lunes, 3 de marzo de 2014


Capítulo 10. Un amor de primavera.

-He visto tu foto del perfil de whatsapp.- le dije sentándome a su lado. Ella también se acomodó para estar frente a mí.
-La puse desde que le dijiste a mi padre que era la mujer de tu vida.- me dijo colocando mi pelo detrás de mi oreja. La mujer de mi vida, no fueron esas mis palabras literalmente pero ella lo había interpretado muy bien. Lo peor es que lo había hecho desde hace días, y yo preocupándome del otro individuo.
-Es una foto preciosa.- me levanté del sofá para recoger la mesa. Pero ella se levantó al mismo tiempo que yo, y empujándome me dejó sentada de nuevo pero ahora Malú estaba sobre mí. Estaba muy cerca de mí, podía oler perfectamente cada poro de su piel.
-Te quiero.- no había terminado de decirlo y tenía sus labios posado en los míos. Fue un beso largo, con fuerza, un beso en el que parecíamos una sola persona. Ella no dejaba de moverse como si tuviera hormiguitas en el cuerpo. No podía decirle que parase, básicamente porque no quería. Me daba igual todo lo que había pasado entre nosotras. Era mía, y yo la sentía. No tendría la cara que yo pensaba que debía tener, pero porque no le había dado tiempo a ello. Debía relajarme y vivir aquel momento. Y mi momento era ella. Me agarraba y se perdía con mi pelo. Yo intentaba calmarla agarrando su cintura, pero no se dejaba. Y por fin se separó dejándome coger aire y observar semejante belleza.
-Yo también te quiero, y si tenía dudas te las acabas de comer una a una.- rió ante mi comentario. Y volvió de nuevo a mis labios, pero ahora más suave y calmada. Con ternura. Ahora saboreaba sus labios, y de los labios pasaba a su cuello, a su pecho. Su olor me embriagaba, mis sentidos estaban todos en otro mundo. Malú comenzó a desabrochar mi camisa de botones que tanto me gustaba. Poco a poco, y todo esto a un solo centímetro de mi boca. Cuando sus dedos rozaban mi piel mi corazón latía con la fuerza de un volcán. Una vez que deshizo de ella, comenzó a besarme todo mi vientre, el pecho, subía al cuello y volvía a bajar de nuevo. Yo tenía que cerrar los ojos porque en breve me iba a desmallar. No sé que me estaba haciendo, pero me estaba matando. Sus manos bajaban y subían por mi cuerpo suavemente, como leves caricias. Me concedí el permiso de meter mis manos frías por debajo de su blusa. Recorriendo su espalda y pasando por todo aquel cuerpo de vértigo. Paró de besarme para recostarme en aquel cómodo sofá. Seguía encima de mi cuerpo, pero esta vez su torso rozaba con el mío. Haciéndome sentir una mujer única. Fue desnudándome como solo ella sabía hacerlo, me temblaba el alma estando así. Su mirada se encontraba con la mía, mis pelos se erizaban cuando los suyos caían por mi cuerpo.

 No sé cuánto tiempo pasó desde que me hizo perder el tino. Pero era tarde y tuvimos que coger rápidamente nuestras cosas y pedirle a Jose de nuevo que nos llevara al aeropuerto. Esa tarde no había grandes colas en el aeropuerto, lo que era curioso. Pasamos el control rápido, pero tuvimos que esperar mucho tiempo para volar. El dichoso avión se había retrasado, y yo estaba en el aeropuerto de la capital española con la cantante femenina del momento. Aquello era insoportable. Ella notó mi cara de agobio y, despidiendo amablemente a la gente que tenía alrededor, me cogió de la mano y me metió en un baño que había cerca. Sin ninguna solución porque en el baño también habían mujeres que la reconocieron. Me dio un suave empujón y se metió conmigo en unos de los baños.
-¿Qué haces?- pregunté en tono más bajo de lo normal.
-Escapar de la multitud.- me dijo mientras se sentaba encima de mí. –Aquí nadie nos molestará.- lo había hecho por mí, al verme en aquella situación incómoda. Pero yo debía respetarla, Malú abarcaba muchísimo. Y nadie mejor que yo lo sabía. Pasamos así un buen rato hasta que por el megáfono del aeropuerto escuchamos que nuestro vuelo ya estaba disponible. Salimos de aquel baño ante la mirada de algunas mujeres. Ella se percató y agarró mi mano. No entendí a que vino ese gesto, pero no se la iba a rechazar. Nos acomodamos en el avión, y por fin salió con destino Sevilla. Su mano estaba entrelazada con la mía, y con su dedo gordo fue haciéndome suaves caricias hasta que las dos nos quedamos dormidas.

La azafata nos avisó de que ya habíamos llegado. Abrí un ojo y todo el avión ya había salido, excepto nosotras. Seguíamos con las manos entrelazadas y las dos con una sonrisa de bobas enamoradas. Era tan especial para mí. La quería tanto. Salimos del avión, y seguidamente de aeropuerto sevillano. Su coche parecía que nos estaba esperado. Hacía un frío horroroso ese día. Con el día tan bueno que había hecho en Madrid. Nos metimos las dos congeladas de la poca ropa que llevábamos. Puso el calefactor y arrancó. El camino se me hizo súper corto, creo que no tardamos ni quince minutos en llegar a mi casa. Pero allí estábamos. Bajé y saqué mi maleta de la parte de atrás. Ella bajó su ventanilla para darme un beso, pero yo me aparté en el momento justo. Me miró sorprendida por el gesto y bajo la cabeza dolida.
-No quiero un beso de despedida.- le dije agarrándole la barbilla para levantar su cabeza. –Quédate a dormir conmigo.- la cara se le iluminó de tal forma que parecía un faro. Qué guapa estaba con esa carita de niña pequeña. Se bajó del coche ilusionada y entramos en casa. Ella jamás había estado en el piso superior donde estaba mi dormitorio. Y volvió a repetir la misma escena de cuando conoció el piso de abajo. Se detuvo en cada una de las fotos que decoraban mi cuarto. La mayoría eran de mi familia, de mis amigos. Mi sobrino destacaba por toda la habitación. Observaba a mis hermanos con curiosidad. Yo la veía sonreír desde la cama. Me hacía una gracia verla así, tan curiosa. Pero había una foto que le llamaba la atención. Volvía a mirarla a cada rato. Era una foto con una amiga, mi primer amor. Yo la abrazaba por detrás y ella sonreía como una niña. Malú se dio cuenta de que no era una foto cualquiera. Y era verdad, no es una foto cualquiera, nunca lo será. No dijo nada, y después de ver todo lo que había en mi cuarto se acostó a mi lado. Estábamos agotadas, y no tardamos demasiado en perdernos con nuestros sueños.

A la mañana siguiente me levanté muy temprano. Dejándola a ella dormir plácidamente. Yo tenía que exponer aquel dichoso trabajo. Ya llegaba tarde así que ni desayuné, pero le dejé una nota a Malú en la mesa de noche. “Me voy, pero volveré. Te quiero princesa… (Estás en tu casa).” Y después de besar su pelo, me fui. Cogí mi preciada moto, que tanto había echado de menos en aquella ciudad, y me fui hacia la facultad. Cuando llegué mis compañeras no estaban. Así que me senté junto a Carmen. No me vio llegar, estaba tan metida en sus papeles que no se fijó que la que estaba sentada a su lado era yo.
-No te pongas nerviosa que te va a salir genial.- le dije susurrando cerca de su oído. Dio un pequeño saltito del susto, y me miró. Estaba realmente nerviosa. Pero conociéndola le iba a salir de lujo, se lo curraba mucho.
-Te he echado de menos canaria. ¿Dónde te has metido?- me preguntó dándome un suave beso en la mejilla. A veces me sorprendía su impulsividad. Mis amigas entraron por la puerta y nada más verme se lanzaron sobre mí. Me habían echado de menos, tanto como yo a ellas.
La clase avanzaba y yo notaba a Carmen más rara de lo normal. No le pregunté que le pasaba pero algo le pasaba seguro. Estaba rara, no paraba de mirarme. Por todo se reía y de todo hacía una gracia. Cuando pasaron aquellas interminables dos horas me acerqué a mis chicas.
-Tía, vaya tela contigo, ¿no? ¿Dónde has estado?- Miriam siempre era la primera en avasallarme. Pero en el fondo me gustaba que se preocupara por mí.
-Me fui a Madrid unos días.- contesté sin más, tan tranquila.
-¿Y te quedas fresca?- preguntó divertida Ángela. En el fondo sabía que se morían de la envidia, cualquier excusa es buena para no ir a estas dichosas clases.
-Oye Gemma.- escuché desde la puerta. –No te he dicho que me encantó el power-point.- Carmen estaba apoyada en el marco con una sonrisa de oreja a oreja. Yo le contesté con una leve sonrisa asintiendo lo que me decía. En el fondo me moría de la vergüenza.
-¿Te has dado cuenta de que le gustas?- me dijo Ángela “la cotilla” como la llamaba yo. Miriam también me miró corroborando lo que decía nuestra amiga.
-Pues no.- contesté sincera. Y era verdad. A lo mejor la notaba un pelín más rara, pero no pensaba que le gustase. Pero me importaba entre poco y nada, yo había encontrado al amor de mi vida.
-Pues ésta en breve te tira la caña.- rió divertida Miriam. Amigas para esto, eran de lo peor.
-Pues que la tire.- reí divertida. -Dudo que pueda pescar algo.- y les puse unos ojitos de enamorada.
-¡¡Aaaaahhhh!!- gritó Miriam alertando a toda la clase. Le eché una mirada asesina y bajó el volumen. –Era eso lo que tenías estos días, el amor.- las pobres todavía seguían preocupadas por mí.
-¡QUÉ BONITO ES EL AMOR CUANDO NACE EN PRIMAVERA!- exclamó Ángela agitando los brazos notablemente. Toda la clase observaba nuestro trío. Miriam y yo reíamos a carcajadas, y a Ángela le había entrado un arrebato de poeta.

Ellas seguían a lo suyo, y yo intentaba concentrarme en aquellos papeles para que la exposición me fuera bien. Al poco rato llegó la hora. Carmen y yo nos levantamos y comenzamos a exponer nuestro trabajo. Todo iba sobre ruedas, hasta que hubo un momento en el que ella se atascó y no podía salir de aquel marrón. Agarré su mano y la miré guiñándole un ojo. Tenía que tranquilizarse y a lo mejor mi gesto la ayudaba. Y así fue. Todo terminó como esperábamos y salimos de allí muy contentas. Tan contentas que estuvo varios minutos insistiéndome para que nos fuéramos de cañas. Pero mi último no rotundo le hizo huella. Me guiñó un ojo y se fue. Yo quería llegar a casa cuanto antes, sabía que allí estaría la chica que me hace soñar despierta. Cogí mi moto y me fui hacia mi casa. Su coche seguía allí, aparcado delante de la puerta de casa. Y tan solo al verlo mi corazón se aceleró. Entré en su busca, y me la vi con el móvil en la mano tirándolo al aire una y otra vez. Estaba nerviosa, y solo de pensar el por qué me moría de miedo.
-Ya estoy en casa.- le dije dándole un beso en la frente. Ella me miró y por un segundo se tranquilizó. -¿Qué te pasa?- le dije apartando el móvil de sus manos antes de que lo tirase.
-En casa.- repitió ella. –Que bien suena.- se estaba desviando, pero no se iba a salir con la suya.
-No ignores lo que te pregunto. ¿Qué te pasa?- pregunté de nuevo.
-Pues esto…- cogió su móvil y me lo acercó. Era una entrevista. No entendía nada, porque no era ni suya. –Han entrevistado a Carlos como manager de “la cantante más famosa de España”.- ¿Carlos era su manager? ¿Y por qué coño no lo había despedido ya? Pero, ¿y qué? No creo que fuese tan importante.
-¿Y qué ha pasado?- pregunté sentándome a su lado.
-¿Qué ha pasado?- estaba enfadada y se le notaba solo en la mirada. –Que le han preguntado como estoy, y ha soltado que muy feliz con mi nueva novia.- me dijo subiendo el tono de su voz. Agarré la mano para tranquilizarla pero no había forma. –Es un hijo de puta. ¿Sabes la de llamadas qué he recibido por la jodida entrevista?- estaba realmente enfadada. En el fondo la entendía, era su vida. Y no tenía derecho de hacer eso. Pero por otro lado me jodía que le diese tanta importancia.
-¡No me jodas!- dije yo después de salir de mi asombro. Era realmente un hijo de puta. - ¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer?- pregunté asustada.

-Pues no lo sé, Gemma. No lo sé…

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