba a ir porque la única vez que había estado en Madrid tenía 13 años. Pero yo me subí al taxi y le dije que me llevara al centro. Ahí me ubicaría mejor. En realidad era mentira, solo me acordaba de algunos sitios que salían por la tele. Pero necesitaba salir de allí y el sitio era lo menos que me importaba. Apagué mi móvil porque sabía las consecuencias que tendría mi huida. Llegué al parque del retiro, y compré unas pipas para despejarme. Mi mente no asumía lo que había pasado. Una lágrima recorrió mi mejilla con miedo a brotar. Me senté en un banco y todo mi miedo salió a flote. Mis ojos se inundaron de lágrimas. Unas a causa de la rabia del momento, otras al saber que la había perdido. Madrid era demasiado grande y yo no sabía que haría en él. Me dediqué a pasar por el parque sin ningún rumbo. Apenas eran las 10:30 de la mañana y yo estaba sola por esa ciudad desconocida. Me esperaba un día muy largo...

jueves, 27 de febrero de 2014


Capítulo 7. Las dudas de mi corazón.

Llegó Jose y entramos rápidamente. Malú se disponía a abrir la puerta del copiloto para sentarse junto a su hermano pero la agarré rápidamente y la metí en la parte trasera del coche. Me miró perpleja sin saber por qué lo había hecho. Al ver su cara no me pude aguantar la risa.
-¿Qué estoy de taxista hoy?- preguntó Jose divertido mirándonos por el retrovisor. Yo no dejaba de reírme, y Malú seguía con aquella cara de no entender nada. Tenía pensado estar de jugueteos con ella, pero al entrar al coche estaba distinta y con la mirada perdida. Mi plan se había fastidiado.
-La loca esta que no se qué le pasa.- exclamó ella riéndose al fin. –Como es una mal educada y no se presenta, pues te la presento yo. Jose ella es Gemma.- ostras se me había pasado por completo. Qué vergüenza. Ella lo notó y soltó una risilla maliciosa.
-Gemma, la famosa Gemma. Encantadísimo cuñada.- yo me había perdido algo. ¿La famosa Gemma? Ya me conocía. Y para más colmo me llama cuñada. Me puse roja por un momento, pero en el fondo me hacía feliz que ella ya se lo hubiera contando a su hermano.
-Muy famosa no creo que sea, pero normalmente me las suelo camelar muy bien. Encantada Jose.- solté yo. Malú me miró con cara de pocos amigos y, Jose y yo comenzamos a reír. Noté que Malú estaba en su mundo mirando por la ventana del coche y me acerqué a ella. Cogí la mano que tenía apoyada en su muslo y me puse a hacerle cosquillitas. Giró la cabeza para verme y con una sonrisa única siguió a lo suyo.
-¿Vas a contarme que te pasa o voy a tener que hacerte cosquillas en otro sitio?- le susurré para que su hermano no me oyera. Ante mi comentario se echó a reír, pero todavía sin girar la cara. No tenía intención de contarme nada, y tampoco era cuestión de agobiarla.

Llegamos al famoso barrio de Majadahonda, donde Malú tenía ubicada su casa. Y vaya casa. Era preciosa. Se notaba que la había decorado ella, tenía un gran gusto. Nada más entrar me encuentro con un precioso salón que comunica con la cocina mediante un corto pasillo. Era un dúplex bastante luminoso ya que tenía ventanas por todos lados. Cuando dirigí mi vista a una puerta corredera visualicé un jardín. Aunque era de noche las luces que lo decoraban dejaban ver un enorme jardín con una piscina tapada con un plástico. Tenía flores de todo tipo que al estar en primavera lucían radiantes. La casa era preciosa. Cuando dejé de mirar todo lo que había por los al rededores. Busqué a Malú. En la parte de abajo no estaba porque no me la encontré por mi recorrido turístico. Así que subí al piso superior imaginando que allí estaría. Escuché un ruido que procedía de la habitación del fondo. Y cuando me acerqué allí estaba. Me la encontré sentada en la cama visualizando el techo. Entré sin decir nada y me acosté a su lado. Me recordaba a aquella noche en el hotel pero esta vez era distinta. Había algo que le estaba rondando la cabeza y no sabía que era.

-Sé qué te pasa algo. No me gusta verte así.- posé mi mano en su muslo. Necesitaba sentirla a cada momento.
-Estoy asustada.- me dijo al mismo tiempo que agarraba mi mano. – ¿Y si mi padre tiene razón?
-¿Tiene razón en qué amor?- pregunté asustada. No me gustaba verla así, y estaba pensativa desde que nos subimos al coche de su hermano. Me senté en la cama a su lado para poder verla mejor.
-Pues en que llegue la prensa y estropee todo esto.- en realidad no sé si tenía miedo a que la prensa lo estropeara o a que nos descubrieran.
-Malú, ¿tú estás segura de todo esto?- sentí un escalofrío al formular la pregunta.
-¿Qué quieres decir?- preguntó incorporándose para sentarse ella también.
-¿Qué si tienes miedo de que la prensa lo estropee o tienes miedo a que lo sepan?- se levantó cabreada de aquella cama y abrió el armario. Algo me decía que estaba disimulando su cabreo.
-Gemma, he ido a casa de mi padre y le he contado que estoy enamorada de ti. Se lo he contado a mi hermano sin ningún miedo. Al revés decidida. He dejado al que iba a ser mi marido después de tantos años.- se giró y me miró fijamente. -Y ahora tú me dices, ¿qué tengo miedo de lo que lo sepan? ¿Después de todo lo que he hecho?- la había cagado pero bien. –Solo tengo miedo porque no te quiero perder. Ese es mi miedo, TÚ.- esas palabras me llegaron a lo más profundo de mi alma. De verdad estaba enamorándome de esta chica lo más profundo. En este momento no sé qué haría sin ella. Y a apenas lleva más de una semana. Pero lo mucho que te puede dar una semana. Me levanté y me puse frente a ella. Estaba asustada de verdad. Metí mis dedos por su larga melena y besé su frente con todo el amor que por mi cuerpo recorre hacia ella. Levantó la cabeza y me miró. Con unos ojos que no me había mirado hasta ahora. Y me sorprendió. Sentí que su corazón había cambiado y también noté que me miraba de otra manera.
-Gemma, desde el momento que le dijiste a mi padre que nadie me iba a querer más que tú supe que debía vivir mi vida contigo. Te veo de una forma distinta y creo que es porque me estoy enamorando de esos ojos negros, y del olor de tu pelo. De la sonrisa que te sale cuando te miro.- parecía que estaba leyendo mi mente. –No quiero decirte que esto será para siempre porque algún día tendremos que morir. Y tampoco te voy a decir que todo saldrá bien porque el amor es impredecible.- una lágrima comenzó a bajarle por la mejilla. Pero cuando iba llegando a la comisura del labio superior la besé para que no siguiera el recorrido de sus labios. –Pero si quiero decirte que a tu lado soy feliz. Y mi miedo ahora es perderte…-dijo en un último suspiro. Mi sangre bajaba y subía por mi cuerpo al unísono. A veces pensaba que nada de lo que yo estaba viviendo era real. Y luego llegaba ella y rompía todos mis esquemas.
-Lú, tener miedo a veces es una barrera que no te deja avanzar.- le dije colocando su pelo para verle bien la cara. –A tu padre le dije una verdad como un templo. Yo misma me asusto al pensar que en apenas unos días yo esté sintiendo esto por ti. Te quiero tanto que hasta me asusta saberlo.- ella me mostró una sonrisita que a mí me derretía. –Pero no quiero que pienses que pasará. Disfrutémoslo y vivamos el momento que la vida nos ha dado. Y pase lo que pase a tu lado estaré siempre.- creo que en ese mismo momento yo me terminé de enamorar de aquella mujer. Me fue empujando hacia la cama y, una vez allí comenzó el recorrido de sus besos por todo mi cuerpo. Pero cuando se disponía a hacer desaparecer mi ropa, paré.
-¿Por qué?- me dijo entre pucheritos.
-Porque dijiste que hoy ni me tocarías cariño. Tengo que terminar ese trabajo sin falta.- a nadie más que a mí le jodía profundamente parar aquel momento, pero si no lo hacía ahora. No lo haría nunca. Todo su ser puede conmigo.

Cuando por fin había terminado la parte que me tocaba y le mandé el correo a Carmen, era las tres de la mañana. Y la princesa de mi reino dormía plácidamente. Estaba tan cansada que apenas tenía fuerzas para levantarme de aquella mesa llena de papeles. En ella había de todo. Pero una cosa llamó me atención. Una foto. Una foto en la que su alegría traspasaba el marco. Se la veía radiante, y estaba con él. Al fin le ponía cara al famoso Carlos. Sinceramente es un chico muy atractivo. Y se veían tan enamorados. Y ahora la cara que ella tenía era toda de dudas. No sabía con certeza si había hecho bien. Yo sé que ella diría que sí por encima de todo, pero era la duda la que le comía la cabeza y no le dejaba vivir. Era un paso importante. Y sí, solo llevaba en mi vida unos días. Eso es lo que peor llevaba que tan solo con ella días, y la tuviera en mi corazón como si hubiesen pasado años. Pero la cara que tenía en esta foto no la tenía junto a mí. ¿Y si la que me había equivocaba era yo? Al meterme en su vida. Diciéndole todo lo que le dije y ella únicamente estaba confundida. Todo era un lio, un lio del cual no sabía en qué momento saldría de él. Pero no quería seguir pensando eso. No estaba agusto, y todo esto por una puñetera foto. Al ver su cara en ella, mi cuerpo se derrumbó.

Debería irme a la cama porque no sé qué día iba a depararme Madrid mañana. Pero no me acosté en la cama con Malú, en ese momento no me apetecía del todo. Así cogí y me tumbé en el sillón, y ahí mirando todo lo que me rodeaba me quedé dormida.

