Capítulo 3. Sin ti, todo anda mal.
Me levanté de aquel sofá con un terrible dolor de espalda. Todavía estaba vestida e incluso llevaba los tacones puestos. Fui a la cocina cogí una manzana y subí a mi dormitorio. Cuando me iba reflejando en los espejos de mi casa ella venía a mi mente. Sus manos, sus labios, su pelo, ella en general. Puse el iPod y sonó “Devuélveme la vida” aleatoriamente. El karma me castigaba de una forma muy injusta, un impulso me llevó a cambiarla. Aunque no sé si fue mejor el remedio que la cura, porque la siguiente canción que sonó fue “Así lo haré”. Me senté a escucharla como nunca antes lo había hecho. Entendiendo cada una de las palabras que sonaban fluidamente. En ese momento una lágrima recorrió mi mejilla, la misma mejilla que ella horas atrás había acariciado. No entendía nada de lo que me estaba pasando, me sentía tan ofuscada conmigo misma. Sabía perfectamente que aquello no iba a llegar a nada, no sé porque seguía empeñada en comerme la cabeza de aquella forma. Tenía pareja, tenía su vida y yo solo fui una casualidad más. Tenía que despejarme de todo aquello y dejar de pensar en lo que había pasado era demasiado joven como para estar llorándole a alguien.
Los
días pasaron y yo ya no era la misma chica de siempre, todo el mundo me lo
decía. Estaba siempre ausente y no quería salir a ningún lado.
-Gemma,
sal hoy con nosotras, por favor.- mis amigas estaban muy preocupadas por mí.
Ellas sabían que algo me pasaba, pero no quería contar el por qué.
-No me
apetece de verdad.- en el fondo sabía que debía despejarme un poco no había
tenido una gran semana. –Bueno, saldré. Pero que sepan que lo hago por
ustedes.- las caras de felicidad que pusieron no las cambiaría por nada. Son
las mejores y las quiero con locura. Son las que me escuchan y las que en pocas
ocasiones consiguen que yo sonría.
-Pues decidido,
hoy el trío ataca de nuevo.- Ángela estaba realmente entusiasmada. Aunque mi
cara fuese de pez, me iban entrando ganas de salir solo de verlas a ellas. –Eso
sí, queremos que cambies esa cara de una vez, o si no tendrás que decirnos que
es lo que te pasa. Tú eliges.- me dijo agarrándome de la oreja como una niña
pequeña.
-Vale
mamá.- las risas llamaron la atención de toda la clase que estaban muy
concentrados en los que el profesor intentaba explicar.
Llegué
a casa con cierto entusiasmo, me apetecía un montón salir con ellas como lo hacíamos
antes. Entre hacer la comida, limpiar, lavadoras y compras se me pasó el día
volando. Así que llegó la hora de arreglarse. Iría muy normal. Cogí unos
vaqueros rotos que me encantan, una blusa mona, chaqueta y tacones. Además no
iba a beber y pensé que sería buena idea coger la moto, y cuanto más cómoda
mejor.
-Pero
bueno, que guapa.- ellas también estaban estupendas. Cada una con su estilo,
que era lo que las hacía diferente.
-Gracias,
gracias pero no os quedáis atrás.- la noche empezaba bien. Estábamos contentas
de estar juntas de nuevo y teníamos muchas ganas de pasarlo bien. Fuimos
entrando de bar en bar, hasta que se hizo probablemente la una y media de la
madrugada y tuvieron que cerrar. Entonces fuimos en busca de alguna discoteca
decente. Al rato siento que mi bolsillo vibra. Tenía un whastapp de un número
desconocido.
“Hola
Gemma, soy Lú. Necesito verte urgentemente. Estoy en el hotel en el que me dejaste
la última vez, habitación 201. Te necesito por favor”.
Aquello
tenía que ser una broma. Lo leí hasta veinte veces para asegurarme que lo que
estaba leyendo iba en serio. Llevaba como dos semanas sin saber nada de ella.
