Capítulo 31. Solo el amor nos salvará.
La
verdad que no entendía para nada la aptitud que había tomado. Le digo la verdad
sin ocultar nada y se enfada, en cambio si me lo callo más se enfada. Supongo
que habrá algo que estoy haciendo mal y no lo sé. Me da mucha rabia que no
confíe en mí después de todo lo que yo he hecho por ella. He dejado todo por
estar a su lado, podría estar estudiando en la biblioteca de mi pueblo con mis
amigas o simplemente estar con los míos y no, he decidido que mi vida está
junto a ella. Me he ido a Madrid para ser feliz con la mujer de mi vida, estoy
en el otro lado del mundo apoyándola, diciéndole cada mañana que es la mejor
del universo. ¿Para qué? Para seguir aguantando sus desconfianzas, para que no
valore nada de lo que hago por ella. Es verdad que ha tenido la valentía de
hacer esto público, cosa que jamás había hecho con nadie. Ha gritado a los
cuatro vientos que le gusta una mujer y que esa mujer soy yo. Una chica
humilde, sincera y sencilla que lo único que pide es que la valoren. No se ha
ni siquiera molestado en pararme para preguntar por qué me voy. No lo veo para
nada justo, pero si es lo que ella desea adelante. Entiendo que se ponga celosa
por Daniela, y entiendo que me pida explicaciones. Pero y una vez dada, y más
que demostrado que no tiene de que tener miedo, ¿por qué sigue así?
Llegué
al hotel para recoger todas mis cosas, y no había ni una señal de Malú. Cuando
quería podía ser lo más orgulloso del planeta, pero lo que ella no sabía es que
no me iba por ella, sino por mis padres. No podía permitir algo así. Desde que
era muy niña habían dado su vida por mí, cuando me faltaba algo al segundo lo
tenía en mi mano. Ahora la historia era a la inversa, con 23 años no podía
estar de brazos cruzados mientras ellos no sabían cómo salir de esta. Eso sí, no
tenía ni idea de cómo lo iba a hacer. Me iba para allá sin tener ningún trabajo
mirado, y tal y como están las cosas creo iba para largo, pero eso no tenía
importancia ahora.
-Señorita,
¿abandonan ya el hotel?- me preguntó el recepcionista al verme salir.
-Malú
se queda.- contesté con una sonrisa.
-¿Y
usted?- volvió de nuevo a preguntar.
-Yo
tengo que estar en España cuanto antes.
-¿Quiere
dejarle algún recado a la señorita Malú?- no lo había pensado. A lo mejor debía
dejar escrito algo para que entendiera mi vuelta.
-No se
preocupe, ya me llamará. Muchas gracias por todo, ha sido un placer.- y con la
misma cogí el taxi que me esperaba en la puerta.
-Muchísimas
gracias.- dije despidiéndome del chofer al llegar al aeropuerto, la verdad que
me hizo el viaje bastante ameno.
-Un
saludo señorita española, tenga cuidado.- respondió él muy amablemente.
Tenía
unas ganas de partir ya inmensas. Necesitaba ver a mi familia. Y no sé cómo,
pero las dos horas se me pasaron volando. Aunque las trece de vuelo me quitaban
las ganas hasta de vivir, pero bueno desde hace un tiempo los aviones son como
somníferos y caería rendida de nada.
Desde
que salí de aquellos estudios, hace ya más de tres horas, no he tenido ni una
noticia de ella. Yo nunca había sido así, pero empezaba a enfadarme y a poner
en modo orgullosa. También debería haber avisado a Daniela, seguro que le
sorprenderá ver a Malú sola. Pero bueno debía dejar a un lado los pensamientos
y subirme en ese avión lo más positiva que pudiese.
-Señorita,
¿este bolso es suyo?- me preguntó la azafata cogiendo mi bolso del asiento de
al lado.
-Ay sí,
disculpe.
-No se
disculpe.- dijo risueña. –Es que le está sonando el celular.- hostia y yo a lo
mío sin darme cuenta. Miré la pantalla y era ella.
-¿Sí?-
dije aparentando normalidad.
