domingo, 23 de febrero de 2014


Capítulo 4. Si nos dejan.

Era tarde, y entre caricias que iban y venían, y algún que otro beso robado nos quedamos dormidas. Sonó el despertador que había puesto con la euforia de la noche, yo fui la primera en despertarme. No tenía pijama y tuve que dormir en bragas y sujetadores. Y por supuesto Malú quiso dormir de la misma forma. Admiraba cada centímetro de su piel. Sus infinitos lunares, sus tatuajes, sus labios. Los mismos labios que me llevaban a la locura. Me acerqué lentamente ella, intentando no hacer demasiado ruido. Y con un suave beso en los labios le di los buenos días. Ella intentó abrir los ojos pero la claridad del día la cegaba. Me agarró del cuello para que me acercara y así lo hice. Podía perderme en su boca todo el tiempo del mundo.
-Va, levántate que nos vamos ya que luego no aprovechamos el día. –se levantó de la cama de un saltó y se puso frente a mí. Estaba realmente ilusionada. – ¿Te mueves o te muevo?- me dijo agarrándome de lo pies. Y a mí me encantaba hacerme la remolona.
-Que me haya acostado a las 4:30 de la mañana y me ponga en pie a las 8:00. Eso, ¡eso es amor!- empezó a reírse y a tirar de mí para que me levantara. Se rindió y decidió ir preparándose ella. –Pero oye, tenemos que pasar por mi casa a coger ropa.- no iba a ir con esta ropa todo el tiempo y lo de dormir en ropa interior era bastante excitante pero yo no tenía ganas de cogerme un resfriado.
-Que sí pesada, pero quieres darte prisa.- oí desde el baño. Fui sin hacer ruido hasta el baño, me asomé a la puerta y allí estaba la diosa de mi universo, desnuda y duchándose para irnos. –Oye que sé que estás ahí.- me había pillado, pero yo seguía en mi mundo. Ella se reía al ver la cara de idiota que se me había quedado. –O entras, o sales. Pero no te quedes ahí en la puerta.- entré y me apoyé en el lavamanos. No decía nada, ya mi mirada lo decía por mí. -¿Siempre que me veas desnuda vas a poner esa cara de retrasada?- ella se lo estaba pasando pipa viéndome ahí delirando por ella. Ya había terminado. Cogí la toalla que tenía cerca de mí y me acerqué a la ducha. Se la estiré para que se envolviera en ella y se sacara. Pero cogió la toalla y la tiró. Dio un paso más y de pronto estaba abrazada a mí. –Para qué quiero toallas teniéndote a ti. Era impredecible. Pero yo no me resistí y me la comí a besos. Aunque me estaba empapando toda.
-Tus labios son la droga que no le desearía ni a mi peor enemigo.- se reía mientras se retorcía para secarse bien en mí.

Llegamos a mi casa y mientras yo buscaba la ropa que llevarme. Ella hablaba por teléfono en la terraza, pero desde mi cuarto se oía todo: “Que sí papá, no te preocupes. Solo vamos a estar hoy y mañana. Dile a la tía Inés que si de casualidad va a llegar antes que me avise. Papá, por favor que ya estoy grandecita. Venga, un beso”.
-¿Algún problema?- le grite desde arriba terminando de meter las cosas en la maleta.
-Nada importante. Mi tía que le apetecía fastidiarnos el plan.- estaba con un tono de humor adorable.- Pero al final va el lunes por la mañana.- tenía unas ganas inmensas de tener una guía como ella.