PD: En nuestros corazones siempre estarás maestro. DEP al gran Paco de Lucía.

martes, 25 de febrero de 2014


Capítulo 6. Como una flor.

Entramos a la casa. Ella estaba feliz porque se encontraba en su entorno, pero yo me quería morir. No sabía qué hacer, ni qué responder. Estaba tan nerviosa que mis manos parecían fuentes de agua. Después de acariciar a los perros que la asaltaron nada más entrar, metió a su padre en el despacho. Estaba decidida, aunque para mi todavía fuese una locura la respetaba y la quería aún más por ello. Notaba mi nerviosismo y me agarraba para que supiese que no pasaba nada. Pero sí pasaba, no todos los días estás ante algo así. Pero todo lo hacía por ella, porque esto le hacía ilusión.
-Bueno contarme, ¿Qué ha pasao?- nos dijo su padre con un acento andaluz adorable.
-Papá en primer lugar quiero presentarte a Gemma.- me agarró fuerte la mano y tiró de mi disimuladamente para que saludara a su padre. –En segundo lugar quiero comunicarte que he roto mi relación con Carlos.-lo iba diciendo como si ella tuviese un esquema en su mente y debía seguir esos pasos. Pero esta segunda idea le sorprendió mucho más.
-¡Pero si te ibas a casar con él!- dijo su padre interrumpiendo su esquema. -¿Qué ha pasado?-parecía que su padre le tenía bastante cariño al tal Carlos.
-Pues verás papá…-dijo vergonzosa agarrando mi mano. –He conocido a otra persona.- al cantante se le iban a salir los ojos del casco. En ningún momento se imaginó lo que su hija le estaba contando.- Y esa persona es Gemma.- y boom, sin anestesia. Yo probablemente me había puesto como un tomate, pero Malú para calmarme me agarró la mano más fuerte. O probablemente lo hizo para refugiarse ella también. Su padre no daba crédito a lo que estaba oyendo. Básicamente se quedó mudo.- Y lo último que te quería decir.- alcanzó a decir después de varios segundos. –Es que la tía Inés nos ha visto. Y hemos preferido que lo supieses por nosotras.- su padre seguía allí asimilando todo lo que había pasado.
-Malú, esto es una locura.-le dijo el padre al fin. –Cuando te vea la prensa con una mujer por la calle, ¿Qué vas a decir?
-¿Y por qué tendría que decir algo? Es mi vida papá, y a nadie le importa.- ahora ella yo la que le agarraba con fuerza la mano. Se empezaba a alterar y no era cuestión. Y en medio de aquella disputa, me tomé la confianza de intervenir.
-A mi me gustaría decirle señor…-miré hacia él como pidiéndole su consentimiento, y él asintiendo me dejó hablar.- En primer lugar que respeto y adoro a su hija, sobre todas las cosas. Y si me permite el comentario. Decir que yo creo que no es nada malo que dos mujeres se gusten. Si la prensa nos viese juntas, en mi opinión, lo único que podrían hacer es morirse de la envidia. Pero como yo quiero a Malú jamás nadie lo hará.- no sé porque me salía todo tan cursi. Jamás había sido así, pero esta mujer me estaba cambiando. Para bien.
-Malú, has tenido siempre un buen ojo para todo hija mía.- dijo guiñándome un ojo. Las dos nos miramos felices. Su padre entendió perfectamente que lo que había allí no era capricho. Bueno o sí, pero del destino. –He comprobado que como dice tu canción “no importa tu sexo, si pones el alma en cada gesto de amor”. Estoy orgulloso de ti.- se acercó cariñosamente a su hija y le dio un beso en el pelo. A Malú las lágrimas se le salían solas, estaba tan feliz. Estábamos tan felices. En aquel momento me alegré de que quisiera contárselo a su padre. Cuando se disponía a salir Pepe de Lucía agarró mi brazo y me dio dos besos. –Cuídala.- me susurró muy cerca del oído. Salió de aquel despacho lleno de discos y libros dejándonos solas. Ella se había apoyado en la mesa para asumir lo que había pasado y de paso tranquilizarse. Me acerqué a donde estaba. Abrió las piernas para que yo me pudiese colocar en medio y más cerca de ella. Le agarré de la barbilla y la acerqué para besarla en ese momento ambas lo necesitábamos.
-Soy muy feliz.- me dijo colocando sus manos en mi cintura. –Te has ganado a mi padre en un tiempo record. Al igual que a mi corazón.- me puso una mirada tan tierna que derretía a cualquiera.
-Solo he dicho la verdad.
Seguimos un rato en aquel despacho con nuestras miradas y caricias. Desde lo que pasó con su tía, aparte del tiempo en el coche, no habíamos tenido un tiempo a solas en el que mirarla a los ojos fuera mi mejor pasatiempo. Después de pasar otro rato en aquella bonita casa nos fuimos. Malú, no sé cómo, ni en qué momento ya me había convencido para que me fuera a Madrid con ella. Era la hora de comer cuando llegamos al hotel así que primero almorzamos y luego hicimos una media maleta, bueno más bien hice porque ella tenía su casa en Madrid y allí tenía bastantes cosas. Así que cogimos rumbo hacia el aeropuerto cuanto antes.
Cuando miré mi móvil tenía un whatsapp de una compañera de clase, Carmen.
“Hola guapísima, qué tal estás? Mira era para recordarte que el martes exponemos en clase nuestro trabajo. Intenta mandarme hoy si puedes tu parte vale? Un beso, cuídateJJ
No, no, no. ¡MIERDA! No me acordaba del puñetero trabajo. No podía estar en todo. Mierda, ¿qué hago? No podía irme a Madrid, me jugaba aprobar yo y que aprobase Carmen. No podía hacerle eso. Joder, ¿cómo es posible qué me haya olvidado? Y gracias a que me avisó porque si no si es verdad que la dejo colgadísima.
-¿Qué te pasa?- me preguntó Malú notando mis caras de sufrimiento y el hormigueo que me había entrado por el cuerpo.
-La he cagado pero bien.- le dije con toda la sinceridad que me salió. –Tenía que entregarle mi parte de trabajo a una compañera. Un trabajo que no he hecho y que exponemos el martes.- yo solo pensaba en que Carmen me iba a matar.
-A ver cielo, relájate.- ¿me llamó cielo? Era la primera vez que me llamaba así. Es tan adorable. La quiero tanto. Se me había pasado hasta el disgusto. –Hagamos una cosa. En todo el viaje no te pienso ni rozar para que te concentres en el trabajo, ¿vale? Lo terminas en casa, se lo mandas a tu amiga.- estaba teniendo una idea formidable. Tendría que estar hasta la madrugada pero podía hacerlo, pero estaría listo.
–Y en vez de volver el martes, pues volvemos el lunes por la noche y así podrás presentar el trabajo. Pero olvídate de que te vaya a dejar aquí.- me dijo con mirada desafiante.
-Eres tan tan tan lista…-dije con una gran sonrisa. –Que daría lo que tengo por una cuarta parte de tu cerebro.- era todo muy deprisa y no tendría tiempo ni de comer, pero merecía la pena. Ella me miró con cara de no conocerme de nada, y empezó a reírse. –Pero hay un problema. No tengo mi portátil aquí.
-No te preocupes boba, yo voy con el mío a cualquier lado.- dejó de mirar a la carretera un segundo para guiñarme un ojo. Menos mal. Parecía que todo volvía a su rumbo de nuevo.
Estiré mi mano hacia su muslo en forma de agradecimiento. Pero ella con una sonrisa que ya me iba conociendo agarró la mano y se la puso cerca de su entrepierna. Me acababa de matar. La miré y no podía negar que se estaba aguantando la risa en lo más profundo, probablemente a causa de ver la cara que se me quedó. Pero yo no la quité, todo lo contrario la puse en una zona ciertamente sensible que con los leggins que llevaba podría apreciar muy bien. Se mordió el labio inferior y suspiro. Pero no un suspiro de alivio, fue un suspiro ahogado y sonoro. Sonreí ligeramente al ver su cara y quité mi mano, pero antes de quitarla del todo le acaricié la parte del abdomen que tan definido tenía. Se había puesto colorada, aunque no sé si de la vergüenza o del calor.

Llegamos al aeropuerto sin soltar palabra ninguna las dos, pero las miradas ya hablaban por nosotras. Pasando todo lo que tenemos que pasar siempre a la hora de viajar llegamos al avión. Nos sentamos y a los diez minutos el avión ya volaba por encima de Sevilla. A mí me encantaba siempre mirar por la ventana. Observar los paisajes desde aquella perspectiva. Se escuchó el sonido de que nos podemos quitar los cinturones sin problemas. Me giré hacia Malú y observé que ella ya llevaba un rato mirándome.
-Me pasas tu ordenador, por fi.- dije aparentando normalidad. Se agachó, y sacó del bolso el portátil.
-No te pienses que esto se va a quedar así.- me dijo poniendo el ordenador encima de mis piernas con la mano colocada de tal forma que rozase mi muslo.
-Habíamos quedado en que no ibas a molestarme, ¿no princesa?- esa princesa sonaba fenomenal si la destinataria era ella. Me encantaba verle la cara que me ponía. –Descansa un ratito que anoche no pudiste.- le dije a la vez que le colocaba el pelo que le caía por los hombros. Y seguidamente dediqué mi atención al ordenador. Se estaba poniendo enferma, pero me encantaba verla así. Pero era verdad, tenía que terminar aquel trabajo dichoso. Lo peor de todo es que se me olvidó contestarle a Carmen. Cuando llegue a Madrid lo haré, así tengo excusa. Y ya de paso llamar a mis padres para que sepan que estoy viva. Viva y en la capital de España. No estaría de más. Vaya hija estaba hecha.

Llegamos a Madrid y Malú seguía apoyada en mi hombro durmiendo. Se había tomado en serio lo que le había dicho. Eso, o que estaba cansada de verdad. Lo más normal porque fue una noche única, en la que ninguna de las dos pudo pegar ojo. Cuando el avión tocó tierra giré mi cara. Me fijé que no hubiese nadie mirando y con un suave movimiento la coloqué de una forma para darle un beso de muerte. Se despertó de golpe, pero cuando ya recuperó la compostura me agarró ella a mí. Cómo puede un beso llegar a transmitir tanto. Paramos e hicimos como si nada hubiese pasado y entre risas salimos del avión. Yo nunca había sido así. Me tomaba todo con tanta calma, que ya de último me resultaba aburrido. Pero esta mujer me había hechizado. Conseguía cosas que ni yo misma sabía que llevaba dentro. Era todo un descubrimiento. Y era ella la que me había descubierto. Pero eso no lo sabía.
-Viene a buscarnos mi hermano Jose. ¿No te pondrás a sudar como siempre no?- me dijo con maldad. Me estaba devolviendo muy cruelmente mi jugarreta de antes. Pero no dejaría que se saliese con la suya.

-Ya veremos quién suda y quien no mi niña.- dije con un acento muy canario. Sabía que le encantaba.

lunes, 24 de febrero de 2014


Capítulo 5. Junto a ella.

-Dile a mi sobrina que la espero fuera.- vaya vergüenza, me quería morir. Malú se retorció al escuchar el ruido, pero no tenía intención de despertarse. El vino había hecho mella. Su tía salió de la habitación con una cara que no era precisamente de alegría.
-Cariño.- le dije con un beso en el hombro. –Lú. ¡Levántate!- le dije esta vez moviéndola. Abrió un ojo y vió mi cara de susto. Ver a su tía allí no fue precisamente agradable.
-¿Qué pasa?- dijo incorporándose y dándome un beso de buenos días. Le agarré la cara y ella notó que no iba todo bien.
-Tu tía está fuera.- así sin anestesia y sin nada.
-¡NO ME JODAS!- rápidamente se levantó de la cama y yo la imité. Mientras se colocaba las botas noté que su nerviosismo podía con ella. Le hice una señal de que respirara, y así lo hizo. Cogimos aire y salimos.

Su tía estaba sentada en una silla de la terraza fumándose un cigarro. Miré su mano y pude notar que al igual que nosotras estaba muy nerviosa. No todos los días encuentras a una sobrina liada con una chica. Cuando nos vio aparecer lo tiró inmediatamente.
-Preferiría hablar únicamente con mi sobrina.- me miró fijamente y me hizo un gesto para que me fuera. Y cuando me disponía a hacerlo Malú agarró mi mano con fuerza.
-Gemma se queda. Si quieres decirme algo lo harás delante de ella.- dijo enfrentándose a su tía Inés. Estaba segura de sus palabras. Y a mí me llegaron a lo más profundo.
-María Lucía, ¿de verdad te piensas qué la casa de tus abuelos es un puticlub?- las palabras de Malú le habían jodido de lleno, y ella sabía tocarle la fibra. Pero al ver la cara de la mujer, podemos decir que de mi vida, no me pude contener.
-Mire doña Inés, sé de primera mano lo que significa esta casa para Malú. Noté como sus ojos se llenaron de lágrimas al entrar e imagino que al recordar viejos tiempos.- la señora no daba crédito a que yo también me enfrentara a ella. Pero sabía que Lú en ese momento no podía. –Nosotras en ningún momento le hemos faltado el respeto y no creo que usted sea nadie para decir lo que ha dicho. Porque quiero a su sobrina sobre todas las cosas, y si esto le parece un puticlub que baje dios y lo vea.- pude observar que una lágrima le recorría la mejilla. –Y no pienso consentir que ni su propia tía le haga sentirse así.- y señalé a Malú. La mujer se había quedado anonadada. Pero lo sentía mucho fue lo que me salió en ese momento.
-Mira joven, tú aquí no tienes nada que ver. Yo no voy a mantener una conversación con una persona como tú.- ¿cómo yo? ¿Qué quería decir? Entonces Malú soltó mi mano y dio un paso al frente.
-Si no te gusta lo que ves tía, lo siento mucho. Soy mayor de edad y hago con mi vida lo que me place.- exclamó dando otro paso al frente. –Ella es la persona que me hace feliz. Te guste o no. Y ahora corre y cuéntaselo a mi padre que sé que es lo que has querido desde el principio.- agarró mi mano y me llevó dentro de nuevo. Doña Inés se había quedado allí petrificada.

Rápidamente recogimos todas nuestras cosas bajo la atenta mirada de su tía Inés y salimos de allí como alma que lleva el diablo. Subimos al coche y Malú, sin saber muy bien por qué, puso la música muy alta. Supongo que quería alejar sus pensamientos y estar tranquila. Estaba seria todo el tiempo y no me gustaba nada verla así. Me sentía tan culpable de aquel estúpido enfrentamiento. Pero no iba a dejar que la humillara de aquella manera. A ella no. Mientras yo seguía pensando que había hecho lo correcto ella bajó la música.
-Gemma, siento mucho lo que ha pasado.- me dijo con una mirada triste y casi me sonaba a sollozo. –Se suponía que si llegaba antes de tiempo me avisaría, pero veo que no me hizo caso.
-Malú, te pido por favor que esto no arruine el mejor fin de semana de mi vida.- le dije poniéndome de lado en el sillón. –Me siento fatal por lo que ha pasado.- sin esperármelo cogió una salida que había a mano derecha de la autovía. Y cuando llegamos a un descampado paró.
-¿Sabes qué?- me daba un miedo su espontaneidad. –Vamos a llamar a mi padre y se lo vamos a contar NOSOTRAS.- ¿qué? Imposible. Lo que me estaba diciendo era coña.
-Malú, ¿qué le vas a contar? ¿Qué su hija está liada con una tía desde hace un día?- le sorprendió mi respuesta.
-¿No quieres que le cuente a mi padre que soy feliz?
-Sí quiero que le cuentes a tu padre que eres feliz. Lo que quiero es que esperes un poco para decirle el por qué.- no quería que pensara que no quería pero es que en el fondo no quería.
-No voy a dejar que la que se hace llamar tía le cuente su versión.- lo dijo en un tono más alto de lo normal por lo que intuí que estaba enfadada.
-De acuerdo. Pero vamos a casa de tu padre y se lo contamos en persona. Llámalo y dile que vamos para allá.- no se me ocurría nada más, ya que por el móvil era todo muy frío y seco.
-Eres la mejor. –me agarró la cara con las dos manos y me besó con esos labios que me trasportaban a la locura. Llamó a su padre y le dijo que iba para su casa con compañía. Que si su tía Inés le llamaba que no se lo cogiera hasta que ella llegara. Esto último se lo pidió efusivamente.

El resto del camino su cara era muy distinta. Estaba sonriente y contenta. No dejaba de cantar como tan bien sabe hacerlo. Me miraba, me agarraba, jugaba con mi mano. Yo ponía la mía en su cuello y jugaba con su pelo, haciéndole cosquillas en el pecho. Viéndola así me daba cuenta de que era con ella con la que quería compartir mi día a día. No se podía querer a alguien en tan poco tiempo. Aunque en realidad la adoraba desde hace mucho.
Mientras llegábamos a Sevilla yo fui recordando la de cosas que debía hacer. Era mi último año de carrera, así que también sería mi último año en Sevilla. Aquella idea me erizaba la piel. Tenía que acabar mi proyecto de fin de grado que ya estaba casi “niquelao”. Pero todavía quedaban los exámenes de junio, y estudiar para las oposiciones que con mucha suerte tocaban este año y justo en septiembre. La verdad que todavía no me había planteado que hacer con mi vida. Mi idea era volver a casa y trabajar allá. Pero mi vida había cambiado en estos últimos días y no podía hacer planes de futuro, tenía que vivir el presente con muchísimas ganas y disfrutar de todo lo bueno que me estaba pasando. Pero era algo que debía de pensar porque es mi futuro más presente. Junto a ella.

Llegamos a Sevilla y Malú solo se bajó al hotel un segundo a cambiarse de ropa. Le pedí que me bajara unos pantalones para no ir con los bolsillos llenos de arena. Mientras ella conducía hacia la casa de sus padres yo me iba desnudando en el coche. Su mirada no la apartaba de mí, se moría de la risa al verme en aquella situación. Y cuanto más cerca yo notaba que estábamos, más histérica me ponía.

Llegamos a una casa alejada del centro. Era enorme, con olivos que la rodeaban y al fondo pude divisar que había una cuadra. Malú tocó el timbré y sin decir nada la puerta se fue abriendo poco a poco. Y poco a poco mi corazón se iba parando. Me iba a dar algo. Entramos, y cuando nos estábamos acercando su padre salió a recibirnos. 

domingo, 23 de febrero de 2014


Capítulo 4. Si nos dejan.

