Capítulo 14. Sorpresas te da la vida.
Después
de pasar todo aquel mal trago llegamos a casa. Mis padres estaban destrozados
pero ya dejaron de llorar todo el tiempo, y estaban algo más calmados. Lo
normal después de tantas horas de lágrimas, muchas no les quedan. Yo tenía la
misma cara de un fantasma en su peor noche. Mis ojeras llegaban al suelo y mi
cara parecía que tenía diez años más. Pero la tenía a ella y me hacía tan feliz
verla allí. No me dejó ni un segundo sola.
Estábamos
las dos acostadas en mi cama de 90cm de cuando yo vivía en casa, ella con la
mitad de su cuerpo encima del mío, algo estrechas pero cómodas. Toda mi casa
estaba en silencio, mis padres por fin descansaban y mis hermanos ya se habían
ido a sus respectivas casas. Yo recorría su brazo con mis dedos, y ella hacía con
los suyos que caminaba encima de mi tripa.
-¿Oye y
si salimos a despejar la cabeza?- me dijo jugando ahora con mis pulseras.
-¿Ahora?
Y, ¿a dónde?- estábamos para una foto en aquella cama la una jugando con la
otra.
-Jo,
tienes una playa a tres minutos a pie. Y la noche está perfecta. Como todas las
de verano- dijo mirándome con cara de niña buena. –Te vendrá bien para
despejarte.
-Venga,
vamos.- con esa mirada yo no podía decirle que no. Además llevaba razón, lo
necesitaba.
Salimos
de mi casa sin hacer ruido para no despertar al personal. A ella se la veía
relajada, tranquila y serena. La admiraba tanto, creo que es la única persona
que hace templarme cuando estoy que me subo por las paredes. Y lo consiguió
durante todo el día. Llegamos a la playa que tantos momentos me había dado. Era
una noche maravillosa en la que la luna llena alumbraba la orilla. Agarradas de
la mano paseamos mientras el agua bañaba nuestros pies. Aquella sensación era increíble,
después de tanto tiempo sin vivirlo en mis aguas del atlántico se echaba mucho
de menos. Ella no podía disimular que estaba feliz, al verme a mi feliz. Esta
playa me da mucha nostalgia, es aquí donde yo he pasado mis mejores veranos.
Las mejores resacas hasta que el sol nos quemara la cara. Le debía tanto, y
ahora más cuando estoy paseando con ella por aquí. No lo olvidaría nunca.
-Quiero
que hablemos.-dijo agarrando mi cintura para que yo la pudiese colocar junto a
mí.
-Soy
todo oídos.- me daba un miedo tremendo lo que ella me tuviera que decir.
-Verás…-
comenzó diciendo más pegada a mi cintura. –No quiero que pienses que me he aprovechado de
la situación para estar juntas de nuevo.
-Malú, ¿todavía
no te has mirado lo de las neuronas que te dije el primer día?- solté algo
molesta pero con un toque de humor.
-Calla,
y no me interrumpas.- se había puesto seria. –Gemma, cuando aquel día en tu
casa me dijiste que lo desmintiera todo, no lo hice. No lo hice porque no
quería mentirme ni a mí, ni a ti.- notó que iba a hablar y volvió a
interrumpirme. –Gemma, no te pienso perder. Así que voy a gritar a los cuatro
vientos que te quiero. ¡SE LO VOY A CONFIRMAR A LA REVISTA!- exclamó. Y a mí me
había dejado muerta.
-No
quiero que lo hagas por mí.- dije yo algo anonadada.
-Lo
hago porque quiero.- agarró mi mano y la beso. Sus labios estaban calientes
comparados con mis manos. –Y porque te quiero.- se paró y me miró con esos ojos
que solo ella sabe ponerme. Se metió la mano en el bolsillo de atrás de su
vaquero y sacó un papel. –Sé que hoy ha sido un día para no recordar, pero
sigue siendo tu cumpleaños cielo, y este es tu regalo.- extendió el papel y me
lo dio. Cuando comencé a desdoblarlo vi que era uno metido dentro del otro.
Abrí el primero y por más que lo leía no entendía que era.
-Amor, ¿esto
qué es?-dije intentando averiguarlo.
-He concertado
una entrevista con una revista para las dos.- dijo alegremente, mientras yo no
tenía palabras para añadir.
-¿Cómo?-
se notaba que llevaba un día complicado porque no me estaba enterando de nada.
-Gemma,
quiero que vayas conmigo a la revista a confirmar que tú y yo somos la una para
la otra. ¿Ahora?- dijo entre risas. Yo volví a leer el papel para creérmelo.
Esta mujer se había vuelto loca. ¿Qué carajos pinto yo en una revista? Cogí el
otro papel y lo abrí como había hecho con el anterior, pero este estaba
bastante claro lo que quería decir. Se había vuelto loca.
-¿Te
gusta?- preguntó entusiasmada. Gustarme era poco.
-No me
lo creo. Malú esto es un pastón tía.- “VIAJE PARA DOS PERSONAS A LA CIUDAD DE
NUEVA YORK CON TODOS LOS GASTOS INCLUIDOS”.
-Qué
más dará. Si lo hago es porque me apetece y punto.- dijo acercándose a mí. –Además
tenemos excusa. Iremos a Nueva York, y luego nos quedamos en México para el
disco. ¿Te gusta la idea?- ¿qué si me gusta? Que es ir a Nueva York, y luego
México. Aquello se le iba de las manos.
-Lo
estoy flipando un poco. Pero Malú…- dije bajando la cabeza. –No puedo dejar a
mi madre sola ahora. Y tengo que acabar la carrera.- ella se acercó más aún y
me dio un dulce beso en los labios.
-He
pensado en todo princesa.- me encantaba que me llamara así, lo decía con un tono
tan tierno. –He retrasado el disco hasta agosto. No saldrá hasta el año que
viene. Tengo que terminar de disfrutar de este todavía.- volvió a besarme pero
esta vez con más ganas. Yo estaba de piedra, nos íbamos a América. Y para más
colmo íbamos a decirle al mundo que lo que había entre ella y yo era puro amor. No podía pedir
nada más.
-Eres
lo mejor. Y te quiero tanto.- la abracé como tanto me gustaba hacerlo. No
quería nada más. Solo tenerla entre mis manos con su olor impregnándome.
-Perdóname
por no haber sacado esta valentía mucho antes.- se acercó de nuevo a mi boca
pero esta vez me besó por debajo de mi labio inferior. –He cancelado mis planes
dos semanas y voy a descubrir esta isla contigo.- vio mi cara de asombro ante
lo que había dicho y se echó a reír. La levanté en peso y se colgó de mi. Nos
fundimos en un abrazo, que más tarde se convirtió en beso. Para terminar las
dos tumbadas en la arena.
Todo a
su lado era muchos más bonito. Había comenzado mi día como una autentica
mierda, y ahora estoy feliz con la mujer que quiero a la luz de la luna. Como
en aquella playa de Algeciras. Cuando me acordaba de esos días venía la foto
del móvil a mis pensamientos. Era tan bonita, nunca dejaría de mirarla. Un acto
reflejo me llevó a sacar el móvil del bolsillo, la agarré y le di un beso
dulce, pero con ganas y capturé ese momento. Ella se dio cuenta que había
saltado el flash y me robó el móvil para verla. Se pasó segundos mirándola, vi
como una lágrima caía por su mejilla. Agarré el teléfono y la vi. Había cogido
el beso de lleno, con nuestras bocas unidas como si fueras una, con sus manos
rodeando mi cuello, y nuestros ojos cerrados viviendo la pasión de aquel dulce
beso. Era una imagen perfecta. Giré mi cara y la vi mirándome con esa carita.
Secando sus lágrimas la llené de besos. Ella se reía cuando me iba por la parte
de su cuello, ya le tenía el truco cogido.
Después
de pasarnos horas en aquella playa era hora de volver a casa. Volvimos a entrar
en el mismo silencio en el que habíamos salido, era súper tarde y si mis padres
se despertaban me moría. Llegamos a mi cuarto como si hubiésemos pasado un
pasillo lleno de bobas o granadas. Y una vez ahí nos pusimos el pijama y nos
tumbamos en la cama de la misma forma. Yo estaría pegada a la pared y ella
acostada con su cuerpo encima del mio. De una forma inesperada suena un
whatsapp en mi móvil. La primera en mirar es Malú y al ver el nombre que había
en la pantalla se le cambió la cara.
-Es tu
amiga Ana.- me dijo tendiéndome el teléfono. –Dile de mi parte que la gente a
las tres de la mañana duerme, no molesta.- desenroscó su pierna de la mía y se
giró hacia el otro lado. Estaba molesta, y era lo más normal. Miré el móvil y
leí el mensaje por arriba “…quiero hablar.” Fue lo único que leí, apagué el móvil
y pasando mi cuerpo por encima de ella lo volví a poner en la mesa. Me quedé
tumbada en su cuerpo oliendo su cuello, y besando su hombro. Intentando
aparentar normalidad, pero fue un intento fallido.
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