Capítulo 15. Fantasmas del pasado.
-No
seas boba, y dame un beso.- yo seguía recorriendo su hombro con mi boca.
-Esa
chica me cae mal, no me gusta.- dijo aún aquella postura.
-¿Por
qué?- pregunté curiosa aunque sabía perfectamente porque.
-Porque
vi la foto que había en tu dormitorio. Y es ella, aunque erais más jóvenes.- se
dio la vuelta para mirarme. –Y se nota que habéis tenido algo.
-Sí, lo
hemos tenido.- dije pasando mi mano por su cuello haciendo que ella se erizara.
Me encantaba tocarle el cuello, sabía que le encantaba.
–Pero tenía diecisiete
años, y hoy cumplo veintitrés. Además, ¿en qué idioma quieres que te diga que
eres tú la mujer de mi vida? TU SEI LA DONNA DELLA MIA VITA.- exclamé perdiéndome
en sus labios. Era fácil quitarle el cabreo, solo necesitaba paciencia.
-Como
te aprovechas de saber italiano para conquistarme.- soltó entre risas. Volvió a
enredarse en mi cuerpo y entre caricias y caricias nos quedamos dormidas.
Al
despertar allí seguía con su cuerpo encima del mío, con su pelo por mi cuello.
Estaba tan perfecta de aquella forma, que no podía despertarla pero era tarde y
debíamos ir a desayunar. Comencé por jugar con su pelo, le fui haciendo leves
caricias por la parte de la nuca pero ella seguía allí tiesa. Hice un rápido
movimiento y me puse yo ahora encima de ella. Parecía un ángel durmiendo. Mis
besos por su cara hicieron que poco a poco se fuera despertando.
-Buenos
días princesa.- le dije con uno en sus labios.
-Jo,
gorda tengo sueño.- volvió a cerrar los ojos y yo me aproveche de su indefenso
cuello. –Vale, vale me levanto. –dijo muerta de la risa. –Pero si tus padres
deben estar durmiendo todavía.- dijo con voz de niña buena. Me encantaba cuando
saca su lado infantil.
-Venga
no seas gandula y levántate.- tiré de ella para que se pusiera en pie y
comenzar a vestirnos. Salimos de mi habitación y efectivamente no había nadie.
Todo en silencio y lo único que se oía eran nuestros dedos crujir y el sonido
de los pájaros.
-¿Ves?
Te lo dije. Nunca me haces caso.- dijo susurrando pegada a mi oído con cara de “tenía
la razón, lo sé”. Y a ella que no le gustaba nada llevarla pues peor aún.
-Coge
tu bolso.- le dije empujándola hacia la habitación de nuevo. –Nos vamos a
desayunar fuera.- me asintió de mala gana por el sueño que tenía y yo, mientras
ella cogía sus cosas, le dejé una nota a mis padres para que no se preocupara.
Y salimos de casa. Un sol radiante asomaba por encima de las montañas, y se
podía ver como brillaba el mar ante su reflejo. El día era perfecto. Nos
sentamos en una terraza a desayunar y estábamos tan agusto que las horas
parecían minutos. Cuando nos dimos cuenta era la hora de almorzar y yo quería
hacerlo en familia. Aquellos días ellos me necesitaban más que nunca, y debía
estar allí. Cuando llegamos a casa estaban todos esperando por nosotras para
sentarse a comer.
-¿Te
gusta el pueblo, Malú?- preguntó mi madre fingiendo una sonrisa, era evidente su tristeza.
-Sí, el
tener la playa tan cerca me encanta. Es muy bonito.- estaba muerta de vergüenza.
Lo de almorzar con mi familia le iba a costar una barbaridad.
Parece
que la cosa fue mejorando y se iba soltando. Mis padres le preguntaban por mí,
si seguía siendo el mismo desastre y si mi carácter seguía siendo el mismo.
Ella me miraba y se reía porque sabía que no. Era un auténtico desastre, no perdía
mi cabeza porque la llevo pegada. Y el carácter era mi marca de identidad,
aunque ella me estaba amainando. Mi
madre me miraba orgullosa sabiendo que de verdad yo me había enamorado. Después
de los postres todos se dirigieron al salón y yo me quedé con mi madre
recogiendo un poco todo.
-Te
gusta de verdad.- dijo mi madre mientras recogía los platos de la mesa.
-Me
conoces bien mamá.
-Gemma,
si eres feliz no tengo nada más que pedirle a dios.- mi madre tan religiosa
como siempre. No cambiaría nunca esta mujer. –Pero ella es famosa y no quiero
que sufras. Ten cuidado por favor.- ay si mi madre supiera. Pero bueno el amor
es así, hoy una de cal y mañana una de arena.
-Mamá
todas las parejas tienen problemas.- dije para que no se preocupara.
-Sí
nené, pero no todas las pareja tienen a un famoso en ellas.- podía notar que a
mi madre no le hacía tanta ilusión mi relación, pero me quiere y la respeta.
-Mami.-
dije agarrándola por detrás. Como la echaba de menos. –No te preocupes que nos
queremos mucho, ¿vale?- ella se echó a reír ante la situación y se dio la
vuelta para abrazarme. Se notaba en sus ojos que estaba destrozada, me da una
pena verla así. –Por cierto mamá.- dije en apoyada en su hombro. –Me ha
regalado un viaje por mi cumple. Nos vamos en agosto a Nueva York y México.- mi
madre se separó de mi en cuanto se lo dije.
-¿Enserio?-
preguntó sorprendida. No sé si le había hecho ilusión o no, su cara me
confundía. –Cuanto me alegro.- logró decir por fin. Después de estar un rato abrazadas
salimos llegamos al salón. Malú estaba fuera en la terraza fumando con mi
padre. Habían hecho buenas migas. A mi padre le gustaba Malú desde que yo era
una adolescente, supongo que se lo habré contagiado. Y se veían relajados
hablando tan plácidamente.
-¿Qué
hacen?- dije sentándome con ellas al solito.
-Tu
padre me cuenta que te encanta ir a pescar cielo.- creo que me puse roja del
sopetón.
-No sé
si me hace tanta gracia que te hagas amiga de mis padres.- dije divertida. –Pero
sí, me encanta ir a pescar con mi padre. Antes de que te vayas te llevaré.
Cuando cumplí los dieciocho me saqué el carné de barco, y desde entonces ni lo
uso.
-¡Qué
guay!- exclamó ella divertida. Mi padre se reía al vernos a la dos en aquella
situación de embobadas.
-Primero
me deberás pedir el barco a mí, ¿no?- dijo mi padre aparentando ser serio. Malú
se lo tomó de verdad, todavía no conocía a mi padre.
-Anda
papi, que yo se que tú me quieres.- me senté en sus rodillas como cuando era
niña y le puse ojitos, nunca fallaba. Mi padre comenzó a reírse y me achuchó
allí en su regazo. Miré hacia ella y tenía la cara de ternura que tanto me
gustaba.
-No te
pongas celosa amor, para ti también tengo.- dije sentándome ahora en las suyas.
Parecía una niña pequeña, pero me lo pasaba bomba. Ella también, al igual que
mi padre, me abrazó y me besó el cuello haciéndome saltar en sus piernas.
Esa
tarde la pasamos en familia. Yo estaba tan bien que ni me acordaba que mi móvil
seguía apagado. Madre mía se me iba a colapsar seguro. Subí a la habitación y
lo encendí, efectivamente mi móvil se colapsó entre tanta llamada y tanto
mensaje. Y allí seguía el de ella, sin contestar.
-¿Sí?-
escuché su dulce voz.
-Hola
Ana.- dije yo tranquila. Si Malú subía y me veía hablando con ella con lo mal
que le cae me mata.
-Hola
Gemma. No respondiste mi mensaje.
-Ana, estábamos
durmiendo y apagué el móvil por el ruido. Lo acabo de ver.- dije una mentira
como una catedral de grande, pero no le podía decir que Malú estaba celosa
porque se aprovecharía.
-Ay, lo
siento. ¿Y qué me respondes?- preguntó de nuevo.
-Ana, ¿para
qué?- le contesté yo sería.
-Porque
te quiero.- y zas en toda la boca. Te la mereces por preguntar me decía mi
mente.
-Lo
siento, pero no. Yo tengo novia. Y lo nuestro hace muchos años que dejó de
funcionar.- esta chica iba a volverme loca. -Ana, hace seis años que me dejaste
y te fuiste con otra tía. Seis años, ¿y pretendes qué yo ahora haga como si
nada? Estás muy equivocada, y te vuelvo a repetir por si no lo entendiste bien
que yo estoy enamorada, muy enamorada.- oí un suspiro de ella y colgué. No
podía creerme aún la sangre fría que tenía. Seis años hace que me dijo que se
iba con otra mujer porque lo que yo le daba no le llegaba. Seis años en los que
la mitad del tiempo he estado enamorada de ella. No puede pretender venir, y
que yo le vuelva a regalar mi corazón como lo hice. No me daba la gana. Malú
entró por la puerta y vio mi cara de enfadada. Gracias a dios que no entró hace
un minuto.
-¿Qué
haces aquí?- preguntó apoyada en la puerta.
-Mirar
mi móvil.- dije sin más. –No recordaba que estaba apagado.
-¿Y por
eso estás cabreada?- me había pillado.
-Supongo
que no. Pero no estoy cabreada.- dije levantándome y agarrando su cintura para
salir de allí con las mejor de las sonrisas.
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