Capítulo 33. De amor también se puede vivir.
“El huracán
Malú arrasa en México”, “La jefa lo ha dado todo en México”, “México se
arrodilla ante la sobrina de Paco de Lucía, Malú”. Me pasé toda la madrugada
leyendo todo tipo de titulares en twitter, ya que no estaba con ella
físicamente por lo menos apoyarla mediante las redes. Era increíble el poder
que tenía internet sobre nosotros. Veía como muchas niñas estaban despiertas
tuiteando, y viviendo el concierto como si ellas estuviesen allí. Pero lo más
increíble es el poder que ella tenía sobre sus fans, las conocidas maluleras.
Cada gesto, cada coma, cada foto, todo lo que ella hiciese era “Trending Topic”
en milésimas de segundos. Todavía recuerdo cuando ponía sus fotos en el fondo
del whatsapp. O cuando me pasaba horas en twitter mirando vídeos que la gente
hacía de sus caras o de sus bailes. Y ahora, la tengo en la foto de perfil y
guardo su aroma entre mis cosas. Entre fotos y vídeos de la actuación mis ojos
fueron dándole paso al sueño, aunque me duró más bien poco.
-¿No?- dije
al descolgar el teléfono sabiendo que era ella, acompañado de una carcajada.
-¿Cómo qué
no? A ver si te cuelgo, antipática.- me dijo mi chica aparentando seriedad.
-Es broma,
bicho. ¿Cómo ha ido?- pregunté. Aunque sabía gracias a todas sus seguidoras que
muy bien.
-No te lo
podría explicar gorda. Ha sido, sublime.- exclamó eufórica. –La gente lo ha
dado todo, y yo estaba en un punto que si me tomaban la tensión en aquel
momento me cargaba la máquina.- reímos las dos ante el comentario.
-¿Y ahora?
¿Para el hotel a descansar?- comenté con un ápice de sueño.
-Obvio que
no.- contestó sin más. Lo que a mí me sorprendió. –Estoy en el taxi rumbo al
aeropuerto.
-Pero,
¿cuándo piensas dormir Malú?- eso era una auténtica locura. Después de estar
tantos días de viaje, sin poder descansar en condiciones y con un cambio
horario tan brusco. –Vas a morir entre terrible sufrimiento como sigas así.-
escuché su risa detrás del móvil.
-Amor, son
casi trece horas de vuelo. Me da tiempo de soñar contigo más de una vez.-
contestó riendo. –La pregunta aquí es, ¿qué haces tú despierta tan tarde?- dijo
ella ahora ejerciendo de madre.
-Jugando un
campeonato de parchís.- contesté con cierto aire irónico. -¿Cómo me preguntas
eso si has sido tú la que me has llamado?- pregunté riendo.
-Coño, lo
siento cielo.- susurró ahora como si hubiese alguien durmiendo.
-No hace
falta que susurres que ya estoy despierta.- dije entre risas.
-Ay, vete a
pastar anda.- me hacía demasiada gracia lo pava que podía llegar a ser en
ocasiones. –Bueno gorda, cuando llegue a Madrid te llamo. Descansa anda, y
perdón por cortarte tus sueños.- y pude escuchar una risilla de niña traviesa.
-Vale
toleta, descansa que te lo mereces, ¿sí?
-Te quiero.-
murmuró María Lucía.
-Te quiero
guapa.- y tras un “muack” se escuchó un largo pitido. Señal de que ya había
colgado. Miré el móvil de nuevo, las 4:03 A.M. Creo que era hora de seguir
durmiendo.
Entraba tan
triunfante por la puerta de nuestra casa, como si de una diva se tratara. Su
pañuelo voló hacia el perchero y ella voló hacia mí. Corrió como si llevara
años sin verme. Una vez de pues de soltarme me miró, dejando su nariz a centímetros
de la mía, su boca respiraba de mi aire. Su mirada se iba penetrando en mí
desde lo más profundo. Su boca rozó la
mía, rozó mis labios dejando cuando se separó un vacío. Agarré su nuca y la
pegué a mí. El sabor de sus besos era adictivo, tanto para mí, como para mi
cuerpo.
-Te he
echado tanto de menos.- decía en la respiración de cada beso. Cada beso que
sentía de forma distinta, cada uno de ellos me daba algo. Me erizaba la piel
solo con la yema de sus dedos. Fue empujándome poco a poco hasta caer en el
sillón. Nuestro sillón. Sus manos buscaban mi cuerpo, y mis besos su cuello.
Iba mordiendo su debilidad de forma cariñosa, mientras ella iba emitiendo
gemidos y desasiéndose de mi ropa. De nuevo su boca y la mía se buscaban, entrelazándose
como solo ellas sabían hacer. Fui desprendiéndome de su ropa delicadamente.
Levantando su camiseta muy lentamente, mientras que sus manos acariciaba la
geografía de mi espalda. En aquel momento éramos una, mis besos de pasión por
todo su cuerpo iban dejando claro que todo aquello era mío, y ella buscaba mi
boca como si no hubiese un mañana. Cada centímetro de mi cuerpo la deseaba y yo
notaba sus uñas en mis mulos apretándome hacia ella, diciéndome que ella
también me deseaba.
-Cariño,
despierta.- dijo mi madre sacándome del sueño que estaba teniendo.
-Coño mamá,
que oportuna tú.- exclamé yo.
-¿Qué
soñabas?- preguntó riendo.
-Nada.-
murmuré yo. -¿Qué pasó?-
-Levántate
que habías quedado con tu padre en acompañarlo a buscar trabajo.- es verdad.
Entre tanto jaleo no me acordaba que mi padre y yo habíamos emprendido la búsqueda
del trabajo perdido. Él lo tenía un poco más complicado que yo, ya que era un
hombre a punto de cumplir los 60, y no creo que una empresa lo quiera cuando
dentro de cinco años ya se jubila. Pero debía acompañarlo para que no se
sintiera ridículo, para que viese que la familia estaba con él. Y así yo de
paso me distraía en lo que Malú llegaba a Madrid porque si no me iba a volver
loca.
-Esto es una
gran mierda.- exclamó mi padre cuando entramos en el coche después de la décima
entrevista.
-Va papá, no
te pongas así que vamos a encontrar algo.- mis consejos para calmarlo eran en
vano. Mi padre es un alma inquieta y no puede estar sin hacer nada. Llevaba
casi 25 años en la empresa donde trabajaba, pero claro llegó un jefe nuevo y
quitó a todo lo antiguo para tener una empresa joven y renovada. Pero lo que su
jefe no sabe es que vale más malo conocido, que bueno por conocer, ya que los
rumores anunciaban que estaba entrando en quiebra.
Eran casi
las 4, las 5 en la península. Y todavía no había noticias de María Lucía. Tendría
que averiguar por otro lado, sino terminaría comiéndome las uñas.
Gemma: Hoooola,
muy buenas J . Como estamos?
Pepi: Hola
hija. Mu bien, gracias. Y tú chiquilla, como te va?
Gemma: Bien
Pepi. Quería preguntarte si se sabe algo de tu hija.
Pepi: Pues
lo único que sabemos es que llegaba sobre las 5, así que tiene que estar al
llegar, no desesperes jajaja
Gemma:
Gracias suegra, es usted un sol jaja :D
-¿Sí?- dije
tímida al descolgar el teléfono.
-Vaya, ¿te
has vuelto vergonzosa?- preguntó Malú riéndose.
-Idiota.-
exclamé. –Estaba hablando justo ahora con tu madre por whastapp.
-¿Estabas
desesperada?- el sueño en el avión le había sentado bien, porque estaba ella
muy graciosa. –Acabo de aterrizar y ahora estoy esperando que abran las puertas
de avión.
-Bien. Ahora
a casa a descansar amor que te lo mereces.
-Chiii.-
contestó ella con voz de niña pequeña. –Te llamo esta noche, ¿Vale gorda?
-Vale bicho,
te quiero.- la verdad es que sí, que estaba desesperada porque llegara ya. Más
que nada para que descanse y se relaje que tiene que estar muerta.
Pasé toda la
tarde en la avenida del pueblo. Como estábamos en verano el tiempo estaba de
lujo y era muy apetecible estar en una terraza tomándote unas cañas entre
amigas. A cada rato miraba el móvil por si tuviese algo de Malú, pero era raro
ya que no se conectaba desde hacía como dos horas. Pero bueno estará restándole
todas las horas que le debe a la cama, pensé yo.
Por fin, estaba esperando que publicaras otro capitulo, porfavor no tardes en publicar el proximo y enhorabuena.
ResponderEliminarMuchas graciaaas!!! Aqui tienes el siguiente :) un beso enoorme!!!
Eliminar