jueves, 20 de febrero de 2014


Capitulo 1. Un pellizco en este corazón.

Me levanté y no sé todavía como. Tenía un sueño horroroso, y solo de pensar que tenía hoy que exponer el trabajo de literatura, menos ganas tenía. Me hice la remolona y con la bobería se hicieron las 8:30. Cogí unos vaqueros, me puse las botas que siempre me pongo, blusa y chaqueta, y lista. Con el casco los pelos ni se ven. Le mandé un whatsapp a las guapas de mis amigas para informar de que llegaba tarde, como siempre. Cuando ya iba por la autovía me acordé que no tengo clases hasta las 10 porque la otra ya me la había saltado. Así que fui a la panadería que siempre voy a comprarme una palmera. Cuando me disponía a salir muy tranquila, oigo que alguien corre detrás de mí. Y sin apenas darme tiempo a mirar alguien me empuja hacia la panadería de nuevo. Cuando posé mis ojos en ella no me lo podía creer. Era Malú, la gran Malú.
-¿Puedo ayudarte en algo?- pregunté riéndome, pero asombrada aún.
-Me puedes ayudar, y mucho. - me respondió agitada. –No sé en qué momento, ni como sucedió. Pero la prensa sabe que estoy en Sevilla y llevan todo el santo día persiguiéndome. – me dijo con un tono de voz dulce y tímido.
-Bueno mujer piensa que eres la sobrina de Paco de Lucía, algún fan habrá todavía por Sevilla. –solté en aquel momento divertido. Malú me miró y de repente estalló de la risa.
-Va hagamos una cosa. Tengo la moto en la esquina, te pones tú el casco que tengo aquí para que no se te vea la cara. Y luego te llevo a donde quieras, ¿vale?- dije yo como si no tuviese nada que hacer. Pero en aquel momento me importaba muy poco el trabajo y las clases. -¿A dónde te llevo Lú? –pregunté seria.
-¿¿LÚ??- me miró sorprendida la cantante. Y de pronto empieza a dar palmadas al aire así como quien mata mocas cuando se aburre. Y noté por un quejido que soltó que se estaba riendo.
-Claro mujer. Encima que te persiguen, ¿quieres que ande pregonando tu nombre por ahí?- le dije sin mirarla, porque sino estallaba yo también. Era tan patético que resultó hasta bonito.
-Lú.- siguió repitiendo ella entre risas. –Puedes llevarme a donde tú quieras. Al hotel no podemos ir porque parece que reparten caramelos. Y por la cuidad me persiguen. – soltó con un bufido final.
-Vale. –dije dándome la vuelta en la moto y quedando frente a frente. – ¿Tú intentas decirme que tengo en mi moto a una tía a la cual la prensa persigue? ¿Y ahora me dices que puedo llevarte a dónde quiera? - dije riéndome ya sin ocultarme. –Dime Lú, ¿te has planteado mirarte lo de las neuronas que te quedan?- le dije muy seria.
-Oye si sé que ibas a ser tan graciosa me busco a otra maja. –dijo intentando poner voz de ofendida.
-Venga que te llevo a mi casa. Y allí tengo comida, bebida y dudo que nadie llame a la puerta. Más que nada porque por allí pasa un coche a cada dos horas. –le respondí con una gran sonrisa. Una sonrisa que ella me devolvió.
Me coloqué en la moto decentemente. Y cuando Malú agarró mi tripa para asegurarse ella, inconscientemente mi cuerpo reaccionó como si le hubiesen dando un pellizco a mi corazón. Ella se percató y me agarró con más fuerza. Desde ahí con su barbilla apoyada en mi hombro podía oler su perfume y embriagarme de él.

-Todavía estoy esperando a que te presentes y me digas como se llama mi salvadora. –me dijo al bajar de la moto. ¿Su salvadora? ¿Yo? Madre está mujer es demasiado para mí. –Mi salvadora y de la chica que tiene una casa preciosa. – dijo entre risas.
-Gemma, me llamo Gemma. –me hice la niña buena al pronunciarlo.
-¿Gemma? Es un nombre tremendamente precioso. –mi cuerpo se estremeció al escuchar esas palabras. –Me encanta. –y mientras pronunció estas palabras me colocó el fleco que se había salido de mi oreja. Malú vida, esas cosas no se hacen así como así. Avísame o algo. Que yo puedo morir de amor de un momento a otro.
Pasaron las horas como segundos. Con ella en esa casa vacía y fría todo se veía distinto. Nada más llegar se puso a tocar todo lo que encontraba. Fotos, libros, las sillas, las mesas. Todo se le hacía poco. Y cuando me quise dar cuenta estábamos las dos sentadas en el sillón viendo un zapping de música. ¿De verdad que esto me está pasando? ¿Yo tenía a semejante monumento sentado en el sofá? Ella estaba tan tranquila, y yo allí disimulando para no morirme de amor por cada gesto. Pero Gemma cariño tú aguantando ahí como una campeona que aquí nadie tiene porque saber que mueres por ella. De todas formas no te alteres que sabes que hoy está aquí, pero mañana estará en su casa y a ti no conoce de nada.
-¿Se puede saber en qué diablos estás pensando? Llevo media hora diciéndote que adoro a este hombre. Y tú estás ahí mirándote las manos. –noté cierto cabreo en sus palabras. Cabreada, ¿en serio? Pero si la conozco de hace 10 minutos como quien dice. Aunque si lo piensas bien, es una falta de respeto. Bueno, ya la empezamos cagando. Vamos por buen camino. En realidad no me hacía falta escucharla. Sabía a quién se refería. Seguía mirándome y yo con sus ojos me iba perdiendo poco a poco.
-Ya sé que te encanta Bryan Adams. Y también que la canción que te gusta de él es “Please forgive me”. – le sorprendió aquella respuesta. -¿Quieres saber que estaba pensando? Pienso que hay sueños en esta vida que sin pensarlo se hacen realidad. Y tenerte aquí sentada a tan solo un palmo de mí, es uno de ellos. Pues mira seré una idiota, pero en este momento estoy en un mar de nubes. Y miro mis manos porque es la única forma que tengo de disimular la atracción que siento por ti. –dije sin pensar. Exactamente, sin pensar. Al segundo me estaba arrepintiendo de todo aquello. ¿Qué necesidad tendría yo de decirlo? Jamás me había pasado algo así. Siempre he ido de pasota por la vida, y ahora la cago de esta forma. Única y exclusiva en mi especie. Malú no quitaba la mirada de mí, y de mí pasaba a mis manos. Y de mis manos, a mí. Hasta que rompí aquel absurdo momento.
-¿Qué te apetece comer?- dije levantándome del sofá. Con cara de valentía pero por dentro iba desvaneciéndome.
-Creo que ya los periodistas se habrán cansado. Voy a ir al hotel, para que sepan que sigo viva. –y sin mirarme se levantó del sofá. –Llamaré a un taxi y enseguida estará aquí. Muchísimas gracias por todo Gemma. –me besó una mejilla y salió al jardín principal.
-De nada, un placer.- no me salía nada más. Y en un alarde de valentía pregunté. –¿Segura que no quieres que te acerque? Está cerca y no me cuesta nada. Tómalo como una disculpa.-  Me miró y noté su duda en la mirada. Asintió sin más. Así que cogí las llaves y le recordé que cogiera sus pertenencias. Nos subimos, y ahora apenas me tocaba. Joder, ¿en un día podía cagarla tanto?
Llegamos al hotel, y efectivamente no había nadie. Se bajó y me dio el casco. Miró mi mano, la rozó y sutilmente la fue quitando. Estaba tan guapa con los pelos así.

-Cuídate. Y nos vemos. –y sin dejar a que me respondiera. Arranqué y me fui de aquel lugar. Me sentía tan mal. Y ya no por mí, sino por ella que había tenido que pasar este mal trago. 

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