viernes, 21 de febrero de 2014


Capítulo 2. Devuélveme la vida.

Llegué a casa sin rumbo. No sabía si quería dormir, si quería beber, si quería irme para no volver. Era un continuo dolor de cabeza. Sabía que tampoco había sido para tanto solo le dije que es una mujer atractiva y que yo moría por rozar alguna parte de su piel. Pero también es verdad que solo la conocía de horas, y lo que le dije no creo que la gente lo suela decir el primer día. Aunque tampoco creo que tuviese más días para decirlo. Y no me equivocaba.

Me levanté probablemente con unas ojeras que me llegaban al suelo. Pero ni me miré al espejo. Cogí mi chándal, mis tenis y me fui a clase. Cuando mis compañeras me vieron llegar sabían que algo ocurría. No me visto de deporte normalmente y cuando lo hago es que se presenta un día horroroso.
-A ver cuéntalo ya. ¿Qué te pasa?- Miriam que es la más avispada ya se había percatado. –Tienes cara de haberte pasado toda la noche en vela.- cuanta verdad había en aquellas inocentes palabras.
-Nada no se preocupen.- dije con una cara que no era mía. –Tendré en breve una semana de estas malas lo más seguro.- Se me daba fatal mentir. Pero por lo visto ellas se lo habían tragado. Entramos a clase y el día siguió. Siguió como siguen las golondrinas al viento, o como siguen las olas rompiendo en la arena cada día. Y yo seguía con ella dando vuelta por mis pensamientos. A lo mejor era lo que tenía que pasar no te mortifiques más me decía a mí misma.
-Oye, ¿habéis oído lo de Malú?- dijo Miriam acercándose a nosotras. Mis sentidos se pusieron todos en alerta.
-¿Qué pasó con Malú?- no quería que se notara que le daba importancia, pero creo que no me salió del todo bien.
-Por lo visto han descubierto que está con un chico sevillano muy guapo. Incluso han dicho que estaban buscando casa juntos por aquí por Sevilla. Ha venido toda la prensa del corazón vamos. –al parecer Ángela también lo sabía. Esto debía ser una broma. ¿La misma chica que estaba sentada a mi lado sin ninguna preocupación tiene novio? No entendía nada. Puede ser que yo sea algo corta para relacionar las cosas. Pero yo noté el roce de su manos con las mías. Sentí como se agarraba a mi vientre para perderse conmigo en la velocidad de aquel día. Dos personas no conectan de la manera en que lo hicimos ella y yo, con tan solo mirarnos. Tenía novio y yo diciéndole que me sentía atraída por ella, vaya vergüenza.
-¿Se puede saber en qué piensas?-cortó mis pensamientos Miriam. –Va Gemma, ¿qué te pasa?- me limité a sonreír. Recogí mis cosas y me despedí de mis amigas con un beso. Ambas tenían cara de sorpresa. Necesitaba salir de aquella facultad.

Cuando abrí la puerta de mi casa me llegó de repente su olor. No sé que me estaba pasando con esa mujer. Yo no soy así. Y ella con tan solo un día había conseguido lo que nadie en 22 años, mis desvelos.
Subí a mi habitación y me tiré en la cama. Estaba realmente agotada. Tenía que asumir todo lo que mi mente había recogido en tan poco tiempo. De golpe el sonido del timbre asusta a todos mis pensamientos. Bajé las escaleras, y cuando iba llegando a la puerta principal tuve un pálpito. Abrí la puerta y ahí estaba, frente a mí.
-Hola.- pude escuchar tras una leve sonrisa.
-Buenas.- contesté sin todavía creérmelo. -¿Qué haces aquí?- pregunté tras varios largos segundos de silencio.
-Ayer me dijiste “nos vemos”, y a mí me apetecía verte hoy. Y aquí estoy.- Malú estaba nerviosa. Se lo notaba en la mirada, en los gestos. Y yo con esa declaración había muerto de amor.
-¿Y cómo es que te acuerdas de dónde vivo?- me resultaba extraño que después de pasarse todo el camino pegada a mi cuerpo y con el casco puesto recuerde mi casa.
-¿Me invitas a pasar? Si quieres podemos hablar mejor dentro.- noté cierta evasiva hacia mi pregunta pero la dejé estar. Estaba de nuevo en casa y eso era lo realmente importante.
-¿Quieres café, agua, cola?- dije nerviosa yo también. Iba guapísima. Con unos vaqueros rotos, unas botas de tacón negro y la chaqueta de cuero. Esta última cuando iba a colgarla en el perchero me paré un segundo a respirar su aroma. Me tenía cautivada.
-Cola me va genial.- oí desde el salón. -Pero deja eso ahora. Hablemos.- ¿hablemos? Tierra trágame. Todo lo que ella me quisiese decir provocaría un infarto en mí. Cuando entré en el salón la vi agarrando una foto mía en la que estoy yo tumbada de lado mirando una puesta de sol. Oyó mis pasos y puso la foto donde estaba.
-Ya estoy aquí.- dije apoyando los vasos en la mesa. –Tú dirás.- quería escuchar que era lo que tenía que decirme.
-Verás Gemma, ayer me comporté como una auténtica niña.-no dejaba de mirar el vaso de coca-cola. -Y quería pedirte disculpas. No me esperaba para nada que supieses mi canción favorita. Y tampoco me esperaba lo que me dijiste. Me cogió de sorpresa.- esta última frase la dijo mirándome a los ojos. Me acerqué a donde estaba ella sentada y noté como su respiración aumentaba.
-¿Puedo hacerte una pregunta?- acerté a decir sin preámbulos. Ella asintió y volvió a mirar la coca-cola como para refugiarse de lo que venía ahora. -¿Por qué te perseguían ayer los periodistas?- acerté de lleno en la pregunta porque su cara fue un auténtico poema. Se encogió de hombros y soltó un no sé no muy convencida. No iba a ser yo la que le sacara el tema del novio. Porque básicamente no soy yo la que tiene novio.
-Aparte de para pedirte perdón por mi actitud, estoy aquí por algo más.- ahora la noté con más seguridad en lo que decía. Aunque a mí me daba un pelín de respeto lo que tenga que decirme. –Esta noche Antonio Orozco tiene concierto muy cerca de aquí, en Marchena. Y quería invitarte a que fueses conmigo.- o sea, ayer me evita. Hoy me entero de que tiene novio. Y ahora se presenta aquí y me invita a un concierto con ella. Esta mujer iba a volverme loca. ¿Qué pasa que el novio dio plantón y recurres a mi? Pensó mi lado más negativo. Y el positivo pensaba que a lo mejor si le gustaba pero ella no lo sabía o no lo quería asimilar. Dejé actuar a ambos. -¿Qué me dices?- preguntó sacándome de mi negativo y mi positivo.
-Sí.- dije sin más. – Será un gran placer poder escuchar a Antonio.-
-¿Te parece si paso a buscarte a las 20:30?- encima iríamos en su coche. Esto es una tortura.
-Vale, sin problemas.- me daría tiempo de ir a comprarme algo que ponerme porque no tengo ropa con la que salir. Y esta no era una noche cualquiera.

Cuando volví del centro comercial ya eran las siete de la tarde. Estuve más de tres horas buscando algo que me gustara a mí, pero que también le gustase a ella. Y creí a verlo encontrado. Era un mono negro ajustado en la parte de arriba, pero en la parte de abajo era suelto agarrado a los tobillos. Era muy bonito. Empecé a prepararme con un nudo en el estómago porque en breve la volvería a ver. Solo quedaban quince minutos para que Malú llegara. Yo ya tenía el mono puesto, unos tacones negros muy altos que me encantan. Me había hecho ondas en el pelo, pero muy sutiles y solo quedaba maquillarme un poco y listo. Estaba realmente nerviosa. Miraba de nuevo el reloj. “¡Ya son y media!” grito mi yo interior. Bajé las escaleras, me miré en el espejo del salón. Iba muy guapa. Y para ponerme más nerviosa aún sonó la pita de un coche. Abrí la puerta y era ella. Se había bajado del coche incluso para saludarme. Tenía cara de sorpresa, a lo que yo supuse que le había gustado como iba vestida. Pero ella no tenía nada que envidiarme. Llevaba un traje negro sencillo, pero que le hacía una figura que a mí me había dejado sin palabras.
-Hola de nuevo.- le dije cuando me metí en el coche. Era un coche precioso y súper grande.
-Permíteme que te diga que estas realmente guapísima.- mientras lo dijo no me miró. Solo estaba atenta al coche. Arrancó y avanzamos por Sevilla capital buscando la mejor salida para irnos a Marchena. Yo no podía dejar de mirar cada movimiento, cada pelo que le caía por el hombro, cada gesto que hacía al sentirse perdida. -¿Qué?- me preguntó con media sonrisa en la cara. Me había pillado y yo me moría de la vergüenza.
-Mmmhh.- no me salían ni las palabras. Estaba quedando como una retrasada. –Tú también estás realmente preciosa.- alcancé a decir disimulando mientras buscaba mi móvil. Noté como en su cara se dibujaba una sonrisa.

 Durante todo el camino ninguna de la dos dijo nada. Pero tampoco fue un silencio incómodo. Yo la miraba con frecuencia y ella lo hacía de vez en cuando, sin añadir palabra. Cuando por fin llegamos al pueblo donde actuaba Antonio, Malú tocó algo en el reproductor de música. La música se paró y se escuchaba la señal de un móvil al llamar.
-Preciosa, ¿dónde andas?- sin duda alguna aquella voz era la del gran Orozco.
-Estoy aquí ya.- me miró cuando lo dijo y yo le dediqué una sonrisa. Una sonrisa que me devolvió. –Pero escucha Antonio, traigo compañía.- yo estaba escuchado esa conversación como si fuese conmigo.
-Ya sabes que no pasa nada. ¿Te has traído a Carlos?- ¿Carlos? ¿Quién es Carlos ahora? Su novio lo más seguro. No sé porque me escandalizo tanto si ya lo sabía. Malú que en ningún momento había dejado de mirarme, notó como mi cara cambió cuando Antonio pronunció aquel nombre.
-No, es una amiga. Avisa a tu gente de que estamos llegando para que nos abran. Nos vemos ahora corazón. Un beso.- y Malú colgó sin esperar la respuesta del cantante.
Dejó el coche detrás del auditorio. Cuando llegamos a la puerta trasera una señora con aspecto de simpática nos estaba esperando en ella. Nos hizo un gesto de que la siguiéramos, y así lo hicimos. Malú no dejaba de mirarme, sabía que lo que había pasado en el coche no me había sentado del todo bien. Pero sinceramente yo estaba tratando de olvidarme del tal Carlos y vivir el momento. Llegamos a un camerino y la señora nos dijo que esperásemos ahí. Había de todo tipo de comida en ese camerino. Se notaba que se cuidaban muy bien.
-¿Tienes hambre?- me preguntó masticando un trozo de plátano.
-No, todavía no. Pero dentro de una hora es probable que sí.- estaba tan guapa masticando ese plátano. Quien fuese plátano pensé riéndome.
-Todo esto es para nosotras, ¿vale?- nosotras. Qué bien sonaba ese, nosotras. -Antonio me dijo que tendría un camerino para mí y para dejar mis cosas. Así que puedes dejar las tuyas donde quieras que el camerino también es tuyo.- después de esa frase mi sonrisa fue inmediata. Estaba tan guapa. Bueno, es tan guapa. –Bueno no te lo había dicho, pero hoy cantaré “Devuélveme la vida” con él. –lo dijo con un tono de preocupada que no sabía porque lo ponía. –Pero será el único momento en el que te deje sola.- cada minuto me gustaba más. Tenía tal poder sobre mí que no era capaz de soltar palabra.
-Adoro esa canción.- me gustaba tanto que cuando me salía en modo aleatorio, la repetía de nuevo. –Y creo que podré sobrevivir cinco minutos sin ti a mi lado, no te preocupes.- eso le llegó al corazón porque me miró muy tiernamente. Se acercó a mí y me dio un beso en el moflete. Y luego se separó y me volvió a mirar, pero estaba vez estaba muy cerca de mí. Se fue al otro moflete y me dio otro aún más sonoro. Y volvió a mirarme con esa sonrisa que marca el corazón.
-Este es por el que no te pude dar antes en el coche.- y rozó mi moflete con su mano. –Y este por lo que acabas de decir.- e hizo lo mismo que en el otro moflete. Pero en este todo mi cuerpo se erizó. Este roce me había llegado al alma. Y ella seguía allí, con su mano posada en mi cara. Por un momento mire la mano y mi cuerpo pidió que la besara. Pero justo en ese instante llamaron a la puerta. Malú asustada quitó rápidamente su mano y la abrió.
-Cariño mío.- cuando volví a mí, me di cuenta de que era Antonio Orozco el que estaba en la puerta abrazando a Malú. –Mira te presento a Gemma.- yo todavía seguía pensando en aquella mano. Así que fue Antonio el que se acercó a mí y me dio dos besos.
-Muy guapas las niñas, ¿no?- era muy agradable la verdad. Y se notaba que quería mucho a Malú, y viceversa. –Tú como en tu casa.- dijo dirigiéndose a mí con un guiño. –Y tú vete preparándote que nuestra canción será la quinta y empiezo en cinco minutos. Solo vine a saludar.- se despidió de mi con un abrazo y de Malú con un beso volado. Era tan simpático como parecía en la tele.

Empezó el concierto y nosotras estábamos sentadas en un palco donde se veía perfectamente todo. Nos lo había reservado Antonio y la verdad que en la vida había visto un concierto así. Le tocó la hora a Malú.
-Vuelvo en un segundo, ¿vale?- me agarro la mano al decírmelo. Cuando se disponía a irse dio media vuelta y vino de nuevo a donde estaba yo para darme otro beso en el moflete. Muero de amor con cada gesto de ella. Y más aún si tenía que ver conmigo.
Sonaron los primeros acordes de la canción y la gente enloqueció. Pero enloquecieron mucho más cuando Malú subió al escenario. Se veía tan guapa. Miró a la grada donde me encontraba y me guiñó un ojo. Aquel gesto se encontraba en unos de las mil formas de morir de amor. La canción iba sonando perfecta y la gente la cantaba como si no hubiese vida después de aquello. En una de las estrofas Malú miró a donde yo me encontraba y señalando al lugar cantó: “yo no volveré a quererte de nuevo a escondidas. No intentaré convertir mi futuro en ti hiel. No viviré entre tantas mentiras. Intentaré convencerte que siempre te amé”. Y volvió a mirar al público que se encontraba enfrente. Me había dejado noqueada. Me había dedicado aquella estrofa de la canción. Pero, ¿por qué? preguntaba mi mente todo el rato. Iba a volverme loca.

Terminó la canción y a los minutos Malú volvió donde estaba sentada.
-Ya estoy aquí, ¿me echaste de menos?- dijo acomodándose en el sitio.
-¿Por qué?- le pregunté sin preámbulos. No entendía nada y quería saber el por qué. Ella se quedó pasmada mirando para mí.
-Vamos fuera.-estaba nerviosa, pero más nerviosa estaba yo. Salimos al pasillo y nos metimos en el camerino.
-¿Por qué, qué?- en su mirada había miedo, y no estaba a gusto con lo que estaba pasando.
-¿Por qué me dedicaste la estrofa de esa canción?- yo me senté porque necesitaba calmarme un poco. Malú imitó lo que hice y se sentó a mi lado.
-Porque quise.- respondió sin más. Y se acercó más a mí. Acercando su cara a la mía.
-Malú, me vas a volver loca.- le agarré la mano que tenía más próxima a mí. –Ayer me evitas como se evita salir en los días de lluvia. Hoy me entero de que tienes novio y de que yo había hecho el ridículo de mi vida.- lo estaba diciendo todo muy deprisa para terminar con esto cuanto antes. Su cara era de sorpresa total. –Vienes a casa y me invitas al concierto. Y luego en este camerino me rozas y haces que todo mi cuerpo se estremezca. Cantas esa canción y yo muero de amor-. No sé cómo estaba diciendo todo aquello mirándole a los ojos. Sus ojos y su sonrisa eran mi perdición.
Ella agarró mi otra mano. –No me gustan las chicas. Y sí, tengo novio.- añadió rápidamente en un susurro. –Pero contigo no sé qué me pasa. Desde que me subí a aquella moto contigo mi corazón intenta decirme algo. Intenta decirme algo que probablemente yo no quiera escuchar.- bajó la mirada como signo de estar muerta de vergüenza.
Le agarré la barbilla y le subí la cabeza. Me acerqué a ella muy despacio, pensando en que se apartaría, pero no lo hizo. Solo al rozar sus labios ella suspiró. Le agarré la cintura y la besé de verdad. Saboreando cada centímetro de su boca. Disfrutando de sus finos labios que sabían a pura dulzura. No podía parar de besarla, y ella me estaba correspondiendo. Paré por un segundo y vi de nuevo su hermosa cara.
-Me pasaría la noche así.- dije a un suspiro de su boca. –Pero creo que mañana te arrepentirás de todo esto y no estoy dispuesta a seguir sufriendo por una chica que además de tener novio, dice que no le gustan las mujeres. –me levanté de aquel sofá en el que estaba disfrutando tanto. –Vamos al concierto.- le agarré de la mano y volvimos de nuevo a las butacas.

El concierto había terminado. Y después de comer algo de aquel camerino  y de despedirnos de Antonio, nos subimos al coche. Puso música y se repitió la misma escena de antes, pero esta vez si era incómodo. Llegamos a Sevilla. Y de nuevo Malú se liaba al coger las calles, se notaba que no estaba muy acostumbrada a ir en coche por aquí. Llegamos a mi casa y antes de que me fuera a bajar me agarró la mano.

-Gemma, te dije que contigo no sé qué me pasa.- noté sinceridad en esas palabras que sonaban en esa oscura noche. –No pienses que estoy jugando contigo, por favor.- Miré sus ojos, y miré sus labios. Ella se percató de mi mirada y miró los míos. Me moría de ganas por volver a tenerla conmigo, pero aguante. -¿Quieres darme tu número?- yo todavía no le había contestado pero ella sacó el móvil y me lo cedió para que lo apuntara, y así lo hice. Le di un beso en el moflete y salí del coche. Entré en casa y no era capaz de nada. Me acerqué al salón y me tumbé en el sofá. Y ahí me quedé dormida hablando con mis pensamientos.

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