Capitulo 1. Un pellizco en este corazón.
Me levanté y no sé todavía como. Tenía un sueño horroroso, y solo de pensar que tenía hoy que exponer el trabajo de literatura, menos ganas tenía. Me hice la remolona y con la bobería se hicieron las 8:30. Cogí unos vaqueros, me puse las botas que siempre me pongo, blusa y chaqueta, y lista. Con el casco los pelos ni se ven. Le mandé un whatsapp a las guapas de mis amigas para informar de que llegaba tarde, como siempre. Cuando ya iba por la autovía me acordé que no tengo clases hasta las 10 porque la otra ya me la había saltado. Así que fui a la panadería que siempre voy a comprarme una palmera. Cuando me disponía a salir muy tranquila, oigo que alguien corre detrás de mí. Y sin apenas darme tiempo a mirar alguien me empuja hacia la panadería de nuevo. Cuando posé mis ojos en ella no me lo podía creer. Era Malú, la gran Malú.
-¿Puedo
ayudarte en algo?- pregunté riéndome, pero asombrada aún.
-Me
puedes ayudar, y mucho. - me respondió agitada. –No sé en qué momento, ni como
sucedió. Pero la prensa sabe que estoy en Sevilla y llevan todo el santo día persiguiéndome.
– me dijo con un tono de voz dulce y tímido.
-Bueno
mujer piensa que eres la sobrina de Paco de Lucía, algún fan habrá todavía por
Sevilla. –solté en aquel momento divertido. Malú me miró y de repente estalló
de la risa.
-Va
hagamos una cosa. Tengo la moto en la esquina, te pones tú el casco que tengo
aquí para que no se te vea la cara. Y luego te llevo a donde quieras, ¿vale?-
dije yo como si no tuviese nada que hacer. Pero en aquel momento me importaba
muy poco el trabajo y las clases. -¿A dónde te llevo Lú? –pregunté seria.
-¿¿LÚ??-
me miró sorprendida la cantante. Y de pronto empieza a dar palmadas al aire así
como quien mata mocas cuando se aburre. Y noté por un quejido que soltó que se
estaba riendo.
-Claro
mujer. Encima que te persiguen, ¿quieres que ande pregonando tu nombre por
ahí?- le dije sin mirarla, porque sino estallaba yo también. Era tan patético que
resultó hasta bonito.
-Lú.-
siguió repitiendo ella entre risas. –Puedes llevarme a donde tú quieras. Al
hotel no podemos ir porque parece que reparten caramelos. Y por la cuidad me
persiguen. – soltó con un bufido final.
-Vale. –dije
dándome la vuelta en la moto y quedando frente a frente. – ¿Tú intentas decirme
que tengo en mi moto a una tía a la cual la prensa persigue? ¿Y ahora me dices
que puedo llevarte a dónde quiera? - dije riéndome ya sin ocultarme. –Dime Lú,
¿te has planteado mirarte lo de las neuronas que te quedan?- le dije muy seria.
-Oye si
sé que ibas a ser tan graciosa me busco a otra maja. –dijo intentando poner voz
de ofendida.
-Venga
que te llevo a mi casa. Y allí tengo comida, bebida y dudo que nadie llame a la
puerta. Más que nada porque por allí pasa un coche a cada dos horas. –le respondí
con una gran sonrisa. Una sonrisa que ella me devolvió.
Me
coloqué en la moto decentemente. Y cuando Malú agarró mi tripa para asegurarse
ella, inconscientemente mi cuerpo reaccionó como si le hubiesen dando un pellizco
a mi corazón. Ella se percató y me agarró con más fuerza. Desde ahí con su
barbilla apoyada en mi hombro podía oler su perfume y embriagarme de él.
-Todavía
estoy esperando a que te presentes y me digas como se llama mi salvadora. –me dijo
al bajar de la moto. ¿Su salvadora? ¿Yo? Madre está mujer es demasiado para mí.
–Mi salvadora y de la chica que tiene una casa preciosa. – dijo entre risas.
-Gemma,
me llamo Gemma. –me hice la niña buena al pronunciarlo.
