jueves, 27 de febrero de 2014


Capítulo 7. Las dudas de mi corazón.

Llegó Jose y entramos rápidamente. Malú se disponía a abrir la puerta del copiloto para sentarse junto a su hermano pero la agarré rápidamente y la metí en la parte trasera del coche. Me miró perpleja sin saber por qué lo había hecho. Al ver su cara no me pude aguantar la risa.
-¿Qué estoy de taxista hoy?- preguntó Jose divertido mirándonos por el retrovisor. Yo no dejaba de reírme, y Malú seguía con aquella cara de no entender nada. Tenía pensado estar de jugueteos con ella, pero al entrar al coche estaba distinta y con la mirada perdida. Mi plan se había fastidiado.
-La loca esta que no se qué le pasa.- exclamó ella riéndose al fin. –Como es una mal educada y no se presenta, pues te la presento yo. Jose ella es Gemma.- ostras se me había pasado por completo. Qué vergüenza. Ella lo notó y soltó una risilla maliciosa.
-Gemma, la famosa Gemma. Encantadísimo cuñada.- yo me había perdido algo. ¿La famosa Gemma? Ya me conocía. Y para más colmo me llama cuñada. Me puse roja por un momento, pero en el fondo me hacía feliz que ella ya se lo hubiera contando a su hermano.
-Muy famosa no creo que sea, pero normalmente me las suelo camelar muy bien. Encantada Jose.- solté yo. Malú me miró con cara de pocos amigos y, Jose y yo comenzamos a reír. Noté que Malú estaba en su mundo mirando por la ventana del coche y me acerqué a ella. Cogí la mano que tenía apoyada en su muslo y me puse a hacerle cosquillitas. Giró la cabeza para verme y con una sonrisa única siguió a lo suyo.
-¿Vas a contarme que te pasa o voy a tener que hacerte cosquillas en otro sitio?- le susurré para que su hermano no me oyera. Ante mi comentario se echó a reír, pero todavía sin girar la cara. No tenía intención de contarme nada, y tampoco era cuestión de agobiarla.

Llegamos al famoso barrio de Majadahonda, donde Malú tenía ubicada su casa. Y vaya casa. Era preciosa. Se notaba que la había decorado ella, tenía un gran gusto. Nada más entrar me encuentro con un precioso salón que comunica con la cocina mediante un corto pasillo. Era un dúplex bastante luminoso ya que tenía ventanas por todos lados. Cuando dirigí mi vista a una puerta corredera visualicé un jardín. Aunque era de noche las luces que lo decoraban dejaban ver un enorme jardín con una piscina tapada con un plástico. Tenía flores de todo tipo que al estar en primavera lucían radiantes. La casa era preciosa. Cuando dejé de mirar todo lo que había por los al rededores. Busqué a Malú. En la parte de abajo no estaba porque no me la encontré por mi recorrido turístico. Así que subí al piso superior imaginando que allí estaría. Escuché un ruido que procedía de la habitación del fondo. Y cuando me acerqué allí estaba. Me la encontré sentada en la cama visualizando el techo. Entré sin decir nada y me acosté a su lado. Me recordaba a aquella noche en el hotel pero esta vez era distinta. Había algo que le estaba rondando la cabeza y no sabía que era.

