domingo, 30 de marzo de 2014


Capítulo 24. Hay algo que nos supera.

-Sabía que estabas loca, pero no de esta manera.- dijo Malú mirándome con cara de miedo.
-Cielo, lo vas a disfrutar y te vas a olvidar de todo por unos minutos.
-Pero Gemma, que yo a esto le tengo miedo.
-¿Te fías de mi?- le pregunté mientras me acercaba a ella para que notase que yo estaba allí.
-Claro.
-Pues ya está, no va a pasar nada.
Ayer mientras pensaba que hacer hoy para que no estuviésemos por Madrid y los periodistas no avasallaran, miré una página de paracaidismo. Estaba justo al lado de una casa rural en la montaña, así que decidí que iríamos ahí. Malú se iba a morir de miedo, pero iba a ser una experiencia increíble para ella, y de paso olvidaríamos por un ratito nuestras vidas.

-En unos minutos comenzaremos a tirarnos.- dijo el instructor en el avión donde íbamos un chico moreno muy simpático, Malú y yo. Ella me miró asustada, era la primera que saltaría y estaba todo el tiempo mirando hacia abajo para ver la distancia que había.
-Guapa, cuando te avise te vas colocando para saltar.- Malú asintió, pero no muy convencida.
-Todo va a salir bien mi vida. Te quiero.- agarré su mano con fuerza y ella me demostró una vez más con esa sonrisa que era la mujer más valiente y fuerte que había conocido nunca. Era la primera vez que estaba haciendo algo así, y no se echó para atrás en ningún momento.
-¿Estás preparada?- le preguntó el instructor, un hombre que daba mucha confianza y que era la mar de simpático.
-Eso creo.- le contestó ella. El hombre le hizo la señal, ella se colocó y mirándome a los ojos y gritando a los cuatro vientos, y nunca mejor dicho, saltó de ese avión. Me asomé como pude para verla y estaba gritando del la felicidad que llevaba encima.
-Te toca a ti, ¿preparada?- dijo el instructor mirando hacia mí.
-Sí.- contesté decidida. Me hizo la señal de todo perfecto, y salté. No era la primera vez que lo hacía, pero estas vistas eran impresionantes. Recuerdo que la gente cuando lo hice por primera vez me preguntaba cómo había sido capaz de pagar dinero por tirarme de esa manera en un avión, pero es que hay cosas en esta vida que hay que vivir, cueste lo que cueste. Pagamos por un concierto de nuestro cantante lo que haga falta, pagamos lo que sea por hacer el viaje de nuestra vida, pagamos una millonada por casarnos con la persona que queremos, y un largo etcétera. La vida son dos días, y uno de ellos lo pasamos o durmiendo o comiendo, tenemos que aprovechar el otro como sea. Mi madre siempre me decía que la locura es como la sal, la que le da un toque de gusto a la vida.

Cuando llegué a la zona de aterrizaje, hice lo que me habían dicho y frené despacio para no romperme el culo en ese terreno lleno de hierbas. Cuando me levanté y me quité el paracaídas con cuidado, vi a lo lejos que una loca venia corriendo hacia mí. Se le veía muy feliz, eufórica, que no podía contener la alegría que llevaba dentro. Cuando llegó donde estaba yo saltó y se colgó en mí cual koala. No dejaba de besarme, de reírse. Y a mí me encantaba verla así.
-¿Te gustó?- pregunté todavía con ella en brazos.
-La experiencia de mi vida, te lo juro. Me encantó cariño.- decía mientras no dejaba de besarme.
-Me alegro cielo, pero suéltame anda que nos vamos a caer.
-¿Y qué? Me da todo igual.- hizo fuerza hacia atrás, y efectivamente terminamos cayendo las dos en la hierba. Malú estaba muerta de la risa, no dejaba de saltar sobre mí, la alegría le salía por todos los poros de su piel.
-Estás como una cabra.- le dije haciéndole cosquillas para que me dejara levantar.
-Yo era normal, hasta que llegaste a mi vida. Y lo sabes.- ese gesto de “Y lo sabes” con el guiño de ojos incluido me dejó rota. Vaya mujer, que poder tenía sobre mí.

Pasamos un fin de semana increíble, lleno de amor, de pasión y sobre todo de locura. La locura que yo sentía hacia ella. Pero ya era la hora de volver a nuestras vidas y asumir todo lo que nos tocaba por vivir.
-¿Estás preparada?- le pregunté agarrando su muslo sin quitar mi vista de la carretera.
-Nunca se está para algo así, ¿no?- estaba fría y distante desde que nos dispusimos a recoger nuestras pertenencias.
-Sé que no estás a gusto con esto, pero yo no te pedí que lo hicieras Malú.
-Ya lo sé Gemma, pero no quiero vivir agobiada por algo así.- dijo. En ese momento si miré hacia ella.
-¿Algo así?- pregunté.
-Dejémoslo, no quiero discutir.
-No te entiendo. Ayer contenta de que la gente lo sepa, hoy que no quieres estar agobiada por “algo así”.- dije resaltando las últimas palabras. -Y, ¿mañana? ¿Cómo van a estar tus sentimientos mañana, Malú? ¿Qué se supone que debo hacer?
-Gemma, dijiste que ibas a entenderme. Pero veo que no ha sido así.
-¿Pero tú te estás oyendo?- empezaba a ponerme de mal humor. Y por lo que se veía ella también.
-Gemma, no quiero discutir. ¿En qué idioma te lo tengo que decir?
-Perfecto, no diré nada más.
Llegamos al barrio donde estaba la casa de Malú y desde muy atrás se veían los periodistas rondando por ahí.
-Qué gran mierda joder.- soltó de repente.

-Si sigues con esa actitud no vamos a llegar a ningún lado.

lunes, 24 de marzo de 2014


Capítulo 23. El amor es una cosa simple.

-Vístete que llegamos tarde.- me gritó desde el baño.
-Pues como siempre.- exclamé yo divertida. –Además, ya estoy vestida y maquillada esperando por ti cielo. Esta tarde era la entrevista en aquella famosa revista, y las dos estábamos como flanes, ella sobre todo. Probablemente se moría de miedo al no saber qué pasaría con nuestras vidas después de todo esto. Pero era un gesto que hacía que la quisiese más si cabe.
-Relájate amor.- entró en el coche y no sabía cómo sentarse.
-No puedo, jamás había hecho algo igual. No me gusta hablar de mi vida privada.
-Oye, no tienes porque hacerlo, ¿vale?- dije apretando su muslo con fuerza. Lo último que yo quería es que ella se sintiera obligada a hacerlo. Habían pasado dos meses desde la entrevista de Carlos y no habíamos tenido grandes problemas. Bueno o sí, nuestra ruptura. Pero lo hemos sabido llevar, y esto no es tampoco tan necesario.
-Gemma, te quiero. Y quiero pasear contigo cuando me dé la gana, quiero que el mundo sepa que soy muy feliz, y que tú eres la causa de esta felicidad.- dijo muy segura. –Además todo tu pueblo lo sabe, en nada se hará público. Mejor que lo hagamos nosotras, ¿no?
-Si estás segura, sí.- sus labios fueron directos a los míos para calmar los nervios que también yo tenía.

Llegamos al edificio que nos habían comunicado días anteriores. En pleno centro de Madrid, así que aparcar el coche fue todo una odisea. Llegábamos con diez minutos de retraso y ya había una marabunta de gente esperándonos en el recibidor del edificio, y nuestra excusa fue el coche, que fácil resultaba soltar eso en pleno Madrid y que se lo creyeran.
-¡Malú!- exclamó la periodista al vernos. Parecían que ya se conocían. –Y tú debes de ser la famosa Gemma, ¿no?- dijo dándome dos besos. ¿Famosa? De que me conocía a mí esta chica.
-Somos conocidas desde hace mucho.- me dijo Lú al oído al ver mi cara descompuesta.
-Pasad chicas, aquí estaremos muy cómodas.- llegamos a una sala enorme pero que al mismo tiempo era bastante acogedora. Con unos sillones inmensos y tremendamente cómodos. La verdad que nos estaban tratando de maravilla.
-Bueno, ¿quién quiere empezar?- preguntó la simpática periodista. Las dos nos miramos muertas de miedo, agarré su mano y entrelazamos nuestros dedos intentando relajarnos. –Va Lula, empezaremos por ti.- vaya confianzas se llevaban aquí mis primas.
-Sí, empezaré yo.- contestó mi chica.

Fueron pasando las horas y cada vez estábamos más a gusto.
-¿Algo que añadir para terminar Gemma?- me dijo con una gran sonrisa.
-Sí, que he encontrado al amor de mi vida.- Malú me miró sorprendida y me dedicó una gran sonrisa acompañada de un dulce beso.
-Pues listo chicas, ¿me dejáis que os eche unas fotos?- las dos asentimos y a los diez minutos salimos de aquel enorme edificio.
-¿Comemos fuera? Ya que mañana es público lo podemos celebrar, ¿no?- su mirada estaba perdida. Seguía teniendo dudas de todo aquello. -¿Qué pasa Malú?
-No es nada, solo que tengo miedo…
-¿A qué?- pregunté curiosa.
-A que lo que suceda después de esto se cargue lo nuestro.
-Malú, si lo hemos hecho es sencillamente por eso. Para vivir libres, sin miedos. Confía en esto, yo sé que es para siempre. Pero tú también tienes que saberlo.
-Te quiero gorda, y es para siempre.- dijo al fin. Me mataba verla así, tenía sus dudas y era lo más normal. Mañana el mundo iba a querer saber todo de ella, y no era ese el plan.
-Tengo una idea.- dije agarrándola de las caderas.
-Sorpréndeme.
-¿Y si nos vamos unos días hasta que la cosa se calme a un hostal en el norte?
-Tengo mil cosas que hacer amor.- me dijo con la cabeza gacha.
-Solo son unos días, y me lo vas a agradecer cuando estén en la puerta de casa tocando las narices.
-¿La puerta de casa? Qué bien ha sonado eso.- me dio un leve piquito y asintió.
-Por fin me haces caso en algo vida.- su patada en el culo fue repentina. Me encantaba picarla y luego ir, y que con un susurro vuelva a ser la misma tonta de siempre.

