jueves, 6 de marzo de 2014


Capítulo 12. Volver con la frente marchita.

Llegué a Gran Canaria después de una larga siesta. Bajamos del avión y yo tenía que irme corriendo hacia la parte de las Islas Canarias para coger el vuelo de Fuerteventura. Tenía que volar por esos pasillos porque me había comprado los vuelos muy juntos. Y así lo hice. Por fin había llegado al avión y este no tardó mucho en coger vuelo, en una media hora estaría en mi isla. Todavía era de día y pude contemplar el mar desde la altitud, como lo echaba de menos. Como diría mi padre “es curioso, pero un canario se ahoga si no ve el mar”. Y tiene toda la razón, se echa tanto de menos. Que cuando vuelves solo quieres ir a la playa, y más en estas fechas.
 Todavía tenía la imagen de ella en mi cabeza. Vestida toda de negro, sonriéndole a aquella niña. Cuanto la echaba de menos. Apenas pasamos una semana juntas. Y era curioso porque la quiero y parece que lleváramos juntas más de una vida. Pero nuestros caracteres son así, yo quería gritarle al mundo que es la mujer de mi vida. Y ella se hace la valiente y se lo cuenta a su padre, pero luego a la hora de la verdad el miedo no la dejaba vivir. Sin darme cuenta y liada con mis pensamientos ya estaba aterrizando en el aeropuerto. Saqué mi móvil e inconscientemente lo primero que hice fue mirar su whatsapp, no lo hacía desde hace un mes. Pero hoy lo miré. Todavía tenía nuestra foto de perfil, pero el estado lo había cambiado “Lo que el tiempo ha destrozado, corre y déjame llorar.” Era la estrofa de su canción, pero en ese momento significaban tantas cosas. Como la necesitaba en estos momentos. Pero yo no quería que ella se sintiera mal a mi lado, ni quería verme sufrir. Probablemente era lo mejor, ella no quería cambiar su vida en este momento y del todo comprensible. Aunque mis ganas por tenerla eran descomunales.
Llegué a casa y me alegraba tanto de ver a mi familia que me puede haber pasado media hora llorando. Dejé mis cosas y pedí que me llevaran al hospital, no aguantaba más. Cuando llegué vi a mi segunda madre tumbada en aquella cama. Su cara cambió cuando me vio entrar por la puerta.
-¡MI NIÑA!- exclamó al verme. Se puso muy contenta. Me acerqué a ella, y me echó en sus brazos como lo hacía siempre. Seguía teniendo el mismo olor de siempre. No había cambiado nunca de perfume. Mi abuela como la quiero. –Cariño, tienes mala cara. ¿Estás mala?- la que estaba en el hospital era ella, y se preocupaba por mí. Vaya mujer.
-No abuela, no te preocupes.- le dije dándole un beso en la mejilla. Ella agarró mi mano y me miró el anillo que tanto le gustaba.
-¿Estás enamorada?-y zas, en toda la boca. Va a ser verdad que las madres lo sabían todo, y ella era mi segunda madre.
-Sí abuela. –le contesté con una sonrisa tímida. A ella no le podía mentir. –Pero que esté enamorada, no significa que tenga novio abuela.- sabía que en breve me preguntaría, y evidentemente tampoco iba a confesarle mi orientación sexual. No en estas condiciones.
-Seguro que es muy guapo.- me dijo acariciándome la cara.
-Muchísimo abuela.- confesé yo con un suspiro. – Pero bueno, dejemos de hablar de mí. ¿Cómo estás?- le pregunté intento cambiar de tema.
-Bien mi niña, estoy bien. Y ahora que te tengo mucho mejor.- me contestó ella abrazándome de nuevo. Como la echaba de menos, y me dolía tanto verla así. Estuve allí otro rato más hasta que la enfermera me echó porque era la hora de la cena. Que rápido había pasado el tiempo, ya eran las ocho y media de la tarde. Volví a mi casa para bañarme había quedado con mis amigas de toda la vida. Por fin, íbamos terminando la carrera una a una. Y las cuatro filólogas, aunque española solo yo. Ellas eran más internacionales. Fui al banco de siempre de nuestra avenida marítima, y cuando las vi me eché a llorar. Ellas se levantaron al unísono y vinieron a donde estaba yo. Estaban tan guapas María, Gara y Yaiza.
-Gemma, que guapa estás.- me dijo María abrazándose a mí. Hacía muchísimos meses que no las veía. Cuando yo volvía a casa por cualquier cosa ellas estaban estudiando y no coincidíamos.
-Ay por favor, que alegría me da verlas.- dije yo saltando de la emoción. Las cuatro reíamos como locas. –Venga vamos a comer que si no me como a alguien.
Fuimos a la misma pizzería de siempre. Era nuestra rutina, la que yo tanto echaba de menos. Mis amigas desde que éramos niñas, y ya mañana cumplo 23 añazos. Que rápido pasa todo, sin darme cuenta estoy ya en la fecha de mi cumpleaños y con mis mejores amigas de todo la vida. A pesar de por qué estoy aquí, estoy súper feliz. Pasamos la noche entre risas y más risas, dando paseos para bajar lo mucho que habíamos comido. Somos así y no teníamos remedio. Se acercaba la hora de irse, pero todas nos hacíamos las locas. De pronto escucho el sonido de mi móvil, me estaban llamando. No lo podía creer, era ella. Era Lú, que era como la tenía guardada. Dudé, pero me separé unos metros de mis amigas y descolgué.
-Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te desea María Lucía, cumpleaños feliz… Bieeeennn.- aquello era una broma. Era ella cantándome el cumpleaños feliz, se había acordado.
-Lú, te acordaste. Muchas gracias.- contesté después de un silencio.
-Sé que estás en tu casa y es una hora menos, pero para mí oficialmente ya lo es. Y por supuesto que me acuerdo.- claro en la península era ya las doce pasadas. –Y además quería ser la primera en felicitarte.- escuché como soltó una leve sonrisa. No había cambiado nada, era tan estupenda.
-Y los has conseguido. Muchas gracias.- estaba en una nube y mis amigas me observaban divertidas desde el banco en el que se habían sentado. –Bueno, un beso y cuídate.- no escuché su respuesta colgué y volví con aquellas tres.
-No sé quién te llamo, pero tenías una cara de enamorada que amiga se te veía la luz de tus ojos desde la otra punta de la isla.- Gara me conocía demasiado bien, y sabía que algo ocultaba.
-Estás con alguien y, ¿no has sido capaz de decir nada puta?- me preguntó María con ojos de enfadada, giré mi cara hacia Sofi, y me miraba de la misma forma. Eran mis amigas no podía ocultárselo.
-Ha sido todo muy rápido y difícil.- dije en forma de excusa.
-Suéltalo todo antes de que te demos.- se acercaron las tres a mí, formando un corito.
-A ver…- suspiré y cogí fuerzas. –Sí, estoy enamorada de una chica. La conocí de pura casualidad un día. Me pidió ayuda, y sin dudarlo se la ofrecí.
-Pero dinos el nombre, si es guapa y esas cosas tía.- me interrumpió Gara de novelera.
-Chicas, confío en ustedes. Por favor, esto no puede salir de aquí.- todas asintieron dudosas por lo que había dicho. Y yo saqué mi móvil y les enseñé la foto que tenía de fondo de pantalla. Era la misma que tenía ella en el perfil, yo sonriendo con mi cara de enamorada y ella dándome el beso en la comisura de mis labios. Todavía no sabía bien porque la seguía teniendo porque me dolía no tenerla, pero allí estaba. Las tres vieron la foto y me miraron al mismo tiempo.
-No puede ser…- exclamó María. –¿Me estás diciendo que esta qué está besando es la misma que está por todo tu cuarto?- estaban las tres flipando en colores.
-Gemma, ¿estás con Malú tía?- Gara seguía mirando la foto aún sin creérselo.
-Si me dejaran acabar yo les contaba la historia, ¡PESADAS!- les dije quitándoles mi móvil. Ellas se rieron y se juntaron más aún a mí. –Como iba diciendo la conocí de casualidad. Me pidió el favor que la ayudara con la prensa que la seguía y la llevé a casa.- las miraba y creo que nunca las había visto tan atentas. –Ustedes mejor que nadie saben que yo adoro a Malú, y que hace años que vivía enamorada de ella. Pues ese día se lo dije.- todas exclamaron “aaahhh” de sorpresa al oírlo. – La cosa fue que ella se fue ese día como molesta, y yo me estuve arrepintiendo de mi existencia varios días.- mi móvil vibró y en la pantalla del iPhone salió un mensaje de ella. Ellas pusieron los ojos en él y estuvieron a punto de quitármelo para verlo, pero fui rápida y lo cogí antes. Lo miré y me estaba felicitando de nuevo pero esta vez en hora canaria. Ere un sol, me tenía conquistada. Y eso que no quería saber nada de ella.
-O sigues, o te quitamos el móvil, tú decides.- me dijo Sofía en todo de amenaza.
-Sigo, sigo.- reímos las tres a la vez. –Bueno pues me volvió a ver, y me invitó a un concierto de Orozco. Nos besamos, y sentí que mi cuerpo se enamoraba. Y en resumidas cuentas. Dejó a su novio y mantuvimos una relación, pero lo hemos dejado.- lo solté rápido porque esta parte era la que me dolía y no quería volver a vivirla.
-¿Cómo? ¿Por qué? Gemma, que es la mujer de tus sueños tía, ¿cómo la dejas escapar?- estaban las tres de piedra, y porque enseñé la foto, porque no se lo hubiesen creído.
-La dejé yo.- dije bajando la cabeza.
-Tú te caíste al nacer y todavía no lo sabes. ¿Eres retrasada?- Gara era la más directa siempre. Una lágrima cayó por mi mejilla delatándome ante mis amigas.
-Tuve que hacerlo, por mí.- dije ya en un sollozo. Ellas se acercaron dándome cariño. –Su ex en una revista se chivó de la relación de Malú, y ella no quería que el mundo lo supiera. Y para no hacerlo más difícil, lo dejamos.- volví a bajar la cabeza entre mis llantos, y cuando me di cuenta la pantalla de mi móvil estaba encendida. Era mi padre, me estaba llamando. Tenía que cogérselo.
-¿Qué pasa papá?- pregunté yo con un hilo de voz.
-¿Dónde estás?- me dijo agitado.
-En la avenida con las chiquillas…- algo no iba bien, y a mi padre se le notaba.
-Gemma, es abuela.- y rompió a llorar. Mi padre llorando, el hombre más fuerte que conozco. –Abuela ha muerto.- y sin más me eché a llorar yo también. Sin respirar. No podía ser, hacia unas horas que estaba estupenda. No, no y no. Mi abuela no.
-Voy para casa.- dije sin apenas poder hablar. Mis amigas sabiendo lo que pasaba con mi abuela no hizo falta decirles nada, sabían perfectamente lo que había pasado. Estuvieron consolándome un rato, y cuando me disponía a irme volví a mirar mi móvil que vibraba y esta vez era Malú de nuevo. No podía ser, ella ahora no.
-Cógelo.- me susurró María en el oído. –Y dile lo que ha pasado, y que la quieres. Es la mujer de tu vida, no la pierdas.- La verdad que la necesitaba como aire para respirar en este momento, pero yo no podía hablar. Cogí fuerzas, y lo cogí.

-¿Sí?- dije como apenas pude.

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