Era tarde, y entre caricias que iban y venían, y algún que otro beso robado nos quedamos dormidas. Sonó el despertador que había puesto con la euforia de la noche, yo fui la primera en despertarme. No tenía pijama y tuve que dormir en bragas y sujetadores. Y por supuesto Malú quiso dormir de la misma forma. Admiraba cada centímetro de su piel. Sus infinitos lunares, sus tatuajes, sus labios. Los mismos labios que me llevaban a la locura. Me acerqué lentamente ella, intentando no hacer demasiado ruido. Y con un suave beso en los labios le di los buenos días. Ella intentó abrir los ojos pero la claridad del día la cegaba. Me agarró del cuello para que me acercara y así lo hice. Podía perderme en su boca todo el tiempo del mundo.
-Va, levántate que nos vamos ya que luego no aprovechamos el día. –se levantó de la cama de un saltó y se puso frente a mí. Estaba realmente ilusionada. – ¿Te mueves o te muevo?- me dijo agarrándome de lo pies. Y a mí me encantaba hacerme la remolona.
-Que me haya acostado a las 4:30 de la mañana y me ponga en pie a las 8:00. Eso, ¡eso es amor!- empezó a reírse y a tirar de mí para que me levantara. Se rindió y decidió ir preparándose ella. –Pero oye, tenemos que pasar por mi casa a coger ropa.- no iba a ir con esta ropa todo el tiempo y lo de dormir en ropa interior era bastante excitante pero yo no tenía ganas de cogerme un resfriado.
-Que sí pesada, pero quieres darte prisa.- oí desde el baño. Fui sin hacer ruido hasta el baño, me asomé a la puerta y allí estaba la diosa de mi universo, desnuda y duchándose para irnos. –Oye que sé que estás ahí.- me había pillado, pero yo seguía en mi mundo. Ella se reía al ver la cara de idiota que se me había quedado. –O entras, o sales. Pero no te quedes ahí en la puerta.- entré y me apoyé en el lavamanos. No decía nada, ya mi mirada lo decía por mí. -¿Siempre que me veas desnuda vas a poner esa cara de retrasada?- ella se lo estaba pasando pipa viéndome ahí delirando por ella. Ya había terminado. Cogí la toalla que tenía cerca de mí y me acerqué a la ducha. Se la estiré para que se envolviera en ella y se sacara. Pero cogió la toalla y la tiró. Dio un paso más y de pronto estaba abrazada a mí. –Para qué quiero toallas teniéndote a ti. Era impredecible. Pero yo no me resistí y me la comí a besos. Aunque me estaba empapando toda.
-Tus labios son la droga que no le desearía ni a mi peor enemigo.- se reía mientras se retorcía para secarse bien en mí.

Llegamos a mi casa y mientras yo buscaba la ropa que llevarme. Ella hablaba por teléfono en la terraza, pero desde mi cuarto se oía todo: “Que sí papá, no te preocupes. Solo vamos a estar hoy y mañana. Dile a la tía Inés que si de casualidad va a llegar antes que me avise. Papá, por favor que ya estoy grandecita. Venga, un beso”.
-¿Algún problema?- le grite desde arriba terminando de meter las cosas en la maleta.
-Nada importante. Mi tía que le apetecía fastidiarnos el plan.- estaba con un tono de humor adorable.- Pero al final va el lunes por la mañana.- tenía unas ganas inmensas de tener una guía como ella.

Ya íbamos dirección Cádiz. Malú había puesto los 40 principales y yo iba cantando cada una de las canciones. Estaba tan feliz por estar viviendo esto con ella. Y se notaba que ella también. En ocasiones cantábamos juntas, en otras se moría de la risa al ver semejante espectáculo. Pero no podía evitar cantarle al mundo que estar a su lado era lo mejor que me había pasado. Y sabía que la necesitaría toda la vida junto a mí. Se corta la canción de repente y aparece en la pantalla del coche que un número desconocido la está llamando. Me miró con desconfianza, pero terminó por descolgar.
-¿Sí?- dijo con un tono de voz sería.
-Malú, soy Carlos. Y no cuelgues que esto es importante.- era su ex. Que viniera alguien y me sacara de allí ya. Pasaron unos segundos y él aprovechó para seguir.- Me han llamado de Madrid. Y quieren que te presentes en los estudios el lunes sin falta.- su cara había cambiado por completo.
-¿Y para qué si se puede saber?- no le gustó nada lo que le estaba diciendo, sin darse cuenta fue aumentado la velocidad. Agarré su rodilla para calmarla, y ella me lo agradeció con una sonrisa.
- Malú, te recuerdo que empiezas a grabar nuevo disco en un mes. Pero mira haz lo que quieras, yo solo tenía que avisarte.- ¿nuevo disco?, pero si no hace ni un año que sacó “Sí”. Todavía no le había dado tiempo a disfrutarlo. Y cuando me quise dar cuenta estaba la música sonando de nuevo. La cara le había cambiado. Y ya ni cantaba y ni siquiera me miraba. Paramos en una estación de servicio. Y ella se bajó a echar gasolina y al baño. Yo salí sin que se diese cuenta. Compré dos donuts, dos zumos y unas barritas integrales de muesli. No habíamos desayunado y estaba muerta de hambre. Y de paso cogí unas lay’s rojas para el camino. Le pedí un folio a la dependienta y un boli. Y sobre la marcha le escribí: “Porque el desayuno es la comida del día más importante, y porque tú para mi eres lo más importante. ¡Gracias por lo que me das! Que aprovecheJ”. Se lo puse en el asiento del copiloto y antes de que ella llegara me senté en el asiento del conductor. La puerta del baño se abrió y vi que se acercaba de nuevo al coche. Se dio cuenta de donde estaba sentada cuando solo quedaba un metro para llegar. Me miró desconcertada y de pronto empieza a reírse. Cuando se dispone a subir por el otro lado ve lo que le tenía preparado. Una sonrisa le ilumina la cara cuando leyó la nota. Y sin pensárselo dos veces se lanzó sobre mí. Me iba dando besos por todas partes, llegó a mi boca y se perdía conmigo. Me encantaba verla así.
-Venga anda, desayuna y estate quieta que alguien nos puede ver.- ella seguía enganchada a mí. –Lú que no respondo de mis actos. Estate quieta.- le dije mientras iba haciéndome cosquillas por todo el cuerpo. Después de pasarse diez minutos así, y de que nos tocaran la pita dos veces, arranqué.
-¿Sabes?- me dijo abriendo el paquete de lay’s. –Ni el mejor hotel del mundo podría prepararme un desayuno así.- era tan dulce. Si supiese lo mucho que me gustaba probablemente se asustaría. Yo miré un segundo su cara y todavía me era imposible imaginar que estuviera con ella allí.
-A lo mejor sí lo preparan mejor, pero no con el mismo amor.- le dije agarrándole la mano que tenía en su muslo. Ella me la apretó y con esa sonrisa que deslumbra a cualquiera siguió comiendo.

A la hora llegamos a Algeciras. Malú me fue indicando por donde debía de coger para llegar hasta esa pequeña casa. Fuimos pasando las calles de la ciudad hasta llegar a un barrio muy bonito. Con las casas frente al mar y un estilo de pueblo de pescadores. Cuando entré en aquella casa un escalofrío me recorrió el cuerpo. Tenía la sensación de que había estado allí en otra ocasión. Dejamos las cosas en aquella bonita casa y salimos a pasear por la playa. Estábamos a mediados de mayo y hacia un sol estupendo.
Estaba siendo un día inolvidable. Con nuestros juegos en la playa, aquellos infinitos besos y las miradas que lo decían todo. En apenas un día se había ganado toda mi confianza y todo mi amor. Era imposible no volverse loca con sus caricias, con su risa. No pedía nada más para vivir, solo que ella viviera conmigo. Cayó la tarde y acabamos rendidas tumbadas en la arena. Me incorporé para verla bien y me tumbé encima. Haciendo fuerza en las manos y rodillas para no hacerle daño. Desde ahí todo era tan perfecto.
-Túmbate entera.- me pidió con ojos de gatito degollado. Y así lo hice me dejé caer con cuidado apoyando mi cabeza en su pecho. No podía tener mejor sitio donde estar acostada.
-Malú.- levanté la cabeza y puse mi frente con su frente. Ella no dejaba de sonreír. - ¿Qué vamos hacer cuando te vayas a Madrid?- notó la nostalgia de mi pregunta.
-Vente conmigo.
-¿Cómo me voy a ir contigo?- se le iba la pinza demasiado. Yo tenía que estar en Sevilla hasta a mediados de junio.
-¿Por qué no? Yo quiero que te vengas conmigo.- me dijo con una sonrisa inmensa en la cara.
-Porque tú tienes tu vida. Tienes tus amigos, tu carrera y, además, te vas a México en nada para grabar nuevo disco.- le recordé lo que había dicho su ex.
-Vamos a ver Gemma. Tú formas parte de mi vida, mis amigos son tus amigos y gracias a mi carrera te he conocido a ti. ¿Cuál es el problema? Además, ¿por qué no me acompañas a México? Te encantará.- exclamo. Me levanté y me senté a su lado.
-Malú, la gente no sabes que estás liada con una tía.- se levantó ella también y se sentó a mi lado. Empezaba la noche a refrescar. –Y yo tengo que estar aquí hasta mediados de junio que termine la universidad. Yo no quiero ser un estorbo en tu vida.
-Mírame.- me agarró la cara y la hizo girar hacia ella. –Quiero estar contigo y me importa entre poco y nada si eres una chica, un chico o un extraterrestre. Y si me tengo que ir a México más tarde por esperarte, lo haré.- esas palabras me llegaron de verdad. –Gemma, olvida eso ahora y vamos a disfrutar de esto, ¿vale? Y escucha, tampoco creo que pase nada porque faltes dos días a clases. Vamos a Madrid mañana por la noche y volvemos el martes. ¿Qué me dices?- no podía decirle que no. Era mi droga, y necesitaba tenerla cerca.
-Está bien.- le di un beso y le agarré de la mano para irnos a la casa. Ya empezaba a notarse el frio primaveral.