Ya íbamos dirección Cádiz. Malú había puesto los 40 principales y yo iba cantando cada una de las canciones. Estaba tan feliz por estar viviendo esto con ella. Y se notaba que ella también. En ocasiones cantábamos juntas, en otras se moría de la risa al ver semejante espectáculo. Pero no podía evitar cantarle al mundo que estar a su lado era lo mejor que me había pasado. Y sabía que la necesitaría toda la vida junto a mí. Se corta la canción de repente y aparece en la pantalla del coche que un número desconocido la está llamando. Me miró con desconfianza, pero terminó por descolgar.
-¿Sí?- dijo con un tono de voz sería.
-Malú, soy Carlos. Y no cuelgues que esto es importante.- era su ex. Que viniera alguien y me sacara de allí ya. Pasaron unos segundos y él aprovechó para seguir.- Me han llamado de Madrid. Y quieren que te presentes en los estudios el lunes sin falta.- su cara había cambiado por completo.
-¿Y para qué si se puede saber?- no le gustó nada lo que le estaba diciendo, sin darse cuenta fue aumentado la velocidad. Agarré su rodilla para calmarla, y ella me lo agradeció con una sonrisa.
- Malú, te recuerdo que empiezas a grabar nuevo disco en un mes. Pero mira haz lo que quieras, yo solo tenía que avisarte.- ¿nuevo disco?, pero si no hace ni un año que sacó “Sí”. Todavía no le había dado tiempo a disfrutarlo. Y cuando me quise dar cuenta estaba la música sonando de nuevo. La cara le había cambiado. Y ya ni cantaba y ni siquiera me miraba. Paramos en una estación de servicio. Y ella se bajó a echar gasolina y al baño. Yo salí sin que se diese cuenta. Compré dos donuts, dos zumos y unas barritas integrales de muesli. No habíamos desayunado y estaba muerta de hambre. Y de paso cogí unas lay’s rojas para el camino. Le pedí un folio a la dependienta y un boli. Y sobre la marcha le escribí: “Porque el desayuno es la comida del día más importante, y porque tú para mi eres lo más importante. ¡Gracias por lo que me das! Que aprovecheJ”. Se lo puse en el asiento del copiloto y antes de que ella llegara me senté en el asiento del conductor. La puerta del baño se abrió y vi que se acercaba de nuevo al coche. Se dio cuenta de donde estaba sentada cuando solo quedaba un metro para llegar. Me miró desconcertada y de pronto empieza a reírse. Cuando se dispone a subir por el otro lado ve lo que le tenía preparado. Una sonrisa le ilumina la cara cuando leyó la nota. Y sin pensárselo dos veces se lanzó sobre mí. Me iba dando besos por todas partes, llegó a mi boca y se perdía conmigo. Me encantaba verla así.
-Venga anda, desayuna y estate quieta que alguien nos puede ver.- ella seguía enganchada a mí. –Lú que no respondo de mis actos. Estate quieta.- le dije mientras iba haciéndome cosquillas por todo el cuerpo. Después de pasarse diez minutos así, y de que nos tocaran la pita dos veces, arranqué.
-¿Sabes?- me dijo abriendo el paquete de lay’s. –Ni el mejor hotel del mundo podría prepararme un desayuno así.- era tan dulce. Si supiese lo mucho que me gustaba probablemente se asustaría. Yo miré un segundo su cara y todavía me era imposible imaginar que estuviera con ella allí.
-A lo mejor sí lo preparan mejor, pero no con el mismo amor.- le dije agarrándole la mano que tenía en su muslo. Ella me la apretó y con esa sonrisa que deslumbra a cualquiera siguió comiendo.

