sábado, 8 de marzo de 2014


Capítulo 14. Sorpresas te da la vida.

Después de pasar todo aquel mal trago llegamos a casa. Mis padres estaban destrozados pero ya dejaron de llorar todo el tiempo, y estaban algo más calmados. Lo normal después de tantas horas de lágrimas, muchas no les quedan. Yo tenía la misma cara de un fantasma en su peor noche. Mis ojeras llegaban al suelo y mi cara parecía que tenía diez años más. Pero la tenía a ella y me hacía tan feliz verla allí. No me dejó ni un segundo sola.

Estábamos las dos acostadas en mi cama de 90cm de cuando yo vivía en casa, ella con la mitad de su cuerpo encima del mío, algo estrechas pero cómodas. Toda mi casa estaba en silencio, mis padres por fin descansaban y mis hermanos ya se habían ido a sus respectivas casas. Yo recorría su brazo con mis dedos, y ella hacía con los suyos que caminaba encima de mi tripa.
-¿Oye y si salimos a despejar la cabeza?- me dijo jugando ahora con mis pulseras.
-¿Ahora? Y, ¿a dónde?- estábamos para una foto en aquella cama la una jugando con la otra.
-Jo, tienes una playa a tres minutos a pie. Y la noche está perfecta. Como todas las de verano- dijo mirándome con cara de niña buena. –Te vendrá bien para despejarte.
-Venga, vamos.- con esa mirada yo no podía decirle que no. Además llevaba razón, lo necesitaba.
Salimos de mi casa sin hacer ruido para no despertar al personal. A ella se la veía relajada, tranquila y serena. La admiraba tanto, creo que es la única persona que hace templarme cuando estoy que me subo por las paredes. Y lo consiguió durante todo el día. Llegamos a la playa que tantos momentos me había dado. Era una noche maravillosa en la que la luna llena alumbraba la orilla. Agarradas de la mano paseamos mientras el agua bañaba nuestros pies. Aquella sensación era increíble, después de tanto tiempo sin vivirlo en mis aguas del atlántico se echaba mucho de menos. Ella no podía disimular que estaba feliz, al verme a mi feliz. Esta playa me da mucha nostalgia, es aquí donde yo he pasado mis mejores veranos. Las mejores resacas hasta que el sol nos quemara la cara. Le debía tanto, y ahora más cuando estoy paseando con ella por aquí. No lo olvidaría nunca.
-Quiero que hablemos.-dijo agarrando mi cintura para que yo la pudiese colocar junto a mí.
-Soy todo oídos.- me daba un miedo tremendo lo que ella me tuviera que decir.
-Verás…- comenzó diciendo más pegada a mi cintura. –No quiero que pienses que me he aprovechado de la situación para estar juntas de nuevo.
-Malú, ¿todavía no te has mirado lo de las neuronas que te dije el primer día?- solté algo molesta pero con un toque de humor.
-Calla, y no me interrumpas.- se había puesto seria. –Gemma, cuando aquel día en tu casa me dijiste que lo desmintiera todo, no lo hice. No lo hice porque no quería mentirme ni a mí, ni a ti.- notó que iba a hablar y volvió a interrumpirme. –Gemma, no te pienso perder. Así que voy a gritar a los cuatro vientos que te quiero. ¡SE LO VOY A CONFIRMAR A LA REVISTA!- exclamó. Y a mí me había dejado muerta.
-No quiero que lo hagas por mí.- dije yo algo anonadada.
-Lo hago porque quiero.- agarró mi mano y la beso. Sus labios estaban calientes comparados con mis manos. –Y porque te quiero.- se paró y me miró con esos ojos que solo ella sabe ponerme. Se metió la mano en el bolsillo de atrás de su vaquero y sacó un papel. –Sé que hoy ha sido un día para no recordar, pero sigue siendo tu cumpleaños cielo, y este es tu regalo.- extendió el papel y me lo dio. Cuando comencé a desdoblarlo vi que era uno metido dentro del otro. Abrí el primero y por más que lo leía no entendía que era.
-Amor, ¿esto qué es?-dije intentando averiguarlo.
-He concertado una entrevista con una revista para las dos.- dijo alegremente, mientras yo no tenía palabras para añadir.
-¿Cómo?- se notaba que llevaba un día complicado porque no me estaba enterando de nada.
-Gemma, quiero que vayas conmigo a la revista a confirmar que tú y yo somos la una para la otra. ¿Ahora?- dijo entre risas. Yo volví a leer el papel para creérmelo. Esta mujer se había vuelto loca. ¿Qué carajos pinto yo en una revista? Cogí el otro papel y lo abrí como había hecho con el anterior, pero este estaba bastante claro lo que quería decir. Se había vuelto loca.
-¿Te gusta?- preguntó entusiasmada. Gustarme era poco.
-No me lo creo. Malú esto es un pastón tía.- “VIAJE PARA DOS PERSONAS A LA CIUDAD DE NUEVA YORK CON TODOS LOS GASTOS INCLUIDOS”.
-Qué más dará. Si lo hago es porque me apetece y punto.- dijo acercándose a mí. –Además tenemos excusa. Iremos a Nueva York, y luego nos quedamos en México para el disco. ¿Te gusta la idea?- ¿qué si me gusta? Que es ir a Nueva York, y luego México. Aquello se le iba de las manos.
-Lo estoy flipando un poco. Pero Malú…- dije bajando la cabeza. –No puedo dejar a mi madre sola ahora. Y tengo que acabar la carrera.- ella se acercó más aún y me dio un dulce beso en los labios.
-He pensado en todo princesa.- me encantaba que me llamara así, lo decía con un tono tan tierno. –He retrasado el disco hasta agosto. No saldrá hasta el año que viene. Tengo que terminar de disfrutar de este todavía.- volvió a besarme pero esta vez con más ganas. Yo estaba de piedra, nos íbamos a América. Y para más colmo íbamos a decirle al mundo que lo que había entre ella y yo era puro amor. No podía pedir nada más.
-Eres lo mejor. Y te quiero tanto.- la abracé como tanto me gustaba hacerlo. No quería nada más. Solo tenerla entre mis manos con su olor impregnándome.
-Perdóname por no haber sacado esta valentía mucho antes.- se acercó de nuevo a mi boca pero esta vez me besó por debajo de mi labio inferior. –He cancelado mis planes dos semanas y voy a descubrir esta isla contigo.- vio mi cara de asombro ante lo que había dicho y se echó a reír. La levanté en peso y se colgó de mi. Nos fundimos en un abrazo, que más tarde se convirtió en beso. Para terminar las dos tumbadas en la arena.
Todo a su lado era muchos más bonito. Había comenzado mi día como una autentica mierda, y ahora estoy feliz con la mujer que quiero a la luz de la luna. Como en aquella playa de Algeciras. Cuando me acordaba de esos días venía la foto del móvil a mis pensamientos. Era tan bonita, nunca dejaría de mirarla. Un acto reflejo me llevó a sacar el móvil del bolsillo, la agarré y le di un beso dulce, pero con ganas y capturé ese momento. Ella se dio cuenta que había saltado el flash y me robó el móvil para verla. Se pasó segundos mirándola, vi como una lágrima caía por su mejilla. Agarré el teléfono y la vi. Había cogido el beso de lleno, con nuestras bocas unidas como si fueras una, con sus manos rodeando mi cuello, y nuestros ojos cerrados viviendo la pasión de aquel dulce beso. Era una imagen perfecta. Giré mi cara y la vi mirándome con esa carita. Secando sus lágrimas la llené de besos. Ella se reía cuando me iba por la parte de su cuello, ya le tenía el truco cogido.

Después de pasarnos horas en aquella playa era hora de volver a casa. Volvimos a entrar en el mismo silencio en el que habíamos salido, era súper tarde y si mis padres se despertaban me moría. Llegamos a mi cuarto como si hubiésemos pasado un pasillo lleno de bobas o granadas. Y una vez ahí nos pusimos el pijama y nos tumbamos en la cama de la misma forma. Yo estaría pegada a la pared y ella acostada con su cuerpo encima del mio. De una forma inesperada suena un whatsapp en mi móvil. La primera en mirar es Malú y al ver el nombre que había en la pantalla se le cambió la cara.

-Es tu amiga Ana.- me dijo tendiéndome el teléfono. –Dile de mi parte que la gente a las tres de la mañana duerme, no molesta.- desenroscó su pierna de la mía y se giró hacia el otro lado. Estaba molesta, y era lo más normal. Miré el móvil y leí el mensaje por arriba “…quiero hablar.” Fue lo único que leí, apagué el móvil y pasando mi cuerpo por encima de ella lo volví a poner en la mesa. Me quedé tumbada en su cuerpo oliendo su cuello, y besando su hombro. Intentando aparentar normalidad, pero fue un intento fallido. 

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