-¿Gemma?
Es un nombre tremendamente precioso. –mi cuerpo se estremeció al escuchar esas
palabras. –Me encanta. –y mientras pronunció estas palabras me colocó el fleco
que se había salido de mi oreja. Malú vida, esas cosas no se hacen así como
así. Avísame o algo. Que yo puedo morir de amor de un momento a otro.
Pasaron
las horas como segundos. Con ella en esa casa vacía y fría todo se veía distinto.
Nada más llegar se puso a tocar todo lo que encontraba. Fotos, libros, las
sillas, las mesas. Todo se le hacía poco. Y cuando me quise dar cuenta
estábamos las dos sentadas en el sillón viendo un zapping de música. ¿De verdad
que esto me está pasando? ¿Yo tenía a semejante monumento sentado en el sofá?
Ella estaba tan tranquila, y yo allí disimulando para no morirme de amor por
cada gesto. Pero Gemma cariño tú aguantando ahí como una campeona que aquí nadie
tiene porque saber que mueres por ella. De todas formas no te alteres que sabes
que hoy está aquí, pero mañana estará en su casa y a ti no conoce de nada.
-¿Se
puede saber en qué diablos estás pensando? Llevo media hora diciéndote que
adoro a este hombre. Y tú estás ahí mirándote las manos. –noté cierto cabreo en
sus palabras. Cabreada, ¿en serio? Pero si la conozco de hace 10 minutos como
quien dice. Aunque si lo piensas bien, es una falta de respeto. Bueno, ya la
empezamos cagando. Vamos por buen camino. En realidad no me hacía falta
escucharla. Sabía a quién se refería. Seguía mirándome y yo con sus ojos me iba
perdiendo poco a poco.
-Ya sé
que te encanta Bryan Adams. Y también que la canción que te gusta de él es “Please
forgive me”. – le sorprendió aquella respuesta. -¿Quieres saber que estaba
pensando? Pienso que hay sueños en esta vida que sin pensarlo se hacen
realidad. Y tenerte aquí sentada a tan solo un palmo de mí, es uno de ellos.
Pues mira seré una idiota, pero en este momento estoy en un mar de nubes. Y
miro mis manos porque es la única forma que tengo de disimular la atracción que
siento por ti. –dije sin pensar. Exactamente, sin pensar. Al segundo me estaba
arrepintiendo de todo aquello. ¿Qué necesidad tendría yo de decirlo? Jamás me
había pasado algo así. Siempre he ido de pasota por la vida, y ahora la cago de
esta forma. Única y exclusiva en mi especie. Malú no quitaba la mirada de mí, y
de mí pasaba a mis manos. Y de mis manos, a mí. Hasta que rompí aquel absurdo
momento.
-¿Qué te
apetece comer?- dije levantándome del sofá. Con cara de valentía pero por
dentro iba desvaneciéndome.
-Creo
que ya los periodistas se habrán cansado. Voy a ir al hotel, para que sepan que
sigo viva. –y sin mirarme se levantó del sofá. –Llamaré a un taxi y enseguida
estará aquí. Muchísimas gracias por todo Gemma. –me besó una mejilla y salió al
jardín principal.
-De
nada, un placer.- no me salía nada más. Y en un alarde de valentía pregunté. –¿Segura
que no quieres que te acerque? Está cerca y no me cuesta nada. Tómalo como una
disculpa.- Me miró y noté su duda en la
mirada. Asintió sin más. Así que cogí las llaves y le recordé que cogiera sus
pertenencias. Nos subimos, y ahora apenas me tocaba. Joder, ¿en un día podía
cagarla tanto?
Llegamos
al hotel, y efectivamente no había nadie. Se bajó y me dio el casco. Miró mi
mano, la rozó y sutilmente la fue quitando. Estaba tan guapa con los pelos así.
-Cuídate.
Y nos vemos. –y sin dejar a que me respondiera. Arranqué y me fui de aquel
lugar. Me sentía tan mal. Y ya no por mí, sino por ella que había tenido que
pasar este mal trago.
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