jueves, 3 de abril de 2014


Capítulo 27. Mi caja de sorpresas.

Mis encuentros con Daniela se fueron haciendo casi una rutina, hasta el punto que intercambiamos teléfonos para el día que alguna no pudiese ir comunicarlo. La chica rubia antipática y que tan mal me había caído se había quedado en el olvido, la verdad es que me caía realmente bien. Malú no sabía nada de mis encuentros en el parque con ella, básicamente porque no le daba importancia pero sabía que en algún momento debía decírselo. Ya mañana nos íbamos a Nueva York para luego estar un tiempo en México, me encantaba la idea de irnos de viaje un tiempo para dejar la rutina a un lado y vivir juntas nuevas experiencias. A parte de grabar lo que será su próximo disco, Malú estaría de promoción con este disco que había salido a la venta en México hace relativamente poco y lo mejor de todo es que en estos días allá, dará su primer concierto en el país. Pero sería mucho más adelante donde también vendrán Vero, mi cuñado Jose y toda la banda en general.

Después de mi paseo mañanero me decidí a ordenar nuestras maletas, tanto la mía como la de ella. No llevaríamos gran cosa porque en pleno verano mexicano creo que hará falta de todo menos ropa, y por supuesto, contábamos con que el hotel tendría lavandería, así que no llevaríamos mucha ropa. Mi móvil empezó a sonar dándome un susto de muerte, no tenía ni idea de donde lo había dejado así que me intuí por el sonido para ir en su busca.
-¿Sí?- contesté cuando al fin lo encontré, ni siquiera miré quien era.
-Gemma, soy Dani.- escuché divertida.
-Aahh, ¿Qué pasa?
-Que antes no me despedí de ti en condiciones porque ni me acordaba del viaje de mañana.- la verdad que hoy nos despedimos demasiado rápido porque yo tenía mil y una cosas que hacer.
-No te preocupes mujer, ya nos veremos a la vuelta.
-Va, ábreme que estoy en la puerta anda.- estaba loca. Nos veía Malú ahí y se me caía la cara.
-¿Qué haces aquí loca?- dije al abrir la puerta.
-Jo tia, que no me despedí de ti.- dijo abrazándome con fuerza.
-Bueno pues ya está.- no tenía intención de soltarme así que agarré su costado y le hice cosquillas hasta que al fin me soltó.
-Eres de lo peor.- exclamó todavía riéndose.
-Buenos días.- dijo Malú abriendo la puerta principal. No podía ser, lo último que quería era una escena así.
-Buenos días.- contestó Dani.
-¿A qué se debe tu visita?- preguntó Malú mientras posaba sus labios en los míos. Mi cara era un poema, no sabía ni que decirle, ni cómo actuar.
-Ya sabes que las noticias vuelan. Y ya tus maluleras saben que partes mañana de viaje.- contestó Daniel rápida. Creo que se había dado cuenta de mi cara e intentó salvarme, cosa que consiguió.
-Cariño, ella es Daniela. ¿Te acuerdas de ella?- dije abrazándola por la cintura.
-Ah que ya os conocéis y todo. Sí, claro que me acuerdo.
-Bueno solo he venido a contrastar que la noticia era cierta. No quería molestar.- dijo ella un poco avergonzada por la situación.
-Pues nada, ya te habrá dicho Gemma que sí, nos vamos mañana para América. Muchas gracias por venir.- contestó Malú un tanto incómoda.
-Cuídate Dani, un beso.- le dije yo levantando la mano.
-Ciao, y a pasarlo bien.- cerró la puerta de fuera y nosotras entramos en casa.
Ella dejó sus cosas en la entrada y no soltó palabra de lo que había pasado. No sé si estaba algo molesta, si el tema le daba igual, la verdad que no tenía idea. Yo seguí con las maletas mientras ella se duchaba.
-¿Qué te parece si te invito a comer fuera?- dije abrazándola por detrás mientras ella se vestía. –Tenemos la despensa vacía.
-Me parece bien.- contestó sin más. Así que nos vestimos y salimos a un restaurante del centro madrileño. Una vez allí pedimos una botellita de vino para relajarnos un poco en la intimidad.
-¿Piensas contarme que hacía aquella periodista en casa?- dijo empapándose los labios en la copa dejándolos morados. Un impulso me llevó a sus labios para saborear el vino en condiciones.
-El vino sabe mucho mejor aquí.- dije aún pegada a su boca haciéndola sonreír.
-No me cambies de tema lista que sabes cómo despistarme.- dijo risueña.
-Es que no tengo mucho que contarte la verdad.- yo intentaba aparentar normalidad. –Daniela vive unas casas más allá que nosotras.- su cara cambió por completo al decir aquello. –Lo sé porque un día paseando a las niñas la vi y me lo dijo, nada más.
-¿Y te sabes hasta su nombre?- me preguntó curiosa.
-Sí, me lo dijo un día para tratarnos como personas normales.
-Aahh.- exclamó ella con la duda todavía.
-Aaahhh.- repetí yo dándole un beso. –No tienes de que preocuparte no nos va a molestar, ni nada de eso.
-Eso no es lo que me preocupa gorda, sino que eres demasiado atractiva.
-Ay, ¿eso me ha sonado a piropo?- pregunté risueña.
-Vete por ahí boba, contigo no se puede estar seria.- posé de nuevo mis labios en los suyos ahora un rato más largo que el de antes.

Terminamos de almorzar para dar una vuelta por el centro de la capital, y terminar de nuevo en casa. Estábamos entre llenas y cansadas así que junto a las tres perras caímos rendidas en el sofá. Cuando me desperté vi que la que me estaba observando ahora era ella a mí.
-¿Aburrida?- pregunté risueña ante la sonrisa que ella me había regalado.
-¿Nunca te has planteado hacer de modelo amor?- me preguntó.
-Y tú, ¿todavía no te planteas lo de las neuronas?- contesté riéndome.
-Jo gorda, yo te lo decía en serio.
-Y yo.- me encantaba que me pusiese esa carita de pena era para comérmela.
-Estúpida.- exclamó y se volvió a echar en el sofá. En el momento me eché sobre ella sin hacerle daño para darle un besito.
-Lo fui en su día amor.- dije recorriendo su cuello. Se incorporó para verme bien.
-¿En serio?- dijo con los ojos abiertos como platos.
-Sí.
-¿Cuándo? ¿Cómo?- preguntó curiosa levantando las cejas.
-Hace unos dos años o así, cuando estaba en Sevilla. Era para una famosa revista de vestidos de faralaes.
-No me lo creo.- exclamo dando palmas al aire. –Eres una caja de sorpresas, mi caja de sorpresas.
-Que boba eres, tampoco fue para tanto. Yo feliz porque me ganaba algo de dinero.- contesté muy modesta.
-Esas revistas tengo que conseguirlas yo.- dijo divertida. –Ahora mismo llamo a mi madre.
-No me hagas eso que como me vea tu madre me muero de vergüenza.
-Pero si es normal. ¿Tú te has visto?- me preguntó besándome cálidamente. –Tienes todos los rasgos que toda mujer quiere.

-Va Lú, que me pongo roja estate calladita.- pero ya estaba ella allí para callarme y calmar todas mis vergüenzas.

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