La noche siguió y después de ir al restaurante más conocido de la zona volvimos a aquella dulce casa. Me recordaba a mi isla. Aunque estudiaba y tenía mi casa en Sevilla yo nací en las Islas Canarias. Y mi isla se dedicaba entera al turismo, pero los pueblos de la costa eran pueblos como este, de pescadores. Desde que llegamos a aquel barrio de Algeciras sentía una añoranza tremenda. 
Malú sacó un vino que había comprado en el supermercado de la zona. Mientras iba avanzando la noche las dos íbamos estando más contentas. Tan contentas que mientras ella cantaba por bulerías yo me dedicaba a bailar como si supiera, aunque tampoco se me daba nada mal. De repente en su iPod y de forma aleatoria suena “Si nos dejan” su cara cambió y me miró con unos ojos de niña enamorada. Me agarró de la cintura y comenzamos a bailar. Se apoyó en mi hombro, aunque tampoco es que llegara mucho más. Y ahí juntitas las dos como dice el estribillo de la canción terminamos de bailar. Me agarró la cara y me besó. Fue un beso con pasión y con ganas. Jugaba conmigo a su antojo. Me tumbó en la cama y fue desnudándome poco a poco. Yo me incorporé para hacer lo mismo con ella. Miré sus ojos y estaban llenos de fuego. La puse de bajo despacio y fui besando el recorrido de su cuello. Malú suspiraba a cada beso que le daba.
-¿Estás segura?-no quería que lo hiciese por mí o por el alcohol.
-Mucho. Pero tendrás que enseñarme.- me confesó en el oído.
Yo seguí besando todo su cuerpo. Centímetro a  centímetro con dulzura para que ella se sintiera segura y protegida. Jugó con mi cuerpo y con mi boca, nuestros cuerpos se rozaban haciendo que la noche pareciese día. Llegamos a fundirnos para convertirnos en una. Cuando la miré estaba exhausta mirándome con una sonrisa pícara en la boca. Y así pasamos la noche juntas y siendo una.

 Y sin quererlo el día llegó. Escuché un ruido de llaves, abrí un ojo pero Malú seguía envuelta en mí. Y de pronto una mujer de entrada edad estaba apoyada en el marco de la puerta con los ojos como platos. No se creía lo que estaba viendo. No me lo podía creer.

sábado, 22 de febrero de 2014


Capítulo 3. Sin ti, todo anda mal.

Me levanté de aquel sofá con un terrible dolor de espalda. Todavía estaba vestida e incluso llevaba los tacones puestos. Fui a la cocina cogí una manzana y subí a mi dormitorio. Cuando me iba reflejando en los espejos de mi casa ella venía a mi mente. Sus manos, sus labios, su pelo, ella en general. Puse el iPod y sonó “Devuélveme la vida” aleatoriamente. El karma me castigaba de una forma muy injusta, un impulso me llevó a cambiarla. Aunque no sé si fue mejor el remedio que la cura, porque la siguiente canción que sonó fue “Así lo haré”. Me senté a escucharla como nunca antes lo había hecho. Entendiendo cada una de las palabras que sonaban fluidamente. En ese momento una lágrima recorrió mi mejilla, la misma mejilla que ella horas atrás había acariciado. No entendía nada de lo que me estaba pasando, me sentía tan ofuscada conmigo misma. Sabía perfectamente que aquello no iba a llegar a nada, no sé porque seguía empeñada en comerme la cabeza de aquella forma. Tenía pareja, tenía su vida y yo solo fui una casualidad más. Tenía que despejarme de todo aquello y dejar de pensar en lo que había pasado era demasiado joven como para estar llorándole a alguien.

Los días pasaron y yo ya no era la misma chica de siempre, todo el mundo me lo decía. Estaba siempre ausente y no quería salir a ningún lado.
-Gemma, sal hoy con nosotras, por favor.- mis amigas estaban muy preocupadas por mí. Ellas sabían que algo me pasaba, pero no quería contar el por qué.
-No me apetece de verdad.- en el fondo sabía que debía despejarme un poco no había tenido una gran semana. –Bueno, saldré. Pero que sepan que lo hago por ustedes.- las caras de felicidad que pusieron no las cambiaría por nada. Son las mejores y las quiero con locura. Son las que me escuchan y las que en pocas ocasiones consiguen que yo sonría.
-Pues decidido, hoy el trío ataca de nuevo.- Ángela estaba realmente entusiasmada. Aunque mi cara fuese de pez, me iban entrando ganas de salir solo de verlas a ellas. –Eso sí, queremos que cambies esa cara de una vez, o si no tendrás que decirnos que es lo que te pasa. Tú eliges.- me dijo agarrándome de la oreja como una niña pequeña.
-Vale mamá.- las risas llamaron la atención de toda la clase que estaban muy concentrados en los que el profesor intentaba explicar.

Llegué a casa con cierto entusiasmo, me apetecía un montón salir con ellas como lo hacíamos antes. Entre hacer la comida, limpiar, lavadoras y compras se me pasó el día volando. Así que llegó la hora de arreglarse. Iría muy normal. Cogí unos vaqueros rotos que me encantan, una blusa mona, chaqueta y tacones. Además no iba a beber y pensé que sería buena idea coger la moto, y cuanto más cómoda mejor.
-Pero bueno, que guapa.- ellas también estaban estupendas. Cada una con su estilo, que era lo que las hacía diferente.
-Gracias, gracias pero no os quedáis atrás.- la noche empezaba bien. Estábamos contentas de estar juntas de nuevo y teníamos muchas ganas de pasarlo bien. Fuimos entrando de bar en bar, hasta que se hizo probablemente la una y media de la madrugada y tuvieron que cerrar. Entonces fuimos en busca de alguna discoteca decente. Al rato siento que mi bolsillo vibra. Tenía un whastapp de un número desconocido.
“Hola Gemma, soy Lú. Necesito verte urgentemente. Estoy en el hotel en el que me dejaste la última vez, habitación 201. Te necesito por favor”.
Aquello tenía que ser una broma. Lo leí hasta veinte veces para asegurarme que lo que estaba leyendo iba en serio. Llevaba como dos semanas sin saber nada de ella. Estaba logrando olvidarme de su piel y de su olor, aunque se me hacía imposible. Y cuando por fin me decido a salir con las chicas y a olvidar todo lo que había pasado, me manda esto. Ángela y Miriam se dieron cuenta de que el mensaje que estaba leyendo no era del todo bueno. Las miré y me eché a llorar.
-Gemma, ¿qué ocurre?- yo no era capaz de pronunciar palabra. –Gemma, no me asustes. ¿Qué ha pasado?- subí la cabeza que mis amigas tenían entre sus brazos y las miré.
-Me tengo que ir.- sus caras eran un poema. Estaban realmente preocupadas. Y yo solo fui capaz de decir que tenía que irme, no se lo merecían. –No os preocupéis por mí, ¿sí? Os quiero mucho.- y con la misma salí de la discoteca a la que habíamos entrado hace diez minutos. Corrí hacia donde había dejado mi moto aparcada. Creo que fue la mejor idea que había tenido en años, coger la moto.

Llegué a aquel hotel muy asustada. No tenía ni idea de lo que había ocurrido y el por qué del mensaje de Malú. Aunque había llegado en la moto y ahí mi esfuerzo físico no era muy notable, estaba asfixiada. Me faltaba el aire. Me paré en la puerta principal a coger aire y entré. Me fijé en unos carteles que había a los lados donde indicaban los números de las habitaciones. El número 200 era por lado izquierdo, así que cogí en ascensor del lado izquierdo y fui hasta la tercera planta. Me paré en frente de la puerta 201. Estaba nerviosa, eran las 2:20 de la mañana y yo estaba sudando como un día de verano sevillano. Tome aire por última vez y llamé a la puerta. Tardó unos segundo en abrirse y cuando lo hizo, Malú vino corriendo a mis brazos llorando. Yo llevaba los tacones y mi estabilidad no era muy buena así que me apoyé en la pared y la abracé con toda la fuerza que tenía en aquel momento. Poco a poco se fue calmando y conseguí que entrara de nuevo a la habitación.
-¿Qué te pasa?- se sentó en la cama mirando hacia abajo. Yo no podía dejar de acariciar su brazo. Tenía una piel blanca y suave digna de acariciar. –Malú me tienes preocupada, por favor.- en ese mismo instante subió su cabeza y me miró a los ojos. Los tenía hinchados. Probablemente llevara horas llorando.
-Lo he dejado con Carlos.- me quedé blanca. ¿De verdad había dejado a su estupendo novio? Pero, ¿y por qué lloraba? ¿Se estaba arrepintiendo? –Llevo dos semanas en las que no consigo sacar aquella noche de mi mente.- pues bienvenida al club. Porque yo no puedo dejar de pensar en ella. Me empezaba a poner nerviosa. La chica tímida que había conocido en una simple panadería se estaba sincerando. –Y hoy cuando estábamos cenando me di cuenta de que él no era la persona con la que quería compartir aquella cena.- mi cuerpo estaba quieto en ese momento. No era capaz de gesticular ningún movimiento.
-Malú, yo no he querido en ningún momento meterme en vuestra relación.- dije casi en un susurro. –De verdad que lo siento mucho. No llores, por favor.- ella me miró a los ojos. Y agarró el mechón de pelo que caía por mi pecho.
-Gemma, no lloro porque me arrepienta de mi decisión. –soltó el mechón y me colocó el fleco que se había salido de mi oreja. Los tenía cortos y siempre los tenía delante de la cara. –Lloro porque no había querido darme cuenta de mis sentimientos, y de golpe mi corazón estalló.- al decir esas palabras mi orgullo y el cierto enfado que había tenido esos días se rompieron en mil pedazos. Lo único que era capaz de hacer en ese momento era mirarla. Pero ella seguía abriéndose y con cada palabra que decía yo me iba descomponiendo. –No te pido que me entiendas porque ni yo misma soy capaz de hacerlo. –se levantó de la cama y se dirigió a la ventana. Ahora no le veía la cara, pero podía intuir que había vuelto a llorar. –Gemma, esto es nuevo para mí. Nunca pensé que me podía sentir atraída por una chica. Y además de que yo no soy así. –yo me sentía incómoda en aquella cama, necesitaba abrazarla. –No me lanzo al charco de buenas a primera. Me gusta tenerlo todo controlado y bajo control, y tú te me escapas de las manos. –me levanté y fui hacia la ventana. Me paré de tras de ella y sin pensarlo demasiado la abracé. Acerqué mi cara a su pelo para respirar su aroma. Ella posó sus manos con las mías en su vientre. Y así pasamos unos segundos. Disfrutando la una de la otra.
-Lú, no todo en esta vida debe llevarse bajo control.- dije bajito, pero lo justo para que ella me escuchara. –Y mucho menos el amor.- volví a coger aire y le di la vuelta para ponerla frente a mí. –Los sentimientos son algo que nosotros los humanos no controlamos. Yo no puedo controlar de quien me enamoro y de quien no. –pasó sus brazos por los míos para acabar colocándolos en mi cuello. –Hagas lo que hagas, hazlo con pasión. Nunca te arrepientas de algo que has hecho en tu vida, al contrario, arrepiéntete de lo que no has hecho.- cuando terminé la frase se acercó más a mí. Besó la comisura de mis labios, de ahí pasó a mi moflete y del moflete, pasó al cuello. Y pegada a mi oído susurró: “Eres mi más bonita casualidad”. Me separé de ella lo suficiente como para verle la cara. Estaba tan hermosa como siempre. Me acerqué a su boca y ahí me quedé. Empecé besando el lunar que tiene junto al labio inferior. Para luego perderme en sus labios. Me besó como nunca antes me había besado alguien. Con pasión, segura de sí misma. Con cada beso mi corazón se iba acelerando, pero más se aceleró cuando metió sus manos por mi espalda. No podía con ella, tenía un poder asombroso sobre mí. Pero saqué mi voluntad y paré. Saqué sus manos de mi vientre y le di un beso suave y dulce en los labios. Me miró sin entender por qué había hecho eso.
-No quiero que esto vaya tan rápido. Es demasiado bonito, y quiero disfrutar de ti. –su sonrisa me tenía hipnotizada. Lo entendió y me respondió un con otro beso.
-Mañana quiero pasar el día contigo.- dijo acariciándome. Era como una droga. –Y como en Sevilla es imposible. Quiero que vayamos a Algeciras. Allí mi familia tiene una casa pequeñita en la que podemos pasar lo que queda de fin de semana sin problemas.- estaba entusiasmada con la idea. Y en fondo yo también, de la parte de Cádiz solo había estado en Jerez de Frontera, y no era mala idea conocer algo más. –Venga anda, ¿vamos?- cuando me ponía esa voz exagerando las consonantes y cara de niña buena, me moría de amor por ella.
-Me encantaría pasar el fin de semana contigo.- terminé la frase y fui directa a un lunar que destacaba en su cuello. Ella se removió porque el beso le estaba causando cosquillas. –En realidad, me encantaría pasar mi vida entera contigo.- dejó de reírse. Me miró y noté que en el fondo lo que le había dicho le sorprendió, así que lo arreglé como pude dándole un beso en su pelo. Ella sonrió y yo lo hice con ella.

-Estoy deseando que se haga ya de día.- me dijo echándose en aquella enorme cama. Me acosté a su lado. Giré la cara para verla y estaba mirando el techo con un brillo inmenso en los ojos. Me esperaba un gran fin de semana.

viernes, 21 de febrero de 2014


Capítulo 2. Devuélveme la vida.

Llegué a casa sin rumbo. No sabía si quería dormir, si quería beber, si quería irme para no volver. Era un continuo dolor de cabeza. Sabía que tampoco había sido para tanto solo le dije que es una mujer atractiva y que yo moría por rozar alguna parte de su piel. Pero también es verdad que solo la conocía de horas, y lo que le dije no creo que la gente lo suela decir el primer día. Aunque tampoco creo que tuviese más días para decirlo. Y no me equivocaba.

Me levanté probablemente con unas ojeras que me llegaban al suelo. Pero ni me miré al espejo. Cogí mi chándal, mis tenis y me fui a clase. Cuando mis compañeras me vieron llegar sabían que algo ocurría. No me visto de deporte normalmente y cuando lo hago es que se presenta un día horroroso.
-A ver cuéntalo ya. ¿Qué te pasa?- Miriam que es la más avispada ya se había percatado. –Tienes cara de haberte pasado toda la noche en vela.- cuanta verdad había en aquellas inocentes palabras.
-Nada no se preocupen.- dije con una cara que no era mía. –Tendré en breve una semana de estas malas lo más seguro.- Se me daba fatal mentir. Pero por lo visto ellas se lo habían tragado. Entramos a clase y el día siguió. Siguió como siguen las golondrinas al viento, o como siguen las olas rompiendo en la arena cada día. Y yo seguía con ella dando vuelta por mis pensamientos. A lo mejor era lo que tenía que pasar no te mortifiques más me decía a mí misma.
-Oye, ¿habéis oído lo de Malú?- dijo Miriam acercándose a nosotras. Mis sentidos se pusieron todos en alerta.
-¿Qué pasó con Malú?- no quería que se notara que le daba importancia, pero creo que no me salió del todo bien.
-Por lo visto han descubierto que está con un chico sevillano muy guapo. Incluso han dicho que estaban buscando casa juntos por aquí por Sevilla. Ha venido toda la prensa del corazón vamos. –al parecer Ángela también lo sabía. Esto debía ser una broma. ¿La misma chica que estaba sentada a mi lado sin ninguna preocupación tiene novio? No entendía nada. Puede ser que yo sea algo corta para relacionar las cosas. Pero yo noté el roce de su manos con las mías. Sentí como se agarraba a mi vientre para perderse conmigo en la velocidad de aquel día. Dos personas no conectan de la manera en que lo hicimos ella y yo, con tan solo mirarnos. Tenía novio y yo diciéndole que me sentía atraída por ella, vaya vergüenza.
-¿Se puede saber en qué piensas?-cortó mis pensamientos Miriam. –Va Gemma, ¿qué te pasa?- me limité a sonreír. Recogí mis cosas y me despedí de mis amigas con un beso. Ambas tenían cara de sorpresa. Necesitaba salir de aquella facultad.

Cuando abrí la puerta de mi casa me llegó de repente su olor. No sé que me estaba pasando con esa mujer. Yo no soy así. Y ella con tan solo un día había conseguido lo que nadie en 22 años, mis desvelos.
Subí a mi habitación y me tiré en la cama. Estaba realmente agotada. Tenía que asumir todo lo que mi mente había recogido en tan poco tiempo. De golpe el sonido del timbre asusta a todos mis pensamientos. Bajé las escaleras, y cuando iba llegando a la puerta principal tuve un pálpito. Abrí la puerta y ahí estaba, frente a mí.
-Hola.- pude escuchar tras una leve sonrisa.
-Buenas.- contesté sin todavía creérmelo. -¿Qué haces aquí?- pregunté tras varios largos segundos de silencio.
-Ayer me dijiste “nos vemos”, y a mí me apetecía verte hoy. Y aquí estoy.- Malú estaba nerviosa. Se lo notaba en la mirada, en los gestos. Y yo con esa declaración había muerto de amor.
-¿Y cómo es que te acuerdas de dónde vivo?- me resultaba extraño que después de pasarse todo el camino pegada a mi cuerpo y con el casco puesto recuerde mi casa.
-¿Me invitas a pasar? Si quieres podemos hablar mejor dentro.- noté cierta evasiva hacia mi pregunta pero la dejé estar. Estaba de nuevo en casa y eso era lo realmente importante.
-¿Quieres café, agua, cola?- dije nerviosa yo también. Iba guapísima. Con unos vaqueros rotos, unas botas de tacón negro y la chaqueta de cuero. Esta última cuando iba a colgarla en el perchero me paré un segundo a respirar su aroma. Me tenía cautivada.
-Cola me va genial.- oí desde el salón. -Pero deja eso ahora. Hablemos.- ¿hablemos? Tierra trágame. Todo lo que ella me quisiese decir provocaría un infarto en mí. Cuando entré en el salón la vi agarrando una foto mía en la que estoy yo tumbada de lado mirando una puesta de sol. Oyó mis pasos y puso la foto donde estaba.
-Ya estoy aquí.- dije apoyando los vasos en la mesa. –Tú dirás.- quería escuchar que era lo que tenía que decirme.
-Verás Gemma, ayer me comporté como una auténtica niña.-no dejaba de mirar el vaso de coca-cola. -Y quería pedirte disculpas. No me esperaba para nada que supieses mi canción favorita. Y tampoco me esperaba lo que me dijiste. Me cogió de sorpresa.- esta última frase la dijo mirándome a los ojos. Me acerqué a donde estaba ella sentada y noté como su respiración aumentaba.
-¿Puedo hacerte una pregunta?- acerté a decir sin preámbulos. Ella asintió y volvió a mirar la coca-cola como para refugiarse de lo que venía ahora. -¿Por qué te perseguían ayer los periodistas?- acerté de lleno en la pregunta porque su cara fue un auténtico poema. Se encogió de hombros y soltó un no sé no muy convencida. No iba a ser yo la que le sacara el tema del novio. Porque básicamente no soy yo la que tiene novio.
-Aparte de para pedirte perdón por mi actitud, estoy aquí por algo más.- ahora la noté con más seguridad en lo que decía. Aunque a mí me daba un pelín de respeto lo que tenga que decirme. –Esta noche Antonio Orozco tiene concierto muy cerca de aquí, en Marchena. Y quería invitarte a que fueses conmigo.- o sea, ayer me evita. Hoy me entero de que tiene novio. Y ahora se presenta aquí y me invita a un concierto con ella. Esta mujer iba a volverme loca. ¿Qué pasa que el novio dio plantón y recurres a mi? Pensó mi lado más negativo. Y el positivo pensaba que a lo mejor si le gustaba pero ella no lo sabía o no lo quería asimilar. Dejé actuar a ambos. -¿Qué me dices?- preguntó sacándome de mi negativo y mi positivo.
-Sí.- dije sin más. – Será un gran placer poder escuchar a Antonio.-
-¿Te parece si paso a buscarte a las 20:30?- encima iríamos en su coche. Esto es una tortura.
-Vale, sin problemas.- me daría tiempo de ir a comprarme algo que ponerme porque no tengo ropa con la que salir. Y esta no era una noche cualquiera.

