Capítulo 23. El amor es una cosa simple.
-Vístete
que llegamos tarde.- me gritó desde el baño.
-Pues
como siempre.- exclamé yo divertida. –Además, ya estoy vestida y maquillada
esperando por ti cielo. Esta tarde era la entrevista en aquella famosa revista,
y las dos estábamos como flanes, ella sobre todo. Probablemente se moría de
miedo al no saber qué pasaría con nuestras vidas después de todo esto. Pero era
un gesto que hacía que la quisiese más si cabe.
-Relájate
amor.- entró en el coche y no sabía cómo sentarse.
-No
puedo, jamás había hecho algo igual. No me gusta hablar de mi vida privada.
-Oye,
no tienes porque hacerlo, ¿vale?- dije apretando su muslo con fuerza. Lo último
que yo quería es que ella se sintiera obligada a hacerlo. Habían pasado dos
meses desde la entrevista de Carlos y no habíamos tenido grandes problemas.
Bueno o sí, nuestra ruptura. Pero lo hemos sabido llevar, y esto no es tampoco
tan necesario.
-Gemma,
te quiero. Y quiero pasear contigo cuando me dé la gana, quiero que el mundo
sepa que soy muy feliz, y que tú eres la causa de esta felicidad.- dijo muy
segura. –Además todo tu pueblo lo sabe, en nada se hará público. Mejor que lo
hagamos nosotras, ¿no?
-Si
estás segura, sí.- sus labios fueron directos a los míos para calmar los
nervios que también yo tenía.
Llegamos
al edificio que nos habían comunicado días anteriores. En pleno centro de
Madrid, así que aparcar el coche fue todo una odisea. Llegábamos con diez minutos
de retraso y ya había una marabunta de gente esperándonos en el recibidor del
edificio, y nuestra excusa fue el coche, que fácil resultaba soltar eso en
pleno Madrid y que se lo creyeran.
-¡Malú!-
exclamó la periodista al vernos. Parecían que ya se conocían. –Y tú debes de
ser la famosa Gemma, ¿no?- dijo dándome dos besos. ¿Famosa? De que me conocía a
mí esta chica.
-Somos
conocidas desde hace mucho.- me dijo Lú al oído al ver mi cara descompuesta.
-Pasad
chicas, aquí estaremos muy cómodas.- llegamos a una sala enorme pero que al
mismo tiempo era bastante acogedora. Con unos sillones inmensos y tremendamente
cómodos. La verdad que nos estaban tratando de maravilla.
-Bueno,
¿quién quiere empezar?- preguntó la simpática periodista. Las dos nos miramos
muertas de miedo, agarré su mano y entrelazamos nuestros dedos intentando
relajarnos. –Va Lula, empezaremos por ti.- vaya confianzas se llevaban aquí mis
primas.
-Sí,
empezaré yo.- contestó mi chica.
Fueron
pasando las horas y cada vez estábamos más a gusto.
-¿Algo
que añadir para terminar Gemma?- me dijo con una gran sonrisa.
-Sí,
que he encontrado al amor de mi vida.- Malú me miró sorprendida y me dedicó una
gran sonrisa acompañada de un dulce beso.
-Pues
listo chicas, ¿me dejáis que os eche unas fotos?- las dos asentimos y a los
diez minutos salimos de aquel enorme edificio.
-¿Comemos
fuera? Ya que mañana es público lo podemos celebrar, ¿no?- su mirada estaba
perdida. Seguía teniendo dudas de todo aquello. -¿Qué pasa Malú?
-No es
nada, solo que tengo miedo…
-¿A
qué?- pregunté curiosa.
-A que
lo que suceda después de esto se cargue lo nuestro.
-Malú,
si lo hemos hecho es sencillamente por eso. Para vivir libres, sin miedos.
Confía en esto, yo sé que es para siempre. Pero tú también tienes que saberlo.
-Te
quiero gorda, y es para siempre.- dijo al fin. Me mataba verla así, tenía sus
dudas y era lo más normal. Mañana el mundo iba a querer saber todo de ella, y
no era ese el plan.
-Tengo
una idea.- dije agarrándola de las caderas.
-Sorpréndeme.
-¿Y si
nos vamos unos días hasta que la cosa se calme a un hostal en el norte?
-Tengo
mil cosas que hacer amor.- me dijo con la cabeza gacha.
-Solo
son unos días, y me lo vas a agradecer cuando estén en la puerta de casa
tocando las narices.
-¿La
puerta de casa? Qué bien ha sonado eso.- me dio un leve piquito y asintió.
-Por
fin me haces caso en algo vida.- su patada en el culo fue repentina. Me
encantaba picarla y luego ir, y que con un susurro vuelva a ser la misma tonta
de siempre.
Después
de pasar por casa y coger nuestras cosas, al fin habíamos llegado a una casa
rural que estaba en la Sierra de Madrid. Nos iba a venir genial el despertar
con el sonido de los pájaros y no encontrarnos con el revuelo al día siguiente.
Era evidente que nos teníamos que enfrentar algún día, pero lo mejor ahora iba
ser despejarnos un poco, y asumir lo que se venía. Nos llamarían de todos lados
lo más seguro, y era lo último que queríamos. Mi único fin era ser feliz y
hacerla feliz a ella. Me había demostrado que me quería, eso lo estaba haciendo
por la dos y porque todo esto saliera adelante. Yo debía hacer lo mismo, cuidarla
y protegerla. Prometerle que esto iba a salir bien, y así tendría que ser. Solo
debíamos aguantar un poco más porque en un mes estaríamos viajando a México y
estaríamos un poco más relajadas. Su cara me trasmitía todavía esa inseguridad,
y era el momento de disfrutar y relajarnos y dejar de pensar en lo que pasaría.
-La
casa es realmente preciosa.- dije abrazándola por detrás sin que se diera
cuenta.
-Sí, la
verdad es que es muy acogedora.
-Lú, déjate
llevar por el momento anda. Ya habrá tiempo para pensar en todo lo demás, ahora
relájate y disfruta.- se giró para ponerse frente a mí. Después de tanto tiempo
seguía sin acostumbrarme a que me mirase así o a tener su sonrisa tan cerca.
-Jo, es
que no quiero que estropeen esto.- me mataba cada vez que me ponía esos
morritos de niña buena.
-¿En
qué idioma te tengo que decir que no van a estropear nada? Ya lo intentaron una
vez Malú, y aquí seguimos.
-Pero
esta vez es diferente cielo. Ahora hemos sido nosotras las que hemos dado la
cara.
-¿Y
qué?- pregunté acercándome más a ella. -El mundo debe saber que estás “enamorada,
tejiendo lunas en la madrugada”.- canté risueña.
-Ay
dios, no se puede hablar nada serio contigo.- y seguidamente rió conmigo.
-Tengo
una gran sorpresa para ti.- dije terminando la frase con un dulce beso.
-¿Y no
me lo vas a decir? ¿A qué no?- me conocía demasiado bien y una sorpresa es una
sorpresa.
-Mi
niña que lista que es señor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario