jueves, 6 de marzo de 2014

Capitulo 13. Vivo por ella.            

-Oye amor, ¿qué te pasa?- ay ese amor que bien sonaba. Me conocía demasiado bien y aunque yo lo intenté sabe hasta por mi voz como estoy. Yo no podía hablar las lágrimas podían conmigo. Ella me escuchaba y más se preocupaba. –Gemma, por dios. ¿Qué te pasa?- suspiré y cogí fuerzas para hablar.
-Malú, he venido porque mi abuela se puso enferma.- dije poniéndola en situación. –Y ha muerto, mi abuela ha muerto.- después de esto no pude parar de llorar, había una fuerza en mi que no dejaba. Me dolía la cabeza ya de tanto llorar. Mi abuela, era mi abuela, repetía mi mente una y otra vez.
-Lo siento con el alma cariño. Por favor tranquilízate, te lo pido.- me pedía todo el tiempo.
-Te tengo que dejar vale.- así no podía mantener una conversación y yo debía ir con mi familia. –Te quiero.- no sé cómo había dicho eso, pero ya lo había hecho. El momento me podía.
-Y yo gorda, y yo.- al oír sus palabras volví a derrumbarme. Esto era un cumulo de cosas horrorosas. Pero cogí ánimo y colgué. Mis amigas desde que vieron que había colgado vinieron corriendo a mí para consolarme. Menos mal que las tenía a ellas aquí.

Llegué a mi casa y me encontré con toda mi familia llorando. Era un momento tan duro, pero de los que sacas fuerzas de donde sea y abrazas a tu madre como nunca, ella no podía ni mirarme. Me esperaba una noche muy larga. Mis hermanos ya se habían ido al hospital, y de allí iríamos al tanatorio. No me gustaba nada ese lugar. Le tenía pánico, y se lo sigo teniendo. Acosté a mi madre como pude, e intenté dormir con ella un poco, pero las dos sabíamos que eso sería imposible. Yo solo miraba el móvil en el que el mundo me decía que lo sentía mucho y que tenía que ser fuerte. Estos momentos son súper incómodos porque ni ellos saben que decirte, ni tú sabes que contestar. Mientras hablaba por el grupo de mis amigas, vi que en las notificaciones del whatsapp Malú había cambiado de estado. Fui curiosa a ver que había puesto y era el emoticono del avión con un “ocupado”. Es verdad, ella en breve se iría a México para el nuevo disco y era este mes. Seguro que estaría muy liada. Giré mi cabeza para ver cómo estaba mi madre y por fin los somníferos que le di le hicieron efecto. Y los míos también, dejé el móvil a mi lado y me dejé llevar por el sueño.

Abrí un ojo y mi madre seguía con sus ronquidos, y eso me dejaba tranquila estaba descansando. Porque hoy sería un día muy duro. Mis hermanos y mis tíos se habían ocupado de todo el papeleo y así mi madre podía descansar un poco que llevaba muchos días sufriendo. Me di una ducha para arreglarme y para despejar mi cabeza. Mientras me vestía vi que mi madre se incorporaba. La ayudé a levantarse y la acompañé hasta el baño para que ella también se duchara y se tranquilizara algo más.
-Cariño, feliz cumpleaños. A pesar de esta mierda, no me he olvidado.- dijo mi madre dándome un beso.
 Tenía mi móvil lleno de mensajes y llamadas de todos mis amigos, incluso de gente que no tenía ni su número. Me alegraba ver que irían a acompañarme durante el velatorio. Muchos me daban el pésame y me deseaban un 23 cumpleaños como mejor podían, era un día de mierda como decía mi madre, y en este día yo cumplía un año más. Lo necesitaba de verdad. Delante de mi familia yo debía estar fuerte, pero necesitaba llorar y tener apoyo a mi lado.

Llegamos al tanatorio y ya habían personas que habían venido a acompañar a mi familia, y a mi supongo. Mi madre nada más bajarse del coche se echo a llorar, aquello se le venía arriba y ella no sabía asumirlo. La gente empezó a aglomerarse alrededor nuestro, y a saludarnos como buenamente podían. Entre la multitud encontré a mis amigos de la infancia se habían puesto todos de acuerdo para estar ahí. Fue verlos y derrumbarme. No faltaba ninguno, incluso estaba ella. Allí estaba aquella amiga que tanto miraba Malú en mi dormitorio. Me vio y vino hacia mí corriendo. Cuanto tiempo hacia que no la veía. Estaba igual que siempre, incluso su olor era el mismo que yo recordaba. En su hombro había derramado muchas lágrimas, y parecía que nada había cambiado.
-Respira cariño, estamos aquí. Y feliz cumpleaños- me dijo pegada a mi oído. Yo lloraba y lloraba. Fui pasando por los brazos de toda mi gente. Eran más de treinta, y no se imaginaban lo mucho que les agradecía que estuvieran ahí en ese momento. Todos seguíamos igual que siempre, seguíamos siendo los mismos. Entraron conmigo dentro, y ahí empezó de nuevo la locura. Mis primos se echaron todos encima de mí, mi familia me abrazaba con ganas. Muchos aparte de darme el pésame también me felicitaba aunque no era un buen momento. Pasaban horas y seguíamos ahí recibiendo gente. Como si tuviésemos ganas.
-Vamos, te invito a una coca-cola.- dijo Ana agarrándome de la mano. Me levanté de aquellas sillas duras y asquerosas, y me fui con ella. Me vendría genial tomarme algo.
-Ana, muchas gracias por estar aquí, y por salvarme de la multitud.- agarré su mano y ella me respondió con un beso en la mejilla. Iba a ser verdad que donde hubo fuego cenizas quedan porque aquel beso me puso el alma de punta.
-No podía dejarte sola en este momento. Sé que tú también necesitas desahogarte. Te conozco muy bien.- y tan bien, que razón tenía. Menos mal que ella estaba ahí porque con mi familia me estaba ahogando. Y toda esa gente que llegaba dándome el pésame, con lo poco que me gustaba estar aquí.

Seguíamos allí sentadas, recordando viejos tiempos. Seguía teniendo la misma sonrisa que me volvía loca y seguía igual de guapa. Giré mi cabeza hacia la multitud de nuevo porque se escuchó un bullicio que no me resultaba normal y vi que ella estaba aquí. No debía ser un fantasma, pero no. Era Malú. Ana miró también y tenía una cara de descompuesta.
-¿Qué coño hace esa mujer aquí?- dijo ella levantándose para verla bien. Vi que Malú habló con un primo mío y el señaló la cafetería. Y nuestras miradas se encontraron. Salí de la cafetería y ella vino corriendo donde estaba yo.
-Mi vida ya me tienes aquí.- dijo mientras me abrazaba a punto de romperme los huesos. Le dio igual que aquello estuviera lleno de gente. Seguía abrazada a mi.
-No sé cómo voy a pagarte esto.- dije llorando en su hombro. Cuanta falta me hacía. Su olor, su sonrisa, sus ojos. Como quería a esta mujer. Se separó de mí y me secó las lágrimas. Agarró mi cara con sus manos y me besó. Me dio el beso que más necesitaba, y el que más quería. Noté como la gente nos miraba con caras de sorprendidos. Ana seguía allí de pie flipando ante lo que estaba viendo.
-Te quiero, y siento no haber podido estar aquí en este momento. Cogí el avión desde que me dijiste lo que pasó.- por eso el emoticono del avión. No podía ser, estaba haciendo todo aquello delante de aquella multitud de personas. Cuando se moría de miedo porque esto se supiera, pero lo estaba haciendo por mí. Y lo demás le daba igual.
-¿Tú sabes que esto está lleno de gente?
-¿Y tú sabes que me da todo igual?- me dijo con otro dulce beso. –No pienso dejar que te vayas de mi vida.
-Eres la mujer de mi vida.- esta vez la besé yo. –Quiero que conozcas a mi familia.- miré a Ana y allí seguía. Yo le guiñé un ojo y agarré la mano de Malú. La gente la iba saludando, algunos me paraban a mí dándome el pésame y seguidamente la saludaba a ella.

Llegamos a la sala donde estaba mi familia. Nos vieron entrar de mano y se quedaron un poco sorprendidos pero disimularon rápidamente. Fue saludando a todos mis primos y tíos. Algunos entablaban conversación con ella preguntando que hacía aquí, y ella feliz contestaba que tenía que acompañar a su novia. Mis primos ante su respuesta se quedaban ahí petrificados. Cuando conseguí llegar donde estaba mis padres me paré enfrente y agarré su mano.
-Mami, sé que no es un buen día. Pero recuerdas la amiga que tenía que presentarte. Es ella.- a mi madre se le iluminó la cara al ver quién era. –Malú ella es la primera mujer de mi vida.- le dije con una leve sonrisa.
-Ya decía yo que tú eras demasiado guapa cielo.- se agachó hacia donde estaba mi madre y le dio dos besos.
-Una nuera preciosa.- dijo mi madre agarrándole la mano. Ay que contenta me ponía al verla sonreír. Malú se puso roja como un tomate, y siguió con los dos besos de mi padre. Y mis hermanos porque todavía no se creían que ella estuviera ahí, ahí y conmigo.
-Miguel, Pablo y Alberto, ¿o me equivoco?- les preguntó ella sonriente. Los tres sonrieron. Y la saludaron cariñosamente. Aquel era un día triste, pero llegó ella y alegró a todo el mundo.
-Pablo, déjate de tocar que es mi cari.- mi hermano muerto de vergüenza me fulminó con la mirada.
-Nos vamos a la cafetería, ¿vale? Para lo que sea estamos allí.- Le dije a mis hermanos. Les di un beso a mis padres, y salí de aquella con ella de mano. ¿Cómo había hecho eso por mí? Tenía que quererla.

Cuando llegamos a la cafetería seguía Ana allí, ahora con mis chicas.
-Cielo, te presento a mis amigas. Ella es María, Sofía, Gara, y ella es Ana.- se acercó a cada una de ellas saludando con una sonrisa. Pero cuando llegó a Ana la miró, creo que la había reconocido.
-Ana, las chicas si lo saben. Pero decirte que Malú es mi pareja.- le dije con una sonrisa. Ella me miró sorprendida, pero asintió levemente.
-Encantada.- le dijo Malú seria. No entendía nada. Las dos se quedaron mirándose muy serias. Y sin conocerse nada. Yo fui a la barra de la cafetería a pedir algo para las seis. Mientras las chicas hablaban con Malú, Ana vino a donde estaba yo.
-¿Por qué no me habías dicho nada?
-Porque hoy te veo después de tantos años, Ana.- le dije sin mirarla esperando al camarero.
-No me lo esperaba, me dejó muerta.- ella se sentó en el taburete, para que la mirara.
-Pues es la mujer a la que amo. Vete acostumbrándote.- la miré y ella se estaba acercando.
-Gemma, yo te sigo queriendo.- ¿Qué me estaba contando? Esta chica, no veía que mi novia estaba en la mesa de atrás. Miré para Malú y tenía la mirada clavada en nosotras. No le respondí, cogí las coca-colas y me dirigí a la mesa dejándola allí sentada. Lo que me faltaba es que ahora me pase esto.
-Chicas, ya es la hora de la misa.- dijo mi hermano Miguel desde la puerta. Nos levantamos, y Malú y yo íbamos delante de ellas. Agarró mi mano, y me dio un beso en el cuello para tranquilizarme. Llegaba un momento nefasto.


Hoy quiero agradeceros con estos dos capítulos que estéis ahí. Hace dos semanas que comenzó esta locura. Un día en clase antes de morirme del aburrimiento me dio por escribir, y la cosa siguió. Y hace una semana que esto lo hice público. Y estamos a punto de llegar a las 4.000 visitas. Doy las gracias de verdad, muchísimas gracias. A todos los que me habéis animado para seguir, y a todos los que me mandan un mensaje diciéndome que les encanta. Me hacéis feliz, graciasJ

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