Estaba logrando olvidarme de su piel y de su olor, aunque se me hacía
imposible. Y cuando por fin me decido a salir con las chicas y a olvidar todo
lo que había pasado, me manda esto. Ángela y Miriam se dieron cuenta de que el
mensaje que estaba leyendo no era del todo bueno. Las miré y me eché a llorar.
-Gemma,
¿qué ocurre?- yo no era capaz de pronunciar palabra. –Gemma, no me asustes. ¿Qué
ha pasado?- subí la cabeza que mis amigas tenían entre sus brazos y las miré.
-Me
tengo que ir.- sus caras eran un poema. Estaban realmente preocupadas. Y yo
solo fui capaz de decir que tenía que irme, no se lo merecían. –No os
preocupéis por mí, ¿sí? Os quiero mucho.- y con la misma salí de la discoteca a
la que habíamos entrado hace diez minutos. Corrí hacia donde había dejado mi
moto aparcada. Creo que fue la mejor idea que había tenido en años, coger la
moto.
Llegué
a aquel hotel muy asustada. No tenía ni idea de lo que había ocurrido y el por
qué del mensaje de Malú. Aunque había llegado en la moto y ahí mi esfuerzo
físico no era muy notable, estaba asfixiada. Me faltaba el aire. Me paré en la
puerta principal a coger aire y entré. Me fijé en unos carteles que había a los
lados donde indicaban los números de las habitaciones. El número 200 era por
lado izquierdo, así que cogí en ascensor del lado izquierdo y fui hasta la
tercera planta. Me paré en frente de la puerta 201. Estaba nerviosa, eran las
2:20 de la mañana y yo estaba sudando como un día de verano sevillano. Tome
aire por última vez y llamé a la puerta. Tardó unos segundo en abrirse y cuando
lo hizo, Malú vino corriendo a mis brazos llorando. Yo llevaba los tacones y mi
estabilidad no era muy buena así que me apoyé en la pared y la abracé con toda
la fuerza que tenía en aquel momento. Poco a poco se fue calmando y conseguí
que entrara de nuevo a la habitación.
-¿Qué te
pasa?- se sentó en la cama mirando hacia abajo. Yo no podía dejar de acariciar
su brazo. Tenía una piel blanca y suave digna de acariciar. –Malú me tienes
preocupada, por favor.- en ese mismo instante subió su cabeza y me miró a los
ojos. Los tenía hinchados. Probablemente llevara horas llorando.
-Lo he
dejado con Carlos.- me quedé blanca. ¿De verdad había dejado a su estupendo
novio? Pero, ¿y por qué lloraba? ¿Se estaba arrepintiendo? –Llevo dos semanas
en las que no consigo sacar aquella noche de mi mente.- pues bienvenida al
club. Porque yo no puedo dejar de pensar en ella. Me empezaba a poner nerviosa.
La chica tímida que había conocido en una simple panadería se estaba
sincerando. –Y hoy cuando estábamos cenando me di cuenta de que él no era la
persona con la que quería compartir aquella cena.- mi cuerpo estaba quieto en
ese momento. No era capaz de gesticular ningún movimiento.
-Malú,
yo no he querido en ningún momento meterme en vuestra relación.- dije casi en
un susurro. –De verdad que lo siento mucho. No llores, por favor.- ella me miró
a los ojos. Y agarró el mechón de pelo que caía por mi pecho.
-Gemma,
no lloro porque me arrepienta de mi decisión. –soltó el mechón y me colocó el
fleco que se había salido de mi oreja. Los tenía cortos y siempre los tenía
delante de la cara. –Lloro porque no había querido darme cuenta de mis sentimientos,
y de golpe mi corazón estalló.- al decir esas palabras mi orgullo y el cierto
enfado que había tenido esos días se rompieron en mil pedazos. Lo único que era
capaz de hacer en ese momento era mirarla. Pero ella seguía abriéndose y con
cada palabra que decía yo me iba descomponiendo. –No te pido que me entiendas
porque ni yo misma soy capaz de hacerlo. –se levantó de la cama y se dirigió a
la ventana. Ahora no le veía la cara, pero podía intuir que había vuelto a
llorar. –Gemma, esto es nuevo para mí. Nunca pensé que me podía sentir atraída
por una chica. Y además de que yo no soy así. –yo me sentía incómoda en aquella
cama, necesitaba abrazarla. –No me lanzo al charco de buenas a primera. Me
gusta tenerlo todo controlado y bajo control, y tú te me escapas de las manos. –me
levanté y fui hacia la ventana. Me paré de tras de ella y sin pensarlo
demasiado la abracé. Acerqué mi cara a su pelo para respirar su aroma. Ella
posó sus manos con las mías en su vientre. Y así pasamos unos segundos.
Disfrutando la una de la otra.
-Lú, no
todo en esta vida debe llevarse bajo control.- dije bajito, pero lo justo para
que ella me escuchara. –Y mucho menos el amor.- volví a coger aire y le di la vuelta
para ponerla frente a mí. –Los sentimientos son algo que nosotros los humanos
no controlamos. Yo no puedo controlar de quien me enamoro y de quien no. –pasó
sus brazos por los míos para acabar colocándolos en mi cuello. –Hagas lo que
hagas, hazlo con pasión. Nunca te arrepientas de algo que has hecho en tu vida,
al contrario, arrepiéntete de lo que no has hecho.- cuando terminé la frase se
acercó más a mí. Besó la comisura de mis labios, de ahí pasó a mi moflete y del
moflete, pasó al cuello. Y pegada a mi oído susurró: “Eres mi más bonita
casualidad”. Me separé de ella lo suficiente como para verle la cara. Estaba
tan hermosa como siempre. Me acerqué a su boca y ahí me quedé. Empecé besando
el lunar que tiene junto al labio inferior. Para luego perderme en sus labios.
Me besó como nunca antes me había besado alguien. Con pasión, segura de sí misma.
Con cada beso mi corazón se iba acelerando, pero más se aceleró cuando metió
sus manos por mi espalda. No podía con ella, tenía un poder asombroso sobre mí.
Pero saqué mi voluntad y paré. Saqué sus manos de mi vientre y le di un beso
suave y dulce en los labios. Me miró sin entender por qué había hecho eso.
-No
quiero que esto vaya tan rápido. Es demasiado bonito, y quiero disfrutar de ti.
–su sonrisa me tenía hipnotizada. Lo entendió y me respondió un con otro beso.
-Mañana
quiero pasar el día contigo.- dijo acariciándome. Era como una droga. –Y como
en Sevilla es imposible. Quiero que vayamos a Algeciras. Allí mi familia tiene
una casa pequeñita en la que podemos pasar lo que queda de fin de semana sin
problemas.- estaba entusiasmada con la idea. Y en fondo yo también, de la parte
de Cádiz solo había estado en Jerez de Frontera, y no era mala idea conocer
algo más. –Venga anda, ¿vamos?- cuando me ponía esa voz exagerando las consonantes y cara
de niña buena, me moría de amor por ella.
-Me
encantaría pasar el fin de semana contigo.- terminé la frase y fui directa a un
lunar que destacaba en su cuello. Ella se removió porque el beso le estaba
causando cosquillas. –En realidad, me encantaría pasar mi vida entera contigo.-
dejó de reírse. Me miró y noté que en el fondo lo que le había dicho le
sorprendió, así que lo arreglé como pude dándole un beso en su pelo. Ella
sonrió y yo lo hice con ella.
-Estoy
deseando que se haga ya de día.- me dijo echándose en aquella enorme cama. Me
acosté a su lado. Giré la cara para verla y estaba mirando el techo con un
brillo inmenso en los ojos. Me esperaba un gran fin de semana.
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