Capitulo 13. Vivo por ella.
-Oye
amor, ¿qué te pasa?- ay ese amor que bien sonaba. Me conocía demasiado bien y aunque
yo lo intenté sabe hasta por mi voz como estoy. Yo no podía hablar las lágrimas
podían conmigo. Ella me escuchaba y más se preocupaba. –Gemma, por dios. ¿Qué
te pasa?- suspiré y cogí fuerzas para hablar.
-Malú,
he venido porque mi abuela se puso enferma.- dije poniéndola en situación. –Y ha
muerto, mi abuela ha muerto.- después de esto no pude parar de llorar, había
una fuerza en mi que no dejaba. Me dolía la cabeza ya de tanto llorar. Mi
abuela, era mi abuela, repetía mi mente una y otra vez.
-Lo
siento con el alma cariño. Por favor tranquilízate, te lo pido.- me pedía todo
el tiempo.
-Te
tengo que dejar vale.- así no podía mantener una conversación y yo debía ir con
mi familia. –Te quiero.- no sé cómo había dicho eso, pero ya lo había hecho. El
momento me podía.
-Y yo
gorda, y yo.- al oír sus palabras volví a derrumbarme. Esto era un cumulo de
cosas horrorosas. Pero cogí ánimo y colgué. Mis amigas desde que vieron que
había colgado vinieron corriendo a mí para consolarme. Menos mal que las tenía
a ellas aquí.
Llegué
a mi casa y me encontré con toda mi familia llorando. Era un momento tan duro,
pero de los que sacas fuerzas de donde sea y abrazas a tu madre como nunca,
ella no podía ni mirarme. Me esperaba una noche muy larga. Mis hermanos ya se
habían ido al hospital, y de allí iríamos al tanatorio. No me gustaba nada ese
lugar. Le tenía pánico, y se lo sigo teniendo. Acosté a mi madre como pude, e
intenté dormir con ella un poco, pero las dos sabíamos que eso sería imposible.
Yo solo miraba el móvil en el que el mundo me decía que lo sentía mucho y que
tenía que ser fuerte. Estos momentos son súper incómodos porque ni ellos saben
que decirte, ni tú sabes que contestar. Mientras hablaba por el grupo de mis
amigas, vi que en las notificaciones del whatsapp Malú había cambiado de
estado. Fui curiosa a ver que había puesto y era el emoticono del avión con un “ocupado”.
Es verdad, ella en breve se iría a México para el nuevo disco y era este mes.
Seguro que estaría muy liada. Giré mi cabeza para ver cómo estaba mi madre y
por fin los somníferos que le di le hicieron efecto. Y los míos también, dejé
el móvil a mi lado y me dejé llevar por el sueño.
Abrí un
ojo y mi madre seguía con sus ronquidos, y eso me dejaba tranquila estaba
descansando. Porque hoy sería un día muy duro. Mis hermanos y mis tíos se
habían ocupado de todo el papeleo y así mi madre podía descansar un poco que
llevaba muchos días sufriendo. Me di una ducha para arreglarme y para despejar
mi cabeza. Mientras me vestía vi que mi madre se incorporaba. La ayudé a
levantarse y la acompañé hasta el baño para que ella también se duchara y se
tranquilizara algo más.
-Cariño,
feliz cumpleaños. A pesar de esta mierda, no me he olvidado.- dijo mi madre dándome
un beso.
Tenía mi móvil lleno de mensajes y llamadas de
todos mis amigos, incluso de gente que no tenía ni su número. Me alegraba ver
que irían a acompañarme durante el velatorio. Muchos me daban el pésame y me
deseaban un 23 cumpleaños como mejor podían, era un día de mierda como decía mi
madre, y en este día yo cumplía un año más. Lo necesitaba de verdad. Delante de
mi familia yo debía estar fuerte, pero necesitaba llorar y tener apoyo a mi
lado.
