Capítulo 32. Esperar un mensaje y echarte de menos.
-Pero
mi niña, ¿qué haces aquí?- preguntó mi padre al verme aparecer por la puerta.
-Oye
pá, no me eches de esa manera.- dije risueña al tiempo que lo abrazaba. -¿Dónde
está mamá?
-Tu
madre fue a comprar al supermercado, imagino que tiene que estar al caer.
-Voy a
mi cuarto a dejar esto.- cogí mis maletas para dejarlas en mi cuarto.
Como se
echa de menos cosas tan simples. El olor de las sábanas de tu casa, recolocar
la inmensa cantidad de peluches que se tiene desde niña. Todavía recuerdo cada
una de las historias que tienen, porque están ahí, quien me los regaló. En
ocasiones creo que la vida se mide en detalles, en pequeños detalles. Y esto
son los que perdurarán para toda la vida. La vida avanza y evidentemente
nosotros debemos hacerlo con ella. Ahora en vez de colocar peluches, intentas
tener unas bonitas cortinas, que el aroma de unas velas te inunde. Pero siempre
quedará el cuarto de que cuando eras niña. Ese cuarto que solo con entrar y que
te invada su olor vienen todos los momentos vividos. Un cuarto lleno de cartas
antiguas, tanto de amor, como de las que nos pasábamos en el instituto con
nuestros amigos. De cosas que ya no sirven pero llevan a tu mente a un universo
paralelo. O de casualidad te encuentras la más vieja foto con tu mejor amiga, y
crees que todo sigue como antes. Cuando nuestra única preocupación era que el Ratoncito
Pérez fuera generoso con nosotros.
-Está
todo tal y como lo dejaste.- la figura de mi madre apareció por la puerta de mi
dormitorio.
-Hola
mami.- dije abrazándola.
-Hola
mi vida, ¿qué haces aquí?- era obvio que lo sabía.
-Ayudar.
-Tienes
que estudiar, se acercan las oposiciones.- quería que dejaran por un momento de
preocuparse por mi Tenía que ayudarles y ese era mi principal objetivo.
-Soy
una mujer, podré hacerlo a la vez.- dije entre risas. Me encantaba verla tan
feliz de tenerme allí y verla sonreír.
-¿Y
Malú?- preguntó mirándome a los ojos.
-Sigue
en México.- contestaba intentado salir de aquella, pero mi madre era mucho más
lista que yo.
-Enfadadas,
¿no?- mi respuesta fue una lágrima bajar por mi mejilla, el dolor que me causa
no escuchar ni su voz era demasiado. –Bueno no te preocupes, vayamos fuera.
Por muchas
veces que me fuera, las vueltas a mi isla siempre eran increíbles. La gente de
mi pueblo me abrazaba nada más verme y me trataban con el cariño que solo un
canario podría entender. Mi madre me llevaba cual mascota por todas las tiendas
del pueblo para que supieran que estaba por allí. Más de uno me preguntaba por
mi novia y rápidamente mi respuesta era que eran motivos de trabajo. Entre tanto
paseo fui perdiendo mi orgullo por camino, así que tomé la decisión de que esta
noche hablaría con ella. Aunque sea para explicarme el por qué de mi vuelta.
Y entre
tanto paseo la noche cayó. Miraba su whatsapp una y otra vez. Y la veía “en línea”,
así que era o ahora o nunca.
Gemma:
Hola J
Malú: ¡Hola!
Cómo estás?
Gemma: Bien,
no me quejo. Estás ocupada?
Malú:
Para ti nunca.
Gemma:
Creo que deberíamos hablar, no?
Malú:
Yo también lo creo.
-¿Si?-
dijo tímida al otro lado del teléfono.
-Por
aquí muchos más fácil, ¿no?- dije para relajar el ambiente.
-Sí, la
verdad. Me suelen doler los deditos de escribir.- y escuché una leve risita. –
Quiero pedirte perdón Gemma, de verdad que siento mucho mi actitud.
-Y si
la sientes, ¿por qué siempre tengo que dar yo el paso Malú?- dije más seca de
lo que quería.
-Ya
sabes cómo soy.
-Y por
ser así ya me perdiste una vez. Y no quiero que vuelva a pasar, por eso estoy
aquí.
-Soy
una celosa, y te has ido.- dijo con una voz quebrada.
-De eso
es de lo que te quiero hablar. No me fui por ti, ni por nuestra pelea.
-¿Ha pasado
algo?- dijo ahora asustada.
-Cuando
discutíamos mi madre me llamó por teléfono. Han despedido a mi padre y ahora están
todos en paro.- intentaba mantenerme calmada porque la situación lo requería,
pero el tema de mis padres me tocaba demasiado la fibra.
-¿No
jodas?- exclamó ella.
-Intenté
decírtelo, pero no quisiste escucharme.- ahora si me había puesto yo seria.
-Joder
cielo, perdóname. Estaba tan cabreada en el momento que no te eché cuentas.
-Me
dejaste ir como si nada. El detalle de Jose lo valoro, pero habrías podido
llamar, habrías podido preguntar por qué me fui. Y en cambio siempre esperas a
que sea yo quien vaya a ti Malú. Y aquí estamos, como siempre.
-Te
amo, y lo sabes como yo.- respondió seria. –Y el día que decidiste amarme lo
hacías con todas mis virtudes y todos mis defectos. Y este es uno de ellos.
-Y creo
que he sabido convivir con ellos. Pero yo también sufro y me canso. ¿Por qué me
dejaste ir?
-Porque
no podía retenerte en un lugar, en cual estás por mí.- dijo absorbiendo sus
mocos, lo que deduje que estaba llorando. -¿Qué harás tú con lo de tu familia?-
me preguntó.
-Ayudarlos
cuanto pueda.
-Y, ¿conmigo?-
preguntó ahora.
-Amarte
como lo he hecho siempre simplona.- contesté con dulzura.
-¿Me
perdonas?
-¿Acaso
no lo he hecho ya?- dije entre risas.
-Te
quiero amor, y desde que termine el concierto del sábado voy para allá.
-Sábado
es mañana Malú.
-Hostia,
¿mañana es el concierto? Joder, joder. Y yo aquí tan tranquila.
-Te dejo
para que descanses pues. Mañana hablamos, y mucha mierda.
-¿Me
dices algo más romántico? Anda, porfis.- me imaginaba su cara en ese momento y
era para morir de amor.
-Que te
quiero tonta. Y si te amo, que sea hasta morir. Y si muero, que sea de tanto
amarte.- adoraba estos momentos tontos con ella. –Lo harás de maravilla Lú.
-Creo
que me acabo de morir.- dijo entre risitas. –Eres la mejor y por ello te amo. Hasta
mañana princesa.