Después de pasar por casa y coger nuestras cosas, al fin habíamos llegado a una casa rural que estaba en la Sierra de Madrid. Nos iba a venir genial el despertar con el sonido de los pájaros y no encontrarnos con el revuelo al día siguiente. Era evidente que nos teníamos que enfrentar algún día, pero lo mejor ahora iba ser despejarnos un poco, y asumir lo que se venía. Nos llamarían de todos lados lo más seguro, y era lo último que queríamos. Mi único fin era ser feliz y hacerla feliz a ella. Me había demostrado que me quería, eso lo estaba haciendo por la dos y porque todo esto saliera adelante. Yo debía hacer lo mismo, cuidarla y protegerla. Prometerle que esto iba a salir bien, y así tendría que ser. Solo debíamos aguantar un poco más porque en un mes estaríamos viajando a México y estaríamos un poco más relajadas. Su cara me trasmitía todavía esa inseguridad, y era el momento de disfrutar y relajarnos y dejar de pensar en lo que pasaría.
-La casa es realmente preciosa.- dije abrazándola por detrás sin que se diera cuenta.
-Sí, la verdad es que es muy acogedora.
-Lú, déjate llevar por el momento anda. Ya habrá tiempo para pensar en todo lo demás, ahora relájate y disfruta.- se giró para ponerse frente a mí. Después de tanto tiempo seguía sin acostumbrarme a que me mirase así o a tener su sonrisa tan cerca.
-Jo, es que no quiero que estropeen esto.- me mataba cada vez que me ponía esos morritos de niña buena.
-¿En qué idioma te tengo que decir que no van a estropear nada? Ya lo intentaron una vez Malú, y aquí seguimos.
-Pero esta vez es diferente cielo. Ahora hemos sido nosotras las que hemos dado la cara.
-¿Y qué?- pregunté acercándome más a ella. -El mundo debe saber que estás “enamorada, tejiendo lunas en la madrugada”.- canté risueña.
-Ay dios, no se puede hablar nada serio contigo.- y seguidamente rió conmigo.
-Tengo una gran sorpresa para ti.- dije terminando la frase con un dulce beso.
-¿Y no me lo vas a decir? ¿A qué no?- me conocía demasiado bien y una sorpresa es una sorpresa.
-Mi niña que lista que es señor.


sábado, 22 de marzo de 2014


Capítulo 22. Me fui.

Después de dejar a Pepe en su hotel volví a casa, y como de costumbre Malú me había ignorado y entró todas las cajas ella sola. Vaya mujer, no podía dejar eso ahí diez minutos en lo que yo volvía, ella tenía que tenerlo todo bajo control
-¿No te dije que lo dejaras en el coche que ya lo entraría yo?- le dije provocándole un susto de muerte. Estaba tumbada en el sillón y se levantó de golpe.
-¿Y tú no sabes avisar de que has llegado o algo?- me dijo intentado buscar la calma.
-Eres una cabezota.- dije sentándome a su lado. En realidad estaba agotada. El viajito en moto me había dejado rota.
-Jo, me duele todo.- dijo echándose en mi cuerpo. –Entre la moto y las cajas estoy muerta.- estábamos las dos igual, pobrecita mía.
-Ven cielo acércate.- se colocó frente a mí y yo me calenté las manos para hacerle un masajito. Tenía una contractura en el lado derecho enorme, y cada vez que mis dedos pasaban por ahí se escuchaba una especie de orgasmo.
-Yo no sé en qué momento estudiaste eso, con lo bien que se te da mover las manos.- desde niña me había gustado mucho dar masajes. Mis padres siempre recurrían a mi cuando les dolía algo, y ahí estaba yo quitándole contracturas a todo el mundo.
-¿Te gusta?- dije paseando mis manos por su cuello, pasando luego por su pecho y más tarde por todo su costado.
-Me encanta, ¿pero aquí estamos algo incómodas no?- me dijo apoyándose en mi pecho con una sonrisa pícara que solo ella sabía ponerme.
-A lo mejor en la cama estamos más cómoda, ¿no?- enseguida agarró mi mano y me llevó hasta el dormitorio. La foto del escritorio ya no estaba, pero en cambio si habían dos nuestras, la de Algeciras y la de mi querida playa. Unas fotos preciosas que no sé en qué momento las puso.
-¿Te gustan? Las coloqué antes.- me dijo ella siempre conectada con mi mente.
-Tanto como tú.- le di un beso suave y dulce que ella fue alargando poco a poco. –Túmbate.- dije respirando en su boca. Y así lo hizo, pero ahora se había quitado la blusa. Di un pequeño saltito al baño para coger la crema y seguir con el masaje en condiciones.
-¿Con crema? Estas echa toda una profesional.- se reía con esa carcajada rasgada que le sale, y que tanto adoro.
Desabroché con agilidad su sujetador y le bajé el pitillo un poco más. Fui paseando mis manos embadurnadas en crema por toda su espalda. Cada vez que las pasaba cerca de sus pechos se removía de las cosquillas que le causaba. Mis manos pasaban por sus tatuajes, rodeándolos, y dibujándolos con los dedos. Besaba cada lunar que bajaba por su espalda como gotas de agua, llegaba a bajo y volvía a subir de nuevo hasta su cuello. Estaba perfecta así, con el pelo echado hacia un lado, estirada en la cama relajada y feliz.
-Uff gorda, que manos.- me dijo con un suspiro. Estuve en su cuello bastante tiempo sabiendo que era su punto débil y el que más cargado estaba. –Vas a matarme, ¿lo sabes?- en ese momento le di la vuelta y la puse boca arriba. Su mirada estaba cargada de deseo, y yo no pude contenerme y ataqué su boca salvajemente.
-Tienes el cuerpo del delito amor.- solté una carcajada ante el chiste malo que me había salido y ella al principio me miró mal, pero luego rió conmigo. El pitillo salió disparado, y mi ropa por otro lado.
-¿Vamos a estrenar nuestra casa?- me preguntó risueña.
-Y nuestra cama, y nuestro baño.- no me dejó terminar porque enseguida me había puesto de bajo de ella, que le gustaba mandar. Hizo un recorrido por todo mi cuerpo y yo solo la vigilaba ante mi atenta mirada. Entrelazamos nuestras manos y me dejé llevar por sus labios. Alternaba los besos suaves y tiernos, con los pasionales en los que por momentos yo pensaba que perdía mi labio inferior. Sus piernas jugaban con las mías, y nuestros cuerpos se rozaban una y otra vez, haciéndome delirar. Nos movíamos al compás, con miradas que lo decían todo, con besos que traspasaban el alma. Fuimos una sola. Llegamos las dos al paraíso. Estábamos sudando, la una sobre la otra. Me acerqué a su oído y le susurré un te amo profundo. Ella se separó de mi boca para verme bien los ojos.
-Eres increíble, te quiero tanto.- y volvió a posar sus labios con los míos. Se quedó dormida encima de mi pecho respirando al mismo tiempo que lo hacía yo, y yo no tardé mucho más en quedarme dormida también.

Tuve la sensación de que apenas había dormido cinco minutos, el sol me despertó y me dio por mirar la hora. Madre mía si solo eran las nueve, yo tenía un grave problema con el sueño. Ella seguía ahí durmiendo plácidamente, agarrando la almohada con ganas y respirando agitada. Probablemente estuviera teniendo una pesadilla porque se sumaron unos ruidos extraños.
-Ey cariño. Lú, despierta.- le susurré con un beso de buenos días. Pero ni caso, cada vez estaba más agitada, se agarraba a la almohada con fuerza y con un grito ahogado quedó sentada en la cama.
-¿Estás bien mor?- agarré su mano. Ella me miró y se echó a mis brazos como una niña asustada.
-Menos mal.- exclamó en un tono bajito.
-Respira que estás aquí conmigo. ¿Qué soñabas?
-Que te ibas.- dijo acostada aún en mi hombro.
-Pues estoy aquí boba, oliéndote como haré todas las mañanas que nos quedan.
-No dejes de quererme nunca, ¿vale?- me dijo dándome un beso de buenos días. El sueño debió de ser duro.
-En la vida cariño, y ahora levanta que tenemos muchas cosas que hacer.
-Me cortas el momento romántico de una forma, ni que fueras canaria.- me dijo riéndose.
-Y te encanto, así que mejor estate calladita.


Después de recoger el desastre de casa que tenía y colocar todas mis cosas junto a las suyas me dispuse a estudiar un poco. Tenía que estar a tope para las oposiciones que estaban a la vuelta de la esquina, y si quería tener la vida que soñaba debía empezar a trabajar cuanto antes. Aunque sin trabajo ya tenía esa vida, Malú me lo había dado todo y más. Y ambas éramos muy felices. Me encantaba entrar al baño y que estuviera ella, estar chocándonos todo el tiempo en la cocina, encontrármela por el pasillo y que me robara un beso, salir a la terraza y que ella saliera detrás de mí y se colgara en mi espalda. El simple hecho de estar 24horas a su lado era lo mejor que podía tener.

jueves, 20 de marzo de 2014


Capítulo 21. Nuestro hogar, dulce hogar.

-Cielo…- dije después de un rato con caricias por un lado y besos por el otro. –Tenemos que hablar.
-¿Qué pasa?- preguntó alarmada. Me daba un miedo terrible contarle lo de Ana, pero era mi deber, y ella debía confiar en mí.
-Si no te he dicho nada antes es porque por teléfono todo se puede malinterpretar, y yo lo que quiero es que confíes en que te voy a contar siempre toda la verdad.- se incorporó en la cama algo incómoda.
-Gemma, dilo ya que me estás asustando.
-El viernes salí a cenar con Ana…
-No me jodas.- dijo interrumpiéndome. –Gemma, joder te dije que no me gusta esa chica y tú esperas a que me vaya para salir con ella.
-Malú, ¿me quieres dejar hablar?- estaba molesta y creo que ya entrando en el enfado. –Recuerda que Ana a pesar de todo es mi amiga, y yo la trato como tal.
-Pues tu supuesta amiga bien que te tira la caña, guapa.
-Mira si lo sé no te digo nada.- odiaba cuando se ponía así de estúpida. Se lo estoy contando con toda la buena fe del mundo y ella solo piensa en negativo.
-¿A dónde vas?- yo me levanté de la cama para vestirme y bajar a la cocina.
-A vestirme y comer.
-Ven anda.- jaló de mi mano y volvió a sentarme en la cama. Ahora posando sus labios en mi cuello. –Perdona, termina lo que querías decir.
-Ana me besó, y yo seguidamente la quité y le dije que estaba enamorada. Eso es todo.- intenté volver a levantarme pero ella no me dejó.
-¿Ves lo qué te quiero decir?- soltó ella agarrándome.
-Y tú, ¿recuerdas qué a la que quiero es a ti?- bajó la mirada en la cama confundida. – Joder Malú, odio cuando te pones así. No sé cómo debo decirte que no existe nadie más que no seas tú, que sueño contigo de día y de noche.- exclamé ahora yo enfadada.
-Y, ¿por qué no me lo dijiste en el momento?
-¿Otra vez?- le pregunté de pie junto a la cama. -Porque quería que tu vieras en mí toda la verdad, y no malinterpretaras nada por teléfono. Pensé que había actuado bien, veo que no.- agarró mi cara para darme un dulce beso en los labios.
-Siento haberme puesto así. Confío en ti más que en nadie.- esta vez el beso se alargó algo más.
-Pues demuéstralo.- me levanté y esta vez no me agarró, ni me puso impedimento. Salí del cuarto visiblemente molesta por su actitud. Odiaba que se pusiera así cuando le he demostrado que la quiero. Voy a cambiar mi vida para pasarla junto a ella, y duda todavía de lo que hago o dejo de hacer. Me fui a la cocina porque habíamos llegado a casa súper tarde y no había ni cenado. Preparé dos sándwich, y dos zumos que quedaban en mi despensa. Era lo único que tenía después de estar unas semanas en casa. Volví a subir a mi habitación y me la encontré acostada completamente con la cabeza por debajo de la almohada.
-He traído algo para comer y poder dormir.- puse la bandeja en la mesa de noche y me coloqué a su lado.
-Gorda, no te canses nunca de mí, ¿vale?
-Creo que te amo más por lo tonta que eres.- y le quité la almohada de la cara.
-Es que yo deseando tenerte en mis brazos, y es esa tipa la que te besa. Cuando era yo la que debería estar ahí.- se levantó para colocar su cabeza en mi tripa.
-Pero la diferencia es que tus besos me dan la vida cariño.- me miró y con una sutil sonrisa volvió a jugar con mi reloj muerta de vergüenza.

No sé en qué momento, pero el sueño pudo con nosotras. A la mañana siguiente me desperté y tenía una nota junto a mí: “Gorda, me voy a la entrevista. Te quiero, vuelvo a la hora de comer”. Se había levantado súper temprano con lo poco que le gusta madrugar, vaya chica responsable. Yo me levanté con las pocas ganas que tenía y me dispuse a ir metiendo todas mis cosas en cajas. Me daba tanta pena irme de aquí que a cada cosa que cogía un recuerdo venía a mi mente, y una lágrima caía por mi mejilla. Tenía tantas cosas que no tenía ni cajas para guardarlas. Todavía no sabía cómo lo íbamos hacer, yo tenía la moto, ella el coche. Tendríamos que ir las dos a Madrid, pero iríamos separadas. Pero luego estaríamos una vida juntas, no creo que unas horas nos dolieran tanto. Se acercaba la hora de comer y en la nevera había lo mismo que en el congelador, es decir, nada. Salí como una loca a comprar algo, Malú estaría a punto de llegar y yo sin hacerle nada. Vaya desastre estoy hecha, ya decía mi madre que no cambiaría nunca.

-Gorda, ¿cómo lo vamos hacer para la mudanza?- me dijo mientras comíamos los macarrones preparados a última hora.
-Pues supongo que tú en tu coche llevando las cosas y yo en la moto, ¿no?
-Jo, no quiero ir separadas.- me dijo poniendo morritos.
-Pues cielo, me dirás como lo hacemos.
-Tengo una idea.- exclamó divertida.
-Sorpréndeme…
-Mi padre tiene que ir a Madrid justo esta noche. Le puedo pedir que suspenda el vuelo y que lleve nuestro coche.- tiene cada idea que yo no sé de donde las saca. –Y nosotras vamos en la moto, con el pelo al viento. ¿Qué te parece?
-Malú, estas comprando una hora de avión, con seis de coche amor.- me levanté para ir recogiendo los platos y ella vino detrás de mí. –Tu padre nos mata.
-Ya, pero es mi padre y no me va a decir que no.- su tono se puso serio, lo último que yo quería era otra discusión.
-Está bien, pero se lo pides tú.- sonrió al escucharme y así lo hizo, fue directa a por el móvil para llamar a su padre. Y como no, Pepe no le dijo nada. Malú era la niña de sus ojos, la consentida, el ojito derecho. Aunque yo no podía quejarme porque entre su padre y el mío estaba en un pedestal. Colgó y justo al instante recibió otra llamada, pero esta vez se salió a la terraza para cogerlo.
-¿Quién era qué huiste de mí?- le dije abrazándola por detrás.
-La revista. Tenemos la entrevista mañana.- y soltó una risita nerviosa. Madre mía vaya paliza nos íbamos a dar. De Sevilla a Madrid en moto, para llegar a las tantas y por la mañana a la revista dichosa a contar nuestro amor. En el fondo no me apetecía nada, lo estábamos haciendo por fuerza, y lo que se hace por la fuerza acaba saliendo mal, pero era lo que ella quería y no le iba a decir que no. Fuimos preparando el coche para que estuviera listo y su padre se lo pudiera llevar ya. No sé cuantas veces miré mi casa antes de cerrar aquella puerta, y para siempre. Mis amigas me iban a matar porque he estado en Sevilla y no me he despedido de ellas, pero volveré.
Dejamos el coche en la casa de su padre y nosotras casi a las seis de la tarde, pusimos rumbo a Madrid. Tuve que dejarle mi ropa de moto porque se iba a congelar ahí detrás. No sé que parecía, pero estaba realmente sexi vestida así.
-¿Qué me miras?- dijo colocando las manos en su cintura.
-Es una pena que vayamos en moto.- y le solté un guiño rápido, con lo que conseguí que ella se echara a reír.
Nos subimos en la moto y aceleré para meterme ya en autopista. Ella iba agarrada muy fuerte a mí, no sé si por el miedo o porque quería.
-Es la segunda vez que me subo a una moto.- me dijo gritando. Claro la primera fue cuando me la llevé a casa porque la estaban persiguiendo. Supuse que el estar agarrada así era por el miedo.

A cada dos horas iba haciendo paradas, porque ir en moto es mucho más incómodo. Así ella se aprovechaba en todos los puestos de servicio para comer algo. A las seis horas y diez minutos entramos al fin a Madrid. Eran pasadas las doce y el tráfico era algo más fluido. Siguiendo sus direcciones llegamos a su casa. Allí estaba de nuevo, la última vez que vine no pasé un buen fin de semana. Pero ahora iba a ser muy distinto. Este era mi hogar, nuestro hogar. Y aunque todavía no lo veía así, poco a poco me iría acostumbrado. El primer paso ya estaba dado, y lo mejor es que sus perras ya me adoraban. Así que no podía quejarme.
Pasadas las doce y media llegó Pepe con el coche cargado de cosas.
-Muchísimas gracias por darle el capricho a tu hija.- le dije riendo cuando Malú no podía escucharme.
-Ahora es toda tuya eh, yo ya me desentiendo.- estaba tan gracioso como siempre. La verdad es que había dado en el clavo con ella, me hacía feliz y todo su elenco era increíble. Su madre era a la que menos conocía, pero de vista porque ya Malú me lo había contado todo. Jose su hermano, era un caso aparte, era muy tímido hasta que cogía confianza y era un Sánchez de los pies a la cabeza. Y por último, el gran Pepe de Lucía, que grande es y como adora a su hija, e incluso a mí.
-¿Te gusta?- le dije a mi suegro mientras él acariciaba mi moto.
-La verdad es que llevo toda la vida queriendo tener una, pero a Pepi no le gustaban y ahora estoy demasiado mayor.- me dijo con nostalgia. Cogí mi abrigo y con la mirada le dije que cogiera sus cosas.
-Amor, voy a llevar a tu padre al hotel. Ahora vuelvo, no me eches de menos.- le grite desde el patio.
-¿Y me dejas a mi sola con la mudanza? Tienes un morro que te lo pisas guapa.- la pobre en el fondo me daba pena.
-Ahora vuelvo, déjalo como está.- le dije mandándole un beso volado. Encendí mi moto, mientras padre e hija se despedían.
-Esto no te lo pagaré nunca Gemma hija, me encanta.- exclamó Pepe contento subiéndose a la moto.

-No se preocupe, que no me debe nada. ¿A dónde le llevo?- pregunté. Él me fue indicando como mucha agilidad, y viviendo aquel momento. Estaba como un niño pequeño con zapatos nuevos.

martes, 18 de marzo de 2014

Capítulo 20. Solamente tú.

-Mi amor.- me gritó desde la puerta del coche. Empezó a correr hacia mí como una loca. Me abrazó con fuerza como si hiciera un mes que no nos veíamos.
-Llegas tarde, ¿lo sabes?- le dije intentando ponerme seria.
-Pero, ¿a qué tú me quieres y me lo perdonas?- fue a darme un besito y le puse la mano en los labios. Me miró asustada pensando que me había enfadado de verdad.
-Te doy un besito, solo y exclusivamente, si esta noche vienes a mi casa a dormir conmigo. – y de una forma brusca se comió mi boca, literalmente. Eso era un sí de grande como una catedral.
-Si no es en tu casa es en un puente, pero yo hoy te necesito.- que bien habían sonado esas palabras.
Nos subimos las dos al coche deseando llegar a casa. Iba conduciendo y tenía su mano apoyada en mi muslo. Se le notaba que me había echado de menos.
-Cielo, no me voy a ir. No hace falta que me agarres.- dije riéndome.
-Jo, que corta rollo eres. Solo necesitaba tocarte, ¿vale?- me respondió ella poniendo cara de pena. Ahora era yo la que ponía mi mano en su muslo, pero más de la cuenta. La movía de arriba abajo para desconcentrarla y quitarle el supuesto enfado que tenía.
-Como sigas así tendré que dejar el coche en cualquier estación de servicio. Así que estate quieta.- su sonrisa contagiaba a la mía. La verdad que no se podía ser más guapa. Con en esa sonrisa que era la que enamoraba al personal.
Me pasé todo el camino de vuelta mirándola. En qué momento llegó a mi vida así. Sin avisar. Desde niña quería a esta mujer sin conocerla, iba a sus conciertos y me perdía en sus movimientos. Miraba sus fotos y sus ojos me transmitían la tranquilidad y la paz que todos necesitamos alguna vez. Y sí, sin conocerla. Y ahora, ¿ahora qué? Me pregunta cada día mi mente. Ahora que la conozco esa mujer es increíble. Me hace temblar con solo tocarme, al pronunciar mi nombre o algún apelativo cariñoso. Cuando yo estoy mal ella lo sabe al instante, intenta lo que sea por conseguir una sonrisa. Hace que vea el mundo más fácil, y no tenga miedo del amor. Un amor que me brinda cada día, y del que estaba completamente segura que era para siempre

Llegamos a casa después de pasar por el hotel para recoger sus cosas, e instalarse en la mía el tiempo que estaríamos allí.
-Esta casa me trae buenos recuerdos.- dijo sentándose en el sofá.
-Ay, imagínate a mí. Cuatro años viviendo aquí.- me senté a su lado y apoyé mi cabeza en sus piernas.
-¿Tienes miedo a cambiar de vida?- me preguntó metiendo sus dedos por mi blusa.
-Si es junto a ti, siempre lo intentaría.
Fundió sus labios en los míos, recorriendo todo mi vientre con su mano. Se levantó con cuidado para que yo no cayese de forma brusca. Me coloqué en el aquel sofá y ella lo hizo encima de mí. Colocando su pierna derecha justo en el medio de mis piernas haciéndome presión.
-Cariño, has aprendido demasiado rápido, ¿no crees?- le dije deshaciéndome de su blusa.
-Tengo a una gran maestra.- perdió sus manos en mi pelo, para volver a perderse con su boca en mis labios.
Con soltura y agilidad se fue desprendiendo de cada prenda que llevaba. Yo conseguí hacer lo mismo, aunque en mi postura era un pelín más complicado. Las dos al fin estábamos desnudas, y ella seguía con su rodilla presionando mi entrepierna. Haciéndome delirar todavía más. La verdad que estábamos algo incomodas así que no lo pensé mucho más. Coloqué sus piernas para que rodeara mi cintura, y así poder rozar nuestros cuerpos. Me levanté del sofá sacando todas las fuerzas que mi cuádriceps tenía, para luego subir las escaleras. Sus besos por todo mi cuello no me dejaban ver bien, y tuve que subir con mucho cuidado. Cuando la solté en la cama con dulzura, ella tiró de mí con sus piernas aún entrelazadas. Volvía a explorar mi boca como si fuera la primera vez, jugando con la mía a su antojo. Yo me despegué de su boca despacio para llenar ese cuerpo de besos. Bajando por su vientre, sus mulos, llegando a sus empeines y volviendo a trepar por su cuerpo de nuevo hasta llegar a su boca. Eran tantas las ganas que tenía que agarraba fuerte mi nuca, para adentrarse en mi boca. Mordía mi labio inferior hasta hacerme daño. Gemía cada vez que lo hacía, y cada vez lo hacía con más ganas. Mi cuarto fue cargándose de todo el amor que se estaba desprendiendo, y nuestros cuerpos ya comenzaban a bailar uno encima del otro. Me metí de lleno en su cuello provocando sus gemidos ahogados. Apoyé mis manos alrededor de su cabeza para mirarla bien. Se acercaba a mi boca para perderse de nuevo, pero yo me alejaba. Lo intentaba una y otra vez y yo seguía con el juego.
-Bésame joder.- dijo respirando el aire de mi boca. Me acerqué de nuevo a su boca, pero me desvíe hacia su mejilla dándole un beso sonoro, para luego morderle el cachete con ganas. Volví a perderme en su cuello de nuevo y en los infinitos lunares en que el descansaban. Su mano en cambio recorría todo mi cuerpo, rozando cada uno de los poros de mi piel. De una forma brusca volvió a atacar mi boca, pero esta vez con un movimiento dejándome a mí debajo. Se sentó encima de mis caderas haciendo movimientos para provocarme. Yo intentaba aguantar pero cuando me di cuenta las dos buscábamos al mismo compás el movimiento. Al verla ahí sentada sudando y con los pelos tapándole la cara más agitada me puse. Agarré su trasero y se lo agarré con fuerza para poder sentirla mejor. Después de estar en esa posición bastante tiempo se tumbó bajando su mano por mi vientre, yo me acerqué al lóbulo de su oreja para morderlo, su gemido me llegó a los más hondo. Sus manos jugaban conmigo, y yo no podía resistir. Seguía jugando a su antojo, moviendo los dedos como una experta, y yo ya estaba delirando. Cuando me quise dar cuenta mis gemidos se oían en toda la casa, la habitación explotaría. Sus embestidas eran bestiales y mi cuerpo se arqueaba a cada movimiento. Cuando al fin pude respirar fui yo la que tomó el control del asunto. Bajé mi mano por su cuerpo hasta llegar a su sexo.
-Lú…- le dije acariciando la zona.
-¿Si?- me contestó ella en un suspiro.
-Estás perfecta.- la miré y ella soltó una risita. Mojé mis dedos con mis labios y al verme hacer ese gesto echó su cabeza hacia atrás soltando un suspiro ahogado. Yo baje de nuevo dando besitos por su vientre provocándole una infinidad de cosquillas. Cuando llegué ella abrió sus piernas invitándome a entrar, y así lo hice. Lo hice despacio y con tranquilidad, viendo sus caras de desesperación. Agarró mi cabeza para que profundizara más, y así lo hice. Sus gemidos provocaban los míos. Nos necesitábamos y de verdad. Hacía tiempo que nuestros cuerpos no se rozaban así. Su último gemido hizo que temblara la casa. Agarró mi mano y me hizo que me acostara a su lado, con nuestras respiraciones agitadas.
-Te necesitaba tanto que me olvidaba hasta de respirar.- me dijo con un beso en mi pelo. Yo seguía sumergida en su cuerpo. Y paseando mis manos recorriendo cara poro de piel.
-Malú…
-Dime amor.
-Te amo.- solté pegada a su boca.

-Y yo a ti.- un “ti” que sonó en mi boca como ondas magnéticas hacia la suya.

lunes, 17 de marzo de 2014


Capítulo 19. Tejiendo lunas en la madrugada.

Volví a casa de nuevo y ahí estaba otra vez, el coche de Ana estaba aparcado en la misma puerta. No sé qué diablos le había dado, nunca había sido así. O al menos no la Ana que yo conocía. Estaba siendo bastante impertinente, y en ocasiones odiosa. Yo la quería mucho, había compartido momentos inolvidables de mi vida con ella. Pero como amiga, ahora yo estaba enamorada, no quería saber nada de ella más allá de una simple amistad. Pero creo que el concepto amistad para ella no existía.
-Hola guapa.- me dijo mientras me daba dos besos.
-Hola fea.- contesté yo divertida. -¿Qué haces aquí?
-Me acordé de que hoy se iba tu novia y he venido a invitarte a cenar.- estaba esperando a que Malú se fuera para entrar en ataque. No me había fijado bien, pero se había puesto muy guapa. Siempre lo fue, pero ahora éramos más mujer y eso se notaba.
-¿Estabas esperando a que se fuera?
-Para nada, solo que ahora imagino que ahora tendrás más tiempo libre.- sabía que estando Malú aquí yo no iba a quedar con nadie que no fuera ella, era evidente.
-Está bien, iré a cambiarme.- le dije con una sutil sonrisa. Me dirigía hacia mi habitación cuando vi que venía detrás de mí.
-¿A dónde vienes?- pregunté dándome la vuelta para verla.
-A tu habitación. ¿No me digas que ahora tienes vergüenza de cambiarte delante de mí?- se echó a reír, y se metió en el dormitorio. Ella en realidad pensaba que todo seguía igual que antes, pero las cosas no funcionaban así. Yo tenía pareja, y no iba cambiándome de ropa delante de todo el mundo, pero a lo mejor tenía razón. Éramos amigas, y no creo que fuera nada del otro mundo y tampoco creo que fuera a ver nada nuevo.
-No tienes remedio.- le dije quitándome los zapatos.
Me fui desvistiendo ante su atenta mirada. Por el rabillo de mi ojo derecho podía ver que recorría mi cuerpo de arriba abajo. Sin ningún pudor.
-El culo te ha cogido bastante forma eehh- se echó a reír y yo me puse roja al instante.
-Vete a cagar, guapa.- le dije poniendo mi culo pegado al armario.
-Se nota que haces deporte amiga, tienes un cuerpazo.- me dijo mirándome de nuevo de arriba  abajo como si fuera un monumento.
-Ana, como sigas así te pones fuera eehh.- al escuchar mi comentario más se reía.
-Como estamos de antipáticas.
-Venga anda vamos que al final vas a ir tú sola.- dije poniéndome la última bota. Salimos de mi casa y nos subimos en su coche. Mi móvil comenzó a sonar, y cuando vi la pantalla se me iluminó la cara.
-Hola princesa de mi cuento infinito.- le dije con todo mi noto de enamorada. -¿Ya llegaste?
-Hola mi amor. Y sí, me estoy bajando del avión.- pude notar que había una sonrisa dibujada en su rostro.
-Ya te echo de menos. Pero en breve estaré ahí.- me moría de ganas de que la cena fuera con ella, pero en ese momento no podía ser.
-Jo, gorda y yo. No tengo ganas ni de concierto, imagina.
-No digas eso boba, ya verás cómo mañana los nervios te comen como siempre.- no podía notarla triste, me mataba.
-Te quiero mor, hablamos mañana que voy a coger las maletas y me faltan manos.- me dijo con lo que yo intuí que eran morritos.
-Y yo boba. No te preocupes, hablamos mañana.- colgué y noté que Ana todavía no había arrancado ni el coche.
-¿Por qué seguimos aquí?- pregunté mirando hacia ella.
-Porque no quería interrumpir con el ruido del motor.- me dijo sonriente. -¿No le has dicho que vienes a cenar conmigo?
-Ana, yo no le cuento a Malú cuando cago, cuando como, o si hoy hice pis dos veces.- le dije seria. Sabía que intentaba meterme en un compromiso. –Además confía en mí, y yo en ella.
-Qué bonito es el amor. ¿A dónde vamos?- me preguntó cambiando de tema.
-Pues a donde siempre.- que pregunta era esa.

La cena transcurrió como siempre entre risas, y más risas. La verdad que es que me sentía súper a gusto con Ana, de siempre además. Sus boberías, sus chistes malos, y nuestras anécdotas de adolescentes fueron las que hicieron que esa noche me lo pasara tan bien. Salimos de allí como si nada hubiese cambiado. Fuimos a por nuestro helado de siempre para luego pasear por el pueblo como vagabundas.
-No recordaba que te quisiera tanto.- me dijo muy seria.
-Ana, el vino te ha sentado mal.- contesté yo riéndome.
-Te lo digo enserio imbécil.- me dio tal codazo que me dejó en la otra punta de la carretera.
-Tía sigues siendo la misma bruta de siempre.- exclamé quejándome.
-Te apetece ir al faro y allí comernos el helado.- se estaba acercando demasiado a mí, y lo último que quería esa noche era acabar mal.
-Que va tía, me voy a casa. Tengo mil cosas que hacer.- me di la vuelta para dirigirme a mi casa cuando ella me agarró del brazo.
-Espera.- se acercó a mí y me besó. Así sin más. No tuve tiempo ni de reaccionar.
-¿Se puede saber qué coño estás haciendo?- mi empujón fue tal que la dejé apoyada en el coche. –Ana, grábate a fuego lo que te voy a decir.- agarré su brazo de una forma brusca, para que entendiera mí estado de ánimos en ese momento. –QUIERO A MALÚ POR ENCIMA DE MI VIDA.- el vino me hizo chillar más de la cuenta y la gente nos miraba curiosas para ver lo que había pasado.
-Lo siento, Gemma. No sé que me ha pasado.- se subió en el coche y arrancó sin más.

Me pasé toda la santa noche pensando si se lo debería de contar a Malú. Sabía que sí, pero conociéndola se iba a poner mala y no quería estar mal de nuevo. Creo que la mejor opción era esperar a estar juntas en Madrid para que notase que le decía toda la verdad.
Al día siguiente me levanté con un dolor de cabeza bastante curioso, en qué momento bebí tanto vino. Ya tenía el mensaje de buenos días de Lú, y se lo respondí al segundo. Era toda ella la que me tenía enamorada, pero cosas de este tipo hacía que muriera de amor. Me dolía en el alma tener que despertarme tan temprano un sábado, pero la de cosas que yo tenía que hacer eran infinitas. Después de la ducha y del pedazo de desayuno con mis padres miré mi móvil y tenía un mensaje de Ana pidiéndome perdón, y aclarando que la cena era de amigas. Al fin lo iba entendiendo. La quería mucho y no quería tener que mandarla a la mierda de una manera tan cruel.
Me encantaba estar en casa tan tranquila. Después de estar recogiendo todas mis pertenencias saqué a pasear a mis dos chiguaguas, Noah y Tarzán. Bien decía mi madre que los perros se parecían a los dueños. Los dos eran lo más mimoso que puede existir, pero la mala leche que soltaban era suprema. Eso sí, a gandules me ganaban de calle. Sobre todo Noah, se pasaba la mañana durmiendo. Me encantaba verlos tan felices corriendo en esa playa. Yo me senté para mirar el horizonte, para mirar bien mi futuro. Se acercaba la hora de decir adiós a mi casa, pero ahora de verdad. Me iba a Madrid a vivir con la mujer de mi vida. Haría mis oposiciones allí y con suerte encontraría trabajo. Y todo eso en días. Y por supuesto, el viaje que nos esperaba en apenas un mes. Madre mía la vida pasa y nosotros seguimos tan tranquilos sin darnos cuenta.

Por fin llegó el lunes, y la hora de despedirme. No sé cuento tiempo estuve llorando, pero probablemente más de una hora. Mi madre me miraba y lloraba, y a mí me lo contagiaba. Estaba agotada en aquel aeropuerto. La noche anterior tuve cena de amigas para despedirme, y no dormí nada. Y por la mañana las lágrimas habían podido conmigo. Me daba tanta pena dejar mi casa, mi familia, la isla. Era mi vida y yo ahora había elegido otra, pero sabía que nada cambiaría.
-Hola.- Malú estaba tan nerviosa como yo y me llamaba a cada rato.
-Hola cielo. ¿Cómo estás?- me preguntó, sabía que esto estaba siendo duro, y mi niña la pobre se preocupaba.
-Estoy bien. Cansada, pero bien.
-Esta noche yo te doy mimitos boba.- lo decía para alegrarme y lo conseguía con mucha facilidad.

-No esperaba menos guapa.- “Señores pasajeros con destino Sevilla, embarquen por la puerta número 5”, escuché de fondo. –Mor, te tengo que dejar ya. Nos vemos en dos horitas. Te quiero.- esperé su respuesta y colgué. Era hora de volver a Sevilla para recoger y organizar mi vida, y traspasarla a Madrid. Últimamente le estaba cogiendo algo de asco a los aviones. Cada vez que volaba buscaba la ventanilla para apoyarme y dormir como un lirón, pero esta vez los nervios de mi nueva vida podían conmigo. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Capítulo 18. La nueva vida.


“Ven a vivir a Madrid conmigo, por favor”, era la frase que se me repetía una y otra vez en mi mente. Ella me miraba atenta esperando mi respuesta.
-Malú…-miré sus ojos y se notaba ilusionada. –Todavía debo organizar mi vida. Y tú estás en racha con los conciertos.
-Es lo que te estoy pidiendo Gemma, que la organices junto a mi.- se levantó y se puso frente a mí. –Podrías hacer las oposiciones para Madrid, y venir a vivir conmigo, ¿no te parece buena idea?- claro que era buena idea. Que más se podía pedir. Pero aquí estaba mi familia, y ahora no podía abandonarla. –Y los conciertos duran una hora, te vienes conmigo y así conoces un poco España. Yo te puedo hacer de guía.- me dijo con ese tonito de voz que tanto me gustaba.
-Dime una cosa.- ella se acercó y agarró mis manos. -¿Te puedo comer a besos ya, o lo dejamos para nuestra nueva casa?
-¡!Aaaahhh!!- exclamó ella lanzándose a mis brazos. –Te quiero, te quiero, te quiero.- repetía a cada beso que me daba. Todavía no me lo creía, me iba con ella. Seríamos una familia junto con sus perros, su gato y nosotras dos derrochando amor por esa casa. No podía estar más feliz, y ella porque todavía seguía enganchada a mi cuerpo dándome besos.
-Haremos una cosa. Mañana te vas tú, y yo iré el lunes a Sevilla a buscar mis cosas, ¿vale? Y luego ya veremos cómo lo hacemos.- ay empezaba a ponerme hasta nerviosa. Era todo tan de golpe, aunque bueno lo hizo por celos a lo mejor nos estábamos precipitando.
-Nos cuadra todo gorda, yo el martes tengo que estar por Sevilla. Telecinco quiere hacerme un reportaje allí porque es donde pasé casi toda mi infancia.- volvió a darme un beso, pero esta vez algo más largo. Esta realmente ilusionada con todo lo que estábamos diciendo.
-Ven conmigo.- agarré su mano y la arrastré hacia el salón donde todavía estaba Ana, pero estaba vez a parte de mi madre también estaba mi padre. Mucho mejor así no teníamos que decirlo tantas veces.
-¿Todavía sigues aquí?- le preguntó Malú con una mirada algo fulminante.
-Papá, mamá tenemos algo que decirles.- dije yo interrumpiendo a Ana cuando se disponía a contestar a Malú. –Malú y yo hemos decidido que nos vamos a vivir juntas, a Madrid.- solté de golpe. A mi padre se le dibujó una sonrisa en la cara, pero a mi madre la idea no le hizo tanta gracia.
-Pero Gemma, ¿y tú futuro profesional?- dijo mi madre preocupada.
-Mamá, mi futuro en este momento es la mujer que está a mi lado. Y ya está todo pensado, haré las oposiciones para Madrid y me iré a vivir a su casa. Y mientras me llaman de algún instituto, me imagino que habrá algún cateto que necesite refuerzo en lengua.- le contesté yo divertida. Ana estaba allí sentada, pero creo que su cuerpo huyó de aquel salón. Su cara se había descompuesto. Malú agarraba mis caderas con fuerza, o bien marcando terreno, o de lo ilusionada que estaba.
-Mi niña se me hizo mayor.- mi padre se levantó muy orgulloso y me dio un abrazo como solo él podía dármelo. Cogió a Malú en peso, para hacerle lo mismo que a mí. Ella reía divertida ante la escena, y mi padre estaba realmente contento ante nuestra decisión. Ana seguía la cara de antes pero esta vez estaba de pie.
-Bueno, es hora de irme. Nos vemos- saludó a mis padres y cogió la puerta como alma que lleva el diablo. Se había muerto de la envidia ante aquella escena de amor paternal de mi padre y Malú.
-Mamá, no va a pasar nada. Todo va a salir bien, ¿vale?- me senté con ella mientras mi niña y mi padre hablaban.
-Si no es eso cariño.- agarró mi mano. –No quiero que te vayas de aquí otra vez. Son muchos años los que llevo esperándote Gemma.- soltó una lágrimita y a mí se partía el alma al verla así.
-Te quiero mucho mami.- le dije dándole un beso en su mejilla. –Pero tarde o temprano tenía que pasar. Y voy a venir a menudo, lo prometo.- me miró no muy convencida. Pero al fin asintió y me dio un abrazo de los que te recompone todo por dentro. Era mi madre, ¿qué me va a decir? Pero ella debe asumir que dejé de ser una niña.

Terminamos de hacer la maleta a las tantas. Yo también había empezado a preparar la mía, para no dejarme nada atrás. Caímos a la cama con mucho gusto y como siempre abrazada la una a la otra. Oliendo mi crema corporal en su cuerpo. No se podía estar más agusto.
-Cariño, que gusto me va a dar cuando durmamos en mi cama de matrimonio noche sí, y noche también.- la verdad que pasar dos semanas durmiendo en mi cama de 90cm no es que fuera del todo agradable. Pero dormíamos a las mil maravillas en aquella cama porque solo nos necesitábamos a nosotras.
-Y que gusto me va a dar, despertar y ver esa cara todos los días.- le dije yo dándole un beso en su pelo. Estaba apoyada en mi pecho y veía como su cabeza se movía  al mismo tiempo que yo respiraba. Me encantaba tenerla así, tan mía.
-Oye cielo.- ella apoyó su cabeza en mi brazo para verme bien la cara. –No me habrás pedido esto por celos, ¿verdad?- tenía que preguntárselo, no podía quedarme con la duda.
-A veces pienso que la que tiene que mirarse las neuronas eres tú.- se echó a reír y se pego más a mi boca. –Llevaba días pensándolo y hoy he visto el momento perfecto, nada más. Y si no me crees pregúntale a tu hermano que ya se lo había comentado.- hablaba con mi hermano de mí. Esta chica se me unió a la familia demasiado rápido. Se había ganado a mis hermanos, el total amor de mis padres y a mis amigas por supuesto.
-Me pregunto cómo puedo quererte tanto.- saltó sobre para colocarse encima y perderse en mi boca como solo ella sabía hacerlo. Sus pelos caían en mi cara, y sus manos recorrían mi cuerpo a la velocidad de una tortuga. Me erizaba la piel solo el contactos de sus manos, y cuando se fundía en mi boca me hacía delirar. Le encantaba hacer con mi cuerpo lo que se le antojaba, y a mí que lo hiciera. Cuando se ponía no había forma de pararla, pero yo tenía su punto pillado. Primero atacaba su cuello, para después pasear mis manos en sus costillas y hacerla morir de risa con mis cosquillas.

Nos quedamos dormidas muy tarde, el juego se alargó y ninguna de las dos quería parar. El sol de la mañana iba entrando y ella seguía abrazada a mi cuerpo. Tenía piel erizada del frío que estaba entrando por la ventana, pero no se despertaba. Todavía quedaba media hora para que se tuviera que levantar y prepararse. Me bajé de la cama como pude, y le pasé la manta por encima. Malú se agarró de la manta muerta de frío, pero en ningún momento se levantó. Salí de la habitación, y me fui a preparar el primero de muchos desayunos juntas. Mi madre había comprado papaya, así con eso y unas naranjas, le prepararía un batido, acompañado de un buen café y una tostada. Volví de nuevo a la habitación y allí seguía. Con las manta por encima de su cuerpo desnudo, y durmiendo plácidamente. Se la quité de golpe, y la tiré encima de la silla.
-Te mato, te mato.- la había despertado de golpe y con frío, era para matarme.
-Buenos días mi amor.- dije entre risas. –No me mates, te he traído el desayuno.
-Pues ya puede estar bueno, porque si no, no tienes isla para correr.- que se enfadara era una de las cosas que adoraba. Verla con su cara de mala hostia, para luego con alguna bobería ya me estuviera perdonando.
-Te había dicho que eres más guapa, si cabe, cuando te enfadas.- me acerqué a la cama con la bandeja, ante su mirada fulminante. –Buenos días “mor”.- de tanto usar la palabra amor, ya de último lo dejábamos en “mor”, era bastante más cómodo, y sonaba muy bien. Dejé la bandeja a su lado y me acerqué para darle un beso de buenos días. Cuando vio lo que le había preparado se le iluminó la cara.
-Por esta vez te salvas.- dijo riéndose. –Adoro comer papaya, y esto tiene una pinta muuuy rica.- se acercó a mi boca para darme otro dulce beso en los labios, y fue dulce porque se había manchado toda la boca del batido y me lo había restregado en los míos.

Era la hora de irse. Después de despedirse de toda la familia, en la que incluso mis hermanos habían madrugado para despedirla llegó la hora de irnos para el aeropuerto.
-Deberías llevarte tu coche para Madrid amor.- me dijo mientras buscaba su móvil en el bolso de Mary Poppins.
-Yo creo que con la moto voy bastante bien. Gasta menos y es más cómoda.
-Bueno, también es verdad. Y ya tenemos el mío, no nos hace falta más.- se acercó a mí para darme un beso en la mejilla, pero yo giré rápidamente la cara para robárselo. –Oye, no me robes los besos y mira para la carretera.- en el momento estallamos las dos de la risa.
Llegamos al aeropuerto y yo quise acompañarla hasta el último metro.
-Te voy a echar mucho de menos.- posó sus manos en mi nuca y me regalo un largo beso.
-Y yo a ti mi vida.
-Pero nos vemos el lunes de nuevo.- y volvió a besar mis labios. Ninguna de las dos queríamos separarnos. Pero ya era la hora, debía irse.
-Gorda, te quiero mucho. Y llámame, no me tengas abandonada y desamparada.- me dijo poniéndome morritos.
-Te quiero boba. Y no cariño, yo te llamo.- y así se me perdió entra la multitud. Solo eran cuatro días, pero se me iban hacer eternos. Con tanta ilusión, y tanta alegría quería estar en Madrid ya.

martes, 11 de marzo de 2014


Capítulo 17. A palabras necias, oídos sordos. 

-Vamos a comer algo anda.- dije intentándome levantar de aquel barco que tanto se movía.
-Yo todavía no tengo hambre.- agarró mi mano y me volvió a tumbar encima de ella. –¿Y si nos quedamos otro ratito aquí?- su mirada me lo decía todo.
-Eres tan gandula que ni para comer te levantas.- dije entre risas. Su mirada me fulminó e intento ponerse en pie pero ahora era yo la que no la dejaba. –Son bromas cielo. Me pasaría la vida así, y lo sabes.- se rindió ante mis besos.

Después de levantarnos y salir a popa a comer a mi me apetecía pescar un poco. Hacia tanto tiempo que no lo hacía que ni me acordaba como era. Mi madre siempre que me ve pescando me cuenta que mi primer regalo cuando cumplí el año fue una caña. Desde que era muy pequeñita me encantaba ir con mi padre a pescar, que me llevara con él a ver el mar desde cerca. Mi madre siempre ha sido más cagada para todo, y no le gustaba la idea. Pero me veía tan feliz que me dejaba ir, solo para después no tener que aguantar mi rabieta. Nunca me lo había planteado hasta hoy. Fui una niña realmente feliz, rodeada de hermanos mayores que solo me enseñaron a jugar al futbol, la niña de papá y el ojo derecho de mamá. Nunca me pusieron pegas para nada, me dejaron crecer a mi manera y que yo aprendiera con los golpes que la vida iría dándome. Y fui madurando muy pronto. Siempre me ha gustado relacionarme con gente mayor que yo, y eso también ayudo a que yo viera el mundo de una forma distinta, muy distinta. Cuando llegó la hora de irme a estudiar tenía que salir de mi isla porque no hay universidad, pero no quería conformarme y di el salto con dieciocho años hacia la península. Los primeros meses no dejaba de llorar, hacia mucho frio y echaba muchísimo de menos a mi familia. Pero con los años te vas acostumbrando y haces una nueva vida, fuera de tu vida. Formas una nueva familia, tus amigas y conoces a mucha gente nueva. Y de casualidad pues a veces nos llega el amor. Y aquí lo tengo, haciéndome la mujer más feliz de este universo. Con cada sonrisa y cada beso todos mis problemas desaparecen. Con ella he aprendido que el amor no se busca. Nos pasamos una vida entera buscando a una persona perfecta. Probablemente nos enamoramos con dos o tres tonterías que nos dicen porque necesitamos saber que hay alguien en el mundo que se siente atraídas por nosotros. Preferimos irnos con la persona que nos da algo de vidilla, y no con la que de verdad está enamorada de ti. Del que te demuestra día a día que está ahí por y para ti. Y luego pasan los años y la ves con otros ojos. Ya no es la pesada que te envía cartas de amor, ahora ha encontrado a la persona que ha sabido valorar lo que le daba, y nos damos cuenta cuando la pierdes. Por ello sé que el amor no se busca, sino que llega. Solo debemos saber esperar. Yo jamás pensé que el mío lo encontraría en la puerta de una panadería. Y no quise enamorarme, porque Malú es esas de las que valora lo que tiene, y lucha por ello por encima de todo. Se equivoca, como una humana que es. Pero lo da todo por ti, y yo en cambio me asusté porque estaba acostumbrada a que todo no fuera tan bonito. Pero cuando está a punto de irse y tu corazón te da patadas en el pecho para que luches por ella, es cuando te das cuenta de que los miedos deben desaparecer y tienes que disfrutar que la vida esté regalándote algo así.
-¿Qué piensas?- se acercó a mí. Y se apoyo en mi espalda.
-En ti.- le dije sin mirarla, pero con una sonrisa que me delataba.
-En serio idiota, ¿en qué piensas?- se sentó a mi lado apoyando su cabeza en mi hombro. No me había fijado que seguía desnuda y tan tranquila.
-¿Otra vez? En ti.- dije dándole un beso en el pelo. –Cielo, ¿no deberías vestirte?- la miraba por el rabillo del ojo y me meaba al verla así.
-Pues estoy muy agusto así, y no ves nada nuevo no sé de qué te asombras.- dijo risueña. –¿Y me dirás que piensas de de mi?- se escuchó un “jiji” unido a un beso en mi mejilla.
-Sí me das un beso, pero de verdad.- agarro mi barbilla y me hizo girar hacia ella. Metió sus manos por mi pelo y me besó.
-Cuenta.- dijo pegada aún a mi boca.
-Tampoco es para tanto boba.- dije riéndome. – Pensaba en lo compleja que hacemos la vida. Nos pasamos años buscando un amor perfecto, y mi amor perfecto me empujó contra la puerta de una panadería.- ella se rió ante mi comentario. –La vida me ha dado el mejor regalo.
-¿Pues yo nunca he sido así sabes?- dejé la caña a un lado y me dispuse a oírla. –Yo nunca he buscado nada, supongo que como todo el mundo he querido que me quieran. Pero siempre han luchado por mí, y yo he terminado cansándome. Pero un día una chica, para mi sorpresa me dice que le gusto. Lo curioso es que ella e trasmitió algo especial.- esa chica era yo, me morí de la vergüenza ese día. Era tan chocante hablar de un tema, del cual nunca habíamos hablado, y ella está desnuda tan tranquila. Era única.
-Te juro que nunca me había planteado irme con una tía. Muchas de la familia malulera son lesbianas. Bueno tú lo sabrás bien.- me dijo risueña sabiendo que yo era malulera desde hace años. –Pero tú hiciste que me diera cuenta que el sexo no importa, solo el amor que recibes y das a esa persona. Tuve miedo, pensé que no podía vivir algo así, pero tuve más miedo de no volver a verte. Y aquí estoy, locamente enamorada de ti.- con esas últimas palabras yo me había muerto de amor. No pude decir nada, solo me acerqué a su cuerpo y me abracé a él. ¿Se podía querer tanto a una persona? Sí, y yo la quería más que a mí misma.
-Te quiero.- dije en un susurro.

Después de tantas horas en ese barco era la hora de volver. Todavía tenía que hacer la maleta. Y descansar un poco. Mañana cogería vuelo hacia Madrid y tenía que estar perfecta, ya que el sábado había concierto en Salamanca. Salimos del muelle más enamoradas de lo que habíamos entrado. Al llegar a casa vi un coche en la puerta aparcado que me resultó familiar. No podía ser, hoy no.
-¿Qué haces aquí?- le pregunté a Ana, mientras ella estaba sentada en el sillón con mi madre.
-He venido a hacerte una visita.- y con una sonrisa miró a Malú y ella estaba petrificada aún en la puerta.
-Pues hola. Nosotras tenemos cosas que hacer.
-Gemma, no seas mal educada siéntate un rato.- dijo mi madre con cara de enfado.
-Puedes sentarte mi amor, yo voy a preparar la maleta sola.- se dispuso a ir, y la agarré del brazo para sentarla encima de mí.
-No puedo separarme de ella es mi droga, lo siento.- dije mirando a Ana que seguía risueña.
-Está tan enamorada Ana, que ya es hasta ordenada.- mi madre siempre tirándome la puyita.
-Mucho.- contesté yo. –Bueno ahora sí, tenemos cosas que hacer.- me levanté y agarradas de la mano llegamos a mi dormitorio. No podía con la actitud que estaba teniendo Ana, que parte de “no quiero saber nada de ti”, fue la que no entendió.
-¿Esa tía piensa seguir jodiendo mucho tiempo?- ella también estaba realmente molesta. Lo último que esperábamos era que estuviera ahí tomando café con mi madre. Se aprovechaba de que mi madre le tenía mucho afecto después de tantos años.
-No te preocupes cielo. A palabras necias, oídos sordos.- ella se rió ante mi momento refranero. Y se sentó en la cama pensativa. -¿Qué pasa?- le pregunté poniéndome de cuclillas para ver su cara bien.
-No me hace mucha gracia irme y dejarte aquí.- entendía que no la quisiera cerca, pero ella debía confiar en mí.
-Gemma, quiero pedirte algo.- ay que miedo me daba escuchar eso.
-Pide cielo.
-Ven a vivir a Madrid conmigo, por favor.


lunes, 10 de marzo de 2014


Capítulo 16. El vaivén de tu cuerpo.

Aquellos días estaban siendo increíbles. Yo seguía todavía algo triste por la desaparición de mi abuela, pero ella me hacía sentir la niña más afortunada del planeta. Recorrimos todos los museos que la isla nos ofrecía, la gran mayoría eran o de guanches que eran los antiguos habitantes de las Islas Canarias o de pescadores con sus enseñanzas para pescar o para saber navegar en barco. Ella lo estaba disfrutando muchísimo, era la primera vez que pisaba Fuerteventura y supongo que no se esperaba que una isla pudiera dar tanto de sí. Paseábamos por todas las playas habidas y por haber, con sus amaneceres y sus atardeceres. No había un solo día en el que disfrutáramos de lo que estábamos viviendo. Malú se estaba poniendo realmente morena, con un color perfecto en el que sus lunares se veían más bonitos si cabe. Y las piernas le brillaban como una noche despejada llena de estrellas. Era preciosa, tanto por fuera como por dentro. Ya se acercaba el día en el que ella tenía que volver a sus obligaciones. Yo las mías ya las había cumplido, había mandado mi trabajo al profesor y su contestación fue “SUBLIME”. Estaba realmente contenta, me lo había currado y eso se notaba. Ahora me tocaba celebrar mi orla en condiciones y estudiar para las oposiciones, que no tenia ningunas ganas de tener que estudiar en verano.

Un día antes de que se fuera quería darle una sorpresa. Me levanté despacio sin que ella se diera cuenta, aunque tampoco es que fuera demasiado difícil, era una autentica marmota, eso sí si tenia responsabilidades era la primera en estar en pie. Me encantaba. Fui a la cocina y preparé una maleta llena de comida tanto golosinas como comida para asentar el cuerpo de buena mañana. Cogí las llaves del barco que le había pedido a mi padre el día anterior, y él obviamente me dejó. Volví a mi dormitorio y la fui despertando con suaves besos por todo el cuerpo, sabía que me iba a matar por la hora que era, pero valía la pena para después verle la cara de alegría que me pondría.
-Venga amor, no seas tan gandula.- le decía mientras saltaba encima de ella para que se levantara.
-No me jodas, que son las siete de la mañana.- me dijo soltando un bufido. No me pude contener y ataqué su boca como si del enemigo se tratara en plena guerra. Ella al fin despierta siguió mi ritmo, hasta que la cosa iba en aumento y tuve que parar, sabía lo que vendría después de las caricias que me estaba dando.
-Venga, vamos. O te quedas sin sorpresas, tú sabrás.- al escuchar SORPRESA se levantó como una bala. Me encantaba verla así, se ilusionaba como un niño y era tan feliz. Subimos en el coche que me regaló mi padre con 18 años, pero que ahora utiliza mi hermano en mi ausencia.
-Ven aquí.- le di un dulce beso en la frente. –Cierra los ojos.- agarré el pañuelo que había cogido antes de bajar y con él le tapé los ojos. Su sonrisa le llegaba a las orejas, le encanta este tipo de cosas.
-No ves, ¿no?- dije pasando mi mano arriba y abajo para a ver si la veía.
-No pesada, no veo nada.- dijo nerviosa. –Venga arranca, que la hora que es y lo nerviosa que estoy me va a dar un ataque.- yo me moría de la risa al verla así. Llegué al muelle, y salí del coche pero a ella la deje allí para que no pudiera salir. Tenía que tenerlo todo preparado. Subí a mi queridísimo barco y en la cabina puse la nevera y la mochila. Y rápidamente como pude lo llené de velas, con mucho cuidado porque eso era bastante peligroso. Pero más peligroso sería la mirada de Malú cuando lo viera, le encantan estas cosas, y yo lo sé y me aprovecho. Lo tenía todo preparado. Así que fui al coche de nuevo y sin quitárselo la bajé con cuidado y la subí al barco.
-¡ES UN BARCO!- exclamó feliz.
-Mi vida, un barco solo para nosotras.- le exclamé cuando le quité el pañuelo. Los ojos se le iban a salir del casco. Y estaba tan feliz que ni si quiera pronunciaba palabra, solo gestos de asombro. Como pudo por el movimiento del barco se lanzó a mis manos. Y me besaba todo el cuello, la cara, el pelo. Le había gustado la sorpresa, y me gustaba más a mí que así haya sido.
-¿Ves? Tampoco es tan malo madrugar para esto.- dije entre risas.
-No me lo recuerdes que me amargas el momento, haz el favor.- dijo intentando ponerse seria. Pero con mis besos por su cuello era casi imposible, y soltó la carcajada que se había guardado.

Salimos del muelle y el sol ya iba saliendo para calentarnos la mañana. Ella iba sentada en proa con las piernas rozándole el agua. Su pelo al viento y con la cabeza echada hacia atrás para sentir de lleno ese momento. De vez en cuando yo hacía sonar la bocina del barco, y ella risueña me miraba para más tarde mandarme un beso unido con unas de sus sonrisas.
-Amor, ven.- le dije sacando la cabeza por fuera para que pudiera oírme.
-Esto es espectacular.- dijo abrazándose a mí.
-Ven anda, quiero que lo manejes tú.- la cogí de la cintura y ella feliz se puso delante de mí. –No hagas movimientos bruscos, ¿vale?
-Todo esto es tan perfecto que parece un sueño.- giró su cabeza para posar sus labios en los míos.
-No te despistes mala conductora.- me moría de la risa al verla así, estaba tan graciosa. Yo aproveché para acariciar su firme y terso vientre, ella al notar mis manos frías dio un saltito y se rió. Yo seguía a lo mío, y fui moviendo mis manos al compás de las olas, Malú se movía para deshacerse de mí, pero allí seguí con mis manos en su cuerpo.
-Gorda, que no me concentro. Jo, estate quieta.- me empujó con su culo hacia atrás pero yo me resistí y me agarré al timón girando el barco bruscamente.
-¿Ves? No te despistes.- le solté yo mientras metía de nuevo mis manos por debajo de su blusa iba besando su cuello.
-¿Siempre hueles también?- le pregunté mientras chupaba su cuello.
-Gemma, el que juega con fuego se quema. ¡Estate quita!- de pronto vi que paraba el barco. Quitó la llave, y en cero coma estaba enganchada a mi cuello como si de un bebé se tratara.
-Malú, no seas imprudente y aparca bien.- me reía tanto que mis risas brotaban. De repente y de una forma brusca metió la mano por debajo de mi traje de playa. La miré boquiabierta. Y entonces ella agarró la tira de mi bikini para deshacerse de él. La madre que la parió, no podía ser.
-Te quemaste vida mía. El que advierte no es traidor.- me soltó al ver mi cara. Yo estaba flipando al verla tan decidida. Me quito el bikini y sin ningún pavor palpó todo lo que le dio la gana. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo, y yo también. Ponerme mala.
-Malú no vayas por ahí haz el favor.- rogué entre algunos suspiros. Ella se rió sabiendo que yo estaba sufriendo. La madre que la trajo a este mundo. No podía ser. Mi respiración iba al mismo compás de su mano, y los sudores de mi frente bajaban por mis pechos. Esto no se iba a quedar así. Ataqué su boca, literalmente. Sabía que cuando mi lengua se perdía con la suya a ella la volvía loca, y así fue. Agarré con fuerza su nuca y la levanté para que se colgara sobre mí. La apoyé en la mesa de control del barco para que todo fuera más fácil. Fui bajando como podía por todo ese cuerpo, parándome en los infinitos lunares que tenía hasta llegar. Solo con mi presencia su cuerpo se doblaba buscando algo más. Era incansable.


No sé cuánto tiempo pasó desde que nos fundimos la una en la otra, pero ya mis tripas pedían comida. Y creo que las de ella algo de lo mismo. Aunque con esa sonrisa, no sabía de que tenía hambre realmente.

domingo, 9 de marzo de 2014


Capítulo 15. Fantasmas del pasado.

-No seas boba, y dame un beso.- yo seguía recorriendo su hombro con mi boca.
-Esa chica me cae mal, no me gusta.- dijo aún aquella postura.
-¿Por qué?- pregunté curiosa aunque sabía perfectamente porque.
-Porque vi la foto que había en tu dormitorio. Y es ella, aunque erais más jóvenes.- se dio la vuelta para mirarme. –Y se nota que habéis tenido algo.
-Sí, lo hemos tenido.- dije pasando mi mano por su cuello haciendo que ella se erizara. Me encantaba tocarle el cuello, sabía que le encantaba.
 –Pero tenía diecisiete años, y hoy cumplo veintitrés. Además, ¿en qué idioma quieres que te diga que eres tú la mujer de mi vida? TU SEI LA DONNA DELLA MIA VITA.- exclamé perdiéndome en sus labios. Era fácil quitarle el cabreo, solo necesitaba paciencia.
-Como te aprovechas de saber italiano para conquistarme.- soltó entre risas. Volvió a enredarse en mi cuerpo y entre caricias y caricias nos quedamos dormidas.

Al despertar allí seguía con su cuerpo encima del mío, con su pelo por mi cuello. Estaba tan perfecta de aquella forma, que no podía despertarla pero era tarde y debíamos ir a desayunar. Comencé por jugar con su pelo, le fui haciendo leves caricias por la parte de la nuca pero ella seguía allí tiesa. Hice un rápido movimiento y me puse yo ahora encima de ella. Parecía un ángel durmiendo. Mis besos por su cara hicieron que poco a poco se fuera despertando.
-Buenos días princesa.- le dije con uno en sus labios.
-Jo, gorda tengo sueño.- volvió a cerrar los ojos y yo me aproveche de su indefenso cuello. –Vale, vale me levanto. –dijo muerta de la risa. –Pero si tus padres deben estar durmiendo todavía.- dijo con voz de niña buena. Me encantaba cuando saca su lado infantil.
-Venga no seas gandula y levántate.- tiré de ella para que se pusiera en pie y comenzar a vestirnos. Salimos de mi habitación y efectivamente no había nadie. Todo en silencio y lo único que se oía eran nuestros dedos crujir y el sonido de los pájaros.
-¿Ves? Te lo dije. Nunca me haces caso.- dijo susurrando pegada a mi oído con cara de “tenía la razón, lo sé”. Y a ella que no le gustaba nada llevarla pues peor aún.
-Coge tu bolso.- le dije empujándola hacia la habitación de nuevo. –Nos vamos a desayunar fuera.- me asintió de mala gana por el sueño que tenía y yo, mientras ella cogía sus cosas, le dejé una nota a mis padres para que no se preocupara. Y salimos de casa. Un sol radiante asomaba por encima de las montañas, y se podía ver como brillaba el mar ante su reflejo. El día era perfecto. Nos sentamos en una terraza a desayunar y estábamos tan agusto que las horas parecían minutos. Cuando nos dimos cuenta era la hora de almorzar y yo quería hacerlo en familia. Aquellos días ellos me necesitaban más que nunca, y debía estar allí. Cuando llegamos a casa estaban todos esperando por nosotras para sentarse a comer.
-¿Te gusta el pueblo, Malú?- preguntó mi madre fingiendo una sonrisa, era evidente su tristeza.
-Sí, el tener la playa tan cerca me encanta. Es muy bonito.- estaba muerta de vergüenza. Lo de almorzar con mi familia le iba a costar una barbaridad.

Parece que la cosa fue mejorando y se iba soltando. Mis padres le preguntaban por mí, si seguía siendo el mismo desastre y si mi carácter seguía siendo el mismo. Ella me miraba y se reía porque sabía que no. Era un auténtico desastre, no perdía mi cabeza porque la llevo pegada. Y el carácter era mi marca de identidad, aunque ella me estaba amainando.  Mi madre me miraba orgullosa sabiendo que de verdad yo me había enamorado. Después de los postres todos se dirigieron al salón y yo me quedé con mi madre recogiendo un poco todo.
-Te gusta de verdad.- dijo mi madre mientras recogía los platos de la mesa.
-Me conoces bien mamá.
-Gemma, si eres feliz no tengo nada más que pedirle a dios.- mi madre tan religiosa como siempre. No cambiaría nunca esta mujer. –Pero ella es famosa y no quiero que sufras. Ten cuidado por favor.- ay si mi madre supiera. Pero bueno el amor es así, hoy una de cal y mañana una de arena.
-Mamá todas las parejas tienen problemas.- dije para que no se preocupara.
-Sí nené, pero no todas las pareja tienen a un famoso en ellas.- podía notar que a mi madre no le hacía tanta ilusión mi relación, pero me quiere y la respeta.
-Mami.- dije agarrándola por detrás. Como la echaba de menos. –No te preocupes que nos queremos mucho, ¿vale?- ella se echó a reír ante la situación y se dio la vuelta para abrazarme. Se notaba en sus ojos que estaba destrozada, me da una pena verla así. –Por cierto mamá.- dije en apoyada en su hombro. –Me ha regalado un viaje por mi cumple. Nos vamos en agosto a Nueva York y México.- mi madre se separó de mi en cuanto se lo dije.
-¿Enserio?- preguntó sorprendida. No sé si le había hecho ilusión o no, su cara me confundía. –Cuanto me alegro.- logró decir por fin. Después de estar un rato abrazadas salimos llegamos al salón. Malú estaba fuera en la terraza fumando con mi padre. Habían hecho buenas migas. A mi padre le gustaba Malú desde que yo era una adolescente, supongo que se lo habré contagiado. Y se veían relajados hablando tan plácidamente.
-¿Qué hacen?- dije sentándome con ellas al solito.
-Tu padre me cuenta que te encanta ir a pescar cielo.- creo que me puse roja del sopetón.
-No sé si me hace tanta gracia que te hagas amiga de mis padres.- dije divertida. –Pero sí, me encanta ir a pescar con mi padre. Antes de que te vayas te llevaré. Cuando cumplí los dieciocho me saqué el carné de barco, y desde entonces ni lo uso.
-¡Qué guay!- exclamó ella divertida. Mi padre se reía al vernos a la dos en aquella situación de embobadas.
-Primero me deberás pedir el barco a mí, ¿no?- dijo mi padre aparentando ser serio. Malú se lo tomó de verdad, todavía no conocía a mi padre.
-Anda papi, que yo se que tú me quieres.- me senté en sus rodillas como cuando era niña y le puse ojitos, nunca fallaba. Mi padre comenzó a reírse y me achuchó allí en su regazo. Miré hacia ella y tenía la cara de ternura que tanto me gustaba.
-No te pongas celosa amor, para ti también tengo.- dije sentándome ahora en las suyas. Parecía una niña pequeña, pero me lo pasaba bomba. Ella también, al igual que mi padre, me abrazó y me besó el cuello haciéndome saltar en sus piernas.

Esa tarde la pasamos en familia. Yo estaba tan bien que ni me acordaba que mi móvil seguía apagado. Madre mía se me iba a colapsar seguro. Subí a la habitación y lo encendí, efectivamente mi móvil se colapsó entre tanta llamada y tanto mensaje. Y allí seguía el de ella, sin contestar.
-¿Sí?- escuché su dulce voz.
-Hola Ana.- dije yo tranquila. Si Malú subía y me veía hablando con ella con lo mal que le cae me mata.
-Hola Gemma. No respondiste mi mensaje.
-Ana, estábamos durmiendo y apagué el móvil por el ruido. Lo acabo de ver.- dije una mentira como una catedral de grande, pero no le podía decir que Malú estaba celosa porque se aprovecharía.
-Ay, lo siento. ¿Y qué me respondes?- preguntó de nuevo.
-Ana, ¿para qué?- le contesté yo sería.
-Porque te quiero.- y zas en toda la boca. Te la mereces por preguntar me decía mi mente.
-Lo siento, pero no. Yo tengo novia. Y lo nuestro hace muchos años que dejó de funcionar.- esta chica iba a volverme loca. -Ana, hace seis años que me dejaste y te fuiste con otra tía. Seis años, ¿y pretendes qué yo ahora haga como si nada? Estás muy equivocada, y te vuelvo a repetir por si no lo entendiste bien que yo estoy enamorada, muy enamorada.- oí un suspiro de ella y colgué. No podía creerme aún la sangre fría que tenía. Seis años hace que me dijo que se iba con otra mujer porque lo que yo le daba no le llegaba. Seis años en los que la mitad del tiempo he estado enamorada de ella. No puede pretender venir, y que yo le vuelva a regalar mi corazón como lo hice. No me daba la gana. Malú entró por la puerta y vio mi cara de enfadada. Gracias a dios que no entró hace un minuto.
-¿Qué haces aquí?- preguntó apoyada en la puerta.
-Mirar mi móvil.- dije sin más. –No recordaba que estaba apagado.
-¿Y por eso estás cabreada?- me había pillado.

-Supongo que no. Pero no estoy cabreada.- dije levantándome y agarrando su cintura para salir de allí con las mejor de las sonrisas.