Llegamos
al tanatorio y ya habían personas que habían venido a acompañar a mi familia, y
a mi supongo. Mi madre nada más bajarse del coche se echo a llorar, aquello se
le venía arriba y ella no sabía asumirlo. La gente empezó a aglomerarse alrededor
nuestro, y a saludarnos como buenamente podían. Entre la multitud encontré a
mis amigos de la infancia se habían puesto todos de acuerdo para estar ahí. Fue
verlos y derrumbarme. No faltaba ninguno, incluso estaba ella. Allí estaba
aquella amiga que tanto miraba Malú en mi dormitorio. Me vio y vino hacia mí
corriendo. Cuanto tiempo hacia que no la veía. Estaba igual que siempre,
incluso su olor era el mismo que yo recordaba. En su hombro había derramado
muchas lágrimas, y parecía que nada había cambiado.
-Respira
cariño, estamos aquí. Y feliz cumpleaños- me dijo pegada a mi oído. Yo lloraba
y lloraba. Fui pasando por los brazos de toda mi gente. Eran más de treinta, y
no se imaginaban lo mucho que les agradecía que estuvieran ahí en ese momento.
Todos seguíamos igual que siempre, seguíamos siendo los mismos. Entraron conmigo
dentro, y ahí empezó de nuevo la locura. Mis primos se echaron todos encima de
mí, mi familia me abrazaba con ganas. Muchos aparte de darme el pésame también me
felicitaba aunque no era un buen momento. Pasaban horas y seguíamos ahí
recibiendo gente. Como si tuviésemos ganas.
-Vamos,
te invito a una coca-cola.- dijo Ana agarrándome de la mano. Me levanté de
aquellas sillas duras y asquerosas, y me fui con ella. Me vendría genial
tomarme algo.
-Ana,
muchas gracias por estar aquí, y por salvarme de la multitud.- agarré su mano y
ella me respondió con un beso en la mejilla. Iba a ser verdad que donde hubo
fuego cenizas quedan porque aquel beso me puso el alma de punta.
-No
podía dejarte sola en este momento. Sé que tú también necesitas desahogarte. Te
conozco muy bien.- y tan bien, que razón tenía. Menos mal que ella estaba ahí
porque con mi familia me estaba ahogando. Y toda esa gente que llegaba dándome el
pésame, con lo poco que me gustaba estar aquí.
Seguíamos
allí sentadas, recordando viejos tiempos. Seguía teniendo la misma sonrisa que
me volvía loca y seguía igual de guapa. Giré mi cabeza hacia la multitud de
nuevo porque se escuchó un bullicio que no me resultaba normal y vi que ella
estaba aquí. No debía ser un fantasma, pero no. Era Malú. Ana miró también y
tenía una cara de descompuesta.
-¿Qué
coño hace esa mujer aquí?- dijo ella levantándose para verla bien. Vi que Malú
habló con un primo mío y el señaló la cafetería. Y nuestras miradas se encontraron.
Salí de la cafetería y ella vino corriendo donde estaba yo.
-Mi
vida ya me tienes aquí.- dijo mientras me abrazaba a punto de romperme los
huesos. Le dio igual que aquello estuviera lleno de gente. Seguía abrazada a
mi.
-No sé cómo
voy a pagarte esto.- dije llorando en su hombro. Cuanta falta me hacía. Su
olor, su sonrisa, sus ojos. Como quería a esta mujer. Se separó de mí y me secó
las lágrimas. Agarró mi cara con sus manos y me besó. Me dio el beso que más
necesitaba, y el que más quería. Noté como la gente nos miraba con caras de
sorprendidos. Ana seguía allí de pie flipando ante lo que estaba viendo.
-Te
quiero, y siento no haber podido estar aquí en este momento. Cogí el avión
desde que me dijiste lo que pasó.- por eso el emoticono del avión. No podía ser,
estaba haciendo todo aquello delante de aquella multitud de personas. Cuando se
moría de miedo porque esto se supiera, pero lo estaba haciendo por mí. Y lo
demás le daba igual.
-¿Tú
sabes que esto está lleno de gente?
-¿Y tú
sabes que me da todo igual?- me dijo con otro dulce beso. –No pienso dejar que
te vayas de mi vida.
-Eres
la mujer de mi vida.- esta vez la besé yo. –Quiero que conozcas a mi familia.-
miré a Ana y allí seguía. Yo le guiñé un ojo y agarré la mano de Malú. La gente
la iba saludando, algunos me paraban a mí dándome el pésame y seguidamente la
saludaba a ella.
Llegamos
a la sala donde estaba mi familia. Nos vieron entrar de mano y se quedaron un
poco sorprendidos pero disimularon rápidamente. Fue saludando a todos mis
primos y tíos. Algunos entablaban conversación con ella preguntando que hacía aquí,
y ella feliz contestaba que tenía que acompañar a su novia. Mis primos ante su
respuesta se quedaban ahí petrificados. Cuando conseguí llegar donde estaba mis
padres me paré enfrente y agarré su mano.
-Mami,
sé que no es un buen día. Pero recuerdas la amiga que tenía que presentarte. Es
ella.- a mi madre se le iluminó la cara al ver quién era. –Malú ella es la
primera mujer de mi vida.- le dije con una leve sonrisa.
-Ya
decía yo que tú eras demasiado guapa cielo.- se agachó hacia donde estaba mi
madre y le dio dos besos.
-Una
nuera preciosa.- dijo mi madre agarrándole la mano. Ay que contenta me ponía al
verla sonreír. Malú se puso roja como un tomate, y siguió con los dos besos de
mi padre. Y mis hermanos porque todavía no se creían que ella estuviera ahí,
ahí y conmigo.
-Miguel,
Pablo y Alberto, ¿o me equivoco?- les preguntó ella sonriente. Los tres
sonrieron. Y la saludaron cariñosamente. Aquel era un día triste, pero llegó
ella y alegró a todo el mundo.
-Pablo,
déjate de tocar que es mi cari.- mi hermano muerto de vergüenza me fulminó con
la mirada.
-Nos
vamos a la cafetería, ¿vale? Para lo que sea estamos allí.- Le dije a mis
hermanos. Les di un beso a mis padres, y salí de aquella con ella de mano. ¿Cómo
había hecho eso por mí? Tenía que quererla.
Cuando
llegamos a la cafetería seguía Ana allí, ahora con mis chicas.
-Cielo,
te presento a mis amigas. Ella es María, Sofía, Gara, y ella es Ana.- se acercó
a cada una de ellas saludando con una sonrisa. Pero cuando llegó a Ana la miró,
creo que la había reconocido.
-Ana,
las chicas si lo saben. Pero decirte que Malú es mi pareja.- le dije con una
sonrisa. Ella me miró sorprendida, pero asintió levemente.
-Encantada.-
le dijo Malú seria. No entendía nada. Las dos se quedaron mirándose muy serias.
Y sin conocerse nada. Yo fui a la barra de la cafetería a pedir algo para las
seis. Mientras las chicas hablaban con Malú, Ana vino a donde estaba yo.
-¿Por
qué no me habías dicho nada?
-Porque
hoy te veo después de tantos años, Ana.- le dije sin mirarla esperando al
camarero.
-No me
lo esperaba, me dejó muerta.- ella se sentó en el taburete, para que la mirara.
-Pues
es la mujer a la que amo. Vete acostumbrándote.- la miré y ella se estaba
acercando.
-Gemma,
yo te sigo queriendo.- ¿Qué me estaba contando? Esta chica, no veía que mi
novia estaba en la mesa de atrás. Miré para Malú y tenía la mirada clavada en
nosotras. No le respondí, cogí las coca-colas y me dirigí a la mesa dejándola allí
sentada. Lo que me faltaba es que ahora me pase esto.
-Chicas,
ya es la hora de la misa.- dijo mi hermano Miguel desde la puerta. Nos
levantamos, y Malú y yo íbamos delante de ellas. Agarró mi mano, y me dio un
beso en el cuello para tranquilizarme. Llegaba un momento nefasto.
Hoy
quiero agradeceros con estos dos capítulos que estéis ahí. Hace dos semanas que
comenzó esta locura. Un día en clase antes de morirme del aburrimiento me dio
por escribir, y la cosa siguió. Y hace una semana que esto lo hice público. Y
estamos a punto de llegar a las 4.000 visitas. Doy las gracias de verdad,
muchísimas gracias. A todos los que me habéis animado para seguir, y a todos
los que me mandan un mensaje diciéndome que les encanta. Me hacéis feliz,
graciasJ
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