-Sé qué te pasa algo. No me gusta verte así.- posé mi mano en su muslo. Necesitaba sentirla a cada momento.
-Estoy asustada.- me dijo al mismo tiempo que agarraba mi mano. – ¿Y si mi padre tiene razón?
-¿Tiene razón en qué amor?- pregunté asustada. No me gustaba verla así, y estaba pensativa desde que nos subimos al coche de su hermano. Me senté en la cama a su lado para poder verla mejor.
-Pues en que llegue la prensa y estropee todo esto.- en realidad no sé si tenía miedo a que la prensa lo estropeara o a que nos descubrieran.
-Malú, ¿tú estás segura de todo esto?- sentí un escalofrío al formular la pregunta.
-¿Qué quieres decir?- preguntó incorporándose para sentarse ella también.
-¿Qué si tienes miedo de que la prensa lo estropee o tienes miedo a que lo sepan?- se levantó cabreada de aquella cama y abrió el armario. Algo me decía que estaba disimulando su cabreo.
-Gemma, he ido a casa de mi padre y le he contado que estoy enamorada de ti. Se lo he contado a mi hermano sin ningún miedo. Al revés decidida. He dejado al que iba a ser mi marido después de tantos años.- se giró y me miró fijamente. -Y ahora tú me dices, ¿qué tengo miedo de lo que lo sepan? ¿Después de todo lo que he hecho?- la había cagado pero bien. –Solo tengo miedo porque no te quiero perder. Ese es mi miedo, TÚ.- esas palabras me llegaron a lo más profundo de mi alma. De verdad estaba enamorándome de esta chica lo más profundo. En este momento no sé qué haría sin ella. Y a apenas lleva más de una semana. Pero lo mucho que te puede dar una semana. Me levanté y me puse frente a ella. Estaba asustada de verdad. Metí mis dedos por su larga melena y besé su frente con todo el amor que por mi cuerpo recorre hacia ella. Levantó la cabeza y me miró. Con unos ojos que no me había mirado hasta ahora. Y me sorprendió. Sentí que su corazón había cambiado y también noté que me miraba de otra manera.
-Gemma, desde el momento que le dijiste a mi padre que nadie me iba a querer más que tú supe que debía vivir mi vida contigo. Te veo de una forma distinta y creo que es porque me estoy enamorando de esos ojos negros, y del olor de tu pelo. De la sonrisa que te sale cuando te miro.- parecía que estaba leyendo mi mente. –No quiero decirte que esto será para siempre porque algún día tendremos que morir. Y tampoco te voy a decir que todo saldrá bien porque el amor es impredecible.- una lágrima comenzó a bajarle por la mejilla. Pero cuando iba llegando a la comisura del labio superior la besé para que no siguiera el recorrido de sus labios. –Pero si quiero decirte que a tu lado soy feliz. Y mi miedo ahora es perderte…-dijo en un último suspiro. Mi sangre bajaba y subía por mi cuerpo al unísono. A veces pensaba que nada de lo que yo estaba viviendo era real. Y luego llegaba ella y rompía todos mis esquemas.
-Lú, tener miedo a veces es una barrera que no te deja avanzar.- le dije colocando su pelo para verle bien la cara. –A tu padre le dije una verdad como un templo. Yo misma me asusto al pensar que en apenas unos días yo esté sintiendo esto por ti. Te quiero tanto que hasta me asusta saberlo.- ella me mostró una sonrisita que a mí me derretía. –Pero no quiero que pienses que pasará. Disfrutémoslo y vivamos el momento que la vida nos ha dado. Y pase lo que pase a tu lado estaré siempre.- creo que en ese mismo momento yo me terminé de enamorar de aquella mujer. Me fue empujando hacia la cama y, una vez allí comenzó el recorrido de sus besos por todo mi cuerpo. Pero cuando se disponía a hacer desaparecer mi ropa, paré.
-¿Por qué?- me dijo entre pucheritos.
-Porque dijiste que hoy ni me tocarías cariño. Tengo que terminar ese trabajo sin falta.- a nadie más que a mí le jodía profundamente parar aquel momento, pero si no lo hacía ahora. No lo haría nunca. Todo su ser puede conmigo.

Cuando por fin había terminado la parte que me tocaba y le mandé el correo a Carmen, era las tres de la mañana. Y la princesa de mi reino dormía plácidamente. Estaba tan cansada que apenas tenía fuerzas para levantarme de aquella mesa llena de papeles. En ella había de todo. Pero una cosa llamó me atención. Una foto. Una foto en la que su alegría traspasaba el marco. Se la veía radiante, y estaba con él. Al fin le ponía cara al famoso Carlos. Sinceramente es un chico muy atractivo. Y se veían tan enamorados. Y ahora la cara que ella tenía era toda de dudas. No sabía con certeza si había hecho bien. Yo sé que ella diría que sí por encima de todo, pero era la duda la que le comía la cabeza y no le dejaba vivir. Era un paso importante. Y sí, solo llevaba en mi vida unos días. Eso es lo que peor llevaba que tan solo con ella días, y la tuviera en mi corazón como si hubiesen pasado años. Pero la cara que tenía en esta foto no la tenía junto a mí. ¿Y si la que me había equivocaba era yo? Al meterme en su vida. Diciéndole todo lo que le dije y ella únicamente estaba confundida. Todo era un lio, un lio del cual no sabía en qué momento saldría de él. Pero no quería seguir pensando eso. No estaba agusto, y todo esto por una puñetera foto. Al ver su cara en ella, mi cuerpo se derrumbó.

Debería irme a la cama porque no sé qué día iba a depararme Madrid mañana. Pero no me acosté en la cama con Malú, en ese momento no me apetecía del todo. Así cogí y me tumbé en el sillón, y ahí mirando todo lo que me rodeaba me quedé dormida.

PD: En nuestros corazones siempre estarás maestro. DEP al gran Paco de Lucía.

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