miércoles, 12 de marzo de 2014

Capítulo 18. La nueva vida.


“Ven a vivir a Madrid conmigo, por favor”, era la frase que se me repetía una y otra vez en mi mente. Ella me miraba atenta esperando mi respuesta.
-Malú…-miré sus ojos y se notaba ilusionada. –Todavía debo organizar mi vida. Y tú estás en racha con los conciertos.
-Es lo que te estoy pidiendo Gemma, que la organices junto a mi.- se levantó y se puso frente a mí. –Podrías hacer las oposiciones para Madrid, y venir a vivir conmigo, ¿no te parece buena idea?- claro que era buena idea. Que más se podía pedir. Pero aquí estaba mi familia, y ahora no podía abandonarla. –Y los conciertos duran una hora, te vienes conmigo y así conoces un poco España. Yo te puedo hacer de guía.- me dijo con ese tonito de voz que tanto me gustaba.
-Dime una cosa.- ella se acercó y agarró mis manos. -¿Te puedo comer a besos ya, o lo dejamos para nuestra nueva casa?
-¡!Aaaahhh!!- exclamó ella lanzándose a mis brazos. –Te quiero, te quiero, te quiero.- repetía a cada beso que me daba. Todavía no me lo creía, me iba con ella. Seríamos una familia junto con sus perros, su gato y nosotras dos derrochando amor por esa casa. No podía estar más feliz, y ella porque todavía seguía enganchada a mi cuerpo dándome besos.
-Haremos una cosa. Mañana te vas tú, y yo iré el lunes a Sevilla a buscar mis cosas, ¿vale? Y luego ya veremos cómo lo hacemos.- ay empezaba a ponerme hasta nerviosa. Era todo tan de golpe, aunque bueno lo hizo por celos a lo mejor nos estábamos precipitando.
-Nos cuadra todo gorda, yo el martes tengo que estar por Sevilla. Telecinco quiere hacerme un reportaje allí porque es donde pasé casi toda mi infancia.- volvió a darme un beso, pero esta vez algo más largo. Esta realmente ilusionada con todo lo que estábamos diciendo.
-Ven conmigo.- agarré su mano y la arrastré hacia el salón donde todavía estaba Ana, pero estaba vez a parte de mi madre también estaba mi padre. Mucho mejor así no teníamos que decirlo tantas veces.
-¿Todavía sigues aquí?- le preguntó Malú con una mirada algo fulminante.
-Papá, mamá tenemos algo que decirles.- dije yo interrumpiendo a Ana cuando se disponía a contestar a Malú. –Malú y yo hemos decidido que nos vamos a vivir juntas, a Madrid.- solté de golpe. A mi padre se le dibujó una sonrisa en la cara, pero a mi madre la idea no le hizo tanta gracia.
-Pero Gemma, ¿y tú futuro profesional?- dijo mi madre preocupada.
-Mamá, mi futuro en este momento es la mujer que está a mi lado. Y ya está todo pensado, haré las oposiciones para Madrid y me iré a vivir a su casa. Y mientras me llaman de algún instituto, me imagino que habrá algún cateto que necesite refuerzo en lengua.- le contesté yo divertida. Ana estaba allí sentada, pero creo que su cuerpo huyó de aquel salón. Su cara se había descompuesto. Malú agarraba mis caderas con fuerza, o bien marcando terreno, o de lo ilusionada que estaba.
-Mi niña se me hizo mayor.- mi padre se levantó muy orgulloso y me dio un abrazo como solo él podía dármelo. Cogió a Malú en peso, para hacerle lo mismo que a mí. Ella reía divertida ante la escena, y mi padre estaba realmente contento ante nuestra decisión. Ana seguía la cara de antes pero esta vez estaba de pie.
-Bueno, es hora de irme. Nos vemos- saludó a mis padres y cogió la puerta como alma que lleva el diablo. Se había muerto de la envidia ante aquella escena de amor paternal de mi padre y Malú.
-Mamá, no va a pasar nada. Todo va a salir bien, ¿vale?- me senté con ella mientras mi niña y mi padre hablaban.
-Si no es eso cariño.- agarró mi mano. –No quiero que te vayas de aquí otra vez. Son muchos años los que llevo esperándote Gemma.- soltó una lágrimita y a mí se partía el alma al verla así.
-Te quiero mucho mami.- le dije dándole un beso en su mejilla. –Pero tarde o temprano tenía que pasar. Y voy a venir a menudo, lo prometo.- me miró no muy convencida. Pero al fin asintió y me dio un abrazo de los que te recompone todo por dentro. Era mi madre, ¿qué me va a decir? Pero ella debe asumir que dejé de ser una niña.

Terminamos de hacer la maleta a las tantas. Yo también había empezado a preparar la mía, para no dejarme nada atrás. Caímos a la cama con mucho gusto y como siempre abrazada la una a la otra. Oliendo mi crema corporal en su cuerpo. No se podía estar más agusto.
-Cariño, que gusto me va a dar cuando durmamos en mi cama de matrimonio noche sí, y noche también.- la verdad que pasar dos semanas durmiendo en mi cama de 90cm no es que fuera del todo agradable. Pero dormíamos a las mil maravillas en aquella cama porque solo nos necesitábamos a nosotras.
-Y que gusto me va a dar, despertar y ver esa cara todos los días.- le dije yo dándole un beso en su pelo. Estaba apoyada en mi pecho y veía como su cabeza se movía  al mismo tiempo que yo respiraba. Me encantaba tenerla así, tan mía.
-Oye cielo.- ella apoyó su cabeza en mi brazo para verme bien la cara. –No me habrás pedido esto por celos, ¿verdad?- tenía que preguntárselo, no podía quedarme con la duda.
-A veces pienso que la que tiene que mirarse las neuronas eres tú.- se echó a reír y se pego más a mi boca. –Llevaba días pensándolo y hoy he visto el momento perfecto, nada más. Y si no me crees pregúntale a tu hermano que ya se lo había comentado.- hablaba con mi hermano de mí. Esta chica se me unió a la familia demasiado rápido. Se había ganado a mis hermanos, el total amor de mis padres y a mis amigas por supuesto.
-Me pregunto cómo puedo quererte tanto.- saltó sobre para colocarse encima y perderse en mi boca como solo ella sabía hacerlo. Sus pelos caían en mi cara, y sus manos recorrían mi cuerpo a la velocidad de una tortuga. Me erizaba la piel solo el contactos de sus manos, y cuando se fundía en mi boca me hacía delirar. Le encantaba hacer con mi cuerpo lo que se le antojaba, y a mí que lo hiciera. Cuando se ponía no había forma de pararla, pero yo tenía su punto pillado. Primero atacaba su cuello, para después pasear mis manos en sus costillas y hacerla morir de risa con mis cosquillas.

Nos quedamos dormidas muy tarde, el juego se alargó y ninguna de las dos quería parar. El sol de la mañana iba entrando y ella seguía abrazada a mi cuerpo. Tenía piel erizada del frío que estaba entrando por la ventana, pero no se despertaba. Todavía quedaba media hora para que se tuviera que levantar y prepararse. Me bajé de la cama como pude, y le pasé la manta por encima. Malú se agarró de la manta muerta de frío, pero en ningún momento se levantó. Salí de la habitación, y me fui a preparar el primero de muchos desayunos juntas. Mi madre había comprado papaya, así con eso y unas naranjas, le prepararía un batido, acompañado de un buen café y una tostada. Volví de nuevo a la habitación y allí seguía. Con las manta por encima de su cuerpo desnudo, y durmiendo plácidamente. Se la quité de golpe, y la tiré encima de la silla.
-Te mato, te mato.- la había despertado de golpe y con frío, era para matarme.
-Buenos días mi amor.- dije entre risas. –No me mates, te he traído el desayuno.
-Pues ya puede estar bueno, porque si no, no tienes isla para correr.- que se enfadara era una de las cosas que adoraba. Verla con su cara de mala hostia, para luego con alguna bobería ya me estuviera perdonando.
-Te había dicho que eres más guapa, si cabe, cuando te enfadas.- me acerqué a la cama con la bandeja, ante su mirada fulminante. –Buenos días “mor”.- de tanto usar la palabra amor, ya de último lo dejábamos en “mor”, era bastante más cómodo, y sonaba muy bien. Dejé la bandeja a su lado y me acerqué para darle un beso de buenos días. Cuando vio lo que le había preparado se le iluminó la cara.
-Por esta vez te salvas.- dijo riéndose. –Adoro comer papaya, y esto tiene una pinta muuuy rica.- se acercó a mi boca para darme otro dulce beso en los labios, y fue dulce porque se había manchado toda la boca del batido y me lo había restregado en los míos.

Era la hora de irse. Después de despedirse de toda la familia, en la que incluso mis hermanos habían madrugado para despedirla llegó la hora de irnos para el aeropuerto.
-Deberías llevarte tu coche para Madrid amor.- me dijo mientras buscaba su móvil en el bolso de Mary Poppins.
-Yo creo que con la moto voy bastante bien. Gasta menos y es más cómoda.
-Bueno, también es verdad. Y ya tenemos el mío, no nos hace falta más.- se acercó a mí para darme un beso en la mejilla, pero yo giré rápidamente la cara para robárselo. –Oye, no me robes los besos y mira para la carretera.- en el momento estallamos las dos de la risa.
Llegamos al aeropuerto y yo quise acompañarla hasta el último metro.
-Te voy a echar mucho de menos.- posó sus manos en mi nuca y me regalo un largo beso.
-Y yo a ti mi vida.
-Pero nos vemos el lunes de nuevo.- y volvió a besar mis labios. Ninguna de las dos queríamos separarnos. Pero ya era la hora, debía irse.
-Gorda, te quiero mucho. Y llámame, no me tengas abandonada y desamparada.- me dijo poniéndome morritos.
-Te quiero boba. Y no cariño, yo te llamo.- y así se me perdió entra la multitud. Solo eran cuatro días, pero se me iban hacer eternos. Con tanta ilusión, y tanta alegría quería estar en Madrid ya.

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