Capítulo 27. Mi caja de sorpresas.
Mis
encuentros con Daniela se fueron haciendo casi una rutina, hasta el punto que
intercambiamos teléfonos para el día que alguna no pudiese ir comunicarlo. La
chica rubia antipática y que tan mal me había caído se había quedado en el
olvido, la verdad es que me caía realmente bien. Malú no sabía nada de mis
encuentros en el parque con ella, básicamente porque no le daba importancia
pero sabía que en algún momento debía decírselo. Ya mañana nos íbamos a Nueva
York para luego estar un tiempo en México, me encantaba la idea de irnos de
viaje un tiempo para dejar la rutina a un lado y vivir juntas nuevas
experiencias. A parte de grabar lo que será su próximo disco, Malú estaría de
promoción con este disco que había salido a la venta en México hace relativamente
poco y lo mejor de todo es que en estos días allá, dará su primer concierto en
el país. Pero sería mucho más adelante donde también vendrán Vero, mi cuñado Jose
y toda la banda en general.
Después
de mi paseo mañanero me decidí a ordenar nuestras maletas, tanto la mía como la
de ella. No llevaríamos gran cosa porque en pleno verano mexicano creo que hará
falta de todo menos ropa, y por supuesto, contábamos con que el hotel tendría
lavandería, así que no llevaríamos mucha ropa. Mi móvil empezó a sonar dándome
un susto de muerte, no tenía ni idea de donde lo había dejado así que me intuí
por el sonido para ir en su busca.
-¿Sí?-
contesté cuando al fin lo encontré, ni siquiera miré quien era.
-Gemma,
soy Dani.- escuché divertida.
-Aahh,
¿Qué pasa?
-Que
antes no me despedí de ti en condiciones porque ni me acordaba del viaje de
mañana.- la verdad que hoy nos despedimos demasiado rápido porque yo tenía mil
y una cosas que hacer.
-No te
preocupes mujer, ya nos veremos a la vuelta.
-Va,
ábreme que estoy en la puerta anda.- estaba loca. Nos veía Malú ahí y se me
caía la cara.
-¿Qué
haces aquí loca?- dije al abrir la puerta.
-Jo
tia, que no me despedí de ti.- dijo abrazándome con fuerza.
-Bueno
pues ya está.- no tenía intención de soltarme así que agarré su costado y le
hice cosquillas hasta que al fin me soltó.
-Eres
de lo peor.- exclamó todavía riéndose.
-Buenos
días.- dijo Malú abriendo la puerta principal. No podía ser, lo último que
quería era una escena así.
-Buenos
días.- contestó Dani.
-¿A qué
se debe tu visita?- preguntó Malú mientras posaba sus labios en los míos. Mi
cara era un poema, no sabía ni que decirle, ni cómo actuar.
-Ya
sabes que las noticias vuelan. Y ya tus maluleras saben que partes mañana de
viaje.- contestó Daniel rápida. Creo que se había dado cuenta de mi cara e
intentó salvarme, cosa que consiguió.
-Cariño,
ella es Daniela. ¿Te acuerdas de ella?- dije abrazándola por la cintura.
-Ah que
ya os conocéis y todo. Sí, claro que me acuerdo.
-Bueno
solo he venido a contrastar que la noticia era cierta. No quería molestar.-
dijo ella un poco avergonzada por la situación.
-Pues
nada, ya te habrá dicho Gemma que sí, nos vamos mañana para América. Muchas
gracias por venir.- contestó Malú un tanto incómoda.
-Cuídate
Dani, un beso.- le dije yo levantando la mano.
-Ciao,
y a pasarlo bien.- cerró la puerta de fuera y nosotras entramos en casa.
Ella
dejó sus cosas en la entrada y no soltó palabra de lo que había pasado. No sé
si estaba algo molesta, si el tema le daba igual, la verdad que no tenía idea.
Yo seguí con las maletas mientras ella se duchaba.
-¿Qué
te parece si te invito a comer fuera?- dije abrazándola por detrás mientras
ella se vestía. –Tenemos la despensa vacía.
-Me
parece bien.- contestó sin más. Así que nos vestimos y salimos a un restaurante
del centro madrileño. Una vez allí pedimos una botellita de vino para
relajarnos un poco en la intimidad.
-¿Piensas
contarme que hacía aquella periodista en casa?- dijo empapándose los labios en
la copa dejándolos morados. Un impulso me llevó a sus labios para saborear el
vino en condiciones.
-El
vino sabe mucho mejor aquí.- dije aún pegada a su boca haciéndola sonreír.
-No me
cambies de tema lista que sabes cómo despistarme.- dijo risueña.
-Es que
no tengo mucho que contarte la verdad.- yo intentaba aparentar normalidad.
–Daniela vive unas casas más allá que nosotras.- su cara cambió por completo al
decir aquello. –Lo sé porque un día paseando a las niñas la vi y me lo dijo,
nada más.
-¿Y te
sabes hasta su nombre?- me preguntó curiosa.
-Sí, me
lo dijo un día para tratarnos como personas normales.
-Aahh.-
exclamó ella con la duda todavía.
-Aaahhh.-
repetí yo dándole un beso. –No tienes de que preocuparte no nos va a molestar,
ni nada de eso.
-Eso no
es lo que me preocupa gorda, sino que eres demasiado atractiva.
-Ay,
¿eso me ha sonado a piropo?- pregunté risueña.
-Vete
por ahí boba, contigo no se puede estar seria.- posé de nuevo mis labios en los
suyos ahora un rato más largo que el de antes.
Terminamos
de almorzar para dar una vuelta por el centro de la capital, y terminar de
nuevo en casa. Estábamos entre llenas y cansadas así que junto a las tres
perras caímos rendidas en el sofá. Cuando me desperté vi que la que me estaba
observando ahora era ella a mí.
-¿Aburrida?-
pregunté risueña ante la sonrisa que ella me había regalado.
-¿Nunca
te has planteado hacer de modelo amor?- me preguntó.
-Y tú, ¿todavía
no te planteas lo de las neuronas?- contesté riéndome.
-Jo
gorda, yo te lo decía en serio.
-Y yo.-
me encantaba que me pusiese esa carita de pena era para comérmela.
-Estúpida.-
exclamó y se volvió a echar en el sofá. En el momento me eché sobre ella sin
hacerle daño para darle un besito.
-Lo fui
en su día amor.- dije recorriendo su cuello. Se incorporó para verme bien.
-¿En
serio?- dijo con los ojos abiertos como platos.
-Sí.
-¿Cuándo?
¿Cómo?- preguntó curiosa levantando las cejas.
-Hace
unos dos años o así, cuando estaba en Sevilla. Era para una famosa revista de
vestidos de faralaes.
-No me
lo creo.- exclamo dando palmas al aire. –Eres una caja de sorpresas, mi caja de
sorpresas.
-Que
boba eres, tampoco fue para tanto. Yo feliz porque me ganaba algo de dinero.-
contesté muy modesta.
-Esas
revistas tengo que conseguirlas yo.- dijo divertida. –Ahora mismo llamo a mi
madre.
-No me
hagas eso que como me vea tu madre me muero de vergüenza.
-Pero
si es normal. ¿Tú te has visto?- me preguntó besándome cálidamente. –Tienes todos
los rasgos que toda mujer quiere.
-Va Lú,
que me pongo roja estate calladita.- pero ya estaba ella allí para callarme y
calmar todas mis vergüenzas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario