Capítulo 28. Un momento de locura.
Al fin
llegó el día. Ella estaba como si nada y yo que me moría de los nervios que
tenía. Su representante y su “guardaespaldas” nos acompañaron al aeropuerto
para darle instrucciones de lo que debíamos hacer cuando llegáramos a México,
ellos irían cuanto estuviésemos allí, porque primero tocaban unos días de
relax. Me iba a pasar 12 horas metidas en un avión y no tenía ni idea de cómo
lo iba a hacer. Dormir, dormiría unas escasas horas, ¿y las demás? No me
apetecía ponerme a estudiar en el avión, pero bueno no quedaría de otra, aunque
también tenía a mi niña pegada a mí y todo sería mucho más ameno. Aunque bueno,
Malú escucha el sonido de un avión y cierra los ojos hasta que el cuerpo
aguante.
Antes de que subiera todo el mundo al avión yo
estaba despidiéndome de mis amigos y familia, cuando me llega un whatsapp que
me hizo chillar de la risa.
-¿Se
puede saber de qué te ríes gorda?- me preguntó Malú riéndose conmigo.
-Te voy
a matar María Lucía, te voy a matar.
-Ahora
la culpa es mía.- dijo ella con los ojos fuera del casco.
-Mira
esto.- le cedí mi móvil y comenzó a reírse causando un escándalo horroroso. En
qué momento avisó a su madre que yo no me di ni cuenta. Qué vergüenza, mi
querida suegra me había mandado un whatsapp con varías fotos mías vestida de
flamenca y al final un: “PD: Una nuera preciosa”. Yo en ese mismo momento quería
morirme, creo que estaba roja cual tomate cherry. La mataba, yo a esta mujer la
mataba.
-Pero
no me mires así, si sales preciosa. Y encima, mi madre te adora más si cabe.-
dijo estallada de la risa.
-Serás…-
ella me miraba y no podía parar de reírse. Cuando me dispuse a apagar mi móvil
después de contestar a mi suegra veo que Malú había cambiado la foto de su
perfil.
-Te
mato, ahora sí que te mato.- le dije haciéndole cosquillas. La señora que se
sentó al lado ya empezaba a mirarnos mal, y eso que se acababa de sentar.
-¿Ya la
viste no?- dijo sin aguantarse la risa.
-Te la
cobraré, y lo sabes.- dije al fin sentándome en mi sitio. Vaya viaje nos
esperaba, y solo acabábamos de subir al avión. La iba a matar, ¿cómo me va
poner en su perfil vestida de faralaes? Pero vamos lo tenía claro, esta se la
llevaba.
Y
pasaron las 12 horas entre mini sueños, risas, besos robados, enfados y sobre
todo amor. En ese avión se respiraba nuestro amor. Estábamos súper ilusionadas
las dos con el viaje. Todo era nuevo porque jamás habíamos estado en una ciudad
así, por lo que estábamos más perdidas que un pulpo en un garaje.
Cuando por fin llegamos al hotel chapurreé mi
inglés y conseguimos nuestra querida habitación, estábamos agotadas. La verdad
que el hotel era realmente bonito. Estábamos delante del Central Park, es decir,
justo en uno de los barrios más conocidos de la ciudad neoyorquina, Manhattan. Las
vistas eran increíbles, tantos las de fuera de la habitación como las de
dentro. Malú se había desnudado y andaba por ahí buscando las toallas, su ropa
y lo típico para darse una ducha.
-¿Tú no
te puedes desvestir cuando hayas cogido todas las cosas como todo el mundo?- le
pregunté mientras corría de un lado al otro.
-Te
encanta, así que no te hagas la santa.- me dijo con esa sonrisita de pilla.
-Pues
la verdad que no.- contesté sería.
-Sí,
sí. Lo que tú digas.- se empezó a acercar a mí con un contoneo singular. Yo me
tumbé en la cama mirando al techo intentando ignorar sus intenciones. Cuando se
colocó encima de mí sus pechos quedaban justo debajo de los míos haciéndome
delirar. No me quedó de otra, saqué mi móvil ignorándola porque si la miraba iba
a perderme en sus curvas.
-Hola
mami.- dije en voz alta con el móvil en manos libres. Ella me miró petrificada,
pero al segundo siguió con su conquista por mi cuerpo. Le importó bien poco que
mi madre estuviera al otro lado de la línea.
-Hola
mi niña. ¿Ya llegaron?- preguntó mi progenitora.
-Sí,
mamá. Aquí estoy echada en la cama descansando la cabeza.- escuché su risita y
me reí yo. Aquella mujer empezó a desnudarme mientras yo hablaba con mi
estupenda madre. Bajé de nuevo mi blusa ignorando su mirada, sabía que la
estaba matando con mi actitud de pasota.
-¿Y
Malú por dónde anda?
-¿Malú?-
pregunté yo. –Haciendo de las suyas para variar mami.- la miré seria y ella soltó
una risa pegada a mi cuello. –Mami, ¿sabes qué?
-¿Qué
cariño?- dijo con su tierna voz.
-Su
madre encontró mis fotos cuando hice de modelo.- escuché unas carcajadas, y vi
a Malú que se tuve que apartar para que no se oyera su escandalosa risa. -¿Te
ríes mamá? Me quiero morir de la vergüenza.- exclamé yo poniendo la mejor voz
de niña buena que me salió.
-Sales
estupenda así que no seas boba.- ¿qué me iba a decir ella siendo mi madre?
-Bueno mamá,
te dejo ya que voy a ver si como algo.
-Cuídense
niñas. Y llámame.- dijo mi madre conociendo que no soy mucho de llamadas.
Colgué y
miré hacia Lú que seguía sentada sobre mí. Volvió a besarme por todo el cuerpo,
yo intentado olvidar lo que hacía abrí mis brazos y me quedé en la cama cual
estrella de mar, dejando que ella hiciera lo que quisiese. Sabía a la
perfección que eso le iba a joder profundamente.
-¿Se
puede saber por qué me ignoras?- me preguntó frustrada.
-Porque
te dije antes que te las iba a cobrar. Solo estoy empezando.- dije muy
tranquila y serena, pero me estaba costando tenerla así y no tocarla, lo que no
está escrito. Su cara era un poema y me encantaba verla así.
-Báñate
que quiero bajar a cenar.- dije levantándome yo de la cama. Ostras, si aquí era
ya casi las nueve de la noche, en Canarias serían las dos de la mañana. Mi madre
la pobre estaría durmiendo y yo la desperté, pero bueno ya lo hecho, hecho
está.
Salimos
a cenar fuera del hotel para observar semejante ciudad de noche, y la verdad
que era increíble. Me encantaba estar allí, y con ella. No caminamos mucho
porque al estar en el centro encontrábamos de todo a la vuelta de la esquina. Y
además estábamos realmente cansadas, cosas del jet lag. Malú llevaba toda la
noche la mar de amorosa conmigo y mi actitud pasota la estaba matando. Pero en
el fondo ella seguía intentándolo.
Volvimos
al hotel y mientras yo iba al baño a cambiarme, ella cayó en la cama redonda. Al
salir la vi tumbada boca bajo, con la boca abierta como si de un buzón se
tratara, con la baba comenzando a bajar. Ese era mi momento, me iba a cobrar
con creces la fotito de su whatsapp. Agarré el móvil y le saqué la foto, una
foto muy graciosa. Cuando la viese se iba a morir, porque tenía el número de
muchos de sus conocidos y la verían. Y probablemente ellos la distribuirían
entre el circulo amistoso. Sobre todo su hermano Jose que era de los míos.
Una
claridad extrema se metió por la habitación de aquel hotel haciéndome que me
despertara sobre saltada. Miré el reloj y efectivamente era más que tarde. ¿Cuánto
habíamos dormido? Unas trece horas, madre mía vaya marmotas. Ella seguía ahí tumbada.
Así que aproveché de su indefenso cuerpo y me la fui comiendo poco a poco. Con
besos intercalando mordiscos por su pequeño cuerpo.
-¿Ya no
estás rencorosa?- dijo devolviéndome los besos.
-Ya he
cobrado mi deuda con creces.- cuando viera la foto me iba a matar, y lentamente
para que me doliera más.
Y no
duró mucho, como me imaginaba su hermano Jose haría de las suyas. Yo estaba en
el baño y al salir no la vi. Puse la ropa sobre la cama y empecé a vestirme
para irnos a almorzar y conocer Nueva York. Ella seguía sin aparecer, pero
cuando me disponía a ponerme el pantalón la vi salir detrás de las cortinas
corriendo hacia mí, dejándome acostada en la cama. Me agarró de las manos y empezó
a hacerme cosquillas dejándome indefensa.
-Te vas
a enterar.- dijo pegada a mi oído. Dejó de hacerme cosquillas cuando ya vio que
me ahogaba, y pasó a babearme toda la cara de forma muy asquerosa.
-No
seas guarra.- le chillé.
-Salí
preciosa en la foto, toda babeada. Pero tú vas a estar mucho más guapa que yo
mi vida.- dijo encima de mi cara. Y sí, hizo justamente lo que me imaginaba,
sacó su móvil del bolsillo y me sacó una foto.
-Todo
lo empezaste tú, así que no voy a ser yo quien lo pare dije decidida.
-No
sabes con quien hablas.- la verdad que jugar con ella conllevaba esto. Pero mi foto
seguiría ahí.
Salimos
a conocer la ciudad, pero con calma teníamos días y no era cuestión de
cansarnos desde bien temprano. Así que optamos por conocer lo que teníamos al
lado, el Central Park. Era grandísimo, por lo visto era dos veces más grande que
la nación de Mónaco y ocho veces que la Ciudad del Vaticano. Era un parque muy
transitado y por él encontrábamos de todo. Tanto museos, como arboles famosos, cafeterías,
lagos impresionantes. Era increíble, para recorrerlo todo tuvimos que coger una
especie de tren que nos llevaba por las partes más bonitas, y al finalizar nos
dejaba justo en la puerta que daba casi a la conocida Quinta Avenida.
El sonido
de mi móvil me sacó del embobamiento que tenía ante las vistas que tenía. Era un
mensaje de Gara que me dejó bastante trastocada, “No sabía que ahora te
dedicabas al nudismo. Vaya cuerpo amiga”. Malú tenía algo que ver seguro.
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