Capítulo 6. Como una flor.
Entramos
a la casa. Ella estaba feliz porque se encontraba en su entorno, pero yo me
quería morir. No sabía qué hacer, ni qué responder. Estaba tan nerviosa que mis
manos parecían fuentes de agua. Después de acariciar a los perros que la
asaltaron nada más entrar, metió a su padre en el despacho. Estaba decidida,
aunque para mi todavía fuese una locura la respetaba y la quería aún más por
ello. Notaba mi nerviosismo y me agarraba para que supiese que no pasaba nada.
Pero sí pasaba, no todos los días estás ante algo así. Pero todo lo hacía por
ella, porque esto le hacía ilusión.
-Bueno
contarme, ¿Qué ha pasao?- nos dijo su padre con un acento andaluz adorable.
-Papá
en primer lugar quiero presentarte a Gemma.- me agarró fuerte la mano y tiró de
mi disimuladamente para que saludara a su padre. –En segundo lugar quiero
comunicarte que he roto mi relación con Carlos.-lo iba diciendo como si ella
tuviese un esquema en su mente y debía seguir esos pasos. Pero esta segunda
idea le sorprendió mucho más.
-¡Pero
si te ibas a casar con él!- dijo su padre interrumpiendo su esquema. -¿Qué ha
pasado?-parecía que su padre le tenía bastante cariño al tal Carlos.
-Pues
verás papá…-dijo vergonzosa agarrando mi mano. –He conocido a otra persona.- al
cantante se le iban a salir los ojos del casco. En ningún momento se imaginó lo
que su hija le estaba contando.- Y esa persona es Gemma.- y boom, sin
anestesia. Yo probablemente me había puesto como un tomate, pero Malú para
calmarme me agarró la mano más fuerte. O probablemente lo hizo para refugiarse
ella también. Su padre no daba crédito a lo que estaba oyendo. Básicamente se
quedó mudo.- Y lo último que te quería decir.- alcanzó a decir después de
varios segundos. –Es que la tía Inés nos ha visto. Y hemos preferido que lo
supieses por nosotras.- su padre seguía allí asimilando todo lo que había
pasado.
-Malú,
esto es una locura.-le dijo el padre al fin. –Cuando te vea la prensa con una
mujer por la calle, ¿Qué vas a decir?
-¿Y por
qué tendría que decir algo? Es mi vida papá, y a nadie le importa.- ahora ella
yo la que le agarraba con fuerza la mano. Se empezaba a alterar y no era
cuestión. Y en medio de aquella disputa, me tomé la confianza de intervenir.
-A mi
me gustaría decirle señor…-miré hacia él como pidiéndole su consentimiento, y
él asintiendo me dejó hablar.- En primer lugar que respeto y adoro a su hija,
sobre todas las cosas. Y si me permite el comentario. Decir que yo creo que no
es nada malo que dos mujeres se gusten. Si la prensa nos viese juntas, en mi
opinión, lo único que podrían hacer es morirse de la envidia. Pero como yo
quiero a Malú jamás nadie lo hará.- no sé porque me salía todo tan cursi. Jamás
había sido así, pero esta mujer me estaba cambiando. Para bien.
-Malú,
has tenido siempre un buen ojo para todo hija mía.- dijo guiñándome un ojo. Las
dos nos miramos felices. Su padre entendió perfectamente que lo que había allí
no era capricho. Bueno o sí, pero del destino. –He comprobado que como dice tu
canción “no importa tu sexo, si pones el alma en cada gesto de amor”. Estoy
orgulloso de ti.- se acercó cariñosamente a su hija y le dio un beso en el
pelo. A Malú las lágrimas se le salían solas, estaba tan feliz. Estábamos tan
felices. En aquel momento me alegré de que quisiera contárselo a su padre.
Cuando se disponía a salir Pepe de Lucía agarró mi brazo y me dio dos besos.
–Cuídala.- me susurró muy cerca del oído. Salió de aquel despacho lleno de
discos y libros dejándonos solas. Ella se había apoyado en la mesa para asumir
lo que había pasado y de paso tranquilizarse. Me acerqué a donde estaba. Abrió
las piernas para que yo me pudiese colocar en medio y más cerca de ella. Le
agarré de la barbilla y la acerqué para besarla en ese momento ambas lo
necesitábamos.
-Soy
muy feliz.- me dijo colocando sus manos en mi cintura. –Te has ganado a mi
padre en un tiempo record. Al igual que a mi corazón.- me puso una mirada tan
tierna que derretía a cualquiera.
-Solo
he dicho la verdad.
Seguimos
un rato en aquel despacho con nuestras miradas y caricias. Desde lo que pasó
con su tía, aparte del tiempo en el coche, no habíamos tenido un tiempo a solas
en el que mirarla a los ojos fuera mi mejor pasatiempo. Después de pasar otro
rato en aquella bonita casa nos fuimos. Malú, no sé cómo, ni en qué momento ya
me había convencido para que me fuera a Madrid con ella. Era la hora de comer
cuando llegamos al hotel así que primero almorzamos y luego hicimos una media
maleta, bueno más bien hice porque ella tenía su casa en Madrid y allí tenía
bastantes cosas. Así que cogimos rumbo hacia el aeropuerto cuanto antes.
Cuando
miré mi móvil tenía un whatsapp de una compañera de clase, Carmen.
“Hola
guapísima, qué tal estás? Mira era para recordarte que el martes exponemos en
clase nuestro trabajo. Intenta mandarme hoy si puedes tu parte vale? Un beso, cuídateJJ”
No, no,
no. ¡MIERDA! No me acordaba del puñetero trabajo. No podía estar en todo.
Mierda, ¿qué hago? No podía irme a Madrid, me jugaba aprobar yo y que aprobase
Carmen. No podía hacerle eso. Joder, ¿cómo es posible qué me haya olvidado? Y
gracias a que me avisó porque si no si es verdad que la dejo colgadísima.
-¿Qué
te pasa?- me preguntó Malú notando mis caras de sufrimiento y el hormigueo que
me había entrado por el cuerpo.
-La he
cagado pero bien.- le dije con toda la sinceridad que me salió. –Tenía que
entregarle mi parte de trabajo a una compañera. Un trabajo que no he hecho y
que exponemos el martes.- yo solo pensaba en que Carmen me iba a matar.
-A ver
cielo, relájate.- ¿me llamó cielo? Era la primera vez que me llamaba así. Es
tan adorable. La quiero tanto. Se me había pasado hasta el disgusto. –Hagamos una
cosa. En todo el viaje no te pienso ni rozar para que te concentres en el
trabajo, ¿vale? Lo terminas en casa, se lo mandas a tu amiga.- estaba teniendo
una idea formidable. Tendría que estar hasta la madrugada pero podía hacerlo,
pero estaría listo.
–Y en vez de volver el martes, pues volvemos el lunes por la noche y así podrás presentar el trabajo. Pero olvídate de que te vaya a dejar aquí.- me dijo con mirada desafiante.
–Y en vez de volver el martes, pues volvemos el lunes por la noche y así podrás presentar el trabajo. Pero olvídate de que te vaya a dejar aquí.- me dijo con mirada desafiante.
-Eres
tan tan tan lista…-dije con una gran sonrisa. –Que daría lo que tengo por una
cuarta parte de tu cerebro.- era todo muy deprisa y no tendría tiempo ni de
comer, pero merecía la pena. Ella me miró con cara de no conocerme de nada, y
empezó a reírse. –Pero hay un problema. No tengo mi portátil aquí.
-No te
preocupes boba, yo voy con el mío a cualquier lado.- dejó de mirar a la
carretera un segundo para guiñarme un ojo. Menos mal. Parecía que todo volvía a
su rumbo de nuevo.
Estiré
mi mano hacia su muslo en forma de agradecimiento. Pero ella con una sonrisa
que ya me iba conociendo agarró la mano y se la puso cerca de su entrepierna.
Me acababa de matar. La miré y no podía negar que se estaba aguantando la risa
en lo más profundo, probablemente a causa de ver la cara que se me quedó. Pero
yo no la quité, todo lo contrario la puse en una zona ciertamente sensible que
con los leggins que llevaba podría apreciar muy bien. Se mordió el labio
inferior y suspiro. Pero no un suspiro de alivio, fue un suspiro ahogado y
sonoro. Sonreí ligeramente al ver su cara y quité mi mano, pero antes de
quitarla del todo le acaricié la parte del abdomen que tan definido tenía. Se
había puesto colorada, aunque no sé si de la vergüenza o del calor.
Llegamos
al aeropuerto sin soltar palabra ninguna las dos, pero las miradas ya hablaban
por nosotras. Pasando todo lo que tenemos que pasar siempre a la hora de viajar
llegamos al avión. Nos sentamos y a los diez minutos el avión ya volaba por
encima de Sevilla. A mí me encantaba siempre mirar por la ventana. Observar los
paisajes desde aquella perspectiva. Se escuchó el sonido de que nos podemos
quitar los cinturones sin problemas. Me giré hacia Malú y observé que ella ya
llevaba un rato mirándome.
-Me
pasas tu ordenador, por fi.- dije aparentando normalidad. Se agachó, y sacó del
bolso el portátil.
-No te
pienses que esto se va a quedar así.- me dijo poniendo el ordenador encima de
mis piernas con la mano colocada de tal forma que rozase mi muslo.
-Habíamos
quedado en que no ibas a molestarme, ¿no princesa?- esa princesa sonaba
fenomenal si la destinataria era ella. Me encantaba verle la cara que me ponía.
–Descansa un ratito que anoche no pudiste.- le dije a la vez que le colocaba el
pelo que le caía por los hombros. Y seguidamente dediqué mi atención al
ordenador. Se estaba poniendo enferma, pero me encantaba verla así. Pero era
verdad, tenía que terminar aquel trabajo dichoso. Lo peor de todo es que se me
olvidó contestarle a Carmen. Cuando llegue a Madrid lo haré, así tengo excusa.
Y ya de paso llamar a mis padres para que sepan que estoy viva. Viva y en la
capital de España. No estaría de más. Vaya hija estaba hecha.
Llegamos
a Madrid y Malú seguía apoyada en mi hombro durmiendo. Se había tomado en serio
lo que le había dicho. Eso, o que estaba cansada de verdad. Lo más normal
porque fue una noche única, en la que ninguna de las dos pudo pegar ojo. Cuando
el avión tocó tierra giré mi cara. Me fijé que no hubiese nadie mirando y con
un suave movimiento la coloqué de una forma para darle un beso de muerte. Se despertó
de golpe, pero cuando ya recuperó la compostura me agarró ella a mí. Cómo puede
un beso llegar a transmitir tanto. Paramos e hicimos como si nada hubiese
pasado y entre risas salimos del avión. Yo nunca había sido así. Me tomaba todo
con tanta calma, que ya de último me resultaba aburrido. Pero esta mujer me
había hechizado. Conseguía cosas que ni yo misma sabía que llevaba dentro. Era
todo un descubrimiento. Y era ella la que me había descubierto. Pero eso no lo
sabía.
-Viene
a buscarnos mi hermano Jose. ¿No te pondrás a sudar como siempre no?- me dijo
con maldad. Me estaba devolviendo muy cruelmente mi jugarreta de antes. Pero no
dejaría que se saliese con la suya.
-Ya
veremos quién suda y quien no mi niña.- dije con un acento muy canario. Sabía
que le encantaba.
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