Cuando volví del centro comercial ya eran las siete de la tarde. Estuve más de tres horas buscando algo que me gustara a mí, pero que también le gustase a ella. Y creí a verlo encontrado. Era un mono negro ajustado en la parte de arriba, pero en la parte de abajo era suelto agarrado a los tobillos. Era muy bonito. Empecé a prepararme con un nudo en el estómago porque en breve la volvería a ver. Solo quedaban quince minutos para que Malú llegara. Yo ya tenía el mono puesto, unos tacones negros muy altos que me encantan. Me había hecho ondas en el pelo, pero muy sutiles y solo quedaba maquillarme un poco y listo. Estaba realmente nerviosa. Miraba de nuevo el reloj. “¡Ya son y media!” grito mi yo interior. Bajé las escaleras, me miré en el espejo del salón. Iba muy guapa. Y para ponerme más nerviosa aún sonó la pita de un coche. Abrí la puerta y era ella. Se había bajado del coche incluso para saludarme. Tenía cara de sorpresa, a lo que yo supuse que le había gustado como iba vestida. Pero ella no tenía nada que envidiarme. Llevaba un traje negro sencillo, pero que le hacía una figura que a mí me había dejado sin palabras.
-Hola de nuevo.- le dije cuando me metí en el coche. Era un coche precioso y súper grande.
-Permíteme que te diga que estas realmente guapísima.- mientras lo dijo no me miró. Solo estaba atenta al coche. Arrancó y avanzamos por Sevilla capital buscando la mejor salida para irnos a Marchena. Yo no podía dejar de mirar cada movimiento, cada pelo que le caía por el hombro, cada gesto que hacía al sentirse perdida. -¿Qué?- me preguntó con media sonrisa en la cara. Me había pillado y yo me moría de la vergüenza.
-Mmmhh.- no me salían ni las palabras. Estaba quedando como una retrasada. –Tú también estás realmente preciosa.- alcancé a decir disimulando mientras buscaba mi móvil. Noté como en su cara se dibujaba una sonrisa.

 Durante todo el camino ninguna de la dos dijo nada. Pero tampoco fue un silencio incómodo. Yo la miraba con frecuencia y ella lo hacía de vez en cuando, sin añadir palabra. Cuando por fin llegamos al pueblo donde actuaba Antonio, Malú tocó algo en el reproductor de música. La música se paró y se escuchaba la señal de un móvil al llamar.
-Preciosa, ¿dónde andas?- sin duda alguna aquella voz era la del gran Orozco.
-Estoy aquí ya.- me miró cuando lo dijo y yo le dediqué una sonrisa. Una sonrisa que me devolvió. –Pero escucha Antonio, traigo compañía.- yo estaba escuchado esa conversación como si fuese conmigo.
-Ya sabes que no pasa nada. ¿Te has traído a Carlos?- ¿Carlos? ¿Quién es Carlos ahora? Su novio lo más seguro. No sé porque me escandalizo tanto si ya lo sabía. Malú que en ningún momento había dejado de mirarme, notó como mi cara cambió cuando Antonio pronunció aquel nombre.
-No, es una amiga. Avisa a tu gente de que estamos llegando para que nos abran. Nos vemos ahora corazón. Un beso.- y Malú colgó sin esperar la respuesta del cantante.
Dejó el coche detrás del auditorio. Cuando llegamos a la puerta trasera una señora con aspecto de simpática nos estaba esperando en ella. Nos hizo un gesto de que la siguiéramos, y así lo hicimos. Malú no dejaba de mirarme, sabía que lo que había pasado en el coche no me había sentado del todo bien. Pero sinceramente yo estaba tratando de olvidarme del tal Carlos y vivir el momento. Llegamos a un camerino y la señora nos dijo que esperásemos ahí. Había de todo tipo de comida en ese camerino. Se notaba que se cuidaban muy bien.
-¿Tienes hambre?- me preguntó masticando un trozo de plátano.
-No, todavía no. Pero dentro de una hora es probable que sí.- estaba tan guapa masticando ese plátano. Quien fuese plátano pensé riéndome.
-Todo esto es para nosotras, ¿vale?- nosotras. Qué bien sonaba ese, nosotras. -Antonio me dijo que tendría un camerino para mí y para dejar mis cosas. Así que puedes dejar las tuyas donde quieras que el camerino también es tuyo.- después de esa frase mi sonrisa fue inmediata. Estaba tan guapa. Bueno, es tan guapa. –Bueno no te lo había dicho, pero hoy cantaré “Devuélveme la vida” con él. –lo dijo con un tono de preocupada que no sabía porque lo ponía. –Pero será el único momento en el que te deje sola.- cada minuto me gustaba más. Tenía tal poder sobre mí que no era capaz de soltar palabra.
-Adoro esa canción.- me gustaba tanto que cuando me salía en modo aleatorio, la repetía de nuevo. –Y creo que podré sobrevivir cinco minutos sin ti a mi lado, no te preocupes.- eso le llegó al corazón porque me miró muy tiernamente. Se acercó a mí y me dio un beso en el moflete. Y luego se separó y me volvió a mirar, pero estaba vez estaba muy cerca de mí. Se fue al otro moflete y me dio otro aún más sonoro. Y volvió a mirarme con esa sonrisa que marca el corazón.
-Este es por el que no te pude dar antes en el coche.- y rozó mi moflete con su mano. –Y este por lo que acabas de decir.- e hizo lo mismo que en el otro moflete. Pero en este todo mi cuerpo se erizó. Este roce me había llegado al alma. Y ella seguía allí, con su mano posada en mi cara. Por un momento mire la mano y mi cuerpo pidió que la besara. Pero justo en ese instante llamaron a la puerta. Malú asustada quitó rápidamente su mano y la abrió.
-Cariño mío.- cuando volví a mí, me di cuenta de que era Antonio Orozco el que estaba en la puerta abrazando a Malú. –Mira te presento a Gemma.- yo todavía seguía pensando en aquella mano. Así que fue Antonio el que se acercó a mí y me dio dos besos.
-Muy guapas las niñas, ¿no?- era muy agradable la verdad. Y se notaba que quería mucho a Malú, y viceversa. –Tú como en tu casa.- dijo dirigiéndose a mí con un guiño. –Y tú vete preparándote que nuestra canción será la quinta y empiezo en cinco minutos. Solo vine a saludar.- se despidió de mi con un abrazo y de Malú con un beso volado. Era tan simpático como parecía en la tele.

Empezó el concierto y nosotras estábamos sentadas en un palco donde se veía perfectamente todo. Nos lo había reservado Antonio y la verdad que en la vida había visto un concierto así. Le tocó la hora a Malú.
-Vuelvo en un segundo, ¿vale?- me agarro la mano al decírmelo. Cuando se disponía a irse dio media vuelta y vino de nuevo a donde estaba yo para darme otro beso en el moflete. Muero de amor con cada gesto de ella. Y más aún si tenía que ver conmigo.
Sonaron los primeros acordes de la canción y la gente enloqueció. Pero enloquecieron mucho más cuando Malú subió al escenario. Se veía tan guapa. Miró a la grada donde me encontraba y me guiñó un ojo. Aquel gesto se encontraba en unos de las mil formas de morir de amor. La canción iba sonando perfecta y la gente la cantaba como si no hubiese vida después de aquello. En una de las estrofas Malú miró a donde yo me encontraba y señalando al lugar cantó: “yo no volveré a quererte de nuevo a escondidas. No intentaré convertir mi futuro en ti hiel. No viviré entre tantas mentiras. Intentaré convencerte que siempre te amé”. Y volvió a mirar al público que se encontraba enfrente. Me había dejado noqueada. Me había dedicado aquella estrofa de la canción. Pero, ¿por qué? preguntaba mi mente todo el rato. Iba a volverme loca.

Terminó la canción y a los minutos Malú volvió donde estaba sentada.
-Ya estoy aquí, ¿me echaste de menos?- dijo acomodándose en el sitio.
-¿Por qué?- le pregunté sin preámbulos. No entendía nada y quería saber el por qué. Ella se quedó pasmada mirando para mí.
-Vamos fuera.-estaba nerviosa, pero más nerviosa estaba yo. Salimos al pasillo y nos metimos en el camerino.
-¿Por qué, qué?- en su mirada había miedo, y no estaba a gusto con lo que estaba pasando.
-¿Por qué me dedicaste la estrofa de esa canción?- yo me senté porque necesitaba calmarme un poco. Malú imitó lo que hice y se sentó a mi lado.
-Porque quise.- respondió sin más. Y se acercó más a mí. Acercando su cara a la mía.
-Malú, me vas a volver loca.- le agarré la mano que tenía más próxima a mí. –Ayer me evitas como se evita salir en los días de lluvia. Hoy me entero de que tienes novio y de que yo había hecho el ridículo de mi vida.- lo estaba diciendo todo muy deprisa para terminar con esto cuanto antes. Su cara era de sorpresa total. –Vienes a casa y me invitas al concierto. Y luego en este camerino me rozas y haces que todo mi cuerpo se estremezca. Cantas esa canción y yo muero de amor-. No sé cómo estaba diciendo todo aquello mirándole a los ojos. Sus ojos y su sonrisa eran mi perdición.
Ella agarró mi otra mano. –No me gustan las chicas. Y sí, tengo novio.- añadió rápidamente en un susurro. –Pero contigo no sé qué me pasa. Desde que me subí a aquella moto contigo mi corazón intenta decirme algo. Intenta decirme algo que probablemente yo no quiera escuchar.- bajó la mirada como signo de estar muerta de vergüenza.
Le agarré la barbilla y le subí la cabeza. Me acerqué a ella muy despacio, pensando en que se apartaría, pero no lo hizo. Solo al rozar sus labios ella suspiró. Le agarré la cintura y la besé de verdad. Saboreando cada centímetro de su boca. Disfrutando de sus finos labios que sabían a pura dulzura. No podía parar de besarla, y ella me estaba correspondiendo. Paré por un segundo y vi de nuevo su hermosa cara.
-Me pasaría la noche así.- dije a un suspiro de su boca. –Pero creo que mañana te arrepentirás de todo esto y no estoy dispuesta a seguir sufriendo por una chica que además de tener novio, dice que no le gustan las mujeres. –me levanté de aquel sofá en el que estaba disfrutando tanto. –Vamos al concierto.- le agarré de la mano y volvimos de nuevo a las butacas.

El concierto había terminado. Y después de comer algo de aquel camerino  y de despedirnos de Antonio, nos subimos al coche. Puso música y se repitió la misma escena de antes, pero esta vez si era incómodo. Llegamos a Sevilla. Y de nuevo Malú se liaba al coger las calles, se notaba que no estaba muy acostumbrada a ir en coche por aquí. Llegamos a mi casa y antes de que me fuera a bajar me agarró la mano.

-Gemma, te dije que contigo no sé qué me pasa.- noté sinceridad en esas palabras que sonaban en esa oscura noche. –No pienses que estoy jugando contigo, por favor.- Miré sus ojos, y miré sus labios. Ella se percató de mi mirada y miró los míos. Me moría de ganas por volver a tenerla conmigo, pero aguante. -¿Quieres darme tu número?- yo todavía no le había contestado pero ella sacó el móvil y me lo cedió para que lo apuntara, y así lo hice. Le di un beso en el moflete y salí del coche. Entré en casa y no era capaz de nada. Me acerqué al salón y me tumbé en el sofá. Y ahí me quedé dormida hablando con mis pensamientos.

jueves, 20 de febrero de 2014


Capitulo 1. Un pellizco en este corazón.

Me levanté y no sé todavía como. Tenía un sueño horroroso, y solo de pensar que tenía hoy que exponer el trabajo de literatura, menos ganas tenía. Me hice la remolona y con la bobería se hicieron las 8:30. Cogí unos vaqueros, me puse las botas que siempre me pongo, blusa y chaqueta, y lista. Con el casco los pelos ni se ven. Le mandé un whatsapp a las guapas de mis amigas para informar de que llegaba tarde, como siempre. Cuando ya iba por la autovía me acordé que no tengo clases hasta las 10 porque la otra ya me la había saltado. Así que fui a la panadería que siempre voy a comprarme una palmera. Cuando me disponía a salir muy tranquila, oigo que alguien corre detrás de mí. Y sin apenas darme tiempo a mirar alguien me empuja hacia la panadería de nuevo. Cuando posé mis ojos en ella no me lo podía creer. Era Malú, la gran Malú.
-¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté riéndome, pero asombrada aún.
-Me puedes ayudar, y mucho. - me respondió agitada. –No sé en qué momento, ni como sucedió. Pero la prensa sabe que estoy en Sevilla y llevan todo el santo día persiguiéndome. – me dijo con un tono de voz dulce y tímido.
-Bueno mujer piensa que eres la sobrina de Paco de Lucía, algún fan habrá todavía por Sevilla. –solté en aquel momento divertido. Malú me miró y de repente estalló de la risa.
-Va hagamos una cosa. Tengo la moto en la esquina, te pones tú el casco que tengo aquí para que no se te vea la cara. Y luego te llevo a donde quieras, ¿vale?- dije yo como si no tuviese nada que hacer. Pero en aquel momento me importaba muy poco el trabajo y las clases. -¿A dónde te llevo Lú? –pregunté seria.
-¿¿LÚ??- me miró sorprendida la cantante. Y de pronto empieza a dar palmadas al aire así como quien mata mocas cuando se aburre. Y noté por un quejido que soltó que se estaba riendo.
-Claro mujer. Encima que te persiguen, ¿quieres que ande pregonando tu nombre por ahí?- le dije sin mirarla, porque sino estallaba yo también. Era tan patético que resultó hasta bonito.
-Lú.- siguió repitiendo ella entre risas. –Puedes llevarme a donde tú quieras. Al hotel no podemos ir porque parece que reparten caramelos. Y por la cuidad me persiguen. – soltó con un bufido final.
-Vale. –dije dándome la vuelta en la moto y quedando frente a frente. – ¿Tú intentas decirme que tengo en mi moto a una tía a la cual la prensa persigue? ¿Y ahora me dices que puedo llevarte a dónde quiera? - dije riéndome ya sin ocultarme. –Dime Lú, ¿te has planteado mirarte lo de las neuronas que te quedan?- le dije muy seria.
-Oye si sé que ibas a ser tan graciosa me busco a otra maja. –dijo intentando poner voz de ofendida.
-Venga que te llevo a mi casa. Y allí tengo comida, bebida y dudo que nadie llame a la puerta. Más que nada porque por allí pasa un coche a cada dos horas. –le respondí con una gran sonrisa. Una sonrisa que ella me devolvió.
Me coloqué en la moto decentemente. Y cuando Malú agarró mi tripa para asegurarse ella, inconscientemente mi cuerpo reaccionó como si le hubiesen dando un pellizco a mi corazón. Ella se percató y me agarró con más fuerza. Desde ahí con su barbilla apoyada en mi hombro podía oler su perfume y embriagarme de él.

-Todavía estoy esperando a que te presentes y me digas como se llama mi salvadora. –me dijo al bajar de la moto. ¿Su salvadora? ¿Yo? Madre está mujer es demasiado para mí. –Mi salvadora y de la chica que tiene una casa preciosa. – dijo entre risas.
-Gemma, me llamo Gemma. –me hice la niña buena al pronunciarlo.
-¿Gemma? Es un nombre tremendamente precioso. –mi cuerpo se estremeció al escuchar esas palabras. –Me encanta. –y mientras pronunció estas palabras me colocó el fleco que se había salido de mi oreja. Malú vida, esas cosas no se hacen así como así. Avísame o algo. Que yo puedo morir de amor de un momento a otro.
Pasaron las horas como segundos. Con ella en esa casa vacía y fría todo se veía distinto. Nada más llegar se puso a tocar todo lo que encontraba. Fotos, libros, las sillas, las mesas. Todo se le hacía poco. Y cuando me quise dar cuenta estábamos las dos sentadas en el sillón viendo un zapping de música. ¿De verdad que esto me está pasando? ¿Yo tenía a semejante monumento sentado en el sofá? Ella estaba tan tranquila, y yo allí disimulando para no morirme de amor por cada gesto. Pero Gemma cariño tú aguantando ahí como una campeona que aquí nadie tiene porque saber que mueres por ella. De todas formas no te alteres que sabes que hoy está aquí, pero mañana estará en su casa y a ti no conoce de nada.
-¿Se puede saber en qué diablos estás pensando? Llevo media hora diciéndote que adoro a este hombre. Y tú estás ahí mirándote las manos. –noté cierto cabreo en sus palabras. Cabreada, ¿en serio? Pero si la conozco de hace 10 minutos como quien dice. Aunque si lo piensas bien, es una falta de respeto. Bueno, ya la empezamos cagando. Vamos por buen camino. En realidad no me hacía falta escucharla. Sabía a quién se refería. Seguía mirándome y yo con sus ojos me iba perdiendo poco a poco.
-Ya sé que te encanta Bryan Adams. Y también que la canción que te gusta de él es “Please forgive me”. – le sorprendió aquella respuesta. -¿Quieres saber que estaba pensando? Pienso que hay sueños en esta vida que sin pensarlo se hacen realidad. Y tenerte aquí sentada a tan solo un palmo de mí, es uno de ellos. Pues mira seré una idiota, pero en este momento estoy en un mar de nubes. Y miro mis manos porque es la única forma que tengo de disimular la atracción que siento por ti. –dije sin pensar. Exactamente, sin pensar. Al segundo me estaba arrepintiendo de todo aquello. ¿Qué necesidad tendría yo de decirlo? Jamás me había pasado algo así. Siempre he ido de pasota por la vida, y ahora la cago de esta forma. Única y exclusiva en mi especie. Malú no quitaba la mirada de mí, y de mí pasaba a mis manos. Y de mis manos, a mí. Hasta que rompí aquel absurdo momento.
-¿Qué te apetece comer?- dije levantándome del sofá. Con cara de valentía pero por dentro iba desvaneciéndome.
-Creo que ya los periodistas se habrán cansado. Voy a ir al hotel, para que sepan que sigo viva. –y sin mirarme se levantó del sofá. –Llamaré a un taxi y enseguida estará aquí. Muchísimas gracias por todo Gemma. –me besó una mejilla y salió al jardín principal.
-De nada, un placer.- no me salía nada más. Y en un alarde de valentía pregunté. –¿Segura que no quieres que te acerque? Está cerca y no me cuesta nada. Tómalo como una disculpa.-  Me miró y noté su duda en la mirada. Asintió sin más. Así que cogí las llaves y le recordé que cogiera sus pertenencias. Nos subimos, y ahora apenas me tocaba. Joder, ¿en un día podía cagarla tanto?
Llegamos al hotel, y efectivamente no había nadie. Se bajó y me dio el casco. Miró mi mano, la rozó y sutilmente la fue quitando. Estaba tan guapa con los pelos así.

-Cuídate. Y nos vemos. –y sin dejar a que me respondiera. Arranqué y me fui de aquel lugar. Me sentía tan mal. Y ya no por mí, sino por ella que había tenido que pasar este mal trago.