Capítulo 5. Junto a ella.
-Dile a
mi sobrina que la espero fuera.- vaya vergüenza, me quería morir. Malú se
retorció al escuchar el ruido, pero no tenía intención de despertarse. El vino
había hecho mella. Su tía salió de la habitación con una cara que no era
precisamente de alegría.
-Cariño.-
le dije con un beso en el hombro. –Lú. ¡Levántate!- le dije esta vez moviéndola.
Abrió un ojo y vió mi cara de susto. Ver a su tía allí no fue precisamente
agradable.
-¿Qué
pasa?- dijo incorporándose y dándome un beso de buenos días. Le agarré la cara
y ella notó que no iba todo bien.
-Tu tía
está fuera.- así sin anestesia y sin nada.
-¡NO ME
JODAS!- rápidamente se levantó de la cama y yo la imité. Mientras se colocaba
las botas noté que su nerviosismo podía con ella. Le hice una señal de que
respirara, y así lo hizo. Cogimos aire y salimos.
Su tía
estaba sentada en una silla de la terraza fumándose un cigarro. Miré su mano y
pude notar que al igual que nosotras estaba muy nerviosa. No todos los días
encuentras a una sobrina liada con una chica. Cuando nos vio aparecer lo tiró
inmediatamente.
-Preferiría
hablar únicamente con mi sobrina.- me miró fijamente y me hizo un gesto para
que me fuera. Y cuando me disponía a hacerlo Malú agarró mi mano con fuerza.
-Gemma
se queda. Si quieres decirme algo lo harás delante de ella.- dijo enfrentándose
a su tía Inés. Estaba segura de sus palabras. Y a mí me llegaron a lo más
profundo.
-María
Lucía, ¿de verdad te piensas qué la casa de tus abuelos es un puticlub?- las
palabras de Malú le habían jodido de lleno, y ella sabía tocarle la fibra. Pero
al ver la cara de la mujer, podemos decir que de mi vida, no me pude
contener.
-Mire
doña Inés, sé de primera mano lo que significa esta casa para Malú. Noté como
sus ojos se llenaron de lágrimas al entrar e imagino que al recordar viejos
tiempos.- la señora no daba crédito a que yo también me enfrentara a ella. Pero
sabía que Lú en ese momento no podía. –Nosotras en ningún momento le hemos
faltado el respeto y no creo que usted sea nadie para decir lo que ha dicho.
Porque quiero a su sobrina sobre todas las cosas, y si esto le parece un puticlub que baje dios y lo vea.- pude observar que una
lágrima le recorría la mejilla. –Y no pienso consentir que ni su propia tía le
haga sentirse así.- y señalé a Malú. La mujer se había quedado anonadada. Pero
lo sentía mucho fue lo que me salió en ese momento.
-Mira
joven, tú aquí no tienes nada que ver. Yo no voy a mantener una conversación
con una persona como tú.- ¿cómo yo? ¿Qué quería decir? Entonces Malú soltó mi
mano y dio un paso al frente.
-Si no
te gusta lo que ves tía, lo siento mucho. Soy mayor de edad y hago con mi vida
lo que me place.- exclamó dando otro paso al frente. –Ella es la persona que me
hace feliz. Te guste o no. Y ahora corre y cuéntaselo a mi padre que sé que es
lo que has querido desde el principio.- agarró mi mano y me llevó dentro de
nuevo. Doña Inés se había quedado allí petrificada.
Rápidamente
recogimos todas nuestras cosas bajo la atenta mirada de su tía Inés y salimos de
allí como alma que lleva el diablo. Subimos al coche y Malú, sin saber muy bien
por qué, puso la música muy alta. Supongo que quería alejar sus pensamientos y
estar tranquila. Estaba seria todo el tiempo y no me gustaba nada verla así. Me
sentía tan culpable de aquel estúpido enfrentamiento. Pero no iba a dejar que
la humillara de aquella manera. A ella no. Mientras yo seguía pensando que
había hecho lo correcto ella bajó la música.
-Gemma,
siento mucho lo que ha pasado.- me dijo con una mirada triste y casi me sonaba
a sollozo. –Se suponía que si llegaba antes de tiempo me avisaría, pero veo que
no me hizo caso.
-Malú,
te pido por favor que esto no arruine el mejor fin de semana de mi vida.- le dije poniéndome
de lado en el sillón. –Me siento fatal por lo que ha pasado.- sin esperármelo cogió
una salida que había a mano derecha de la autovía. Y cuando llegamos a un
descampado paró.
-¿Sabes
qué?- me daba un miedo su espontaneidad. –Vamos a llamar a mi padre y se lo
vamos a contar NOSOTRAS.- ¿qué? Imposible. Lo que me estaba diciendo era coña.
-Malú, ¿qué
le vas a contar? ¿Qué su hija está liada con una tía desde hace un día?- le
sorprendió mi respuesta.
-¿No
quieres que le cuente a mi padre que soy feliz?
-Sí
quiero que le cuentes a tu padre que eres feliz. Lo que quiero es que esperes
un poco para decirle el por qué.- no quería que pensara que no quería pero es
que en el fondo no quería.
-No voy
a dejar que la que se hace llamar tía le cuente su versión.- lo dijo en un
tono más alto de lo normal por lo que intuí que estaba enfadada.
-De
acuerdo. Pero vamos a casa de tu padre y se lo contamos en persona. Llámalo y dile
que vamos para allá.- no se me ocurría nada más, ya que por el móvil era todo
muy frío y seco.
-Eres
la mejor. –me agarró la cara con las dos manos y me besó con esos labios que me
trasportaban a la locura. Llamó a su padre y le dijo que iba para su casa con compañía.
Que si su tía Inés le llamaba que no se lo cogiera hasta que ella llegara. Esto
último se lo pidió efusivamente.
El
resto del camino su cara era muy distinta. Estaba sonriente y contenta. No
dejaba de cantar como tan bien sabe hacerlo. Me miraba, me agarraba, jugaba con
mi mano. Yo ponía la mía en su cuello y jugaba con su pelo, haciéndole
cosquillas en el pecho. Viéndola así me daba cuenta de que era con ella con la
que quería compartir mi día a día. No se podía querer a alguien en tan poco
tiempo. Aunque en realidad la adoraba desde hace mucho.
Mientras
llegábamos a Sevilla yo fui recordando la de cosas que debía hacer. Era mi
último año de carrera, así que también sería mi último año en Sevilla. Aquella
idea me erizaba la piel. Tenía que acabar mi proyecto de fin de grado que ya
estaba casi “niquelao”. Pero todavía quedaban los exámenes de junio, y estudiar
para las oposiciones que con mucha suerte tocaban este año y justo en
septiembre. La verdad que todavía no me había planteado que hacer con mi vida.
Mi idea era volver a casa y trabajar allá. Pero mi vida había cambiado en estos
últimos días y no podía hacer planes de futuro, tenía que vivir el presente con
muchísimas ganas y disfrutar de todo lo bueno que me estaba pasando. Pero era
algo que debía de pensar porque es mi futuro más presente. Junto a ella.
Llegamos
a Sevilla y Malú solo se bajó al hotel un segundo a cambiarse de ropa. Le pedí
que me bajara unos pantalones para no ir con los bolsillos llenos de arena.
Mientras ella conducía hacia la casa de sus padres yo me iba desnudando en el
coche. Su mirada no la apartaba de mí, se moría de la risa al verme en aquella
situación. Y cuanto más cerca yo notaba que estábamos, más histérica me ponía.
Llegamos
a una casa alejada del centro. Era enorme, con olivos que la rodeaban y al
fondo pude divisar que había una cuadra. Malú tocó el timbré y sin decir nada
la puerta se fue abriendo poco a poco. Y poco a poco mi corazón se iba parando.
Me iba a dar algo. Entramos, y cuando nos estábamos acercando su padre salió a recibirnos.
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