-¿Dónde
estás?- me preguntó seria.
-Joven,
debe apagar su Smartphone.- dijo un señor acercándose a mi asiento. Los
sudamericanos siempre tan finos a la hora de hablar, me encantaban.
-En el
avión.- contesté sin más. La verdad que en la conversación se notaba la
tensión. –Malú, el avión sale ya. Cuídate.- logré decir después de un largo
silencio.
-Quédate.-
fue lo último que le escuché decir antes de apretar la pantalla para colgar.
Esa
palabra se repetía en mi cabeza una y otra vez, “quédate”. No he podido ni
explicarle porque me voy, ya habrá tiempo cuando llegue a Madrid. No le había
dicho nada ni a mis padres, cuando me vean aparecer por la puerta les da algo.
Aunque creo que sea lo mejor porque si lo digo con antelación probablemente mi
madre intente que no lo haga. Ahora solo tocaba esperar, quedaba un largo vuelo
por medio.
Lo peor
de viajar sola es cuando llegas al aeropuerto de destino, salir por esas
enormes puertas y que nadie de los que están ahí te estén esperando a ti. Me desvié
por uno de los pasillos del aeropuerto para ya comprarme el billete a Canarias.
Solo tenía cuatro horas para ir a casa de Malú coger algo de ropa y volver al
aeropuerto.
-¿Si?-
mi móvil siempre sonando en el peor momento.
-Cuñada,
soy Jose.- escuché la voz alegre del hermano de Malú.
-Hey, ¿qué
tal?- pregunté.
-Bien. Oye
que me llamó Malú antes y me dijo que venías. Estoy a fuera esperándote.- me dejó
noqueada, no me lo esperaba la verdad.
Salí a
fuera y efectivamente allí estaba.
-¿Llevas
mucho tiempo aquí?- pregunté cuando me subí a su coche.
-Me
llamó Lula, y calculé más o menos. Llevaré media hora como mucho.- dijo
sonriente.
-¿Te
dijo algo más?- pregunté curiosa.
-No,
pero la noté rara.
-¿Me
llevas a su casa entonces?- le pregunté intentando esquivar el asunto.
-A
vuestra casa querrás decir, ¿no?- dijo serio.
-Sí,
eso.
Al fin
llegamos a nuestra casa, podía ir con un poco más de calma porque en coche
tenía más tiempo. Así que me tome mi tiempo para coger mis cosas.
-Gemma,
¿estás?- escuché del salón.
-Voy.
-Oye, ¿te
puedo hacer una pregunta?- me dijo mientras bajaba las escaleras.
-Sí,
claro.
-¿Lo
habéis dejado?- Jose estaba preocupado y eso se notaba. Pero claro su hermana
lo llama de que yo voy para allá, me ve haciendo la maleta. No se esperaba algo
así.
-Por mi
parte no Jose. Ya tu hermana no sé lo que piensa. La verdad es que estoy muy
cabreada con ella.- dije sincera.
-¿Qué
ha pasado?- preguntó antes de subirse al coche.
-Se ha
puesto celosa por una bobería.- argumenté con un suspiro. –En el momento en el
que estábamos hablando me llamó mi madre.
-¿Y qué
ha pasado?- preguntó.
-Déjame
terminar.- dije entre risas. –Bueno han despedido a mi padre, y la comida de
casa estaba gracias a su trabajo. Mis padres me necesitan, por eso he vuelto.
Tengo que ponerme a trabajar.
-¿Y qué
ha pasado con mi hermana?
-Tú
hermana no ha querido escucharme Jose. Así que he cogido mis cosas y me he ido.
Me llamó cuando estaba en el avión, y hasta la fecha. Ni un mensaje.
-Malú
es tan orgullosa cuando quiere.- exclamó enfadado.
-Y te
crees que no lo sé, pero se acabo ir detrás de ella. Cuando quiera saber algo
de mí que me llame.- solté ahora orgullosa. –Vamos anda que voy a llegar tarde.
Necesito ya un capitulo joooo que hace mucho que no subes :'( y ya hay ganas. Espero que este todo bien.
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