A la hora llegamos a Algeciras. Malú me fue indicando por donde debía de coger para llegar hasta esa pequeña casa. Fuimos pasando las calles de la ciudad hasta llegar a un barrio muy bonito. Con las casas frente al mar y un estilo de pueblo de pescadores. Cuando entré en aquella casa un escalofrío me recorrió el cuerpo. Tenía la sensación de que había estado allí en otra ocasión. Dejamos las cosas en aquella bonita casa y salimos a pasear por la playa. Estábamos a mediados de mayo y hacia un sol estupendo.
Estaba siendo un día inolvidable. Con nuestros juegos en la playa, aquellos infinitos besos y las miradas que lo decían todo. En apenas un día se había ganado toda mi confianza y todo mi amor. Era imposible no volverse loca con sus caricias, con su risa. No pedía nada más para vivir, solo que ella viviera conmigo. Cayó la tarde y acabamos rendidas tumbadas en la arena. Me incorporé para verla bien y me tumbé encima. Haciendo fuerza en las manos y rodillas para no hacerle daño. Desde ahí todo era tan perfecto.
-Túmbate entera.- me pidió con ojos de gatito degollado. Y así lo hice me dejé caer con cuidado apoyando mi cabeza en su pecho. No podía tener mejor sitio donde estar acostada.
-Malú.- levanté la cabeza y puse mi frente con su frente. Ella no dejaba de sonreír. - ¿Qué vamos hacer cuando te vayas a Madrid?- notó la nostalgia de mi pregunta.
-Vente conmigo.
-¿Cómo me voy a ir contigo?- se le iba la pinza demasiado. Yo tenía que estar en Sevilla hasta a mediados de junio.
-¿Por qué no? Yo quiero que te vengas conmigo.- me dijo con una sonrisa inmensa en la cara.
-Porque tú tienes tu vida. Tienes tus amigos, tu carrera y, además, te vas a México en nada para grabar nuevo disco.- le recordé lo que había dicho su ex.
-Vamos a ver Gemma. Tú formas parte de mi vida, mis amigos son tus amigos y gracias a mi carrera te he conocido a ti. ¿Cuál es el problema? Además, ¿por qué no me acompañas a México? Te encantará.- exclamo. Me levanté y me senté a su lado.
-Malú, la gente no sabes que estás liada con una tía.- se levantó ella también y se sentó a mi lado. Empezaba la noche a refrescar. –Y yo tengo que estar aquí hasta mediados de junio que termine la universidad. Yo no quiero ser un estorbo en tu vida.
-Mírame.- me agarró la cara y la hizo girar hacia ella. –Quiero estar contigo y me importa entre poco y nada si eres una chica, un chico o un extraterrestre. Y si me tengo que ir a México más tarde por esperarte, lo haré.- esas palabras me llegaron de verdad. –Gemma, olvida eso ahora y vamos a disfrutar de esto, ¿vale? Y escucha, tampoco creo que pase nada porque faltes dos días a clases. Vamos a Madrid mañana por la noche y volvemos el martes. ¿Qué me dices?- no podía decirle que no. Era mi droga, y necesitaba tenerla cerca.
-Está bien.- le di un beso y le agarré de la mano para irnos a la casa. Ya empezaba a notarse el frio primaveral.

La noche siguió y después de ir al restaurante más conocido de la zona volvimos a aquella dulce casa. Me recordaba a mi isla. Aunque estudiaba y tenía mi casa en Sevilla yo nací en las Islas Canarias. Y mi isla se dedicaba entera al turismo, pero los pueblos de la costa eran pueblos como este, de pescadores. Desde que llegamos a aquel barrio de Algeciras sentía una añoranza tremenda. 
Malú sacó un vino que había comprado en el supermercado de la zona. Mientras iba avanzando la noche las dos íbamos estando más contentas. Tan contentas que mientras ella cantaba por bulerías yo me dedicaba a bailar como si supiera, aunque tampoco se me daba nada mal. De repente en su iPod y de forma aleatoria suena “Si nos dejan” su cara cambió y me miró con unos ojos de niña enamorada. Me agarró de la cintura y comenzamos a bailar. Se apoyó en mi hombro, aunque tampoco es que llegara mucho más. Y ahí juntitas las dos como dice el estribillo de la canción terminamos de bailar. Me agarró la cara y me besó. Fue un beso con pasión y con ganas. Jugaba conmigo a su antojo. Me tumbó en la cama y fue desnudándome poco a poco. Yo me incorporé para hacer lo mismo con ella. Miré sus ojos y estaban llenos de fuego. La puse de bajo despacio y fui besando el recorrido de su cuello. Malú suspiraba a cada beso que le daba.
-¿Estás segura?-no quería que lo hiciese por mí o por el alcohol.
-Mucho. Pero tendrás que enseñarme.- me confesó en el oído.
Yo seguí besando todo su cuerpo. Centímetro a  centímetro con dulzura para que ella se sintiera segura y protegida. Jugó con mi cuerpo y con mi boca, nuestros cuerpos se rozaban haciendo que la noche pareciese día. Llegamos a fundirnos para convertirnos en una. Cuando la miré estaba exhausta mirándome con una sonrisa pícara en la boca. Y así pasamos la noche juntas y siendo una.

 Y sin quererlo el día llegó. Escuché un ruido de llaves, abrí un ojo pero Malú seguía envuelta en mí. Y de pronto una mujer de entrada edad estaba apoyada en el marco de la puerta con los ojos como platos. No se creía lo que estaba viendo. No me lo podía creer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario