Capítulo 8. Así no sé vivir.
Abrí un
ojo sin saber donde estaba. Cuando noté un cierto olor a café que venía desde
la cocina me acordé de que había decido acostarme en el salón de la casa de
Malú porque esa noche no tenía fuerzas para más. Ver aquel cuadro donde
aparecía ella con su ex me había roto por dentro. Pero no por el simple hecho
de ver la foto, sino al pensar que estando junto a mi ella no tenía esa mirada
de felicidad, ni esa cara de alegría. Decidí acercarme a la cocina. Llegué y
allí estaba ella. Recién duchada y el pelo empadado. Miré el reloj de la cocina
y solo eran las ocho de la mañana. Pero claro, ella tenía que ir hoy a la
oficina y debía ir temprano. Estaba tan guapa desde buena mañana, tan sencilla
que enamoraba a cualquiera. Notó mi presencia y se dio media vuelta para verme.
-Buenos
días.- me dijo en un noto frío y sin ganas. -¿Por qué has dormido en el sofá?-
se le notaba algo molesta, lo más normal.
-Buenos
días.-contesté yo de la misma forma. La verdad que no tenía ni fuerzas para
acercarme a ella. Había un sentimiento que me recorría y me hacía sentirme mal.
Pero un sentimiento que no sabía porque estaba ahí. –No lo sé.-le contesté
sirviéndome un poco de café en una taza.
-Me
asusté, ¿sabes? Levantarme y no verte por ninguna parte y cuando bajo estabas
ahí.- a lo mejor debería a verla avisado o simplemente dormir a su lado. –Mejor
báñate que no llegamos. Ya si eso hablaremos luego.- me dolía verla así conmigo
tan fría y distante. Pero me lo merecía, fui yo la que tomó la decisión de
dormir aquí y no allá arriba con ella.
Subí a
su dormitorio y me tenía dos toallas preparadas encima de la cama. Las cogí y
las olí por un momento. Y como era de esperar, olían a ella. No tendría
palabras para señalar cada uno de los sentimientos que me recorren por el
cuerpo al sentir su olor. Me metí en la bañera y mientras el agua caliente baja
por mi cuerpo, yo curioseaba todos los potingues que tenía Malú en la bañera.
No me apetecía nada salir de allí, estaba super agusto. Pero tampoco era ese el
plan, Malú me esperaba. Terminé de ducharme y me vestí rápidamente para que no
tuviese que esperar por mí. Cuando baje hablaba por teléfono con alguien, pero
no pregunté con quien le hice una señal de que podíamos irnos y así lo hice.
Debía de llamar a mi madre que no tenía ni idea de donde estaba, y como madre
tenía todo el derecho. Saqué el móvil tenía whatsapps de 6 contactos distintos.
Pasé de ellos y me dispuse a llamar a mi familia.
-¿Sí?-
no me fijé en el horario y probablemente habría despertado a mi pobre madre.
-¡Hola
mami!- exclamé divertida. Quería a mi madre por encima de mi vida. Y me
alegraba tanto hablar con ella.
-Hola
mi niña linda.-contestó ella con una risa. La había despertado, pero se
alegraba tanto de oírme que le daba igual.
-Mami,
tengo que decirte una cosita.- lo dije con voz de niña buena. Aunque era mayor
edad y podía hacer lo que quisiera, una madre es una madre.
-¿Qué
hiciste?- siempre que le decía que tenía que contarle algo ya sabía que tramaba
algo. Era la única persona que me conocía de verdad. Cada cara que yo pusiese
ella sabía que era lo que me ocurría. La echaba tanto de menos.
-Me
vine unos días a Madrid.- solté con una vocecilla divertida. –Pero ya esta
noche vuelvo a casa. Mañana tengo que ir a clase.
-Vives
como quieres mija.- sabía que no me diría nada. Pero yo debía decírselo. -¿y
con quién fuiste?- nunca se dejaba ningún detalle atrás. Mire a Malú y ella
estaba divertida escuchando la conversación con mi madre. Puse el altavoz para
que lo pudiese oír.
-Con
una amiga mamá. Te la tengo que presentar, te caerá genial.- volví a mirar a
Malú y esta vez me puso cara de “olvídate”. Pero mi gesto fue de “me lo debes”.
Y ella como sabía a qué me refería se
rio.
-Sí, a
ver cuando te dignas a volver a casa un fin de semana.- tenía toda la razón del
mundo. Hacía más de tres meses que no veía a mi familia. –Ya sabes que tengo
una lista de comida para hacerte cuando vuelvas, tú sabrás. Y el niño ya habla
muy fluido.- siempre le funcionaba ese truco. Moría por la comida de mi madre. Y
por ver a mi niño.
-Pronto
mami, pronto estaremos por ahí.- en el momento me di cuenta que había hablado
en plural. Y todavía no sabía que sería de esta relación.
-Mi
amor, te dejo que ya que me levanté voy a desayunar.- mi madre era igual de
gandula que yo. –Cuídate mucho y come bien, ¿vale?
-Sí
mamá, te llamo mañana cuando salga de clases. Un besito.- y seguidamente
escuché un muack al otro lado del teléfono y colgó.
Volví a
mirar a Malú y seguía con esa sonrisa en la cara. La verdad que el supuesto
enfado que tenía ya se le había pasado. Llegamos al estudio con 5 minutos de
sobra, así que subimos relajadamente por el ascensor. Miré mi reloj y no había
pasado sino un minuto. Quedaban cuatro para llegar. Malú miraba su móvil y sin
que se diese cuenta pasé mi mano por detrás y pulse el botón de STOP. Y
ascensor frenó en seco y Malú dejó de mirar su móvil para poner sus ojos en mi.
Me encantaba cogerla desprevenida. Le quité el móvil que agarraba con la mano y
se lo puse en su bolso. Ella se dejaba hacer, pero seguía sin entender nada.
Agarré su nuca y le planté un beso. Un beso sonoro, con ganas. Lo necesitaba, e
intuyo que ella también porque no opuso resistencia.
-¿Se
puede saber qué te pasa?- seguía extrañada ante mi reacción, y es lo más
normal. Hace unas horas me acostaba a dormir en el sofá porque estaba llena de
dudas, luego estamos las dos más frías que una noche de invierno en Finlandia,
y ahora me apodero de ella con unas locas. Pero era lo que me hacía sentir. Soy
una chica de impulsos. Impulsos a veces fuera de control.
-Te
necesito.-creo que con esas palabras yo ya dije todo lo que tenía que decir. Me
miró perpleja de nuevo. Pero sabía que se lo decía de verdad y fue ella quien
me besó de nuevo. Tardamos algo más en separarnos. Pero lo hicimos y le volvía
a dar al botón para continuar.
Llegamos
a la planta y cuando caminábamos un largo pasillo se cruza un hombre delante de
nosotras. Y se planta en frente de ella, y sin más la agarró y la besó. Yo me
quedé flipando. Creo que mi cara lo decía todo. Cuando despegó su cara de la de
ella pude ver que era el chico tan atractivo que estaba en aquella estúpida
foto.
-Te
necesito.- le exclamó cuando se separó de ella. La mismas palabras que yo le
había dicho en aquel ascensor. La rabia que sentía no se comparaba a nada.
Quería salir de allí cuanto antes. Y así lo hice. Di media vuelta y me volví a
meter en el ascensor. Malú se había quedado muerta con aquel beso y ni cuenta
se dio que yo me había ido. Estaba siendo un viaje de mierda. No sé en qué
momento yo le dije que sí a esta locura. Se había quedado allí pasmada sin
decir nada, y para colmo me voy y no se da cuenta. Estaba todo muy claro.
Sobraba, y si no me lo decía ella, ya me lo digo yo. Bajé de nuevo a la primera
planta de aquel edificio y salí en busca de algún taxi. No sabía a dónde iba a
ir porque la única vez que había estado en Madrid tenía 13 años. Pero yo me
subí al taxi y le dije que me llevara al centro. Ahí me ubicaría mejor. En
realidad era mentira, solo me acordaba de algunos sitios que salían por la
tele. Pero necesitaba salir de allí y el sitio era lo menos que me importaba.
Apagué mi móvil porque sabía las consecuencias que tendría mi huida. Llegué al
parque del retiro, y compré unas pipas para despejarme. Mi mente no asumía lo
que había pasado. Una lágrima recorrió mi mejilla con miedo a brotar. Me senté
en un banco y todo mi miedo salió a flote. Mis ojos se inundaron de lágrimas.
Unas a causa de la rabia del momento, otras al saber que la había perdido.
Madrid era demasiado grande y yo no sabía que haría en él. Me dediqué a pasar por el parque sin ningún rumbo. Apenas eran las 10:30 de la mañana y yo estaba sola por esa ciudad desconocida. Me esperaba un día muy largo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario